La ley (capitalista) de la plusvalía urbanizadora, y la ley (armonizada) del valor colectivizado

Imagen anterior: Calle suburbanizada, sin banquetas (aceras), con construcciones precarias y actividades informales, creada frente al límite suroeste de los Estados Unidos de América, al otro lado de la frontera. Es en gran medida fruto de la migración forzada, atraída por la oferta laboral de las empresas estadounidenses ubicadas en la frontera mejicana, que buscan allí mano de obra barata. Pero, sobre todo, es un reflejo de la marginación estructural de un régimen económico globalizado sin un justo orden internacional, que se visualiza en una ciudad sin recursos técnicos ni financieros óptimos para recibir, urbanizar y mantener las necesidades de la población recién llegada. 

Este artículo es el resultado de una inquietud personal: el deseo de dar forma a un nuevo paradigma económico que impida que calles como ésta sean realidades globales; que les de soluciones viables; y, a su vez, que garantice el libre desarrollo del derecho a la vida potencial del conjunto de los seres vivos. El conjunto del texto, excepto el último apartado (titulado “La ley (armonizada) del valor colectivizado, en el espacio urbanizado”), está extraído de las conclusiones de una tesis doctoral (Marfull, 2017). Resultado de una estancia voluntaria en Ciudad Juárez (Chihuahua, México), desde donde se ha explorado esta inquietud, se le da respuesta del modo que aquí se indica, y se comparte para (en lo posible) hacerlo realidad.

La ley (capitalista) de la plusvalía urbanizadora, y la ley (armonizada) del valor colectivizado

Andreu Marfull Pujadas
2019.12.08

La ley de la plusvalía urbanizadora

El concepto de «ley de la plusvalía urbanizadora» consiste en que, en un régimen económico capitalista, la planificación y/o urbanización del espacio se dirige a racionalizar la promoción de la absorción, la reproducción y la acumulación de valor añadido privativo en el espacio, donde el valor colectivizado se supedita a esta finalidad. Esta ley es una variante de la «ley general de la acumulación capitalista» que describe Marx (2007).

La consecuencia de la ley de la plusvalía urbanizadora sobre el valor creado es una devaluación paralela al espacio «plus valorado». La urbanización marginal es un reflejo suyo, pero también lo es la devaluación del ámbito rural y, de forma más evidente, la devaluación de la riqueza biológica. Consiste en una ley extractiva, que busca valor privativo a costa del otro, de la sociedad y de la naturaleza. Esta ley orienta la planificación económica y social que las estructuras económicas impulsan y las instituciones políticas promueven, condicionando la responsabilidad política, matizando el significado de la función pública del urbanismo y dejando en una situación de debilidad estructural a quien sale perjudicado.

El régimen capitalista que ha creado -y sobrevive en- el comercio mundial, y se rige por un patrón que supedita a los instrumentos de ordenación y planificación urbana y territorial de dondequiera, desarrollando una urbanización acumulativa, inestable y desigual que es sistémica. El motor urbanizador es la capacidad de crear valor añadido privativo en el espacio, resultado de la competencia desigual de los derechos de propiedad desigualmente repartidos y de la actividad que promueve la economía del mercado de capitales privados. 

El urbanismo, tal y como se concibe a inicios del siglo XXI, no tiene por objetivo real la planificación del espacio más allá de lo que requiere el sistema acumulativo, privativo, que fomenta el mercado mundial. Es decir, al margen del interés que suscita la crítica a la especulación urbanística, se resalta que el urbanismo, regulado por la ley de la plusvalía urbanizadora, no tiene por objetivo planificar un sistema de ciudades global en un espacio finito, ya que el hacerlo representaría poner fin al régimen acumulativo privativo e implicaría el desmantelamiento del constructo legal, simbólico y cultural que se ha edificado. No es su objetivo ni tiene capacidad técnica y real para evitarlo a menos que se replantee su finalidad.

Las cuestiones que plantea la problemática de la urbanización global desigual, inestable y acumulativa, en un régimen económico capitalista, forman parte de un reto histórico, que el relato oficial no contempla como un problema fundamental.

La ley general de la acumulación capitalista, según Karl Marx

Marx (2007) define la ley general de la acumulación capitalista como un proceso acumulativo reflejado en la riqueza, por un lado, y en la miseria, por el otro.

