La última revolución, urbana, cívica y profesional

La última revolución, urbana, cívica y profesional

Detalle del artículo “La gestión urbanística de la plusvalía integrada en la planificación del desarrollo urbano sostenible: hacia el ideal común de la Nueva Agenda Urbana“. Del libro ¿Se puede hacer una Ciudad Inteligente?, coordinado por María Eugenia Molar Orozco, Jesús Velázquez Lozano y María Genoveva Vázquez Jiménez, del 2020, páginas 233-249. Saltillo, Coahuila, México: Universidad Autónoma de Coahuila. ISBN: 978-607-506-385-0.

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Llegado a este punto del desarrollo del trabajo analizado, se retoman las causas que impulsan el ideal común de la Nueva Agenda Urbana (NAU) y se ahonda en su significado.

La siguiente síntesis histórica da testimonio del devenir histórico que representa la NAU. Aquello que está en juego es el futuro del mayor hábitat humano jamás conocido, que será urbano y deberá resolver los problemas que acumula, y seguirá acumulando, en un proceso asociado, necesariamente, al proceso urbanizador. La historia del proceso de urbanización planetario demuestra que va de menos a más, y que actualmente se encuentra en su proceso de mayor intensidad. Crece a medida que crecen el mercado económico, la población con sus demandas y necesidades, y los insostenibles costes materiales, biológicos y ambientales. Se trata del inicio de la etapa final de un proceso exponencial en el que la humanidad migra del campo a los espacios urbanos, que se inició siglos atrás, y no tiene marcha atrás. Pero el proceso está mal encauzado, y todavía le resta un intenso recorrido. Es un desafío. Por ello la NAU nos pone en alerta, a todos, y se pronuncia con un “llamamiento a la acción” en su declaración, inspirada en la Agenda 2030. La solución está, sin embargo, en la determinación colectiva que le dé solución. En este sentido, la NAU es solo un proyecto, pero hoy por hoy es el mayor proyecto urbano jamás creado que apunta a una solución.

La NAU tiene en sus raíces un espíritu revolucionario, por su dimensión histórica, que complementa a las anteriores revoluciones urbanas que se han materializado. Inicialmente, tuvo lugar la revolución agraria y el nacimiento de las ciudades, sus formas de gobierno y las leyes, a medida que la “polis” institucionalizó la política y se creó un orden simbólico metafísico a su alrededor (las religiones). Luego, tuvo lugar la revolución obrera, a medida que la economía se industrializó, donde las ciudades se expandieron junto a enormes desigualdades, de donde aparecieron los derechos sociales, que, tras dos guerras mundiales, redundaron en los derechos humanos (Naciones Unidas, 1948). Más adelante, las revoluciones sociales dieron paso a los movimientos sociales, que se reorganizaron en especial desde las ciudades, hasta confluir en el derecho a la ciudad (Lefebvre, 1968). Estas tres etapas han revolucionado la humanidad, y siguen haciéndolo, activa y pasivamente. Representan la voz de todo aquello que se sacrifica y debe ser reparado y, tradicionalmente, se han desarrollado a modo de una multiplicidad de frentes dispersos en sus motivaciones fundamentales. En cambio, tras la Declaración del derecho al desarrollo (Naciones Unidas, 1986), que ha dado pie a un nuevo orden económico y a la Agenda 2030, se ha iniciado un nuevo escenario. Ahora, la lucha de los movimientos sociales se alía, confluye, en gran medida, con el ideal de las Naciones Unidas, y tiene el potencial de confluir en una voz más unida, y global. La gestión, urbana, cívica y profesional, bajo la guía de la Agenda 2030, es el contrapeso de la planificación dirigida y tutelada por los estamentos político y económico que rige el justo equilibrio racional del derecho universal al desarrollo, en este crucial instante histórico. Y tiene a su favor dos factores de peso:

  1. Dispone de la autoridad de un acuerdo mundial más justo y racional desde un punto de vista ecológico, social y ecológico. Más inteligente.
  2. Es la mejor estrategia para dar continuidad al actual modelo económico, y para su transición hacia una economía más diversificada e instrumental, enfocada a los servicios, que abandone su actual dependencia de los sistemas de sobreexplotación de las personas y de los recursos naturales, a costa de sus derechos y del bien colectivo.

Según este planteamiento, con mayor o menor éxito, la “última revolución” será urbana, cívica y profesional y, con la ayuda de la Agenda 2030 y de su evolución, lo será bajo el nuevo paradigma del derecho a una ciudad sostenible de la NAU. Y en este proceso la gestión de la plusvalía, más justa y racional, que modele el régimen económico, será fundamental.

