El origen inédito del Cristianismo oficial, un matrimono y/o un proyecto indio

Imagen anterior: escudo y señal del Preste Juan, según un manuscrito cuya autoría se refiere a un cronista del rey Fernando de Aragón, del siglo XV.

Ésta es la reconstrucción de un capítulo de la historia oficial que, resultado de un determinado diseño espiritual, crea un antes y un después de Cristo que implica dilatar la historia junto con la creación de un pasado legendario en la forma de textos sagrados. Por esta razón, alrededor de Cristo se crea un imaginario que se acaba convirtiendo en un personaje histórico, incorporando el mito y la ficción.

ÍNDICE

El análisis de un manuscrito

  • Un escenario diametralmente alternativo a la historia oficial
  • Jesús, Tomás, los Reyes Magos, el Preste Juan y Juan el Bautista
  • Jesús en Cachemira (India)
  • Horus, Buda, Krishna, Jesús y los cátaros
  • El gnosticismo de Nag Hammadi, de 1945
  • La Compañía de Jesús y los evangelios canónicos
  • La imposición del cristianismo, resultado de un matrimonio
  • La reconstrucción: Una alianza entre dos imperios, un matrimonio y el Preste Juan de Etiopía. El Arca de la Alianza

 

La reconstrucción histórica y cronológica

  • El Arca de la Alianza de Salomón y el Preste Juan de Etiopía
  • El Papa de Roma es el Preste Juan
  • Descubrir la realidad
  • Salomón, Saba y María Magdalena
  • Génova, la ciudad de Juan
  • Todo es mucho más reciente, y se ha dilatado en el tiempo
  • Los emperadores Constantino y Eleni, en el siglo XV, y el origen del cristianismo oficial en la Provenza occitana, a través del Rey de Nápoles y de Jerusalén
  • 1453-1486, 33 años de resurrección
  • Babilonia siempre ha sido El Cairo, que significa “la victoriosa”
  • ¿Quién reconstruyó la historia? La Compañía de Jesús

EL MANUSCRITO

  • EL BECERRO General
  • El Preste Juan y el Rey de los Abexines
  • Las armas del Reino de Hierusalem

Sobre el resto del manuscrito

  • Los símbolos del conde de Barcelona se traspasan al rey de Aragón 

Sobre la identidad del presunto autor del manuscrito

  • El cardenal Cisneros y la Santa Inquisición
  • Los condes de Ribagorza y de Cortés
  • Los poderes bizantinos de los condes de Ribagorza y de Cortés, Constantino y San Jorge
  • Los Luna y el Santo Cáliz de Valencia

Sobre el propietario del manuscrito

Enlaces relacionados con la reconstrucción de la historia sagrada

Epílogo


EL ORIGEN DEL CRISTIANISMO

 

“que cada cual saque sus propias conclusiones”

 

El análisis de un manuscrito

Un escenario diametralmente alternativo a la historia oficial

Este artículo explica cómo la fe de Cristo fue concebida como un proyecto acordado y su relación con el origen de Prester John, a través del análisis de un manuscrito. El mismo texto utiliza dos versiones diferentes de los mismos hechos, y se expone como un enigma. En él se cuenta cómo el cristianismo se convierte en dogma y su fe se concibe junto a la autoridad del Preste Juan, pero con dos historias distintas que, según el autor del manuscrito, conviene entender. En la primera se establece una alianza mediante un matrimonio entre una princesa india y un caballero europeo, que da pie a la imposición del cristianismo. En la segunda, la aparición de Cristo habría sido una decisión de tres reyes de las Indias, cuya finalidad habría sido crear un líder espiritual a imagen y semejanza de las enseñanzas del patriarca Tomás.

La fuente de esta narración es un manuscrito real, fechado entre los siglos XVI y XVII (referido a un autor del siglo XV), custodiado en la Biblioteca Nacional de España ([1]). El texto del manuscrito está escrito en castellano antiguo, y (más adelante) se ha transcrito de un modo que sea leíble para los castellanoparlantes actuales, ayudado de notas en su interpretación.

[1]    Título establecido para el manuscrito: El Becerro general: libro en que se relata el blasón de las armas que trahen muchos reynos y imperios, señoríos … y de la genealogía de los lynages de España y de los escudos de armas que trahen. Atribuido a Diego Fernández de Mendoza. Descripción física: 2 v. (I, H. 1 – 329 [i.e. 324 h. ]; 330 – 663). Firma: MSS/18244 V.1; MSS/18245 V.2. Enlace: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?lang=es&id=0000135656&page=1 [Consulta en noviembre de 2018].

Por lo tanto, en este manuscrito aparece un sinsentido histórico. O, mejor dicho, muchos. En primer lugar, pone en duda el personaje histórico de Jesús, e invita a pensar que se trata de un personaje ideado en el área de influencia egipcio-persa-india, al modo de otros iconos equivalentes. En segundo lugar, pone en duda la autoridad de los papas de Roma, como líderes de la iglesia cristiana desde sus inicios, y otorga esta dignidad a un preste, llamado Juan, que, por otro lado, aparece como líder singular de Eurasia en la Edad Media, hasta la colonización europea del siglo XV-XVI, pero de cuyo rastro no existe conciencia colectiva. Y, en tercer lugar, propone un relato muy distinto al de la persecución o martirio cristiano de los primeros siglos, así como al del origen del cristianismo como religión de estado, que la historia oficial actual atribuye a Constantino, en el siglo IV d.C., quien fuera a su vez contemporáneo de San Jorge. Es decir, se cuenta una crónica que poco o nada tiene que ver con la realidad histórica oficial, que a su vez nos habla de un matrimonio entre Oriente y Occidente. Se trata, pues, de una doble crónica sin sentido aparente, si bien sorprende por estos y demás aspectos a considerar. Por ejemplo, no hace referencia a fechas concretas, y genera la duda razonable de la época en que se ubican los hechos. Pero, quizás, lo que despierta más sospechas es el hecho que al autor del manuscrito se le considere un cronista del rey Fernando el Católico, que creciese en casa de su hermanastro el conde de Ribagorza y de Cortés, y que trabajase al servicio del gran inquisidor de Castilla, el cardenal Cisneros. De todo ello se habla en este trabajo. Pero empecemos por, quizás, la crónica más sorprendente, la versión del origen del proyecto universal cristiano, atribuida a tres reyes, a Tomás y al Preste Juan.