Cuanto mayor sea la riqueza social, el capital en funciones, el volumen y la energía de su crecimiento, es decir, también la magnitud absoluta del proletariado y la fuerza productiva de su trabajo, mayor será el ejército industrial de reserva. La fuerza del trabajo disponible se desarrolla por las mismas causas que la fuerza expansiva del capital. La magnitud relativa del ejército industrial de reserva aumenta, pues, con las potencias de la riqueza. Más cuando mayor sea este ejército de reserva en proporción al ejército obrero activo, tanto más masiva será la superpoblación consolidada, cuya miseria se encuentra en razón inversa a los tormentos de su trabajo. Por último, cuanto mayor sea la capa de los Lázaros de la clase obrera y el ejército industrial de reserva mayor será el pauperismo oficial. Esta es la ley general, absoluta, de la acumulación capitalista. Como todas las demás leyes, se ve modificada en su aplicación por una serie de circunstancias que no interesa analizar aquí. (Marx, 2007, Libro 3,, p. 111)

La ley general de la acumulación capitalista hace referencia a la sobreexplotación de la tierra y del trabajador, resultado de un proceso histórico de disolución del capital presente en las comunidades originales. Tal como Marx (2007, Libro 2, p. 252) describe:

La producción capitalista sólo desarrolla, por lo tanto, la técnica y la combinación del proceso social de producción al tiempo que socava las fuentes originarias de toda riqueza: la tierra y el trabajador.

Marx (1971, Libro 2, p. 31), siguiendo este razonamiento apunta, precisamente, a sus consecuencias espaciales, donde:

Por lo tanto, mientras que el capital por un lado debe tender a arrasar toda barrera opuesta al tráfico y al intercambio, y a conquistar toda la Tierra como su mercado, por el otro tiende a anular el espacio por medio del tiempo, esto es, reducir a un mínimo el tiempo que consume el movimiento de un lugar a otro.

Según indica, cuando este patrón no se puede cumplir, inevitablemente, “de repente: el capital fuerza al obrero a pasar del trabajo necesario al plustrabajo. Sólo de esta suerte se valoriza a sí mismo y crea plusvalía “(Marx, 1971, Libro 1, p. 375).

La ley general de la acumulación capitalista hace referencia a la injusticia social y a la historia de la humanidad. Habla de injusticia en la medida que refleja cómo la humanidad ha edificado un modelo tan constructivo como destructivo, en nombre de la libertad individual y la propiedad privada. Y habla de historia en la medida que muestra de qué manera se ha llegado a esta situación como resultado de un proceso histórico, en especial desde el siglo XVII. 

Para Marx (2007, Libro 3, p. 247), la premisa fundamental que esta ley refleja es el conflicto inherente de una economía política en la que la supremacía industrial y comercial proclama “la producción de plusvalía como el fin último y exclusivo de la humanidad“.

Un cambio de paradigma económico

La «solución espacial» del capitalismo

El capitalismo promueve un espacio con desigual valoración de los derechos y privilegios, que facilita la expansión del espacio urbanizado, en un proceso sistémicamente acumulativo, inestable y desigual, que tiene por finalidad el garantizar el proceso expansivo y acumulativo del capital. Esta «solución» (Harvey, 2007) promueve un mercado mundial que facilita la sobreexplotación del trabajador a través de las desigualdades de los derechos sociales y la sobreexplotación de la tierra a través de las desigualdades de los derechos biológicos.

En este sentido, cada época y cada territorio tiene su peculiar manifestación, es decir, expresa diferentes escalas de valor en las clases sociales, en los sistemas biológicos y en el derecho natural a la vida.