 

Conclusión

El llamamiento a la acción de la NAU de las Naciones Unidas, bajo el marco de referencia de la Agenda 2030, es una voz de alarma y, a su vez, la guía de un camino mal trazado que apenas se empieza a reconducir. La historia del proceso de urbanización planetario llega a su fin, y de todos nosotros depende que al llegar tengamos un modelo sostenible o insostenible. Es decir, que tengamos un futuro o que no lo tengamos.

La técnica de la gestión urbanística de la plusvalía, en la medida que es capaz de integrarse en la planificación urbana bajo el ideal común de la declaración de la NAU, es un instrumento catalizador de la calidad y la viabilidad de los planes y las políticas elaborados, que se debe aplicar para construir un desarrollo sostenible. Se trata de un instrumento de importancia estratégica al ser fundamental para materializar la creación y la transformación de la ciudad, en base al principio del justo reparto de la plusvalía generada por el acto planificador. Su efectividad radica en su profesionalidad, pero requiere a su vez de instrumentos apropiados que únicamente puede garantizar un sólido y responsable contrato social que incorpore el derecho al desarrollo de todos, justo y racional, como el establecido en la NAU. En un escenario global que tiende a seguir urbanizándose y a crear déficits que se acumulan, y son técnicamente insostenibles, es necesario poner en valor esta técnica, en la medida que tiene la capacidad de ayudar a seguir creciendo de un modo más racional con la mejora de la calidad del sistema urbano colectivo.

El futuro para la comunidad humana, la economía globalizada y el bienestar biológico basado en un desarrollo sustentable, será esencialmente urbano y requerirá de instrumentos que garanticen una gestión apropiada del valor generado en la planificación del proceso urbanizador. Por ello, se debe dejar espacio para la cooperación a todos los niveles, y a la iniciativa cívica y profesional para, de este modo, lograr hacer realidad la “última revolución” urbana, en el camino de la historia de la construcción del sistema de ciudades y comunidades humanas, que a día de hoy es insostenible.

2 pensaments sobre “La última revolución, urbana, cívica y profesional

  1. Colla de la UA de Coahuila. Bon dia des de Shenyang- Xina!. Favor de aceptar mis felicitaciones por vuestro trabajo académico y material compartido. En relación a las conclusiones, y especialmente, a la parte de: *La técnica de la gestión urbanística de la plusvalía, en la medida que es capaz de integrarse en la planificación urbana bajo el ideal común de la declaración de la NAU, es un instrumento catalizador de la calidad y la viabilidad de los planes y las políticas elaborados, que se debe aplicar para construir un desarrollo sostenible. Se trata de un instrumento de importancia estratégica al ser fundamental para materializar la creación y la transformación de la ciudad, en base al principio del justo reparto de la plusvalía generada por el acto planificador.*, me gustaria aportar lo que yo he vivido (que no estudiado en detalle) la experiencia de la China, liderada por el Partido Comunista, en relación a la plusvalía. Contexto: la propiedad de la vivienda (que no el suelo)ha pagado hasta ahora imposición directa MÍNIMA. Hay impuesto de transmisiones, otros impuestos municipales e IVA, pero los tipos y la deuda tributaria no es muy perceptible cada año. Leo que está en revisión, especialmente para implantar un *Impuesto de Bienes Inmuebles* de más entidad, para la financiación de los Ayuntamientos, però mi compañera, propietaria del piso, no lo nota. ¿Dónde está el secreto?. QUE LA PLUSVALÍA URBANA SE RECUPERA SE RECUPERA AL COMPRAR EL PISO. Este ingreso (un 30% aprox del precio final), permite construir las infraestructuras urbanas generales (incluido el metro- en Shenyang desde 2016+-, con 50 km+- en funcionamiento)ANTES que llegue la ciudad, en base a cinturones de circunvalación (el 3º i el 4º de peaje!). Tengo aún a medio estudiar el *Emerging Land & Housing Markets in China* (editado en 2005, por el Lincoln Institute de Cambrigde- Mass!). Mi comentario, es que la *via china* ha de ser un buen referente para vuestros trabajos. Y para el mío, también, pero voy retrasado. Ànims, doncs, tropa acadèmica treballadora i productiva. Bona feina!!. Joaquim Clusa- Shenyang- Sabadell- CAT

    1. Aquesta tècnica és un “misteri” aquí a l’Amèrica Llatina, però com molt bé dius és una via a seguir per fer ciutat. De fet, fins i tot es pot repensar a Barcelona, on ja s’aplica, però no amb tot el seu potencial.

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