Jesús, Tomás, los Reyes Magos, el Preste Juan y Juan el Bautista

El análisis de su lectura permite otorgar un sentido alternativo a Cristo, Tomás, los Reyes Magos, el Preste Juan y Juan el Bautista, referente al establecido en los cánones del Nuevo Testamento, y resolver el enigma histórico sobre su autenticidad. A modo de introducción, éste es el resultado:

El manuscrito indica que el icono espiritual [Cristo] fue una obra de tres reyes magos, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar, que honró a un antepasado llamado Patriarca Tomás cuyas enseñanzas pasaron a ser el modelo espiritual para la humanidad. Y también indica que este nuevo icono sería virgen y su poder sería custodiado por un linaje creado para este fin, el del Preste Juan.

Y, ¿qué dice de todo ello el Nuevo Testamento?

  • El Nuevo Testamento ha transformado el papel de los tres reyes en una metáfora. Ellos adoraron a Jesús, no lo crearon, pero su adoración fue debida a una estrella que los iluminó y los llevó hasta Jerusalén. Desde entonces, Cristo es venerado en Jerusalén, del mismo modo que se venera al templo de Salomón judío y al lugar desde el cual Mahoma ascendió al cielo, convirtiéndose así en la ciudad sagrada común de las religiones judeocristianas.
  • El Nuevo Testamento ha transformado el nuevo guía en Jesús, y lo ha concebido virgen en vida y en su concepción, y ha honrado a Tomás haciéndolo su “gemelo”. Asimismo, en un ejercicio de honestidad simbólica, ha creado para Tomás la duda que él tiene sobre la verdadera resurrección de Jesús. Se representa, de este modo, la evidencia (indirecta) de que Tomás sabía que realmente no resucitó, sino que fue hecho a imagen y semejanza del personaje que él mismo ideó.
  • El Nuevo Testamento ha transformado al Preste Juan, considerado el líder de Eurasia durante toda la Edad Media, en Juan el Bautista, quien bendice a Jesús ante el apóstol Andrés. Es decir, Juan bendice a Jesús también con un relato metafórico, que esconde su doble creación. De este modo, más allá de esta singular alternativa, se encuentra una explicación del porqué en numerosos cuadros renacentistas se representa a Jesús y a Juan a los pies de María, como si de dos hermanos gemelos se tratara.

Las dudas que esto genera apuntan, asimismo, al norte de la India persa.

Jesús en Cachemira (India)

De este modo, se comprende que Cristo esté relacionado con su llamado “gemelo”, Tomás. Tomás, según los evangelios oficiales del Nuevo Testamento, fue un discípulo de Jesús que es conocido por el hecho de no creer en la resurrección de Cristo, y por ser llamado su gemelo. Asimismo, existe un relato particular entre Cristo Jesús y Tomás, que indica que ambos se fueron al interior de Asia, hasta Cachemira, en un territorio a medio camino de la India, China y Paquistán. Dicha crónica, popularizada en España por Andreas Faber-Kaiser (en 1976), indica que su tumba se venera desde entonces en Srinagar, la capital de Cachemira.

Con todas estas evidencias aparece, entonces, un enigma sin resolver que puede tener una explicación.

¿Jesús estuvo en la India?

La tradición cachemira así lo afirma, y dicha versión es compatible con el significado del manuscrito anterior. Es decir, todo proviene de la India, en su origen, y en un determinado momento se podría haber venerado a Jesús en la forma de un santo sepulcro tanto en Srinagar como en Jerusalén, cuyo significado, por otro lado, nos habla de ello. Jerusalén contiene “hieros” y “shalom”, que significa “sagrada paz”.

A fin de cuentas, el Preste Juan es “de las Indias”

Esta constatación, con todo lo que representa, por otro lado, apunta a otras singularidades espirituales entre la palabra de Jesús y otros iconos.

Horus, Buda, Krishna, Jesús y los cátaros

¿Existió, murió y resucitó Jesucristo?

Judíos, musulmanes y cátaros, así como la tradición cachemira, afirman que existió, pero no que fue crucificado ni que resucitó una vez muerto. Para todos ellos fue un maestro, pero no aceptan ni reconocen el Nuevo Testamento. Es decir, su biografía representa un desafío para la fe judeocristiana, por no decir para el conjunto de escuelas espirituales de Asia. Según el manuscrito, a su vez, todo podría estar relacionado con la adoración de un personaje que, en un primer instante, fuese creado a modo de un icono, del mismo modo que lo hubiera sido Horus, Buda, Krishna u otros, antes de ser transformado en un personaje histórico. En este sentido, el controvertido evangelio de Tomás encontrado en 1945 aporta más razones a esta consideración.

El gnosticismo de Nag Hammadi, de 1945

Existe un evangelio escrito por Tomás que se suma a este planteamiento. El evangelio de Tomás aparece en Nag Hammadi, Egipto, en diciembre de 1945, y está escrito en el idioma copto. Aparece en Egipto poco antes de la declaración de independencia del estado de Israel (en 1948) y poco después del término de la Segunda Guerra Mundial (septiembre de 1945). Sea o no casualidad, con el término de la Segunda Guerra Mundial aparecen unos textos que empiezan a cuestionar el origen del cristianismo y, poco después, el estado de Israel, quien toma el control de Jerusalén desafiando al orden árabe.

El evangelio de Tomás (considerado apócrifo) expone a un Jesús maestro cuyo único interés son sus palabras, no su vida. No narra su concepción ni su nacimiento, ni su bautismo, persecución, muerte o resurrección. No aparece ni un ápice de su biografía oficial, ni es el rey de Israel ni recluta a sus discípulos ni se hace mención de la santa cena. En este evangelio el protagonismo está en las enseñanzas de Jesús escritas por Tomás, y Jesús es un maestro. Pero no es el mesías. A diferencia de los evangelios canónicos, Jesús afirma a sus discípulos que el camino al reino de Dios es a través del conocerse a sí mismo, y que cuando se llega a este conocimiento se es el hijo del padre (como lo es él mismo).

el Reino de Dios está adentro de vosotros y está fuera de vosotros. Quienes llegan a conocerse a sí mismos lo hallarán y cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, sabréis que sois los Hijos del Padre viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, sois empobrecidos y sois la pobreza.

(Tercer dicho, según Tomás)

Quien lo conoce todo pero carece de conocerse a sí mismo, carece de todo.

(sesentaisieteavo dicho, según Tomás)

En cambio, en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se afirma que Jesús pide a sus discípulos negarse a sí mismos y seguirlo a él llevando a cuestas su cruz.

Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, lleve a cuestas su cruz y vaya siguiéndome.