El proceso histórico de la acumulación del capital

La exploración del proceso histórico muestra que, a partir de una acumulación primaria del capital alrededor de la cosmovisión de la realidad que custodia el capital religioso (Bourdieu, 2009), donde se articula el gobierno, los ejércitos y las artes, tiene lugar una progresiva delegación de los campos del poder y varias desposesiones y reestructuraciones del capital que conducen, en el siglo XVIII, a la acumulación originaria (Marx, 2007) que promueve el régimen capitalista. En los siglos XIX y XX se genera una acumulación del capital privativo extraordinaria, con capacidad para sobreexplotar los recursos y las desigualdades sociales. En este contexto aparecen las constituciones modernas, que originariamente regulan esta situación con una geopolítica colonialista y clasista, en un proceso de reproducción y acumulación del valor añadido privativo donde el urbanismo racionaliza la apropiación del espacio con este fin. Este modelo evoluciona y sobrevive a lo largo del siglo XX, a pesar de los diferentes modelos o regímenes comunistas que aparecen, hasta la implantación de un mercado mundial a finales de siglo. El proceso va acompañado del crecimiento y la transformación constante de la población y el espacio urbanizado. Su resultado es una alienación de la actividad humana y su finalidad (Harvey, 2014), que representa un estadio avanzado del trabajo alienado, del extrañamiento del trabajador con la naturaleza y consigo mismo, tal y como identifica y pronostica Marx (2010, p, 117) y corrobora Harvey (2014, p. 257). Resultado de la enajenación, el valor de la tierra se devalúa y, en un mundo finito que no garantiza la constante acumulación del espacio urbanizado, también se devalúa el capital urbano.

De acuerdo con este paradigma económico, si no se traslada la presión al constructo legal que articula y legitima la ocupación y la explotación del espacio con fines privativos, incorporando el empoderamiento social a escala global, la ley de la plusvalía urbanizadora que promueven las leyes inmanentes del capitalismo seguirá su curso. La lógica del valor añadido privativo, capitalista, seguirá promoviendo la explotación de las desigualdades de los derechos reconocidos y la sobreexplotación incongruente del planeta, supeditando el urbanismo a esta finalidad.

El nuevo paradigma económico

A inicios del siglo XXI se dan las condiciones para cuestionar la lógica del paradigma económico legalmente constituido. Pero esta situación representa un problema estructural y un reto fundamental. En el siglo XXI, el problema no es racionalizar la acumulación privativa, como ocurrió en el siglo XIX, el problema es la acumulación privativa en sí, y el reto es invertir este proceso y racionalizar una acumulación colectiva, global, que elimine su componente especulativo y desestabilizador.

Por este motivo, se resalta la urgencia y la necesidad de avanzar en la comprensión del reto que supone planificar el sistema de ciudades de forma racional, supeditando a la economía política. Las medidas paliativas que ofrecen el debate y la praxis urbanística son necesarias, pero no son suficientes si no se contempla globalmente el problema. Para hacer efectivo este proceso, se requiere promover un nuevo paradigma económico que asuma como reto fundamental supeditar el sistema económico y político al derecho a la calidad de vida del conjunto de la Biosfera, donde las sociedades humanas sólo son partícipes (1). Este paradigma requiere, por lo tanto, tender a la igualdad de los derechos sociales y biológicos, sin distinciones. La definición de derecho biológico, tomando de referencia la lectura que hace Xavier Mayor (2), es el derecho común del conjunto de los seres vivos a nacer, vivir en plenitud, reproducirse y morirse. La definición de derecho social, de acuerdo con la interpretación que se hace en esta tesis, es el derecho de los seres humanos a disfrutar de unos derechos comunes como sociedades, que supediten a los derechos individuales. Esto implica, irremediablemente, desmantelar el sistema acumulativo privativo, la plusvalía, en su esencia (afectando a los derechos de propiedad y al derecho a la libre empresa que facilitan la explotación de las personas y los recursos), y promover nuevas leyes inmanentes: la armonía, la estabilidad y la igualdad sistémicas.

Utilizando las palabras de Marx (2010), y siguiendo el razonamiento que pauta esta tesis, para promover la igualdad de los derechos sociales y biológicos hay que reconstruir un naturalismo “capaz de comprender el acto de la historia universal” (p. 192), es decir comprender “la realidad social de la naturaleza” (p. 149). Así se comprende el vínculo entre la esencia humana, el hombre social y el fundamento de la existencia humana como elemento vital, “la plena unidad esencial del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado del hombre y el realizado humanismo de la naturaleza” (Marx, 2010, p. 141). Ampliando estas palabras con la consideración que hace Rosa Luxeburg (n.d.b.), hay que resolver el problema de la acumulación del capital y dar una explicación al significado del «capital total».