(Mateo 16, 24; Marcos 8, 34; Lucas 9, 23)

En el evangelio de Juan (5, 24-29), por otro lado, Jesús afirma que quienes escuchen su palabra y crean en él tendrán vida eterna y resucitarán de entre los muertos.

Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, de ningún modo morirá para siempre.

(Juan 11, 25-26)

Es decir, según el evangelio de Tomás el reino de los cielos se experimenta en vida, no una vez muerto, como ofrece el cristianismo oficial con la promesa del paraíso tras el juicio de Dios. Se trata, pues, de un relato diametralmente opuesto al oficial que, a su vez, entronca con todas las escuelas espirituales gnósticas, como el budismo y el hinduismo, así como con las enseñanzas de la cábala hebrea y de la comunidad cátara. Por tanto, en base a lo aportado por el manuscrito objeto de análisis, tiene sentido. Todos ellos hablan de una misma escuela, antes de su división y antes de la creación del Cristo histórico bíblico.

La Compañía de Jesús y los evangelios canónicos

Las dudas sobre el personaje de Cristo transcienden al Nuevo Testamento, pero la autenticidad sobre su vida no se pone en duda en la comunidad cristiana actual. Desde el Vaticano, la Compañía de Jesús es la encargada de defender la veracidad de los cuatro evangelios canónicos, y de negar la consistencia y/o veracidad del resto de evangelios. Sin embargo, este manuscrito le da una explicación. Jesús habría sido un personaje labrado por Tomás en la India, teniendo un origen común con otros símbolos espirituales gnósticos, y luego se habría creado la biografía de Jesús, convertido en el Mesías, el Cristo, haciéndolo gemelo de Santo Tomás, que desde entonces se habría convertido en un apóstol. El mensaje último, sin embargo, transciende a la veracidad histórica del propio Tomás, tal y como se argumenta a continuación, resultado del análisis de la primera crónica del manuscrito.

La imposición del cristianismo, resultado de un matrimonio

La descripción lógica del significado de Cristo, los Tres Reyes, Juan el Bautista, San Tomás y el Preste Juan no es lo único que aporta el manuscrito citado. De hecho, describe su origen con dos relatos que aparentemente no se asemejan en nada. Mediante una doble crónica, crea otro origen del Preste Juan, situándolo en la órbita de la Roma del Santo Padre y haciéndolo responsable de un matrimonio. El matrimonio habría sido entre un caballero cristiano de Occidente y una princesa de las Indias, cuyo enlace habría sido propuesto por un preste llamado Juan que habría dado origen a su dignidad. Es decir, según esta versión el preste honora un matrimonio con una princesa, y según la versión anterior honora la creación de un icono espiritual. Pero ambas lecturas aportan un significado similar al poder de este icono. Como se ha indicado en la primera versión, el icono habría sido un modelo a imagen de las enseñanzas del patriarca Tomás, pero, como se indica en esta segunda versión, con motivo del matrimonio con la princesa se impone la autoridad del cristianismo sobre la de los sacerdotes rabinos y los seguidores de Mahoma, quienes aceptan la autoridad cristiana, con sangre de por medio. Es decir, se nos informa de una alianza que crea al Preste Juan y a un símbolo espiritual, que a su vez implica un cruel sacrificio en un instante histórico en el que las comunidades mahometana, hebrea y cristiana ya existen, y en el cual se impone a Cristo y al cristianismo. Esta descripción doble describe, entonces, el origen de una lucha que se mantiene hasta el siglo XXI, que a su vez parece ser el origen de la división entre la tradición judeocristiana y el resto de las escuelas espirituales asiáticas.

¿Cómo se debe de entender, pues, este desafío a la historia sagrada oficial?

La respuesta está (encriptada) en la descripción del significado de los dos símbolos del Preste Juan, mostrados en la imagen inicial. Al final de la doble crónica del manuscrito se informa del significado del escudo y la triple cruz que dignifican al preste y, gracias a ello, junto con la interpretación de su significado, es posible razonar lo siguiente.

El escudo

Aquí se afirma que el preste tiene por vasallos a los emperadores de dos imperios, uno llamado Greciana y el otro Damasco. Los dos báculos del escudo representan su autoridad sobre ellos.

Pero, ¿qué representan?

Representan al poder de una alianza. Pero, ¿qué alianza? ¿a qué episodio histórico se está refiriendo? Esta es la pregunta que se debe responder, y que el manuscrito plantea, para que sea descifrada.  

Una alianza entre dos imperios, un matrimonio y el Preste Juan de Etiopía: el Arca de la Alianza

Poner en la misma mesa las piezas de un episodio que incluye una alianza del calado del origen del cristianismo como religión imperial, que une a dos imperios (Oriente y Occidente), a un matrimonio y al Preste Juan de Etiopía, no tiene una respuesta lógica. No la tiene si se toma de referencia a los textos sagrados, a la historia oficial y al saber colectivo. Entonces, ¿cómo se debe interpretar? ¿Por qué, un cronista del rey Fernando el Católico, en plena Inquisición, propone semejante desafío histórico? La respuesta puede ser que se trate de una broma, de un texto sin valor alguno. Por supuesto. Pero, en base a lo descrito hasta ahora, pese a poder ser una broma lo cierto es que resulta asombrosamente esclarecedor. Reordena hechos que han pasado a formar parte de los misterios de la historia, como la crónica de Jesús en Cachemira, o las semejanzas entre los iconos espirituales orientales y las enseñanzas del Cristo gnóstico del evangelio de Tomás, así como el misterioso rol del Preste Juan, de Etiopía.

Asimismo, una pieza complementaria, no nombrada en la doble crónica, le aporta significado. El linaje imperial etíope aparece, oficialmente, en 1270, declarándose hijo de los reyes Salomón y Saba, y, hasta el siglo XXI, custodia las órdenes que tutelan el Arca de la Alianza de Salomón, en Axum, Etiopía. Y, es más, aparecen en 1270, tras la reordenación de los imperios de Asia Menor, que afecta al orden global. En 1250-1270 los mamelucos, un brazo heredero del proyecto mongol de Gengis Khan, ocupan Egipto y Tierra Santa, Palestina, instituyendo allí el mayor ejército global, que perdura hasta tiempos de Napoleón. Basta recordar que Napoleón y los mamelucos ocupan Madrid y Bruselas, entre otras piezas clave del imperio napoleónico. Pero en esas fechas se dan más hechos singulares. En 1260 se establece una alianza entre Oriente y Occidente, en Constantinopla, para el control del Imperio griego, que la historia oficial ha transformado en el Imperio romano de Oriente o Bizantino. Y esta alianza es, oficialmente, entre la República de Génova y el Imperio de Nicea, representando el origen del poder de los Paleólogo, que representa el inicio de las relaciones comerciales en Eurasia, con la Ruta de la seda popularizada por Marco Polo. Es decir, se inicia el poder comercial en el mundo conocido, en una época (1260-1453) cuyas máximas autoridades europeas en el Mediterráneo son el pueblo árabe, instalado en el norte de África y en el sureste peninsular (de la península Ibérica), genoveses y venecianos, franceses (que ocupan Nápoles y los máximos poderes de la Orden de San Juan Bautista) y los catalanes y aragoneses, instalados en las islas de los reinos de Mallorca, Córcega, Cerdeña y Sicilia, y en los ducados de Atenas y Neopatria, en el corazón del antiguo Imperio griego.

La pregunta que, entonces, es lícito plantear, es: ¿Tuvo lugar el Arca de la Alianza en el siglo XIII d.C.? La respuesta es, por supuesto, controvertida, como también lo es la doble crónica que aquí se analiza, y las respuestas que ofrece a grandes misterios de la humanidad.

La señal

En esta señal, el preste también es representado como rey de los Abexines, cuyo nombre se asemeja a Abisinia, el antiguo nombre de Etiopía. El símbolo es una triple cruz, la misma que, oficialmente, únicamente representa al Papa de Roma.

 

La reconstrucción histórica y simbólica

El Papa de Roma es el Preste Juan

Ambas singularidades, la triple cruz y los Abexines, junto con el primer escudo, contienen un mensaje que, a su vez, da una explicación a la doble crónica del origen del Preste Juan narrada en el manuscrito.

Mediante el contraste documental de los mapas medievales con esta doble crónica, en el contexto de esta reconstrucción histórico-simbólica, se nos informa que el poder del Papa de Roma proviene del poder del Preste Juan, aunque esta evidencia no tenga fundamento según el relato oficial. Sin embargo, existen claras y evidentes pruebas que demuestran que así es, más allá de la interpretación basada en este manuscrito. Los mapas medievales que se han conservado muestran la triple cruz papal en la confluencia de los ríos Nilo Blanco y Nilo Azul, justo donde empieza el río Nilo que cruza Nubia y Egipto. Asimismo, en diversos mapas aparece el Preste Juan sosteniendo la triple cruz y, en otros, ostentando la tiara papal, la triple corona que oficialmente pertenece únicamente al Papa de Roma. Incluso, en la confluencia de ambos ríos, donde se encuentra la ciudad de Al-Khartum (Jartum, la capital de Nubia), se reconoce a la ciudad de Johan, es decir Juan. El significado de esta triple corona es claro, su corona es la de tres reyes magos, que son quienes le dan su autoridad, junto a la del Cristo original. Pese a ser un desafío a la conciencia colectiva establecida, se trata de una realidad contundente. A continuación, se muestran imágenes que lo confirman. En las dos primeras se muestran los símbolos de la triple cruz papal, ubicados en el punto de unión de los dos Nilos, mientras que en las tercera y cuarta se muestra al Preste Juan con la triple corona papal. Asimismo, en la mayoría de los mapas ubicados oficialmente en la Edad Media, incluso en diversos mapas de los siglos XVI y XVII, aparecen estos símbolos y la figura del Preste Juan. Son mapas hechos en territorios cristianos, y en ningún caso aparece nada parecido a un Papa de Roma. Las pruebas son, pues, concluyentes.

Entonces, ¿qué habría ocurrido realmente?

Descubrir la realidad

Descubrir el relato real parece una temeridad, pero no lo es. La reconstrucción de los hechos nos sitúa en el siglo XIII oficial, cuando los mamelucos caucásicos ocupan Egipto y Palestina (en 1250); cuando tiene lugar la alianza entre las tropas genovesas y los Paleólogo (en 1260), originando la mayor etapa de prosperidad en toda Eurasia hasta su disolución, en 1453 (con la caída de Constantinopla); y también cuando se origina el linaje de la casa imperial etíope que (oficialmente) desciende de los reyes Salomón y Saba (vigente de 1270 a 1974), cuya autoridad custodia el Arca de la Alianza de Salomón en Axum, mediante la Orden del Priorato de Santa María de Sión.

Salomón, Saba y María Magdalena

Todas estas evidencias forman parte de la historia oficial y, aparentemente, no están relacionadas. Pero sí lo están si se comprende que, realmente, forman parte del relato sagrado que, siglos después, habría creado un imaginario histórico alternativo. Habría sido en este instante cuando se impone un pacto que, a su vez, tiene que ver con el asentamiento mameluco proveniente de Persia, y con la aparición del Preste Juan, que habría sido el linaje que la historia oficial asocia con la casa imperial etíope, descendiente (oficialmente) de los reyes Salomón y Saba. Ellos representarían al verdadero matrimonio narrado en el manuscrito aquí objeto de análisis. Sería un matrimonio que, a su vez, representaría a la alianza entre oriente y occidente. Y, en occidente, la reina Saba se transformaría en María Magdalena (y en Sara, que princesa en hebreo y a su vez dialoga con Zara, el femenino de Zar), convirtiéndose así en un icono que se asimilaría al origen de las monarquías cristianas, cuyo enclave original habría sido la Provenza occitana, en cuyas tierras se habría construido la autoridad de Aviñón y la sede europea de la Orden de San Juan Bautista (quien, oficialmente, en el siglo XIV continúa con la misión de la Orden del Templo de Salomón), a su lado.

Más adelante se retoma esta narración, pero antes conviene acabar de contextualizar este episodio.

Génova, la ciudad de Juan

Génova, la sede del imperio del templo salomónico, honoraría a Juan. Por este motivo (para ocultar su significado) se le ha modificado el nombre, y se ha eliminado la “J” en el idioma italiano. Es la “ciudad de Juan”, y en los mapas medievales aparece como “Janua”.