La ley (armonizada) del valor colectivizado, en el espacio urbanizado

El nuevo paradigma económico es, esencialmente, biológico y social, y es el camino hacia la urbanización planetaria del capital total, donde la consecución de los derechos biológicos y sociales lo supediten todo. Y este paradigma crea otra ley, que supera a la ley general de la acumulación capitalista (cuyo instrumento o brazo derecho es la ley de la plusvalía urbanizadora), con la cual se crea el hábitat humano sostenible, garantizando el derecho universal al desarrollo. Es la ley armonizada del valor colectivizado, que captura el capital total y crea, da forma, al derecho al desarrollo del conjunto de las sociedades humanas, de la mano del derecho al desarrollo del conjunto de los seres vivos. Y dicha ley, en el espacio urbanizado, no tiene por objetivo la creación de plusvalías económicas privatizadas, sino crear simplemente valor, colectivizado. 

Y, ¿de qué modo se puede implementar?

Técnicamente, es sencillo. Mediante la técnica de la reagrupación parcelaria, la misma que captura y reparte el valor añadido entre los propietarios en el urbanismo, se puede, manteniendo un sistema monetario (global e instrumental):

  • Reubicar a la población vulnerable donde se desee, y garantizar el derecho  universal a la inclusión social.
  • Crear espacios colectivos y privados  de calidad donde se desee, y garantizar el derecho universal al acceso al bienestar.
  • Establecer los patrones urbanos de usos, densidad y compacidad que cada sociedad desee, en función de la voluntad de cada lugar, y garantizar el derecho universal a la diversidad de hábitats urbanos.
  • Añadir toda la infraestructura necesaria para integrar los hábitats urbanos en su entorno natural, sin impacto ecológico, garantizando el derecho universal al desarrollo a la vida potencial del conjunto de los seres vivos.

El suelo inicial es privado, y se garantiza el derecho a su privacidad, pero se reordena y se transforma el espacio, creando, sin coste añadido, bienes armonizados colectivizados. Desaparece la especulación, y el valor del suelo. Desaparece la plusvalía económica, y sólo queda su verdadero valor. A medida que se desarrolla esta gran transformación, se acuerda y se define el espacio óptimo para el hábitat humano, integrado en el resto de hábitats, y el ser humano se hace responsable de sí mismo y del derecho a la vida de todos los seres vivos. 

Citas
(1)     Esta última aportación se recoge de la entrevista a Xavier Mayor (entrevista de 15 de julio de 2016). 
(2)     Tal y como se resalta en la entrevista realizada a Xavier Mayor (entrevista de 15 de julio de 2016), el concepto de «derecho biológico» no está integrado a los marcos legales constituidos ni está normalizado al ámbito del conocimiento.

Bibliografía citada

Bourdieu, P. (2009). La eficacia simbólica. Religión y política. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Harvey, D. (2007). Espacios del capital. Hacia una geografia crítica. Edición original en ingrlés, de 2001, titulada Spaces of Capital. Towards a Critical Geography. Madrid: Ediciones Akal.

—- (2014). Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo. Edición original en inglés, de 2014, titulada Seventeen Contradictions and de End of Capitalism. Quito: IAEN-Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador. 

Luxemburg, R. (n.d.b). L’acumulació del capital. Edición original en alemán, de 1913, titulada Die Akkumulation des Kapitals. Ein Beitrag zur ökonomischen Erklärung des Imperialismus. Edicions internacionals Sedov. Consultable en: http://grupgerminal.org/?q=system/files/L%27acumulaci%C3%B3delcapitalRosaLuxemburg.pdf [Consulta 5 de mayo de 2016].

Marfull, P. (2017). La llei de la plusvàlua urbanitzadora i la urbanització marginal a Sant Andreu de Palomar, Barcelona. Tesis doctoral en Geografía, dirigida por la Dra. Antònia Casellas, del Departament de Geografia de la Universitat Autònoma de Barcelona. Barcelona: autoedición. ISBN: 9788449070846.

Marx, K. (1971). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858. GRUNDRISSE.  Edición original en alemán, de 1857-1858, titulada Grundrisse der Kritik der polistischen ökonomie (Rohentwurf). Madrid: Siglo XXI.

—- (2007a). El Capital. Crítica de la economía política. Libro I – Tomo I. Edición original en alemán, de 1867, titulada Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Madrid: Ediciones Akal.

—- (2010). Manuscritos de economía y filosofía. Edición original en alemán, de 1932, titulada Ökonomisch-philosophische Manuskripte, de un texto original escrito el año 1844. Madrid: Alianza Editorial.

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