Del mismo modo, la historia oficial crearía un espacio temporal alternativo para los templarios (cuyo poder oficial se sitúa en los siglos XII y XIII, cayendo justo cuando Génova inicia su máximo poder en Constantinopla, en 1260), desvinculándolos de la República de Génova aliada con los Paleólogo; y, del mismo modo, la historia oficial habría diseñado el poder de la banca de Génova de los siglos XVI y XVII desvinculándolo del proyecto bizantino, y asociándolo al Imperio español. Pero estas tres etapas son la misma historia, que habría sido desplazada en el mapa cronológico oficial en un imaginario acumulativo, es decir, desvinculándolas de modo que cada etapa empieza cuando termina la otra. Esta reconstrucción tiene, a su vez, otro dato que le aporta veracidad. El fin de esta etapa debe comprenderse en el siglo XVII, justo antes que aparezca, en las islas Británicas y en Francia, la francmasonería, en los inicios del siglo XVIII. Por esta razón estas órdenes se declaran continuadoras del proyecto templario. El poder de Génova, a su vez, termina con la desaparición de la República genovesa (en 1814), tras la derrota de Napoleón. Pero se reconstruye en Genève, llamada Ginebra en castellano, tratándose de una Génova gemela. Allí, en Suiza, nace el privilegio de esta nación y el secreto de su riqueza. Poco después, allí aparece el proyecto de la Cruz Roja (fundada en 1863). Desde su inicio su símbolo es la cruz roja (como en los templarios y en la República de Génova), y desde 1876-1878 el Imperio otomano utiliza la media luna roja en su nombre, siendo éste un símbolo también oficial de la institución desde 1929. En Ginebra, en 1929, se inicia la construcción del Palacio de las Naciones, por encargo de la Sociedad de Naciones creada en 1919 con motivo del fin de la Primera Guerra Mundial, siendo el edificio que alberga la sede de las Naciones Unidas desde 1966. Es decir, de algún modo, se habría reconstruido la alianza del templo de Salomón. Y por esta razón, no por otra, se crea la Guardia Suiza Pontificia del Vaticano, oficialmente en el siglo XVI (extraoficialmente sería posterior).

Todo es mucho más reciente, y se ha dilatado en el tiempo

Dicho contexto nos dirige, tal como se ha apuntado anteriormente, a un determinado momento histórico en que se disuelve la autoridad del Preste Juan y emerge a su vez la del Papa de Roma, coincidiendo con el inicio de la colonización y con la edificación del Vaticano monumental. Pero, en base a la reconstrucción cronológica e histórica aquí mostrada, dicha transición no habría tenido lugar en el siglo XV sino en el siglo XVII. Como aquí se resalta, existe una abundante investigación relacionada que refuerza este planteamiento (la “Nueva Cronología” de Fomenko y Nosovskiy), por difícil que resulte digerirlo. Esta reconstrucción sitúa, pues, el origen del complejo del Vaticano dos siglos más adelante, y sitúa el origen de la alianza del templo de Salomón también dos siglos adelante, trasladándose de 1250-1270 a 1450-1470. Es decir, nos informa que la epopeya templaria, de la Orden del Templo de Salomón que luego fue de la Orden de San Juan Bautista, no tuvo lugar en los siglos XII y XIII, sino que debe entenderse con el poder de la República de Génova hasta la misma Georgia, en el Cáucaso, entre los siglos XIII y XV. Pero, a su vez, todo se habría trasladado al pasado, debiendo entenderlo entre los siglos XV y XVII, momento en el cual habría empezado, realmente, la colonización evangelizadora de Europa. Dicha afirmación, en el contexto que aquí nos ocupa, no es una temeridad. No lo es, porque existen pruebas, como las aquí mostradas y otras muchas, que forman parte de una investigación paralela, que demuestran que la Santa Inquisición y la Compañía de Jesús, en un determinado momento histórico, borraron el pasado reciente, crearon otro de antiguo y reconstruyeron otro pasado reciente, gracias al control absoluto sobre los canales de comunicación, en un proyecto globalizador que implicaría a todos los imperios del mundo, todos ellos herederos del proyecto egipcio y mongol, que simbólicamente se oculta bajo la narrativa mítica de las doce tribus del pueblo de Israel, hijos del Jacob egipcio.

Es decir, alrededor del año oficial de 1270 se habría formalizado, realmente, un pacto o alianza que habría representado el establecimiento de un orden mundial bajo el gobierno de un linaje (los Paleólogo) que, por otro lado, según la historia oficial, se descompone en 1453, con la conquista de Constantinopla por parte del sultán Mehmet el Conquistador. Dicho orden daría lugar a casi dos siglos de prosperidad, reflejada con el inicio del comercio internacional y el auge de las finanzas en las ciudades-estado europeas, gracias al provechoso intercambio que se iniciaría con la “ruta de la seda”, en una época marcada por una fructífera convivencia entre árabes y cristianos. Pero, en realidad, dicho orden habría empezado entonces, alrededor de 1453, y se habría extendido a lo largo de casi dos siglos. Pero dicho linaje (el liderazgo oficial de los Paleólogo, considerados “reyes de reyes”) habría sido el brazo de Grecia, en un imperio espiritual gobernado por el Preste Juan, quien ostentaría la máxima autoridad sobre dos khanes, un emperador cristiano y un sultán también cristiano, árabe, bajo una cosmovisión cristiana original, gnóstica.

Esta época se correspondería con la máxima expansión y autoridad de la Orden del Templo de Salomón, vinculada al Preste Juan de Etiopía y a la ciudad de Babilonia (El Cairo) , antes de que la orden templaria fuese transformada en la Orden de San Juan el Evangelista, coincidiendo en un cambio o transformación simbólica del orden inicial.

La historia oficial ha creado, a su vez, la leyenda de Solimán el Magnífico (1494-1566), que sería recordado como un gran gobernador y legislador, y mecenas de obras de arquitectura, literatura, arte, teología y filosofía. Sus dominios irían del Golfo Pérsico al norte de África, y llegarían a ocupar el Reino de Hungría. A su vez, se lo haría hijo de una princes de Crimea y nacería en Trebisonda, la capital del imperio del mismo nombre que ostentaría, oficialmente, el emblema del águila bicéfala dorada sobre fondo rojo, propia del Imperio romano y, desde el siglo XVI, del Imperio ruso de Iván el Terrible (1530-1584). Solimán sería quien, oficialmente, reconstruiría la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla (“sofía” significa “sabiduría”) y quien haría construir las actuales murallas de la ciudad de Jerusalén. Con él, se haría referencia al legendario rey Salomón.

Se trata, pues, de una reconstrucción controvertida, ya que representa un giro radical de la conciencia histórica antigua y medieval. Por esta razón, este episodio conviene entenderlo bien. 

 

Los emperadores Constantino y Eleni, en el siglo XV, y el origen del cristianismo oficial en la Provenza occitana, a través del Rey de Nápoles y de Jerusalén

Según esta reconstrucción histórico-simbólica, existen diversas pruebas que apuntan a la Corona Imperial de Etiopía como eje no reconocido de otra explicación, poderosa, del sentido del Arca de Salomón, del mito de María Magdalena y de la reconstrucción cristiana del Imperio romano.

Según este hilo conductor, la familia imperial etíope, en el siglo XV, asumió el desafío de liderar el orden justo y piadoso del mundo, gracias a la custodia del Arca de la Alianza de Salomón. Dicho orden, tal como aquí se identifica, implica, en sus orígenes, disponer de la máxima autoridad en materia espiritual, después de habérsela “arrebatado” a los césares o emperadores, zares, sultanes y/o khanes del mundo, hasta entonces considerados los “hijos de Dios”. De un modo no reconocido, tiene que ver con los emperadores etíopes que, la historia oficial, sitúa en el siglo XV d.C. Ellos habrían sido los verdaderos Constantino y Elena, y quienes habrían instaurado, hará ya cinco siglos, el cristianismo original para los poderes griego y persa. Es decir, existe un salto cronológico deliberado ente los hechos de 1270 y los de mediados del siglo XV, cuya intención habría sido dejar escrita la historia real, de un modo codificado, irracional a simple vista, que a su vez tiene su reflejo fantasma anterior en la leyenda de Helena y Constantino que, en el siglo IV, habrían abrazado al cristianismo y lo habrían convertido en la religión del Imperio romano.

Zar’a Ya’iqob (1399-1468), hijo de David, llamado Constantino I, considerado el mayor de los emperadores etíopes y asimilado como el Preste Juan, sería (o representaría) su origen. Según la historia oficial, casó con Eleni (Helena), y se le atribuyen tres obras de gran valor: Mahsafa Berha (“El Libro de la Luz”), una exposición de sus reformas eclesiásticas; así como Mahsafa Milad (“El Libro de la Natividad”) y Mahsafa Selassie (“El Libro de la Trinidad”). El gran emperador romano Constantino, del siglo IV, equivaldría al emperador Constantino I de Etiopía, del siglo XV, del mismo modo que la madre Helena, casada con Constantino Cloro (los padres del “gran Constantino”) representa a la esposa Eleni del emperador equivalente de Etiopía. Mediante una parábola histórica, al “gran Constantino” se lo haría hijo de Constantino y Helena, siendo éste una reconstrucción enviada al pasado. El “gran Constantino” también sería el “Primero”, al igual que Ya’Iqob, pero en este caso del recreado Imperio romano. Pero esta no sería la principal evidencia oculta. De hecho, existen otras muchas. Las más singulares serían, por un lado, las equivalencias entre el Ya’Iqob etíope y el Jacob bíblico, así como las encontradas entre la madre de Constantino, Helena, y la bíblica María Magdalena.

Por un lado, en los textos sagrados se crearía a Jacob, nieto de Abraham, al que Yahvé bautizaría como Israel, y cuyos doce hijos liderarían las doce tribus de Israel que se repartieron Canaán, la Tierra Prometida entregada por Josué, el sucesor de Moisés, tras el regreso de Egipto. Según esta reconstrucción, se trataría de un modo simbólico de reproducir la toma o posesión de la tierra por parte de los khanes del mundo, procedentes de un mismo linaje imperial cuyo máximo representante sería el Preste Juan. Asimismo, Jacob sería a su vez el icono de San Jaime, quien habría trasladado su linaje a Europa Occidental, desde Provenza, tal y como refleja la leyenda merovingia de María Magdalena.

Por otro lado, a la madre del “gran Constantino”, llamada Helena (que significaría “griega”), se la haría nacida en Bitinia (junto a Constantinopla, actual Turquía y antiguo Imperio griego medieval), dialogando con Magdalena (que sería helena, griega), y con Betania, de donde fuera la María que, según el Nuevo Testamento, hospedó tres veces a Jesús. María de Betania fue considerada la hermana de Marta (el femenino de Marte, el dios de la Guerra) y de Lázaro (a quien Jesús resucitó, al igual que él mismo). Y esta singularidad no es casual, todo lo contrario. La tradición indica que los tres hermanos se fueron a Provenza, en la población que se conoce como las Santas Marías del Mar, junto con María de Salomé y María de Cleofás, e indica que trajo consigo a una hija llamada Sara (que significa “princesa” en hebreo y dialoga con Zara, la femenina del Zar). Este personaje representaría al linaje de Cristo, que habría llegado al sur de la actual Francia en la forma de una hija. Del mismo modo, con ella nacería el mito de la lucha femenina por la reconstrucción del imperio cristiano, bajo la leyenda que sitúa a María Magdalena también en Provenza, en la ciudad de Marsella, cuya hija acabaría trasladando sus poderes a la monarquía francesa. Marsella significaría Marte (el dios de la guerra), y “ella”, su rol femenino, que sería la “madre” iglesia, del mismo modo que lo representa Marta, la hermana de María Betania y de Lázaro. Por esta razón se crearía allí el mito de los orígenes franceses del linaje real de Cristo, y, por esta razón, Marsella y Grecia comparten emblema: una cruz azul sobre fondo blanco.

Es decir, todo apunta al establecimiento de un linaje, resultado de un matrimonio, tal y como narra El Becerro.

Pero, ¿qué matrimonio? De esto se habla a continuación.

Este matrimonio ha sido documentado en el Archivo real de Barcelona (el actual Archivo de la Corona de Aragón, llamado así desde 1738, coincidiendo con el año que se crea la Real Academia de la Historia española). Allí se encuentra un manuscrito dirigido al emperador Zar’a Ya’Iqob, en el que se indica que, en 1450, el rey Alfonso de Aragón estaba dispuesto a enviar a Etiopía mano de obra calificada, indicando que anteriormente se habían enviado allí a trece súbditos del rey que habían fallecido en el viaje. Pero aquello que adquiere especial relevancia es otro intercambio documental ocurrido el 1428, que estaría relacionado con el anterior. En ese año, en 1428, el emperador de Etiopía, que en aquella época era un hermano de Ya’Iqob, llamado Yeshaq I (¿Josué?) habría propuesto un matrimonio entre el hijo del rey Alfonso, Pedro, con su hija, a cambio del envío de un contingente de tropas. Es decir, se apunta a un enigmático matrimonio, que oficialmente nunca se llegaría a realizar, coincidiendo con el inicio de las pretensiones del rey Alfonso sobre el Reino de Nápoles, cuya victoria acabaría por coronar a su nieto Fernando como rey de Jerusalén. Es decir, oficialmente no tendría lugar ni el matrimonio ni la llegada de las tropas, pero en cambio el rey de Aragón iniciaría, entonces, su mayor epopeya, con un ejército inédito que la historia oficial no justifica. 

Entonces, ¿habría tenido lugar un matrimonio?, y ¿tiene que ver con María Magdalena?

Sí, pero todo ello conviene entenderlo como una narración extraoficial. Se trata de una fusión del pulso entre los Aragón y los Anjou para el control de Nápoles, que oficialmente se ha duplicado entre los hechos de los siglos XIII (con Carlos de Anjou) y XV (con Reynat de Anjou), que a su vez coinciden con la aparición de María Magdalena en Provenza y con el traslado de la dignidad de rey de Jerusalén hacia el Reino de Nápoles. Y a su vez, por  otro lado, la historia oficial ha creado una crónica complementaria para el rey de Aragón del siglo XIII, Jaime I, y para otro matrimonio histórico, relacionado con una alianza entre Oriente y Occidente. En 1265, la historia oficial crearía el matrimonio entre la hija del emperador de Bizancio (Miguel Paleólogo, quien se habría aliado antes con Génova y los catalanes), de nombre María, y el khan de Persia, llamado Abaqa. De este modo, se representaría la alianza entre los imperios griego y persa que (según el manuscrito El Becerro) tutela el Preste Juan, y (según esta reconstrucción) está sellado bajo el pacto o alianza del Arca de Salomón. Simultáneamente, entre los años 1267 y 1269, se establecería una embajada (en Valencia) entre la corte del rey Jaime I de Aragón y el Khan, cuya misión habría sido establecer una alianza que incluyera al emperador griego, Miguel Paleólogo, para ocupar Tierra Santa, en una cruzada que tendría lugar el mismo 1269. Es decir, en este sentido, el Khan podría haber sido el Preste de las Indias (o el emperador de Etiopía), quien, tal como se narra en la documentación anterior (del siglo XV oficial), sí habría entregado un contingente de tropas al rey de Aragón. Y este episodio acabaría con el dominio catalán y aragonés de Sicilia, Cerdeña, Nápoles, y los ducados de Atenas y Neopatria (“nueva patria”).

De este modo, la historia oficial ha escrito una crónica multiparabólica que representa este episodio. Y, a su vez, crearía otra crónica múltiple para situar los hechos en la Marsella del siglo XV. Por ejemplo, allí sitúa la fortaleza que hizo construir el duque de Anjou, conde de Provenza y Rey de Nápoles, rey titular de Jerusalén entre los años 1435 y 1480, hijo de Luís de Anjou y de Yolanda de Aragón, conocido por Reynat (Renato) d’Anjou (1409-1480), cuyo nombre representa, significa (simbólicamente), “el rey nacido del ángel”, a modo de la resurrección de Cristo. Y dicho personaje es singular. Renato fundó allí la “Corporación de Pescadores”, del mismo modo que los apóstoles fueron pescadores y el pez simbolizó durante siglos al cristianismo; y, por otro lado, terminó su fortaleza en Marsella el 1453, representando así el nacimiento real del Imperio romano, no su fin (en 1453 cae oficialmente Constantinopla ante los otomanos), en el llamado “fortín de San Juan”, que haría referencia al Preste Juan, el Jan, Sha o Khan. Por esta razón, la historia extraoficial afirma que este personaje fue el último gran maestre del Priorato de Sión, la orden hecha pública en el siglo XIX que se relaciona con el secreto de la sangre real de Cristo en las monarquías europeas, a través del linaje Merovingio. Por esta razón, debido a una reconstrucción genealógica (tal y como se hace de la mano de la reconstrucción de la historia), se traspasan oficialmente sus derechos al rey de Francia, quien se hiciera casado con su hermana María de Anjou. Es decir, de un modo no reconocido se oculta el origen de este linaje bajo los Anjou, quienes habrían trasladado allí al linaje de “Cristo”, del mismo modo que se habría trasladado a la monarquía inglesa (oficialmente, los Anjou ocupan el trono de Inglaterra en el siglo XII). Por esta razón, a la hija de Renato e Isabel de Lorraine, llamada Margarita de Anjou, se la haría la esposa del rey de Inglaterra, Enrique VI, cuyo hijo sería Eduardo de Westminster, el príncipe de Gales que moriría en una batalla sin descendencia. Es decir, simbólica y realmente habría “nacido”, o mejor dicho “resucitado”, allí, el imperio de Cristo, cuyos honores se representan, simbólicamente, en la flor de lis que lucen tanto los Anjou como París, los reyes de Francia y los reyes de Inglaterra, en una crónica alternativa a la oficial.

Por otro lado, históricamente (y simbólicamente), se sitúa allí el Reino de Jerusalén, concretamente en el Reino de Nápoles (que significa la “nueva ciudad”), tal y como también describe el manuscrito EL BECERRO en su segundo capítulo. El primer capítulo y principal, tal y como aquí se resalta, es el de los poderes del Preste Juan. Oficialmente, en 1277, el conde de Provenza, llamado Carlos de Anjou, ocupa Nápoles y obtiene el Reino de Jerusalén (oficialmente lo compra), en una conquista que, oficialmente, habría tenido por objetivo el dominio del Imperio romano de Constantinopla, y acaba luchando contra los reyes Jaime y Pedro de Aragón. Y Carlos de Anjou, a su vez, según la historia oficial, descubriría en Provenza, el 1279, las reliquias de María Magdalena, que desde entonces se veneran en San Máximo de la Santa Bauma. De este modo, se sitúa la aparición de la Magdalena en Provenza en la década de 1270, cuando oficialmente se crea la Corona Imperial de Etiopía, de la estirpe de los reyes Saba y Salomón. Y, por otro lado, se introduce en la historia la expansión de la Corona de Aragón. Se trata, por tanto, de una crónica simbólica con un mensaje oculto, que apunta a una reconstrucción oficial de la verdadera historia que conduciría al imperio cristiano, de la mano (simbólica) de María Magdalena.

Es decir, según se desprende de esta reconstrucción integral de la historia, a lo largo de los siglos XV y XVI nacerían poderosos poderes en Europa Occidental, que se transformarían en diversas coronas o linajes que, a su vez, competirían entre sí para el control del territorio, de la mano del brazo simbólico de las crónicas sagradas, que en origen se enlazarían con múltiples crónicas históricas y literarias.

Por otro lado, más allá que el Reino de Jerusalén que se describe en este manuscrito (El Becerro) se asocia a los reyes de Nápoles y éstos apuntan a los siglos XIII y XV, de acuerdo con la reconstrucción histórica planteada en este escrito, el manuscrito El Becerro también apuntan a Aragón y se sitúan en el siglo XV oficial. De hecho, apuntan al rey Alfonso de Aragón, y, además, lo relacionan con una princesa enamorada, de modo que todo apunta al matrimonio antes mencionado.

¿Por qué?

En el manuscrito El Becerro se informa de los orígenes asiáticos de Jerusalén junto con la titularidad de su reino, que no se encuentra en Palestina, sino en Nápoles, coincidiendo con el episodio que la historia oficial sitúa en tiempos del conde de Provenza, Carlos de Anjou, quien conquista Nápoles y se convierte en rey de Jerusalén, como resultado de su pretensión de ocupar el trono del Imperio romano, en el siglo XIII. Ahora bien, tal y como se ha indicado anteriormente, dicho episodio sería un reflejo enviado al pasado del pulso del duque Reynat (Renato) d’Anjou, también rey de Nápoles, conde de Provenza y rey de Jerusalén, con el rey Alfonso de Aragón. 

Como se ha indicado, según la historia oficial, Reynat de Anjou hizo construir una fortaleza en el fortín de San Juan (que sería terminado en el año 1453), en Marsella, en la ciudad que la tradición situaría el desembarco de María Magdalena (procedente de Egipto, con la descendencia de Jesús). Por esta razón el “rey nacido” (Reynat, o Renato) sería en realidad el primer rey de Jerusalén y de Nápoles. Pero, recuperando el hilo oficial, tras la ocupación de Nápoles por parte del rey de Aragón, esta dignidad recaería sobre el conde de Barcelona, rey de Aragón, Fernando (en 1505), y, desde entonces (hasta la actualidad) honora al rey de España. Quizás, por esta razón, entre los años 1466 y 1480, Renato de Anjou sería proclamado oficialmente Conde de Barcelona, en la lucha que el Principado de Cataluña liderara, junto al príncipe de Aragón y de Navarra, Carlos de Viana, ante la pretensión al trono de su hermanastro Fernando, quien acabaría siendo el “rel católico” junto a la reina Isabel. De algún modo, esta lucha, considerada oficialmente una guerra civil menor, esconde el pulso victorioso del poder de las Españas sobre el imperio original, bajo los brazos papal e inquisitorial. Pero, tal como se ha avanzado, dicha contra-crónica tiene en El Becerro más evidencias, que apuntan a un matrimonio, en este caso compartido entre los Aragón y los Anjou.

El manuscrito El Becerro, al narrar el origen de las armas del Reino de Nápoles, ignora la lucha inicial entre el rey de Aragón y el conde de Provenza que la historia oficial sitúa en el siglo XIII, y narra una lucha entre el rey Alonso de Aragón, rey a su vez de Sicilia, contra Reyner de Anjou, en unos hechos que la historia oficial sitúa en el siglo XV (con la salvedad que el rey de Aragón oficial se llama Alfonso, no Alonso). El manuscrito sitúa en el centro del relato a una mujer, que hace princesa de Nápoles, llamada Magdama Juana, mientras que la historia oficial la llama la reina Juana II de Nápoles. La historia oficial dice que, al no tener descendencia directa, Juana dejó el reino a Alfonso, y luego a Reyner, quien sería el primero en ocupar el trono, hasta 1442 (esta fecha es la oficial, no la indicada en El Becerro, que no lo precisa), cuando Alfonso lo conquistaría. Pero El Becerro resalta que ella lo dejó, por amor, al rey Alonso.  Del mismo, modo, a modo de apunte complementario, otra crónica paralela sitúa a otra Juana en el centro de otra lucha, en este caso por el control de Francia, entre los descendientes de los Anjou ingleses y los reyes de Francia, apoyados (oficialmente) por el mismo Reynat de Anjou. Dicha Juana sería la legendaria Juana de Arco (1412-1431), y la contienda la renombrada Guerra de los Cien Años que, no por casualidad, termina el 1453. Es decir, en el nombre de Juana se habría originado un conflicto continental que habría creado múltiples leyendas asociadas a la conquista y al reparto de Europa Occidental.

Es decir, el manuscrito El Becerro apunta a un conflicto de legitimidades, y a una historia de amor de una mujer que podría haber tenido dos amantes, o bien una descendencia principal que habría creado dos linajes, los Aragón y los Anjou. En este sentido, es digno de resaltar que, oficialmente, el rey Alfonso de Aragón, en 1437, hace entrega del Santo Cáliz a la catedral de Valencia, que se encontraba en Barcelona, como garantía del préstamo que el Cabildo Catedralicio le concedió para sufragar las luchas en Italia. En Valencia, no por casualidad, sería donde, dos siglos antes, se establecería la alianza entre el Khan y el rey Jaime I de Aragón. Es decir, el Santo Cáliz de Valencia rememoraría la alianza entre Oriente y Occidente, del Arca de Salomón. Y quizás, por esta razón, el rosetón gótico de la catedral de Valencia representa el símbolo por antonomasia del Reino hebreo de Israel, la estrella de David, del rey David, el padre bíblico del rey Salomón.

Por esta razón, este reino, Nápoles (y el rey de Jerusalén) “resucita” con un linaje que lideraría la lucha por el control de Europa entre los siglos XV y XVIII. 

De este modo, mediante una múltiple crónica parabólica, se fusionan las leyendas de María Magdalena, del Preste Juan, de Constantino y Helena, del Arca de Salomón, del Santo Cáliz y de Juana de Arco bajo los dominios de los Aragón y los Anjou, en unos hechos encadenados que se sitúan en los siglos XIII y XV oficiales pero que conviene entender en el XV real. 

Pero, resultado del devenir histórico, en un determinado momento, se crearía un conflicto de legitimidades, y todo este constructo simbólico, histórico y literario requeriría ser modificado, para crear o reconstruir, de nuevo, la autoridad de Cristo, si bien, esta vez, para crear a un Cristo más poderoso, al hijo histórico de Dios, haciéndolo virgen e hijo de una mujer virgen. Cuando esto ocurre, se reescriben los mapas cronológicos y se crean distintos orígenes sagrados, hasta que, en un determinado momento, se impone la necesidad de reestablecer un proyecto unificador, en nombre de Cristo, que lideran Europa y el Papa de Roma, con los brazos de la Santa Inquisición y la Compañía de Jesús. El Papa de Roma, en este instante, asume los poderes de Oriente hasta entonces custodiados por el Preste Juan, cuya autoridad se derrumba junto con la del Arca de la Alianza. A lo largo de esta etapa, desde Egipto se habría edificado la máxima de las ciudades, llamada Babilonia (El Cairo), que se acabaría destruyendo con el “renacimiento de Cristo”, tal y como se narra en el libro de la “revelación”, conocido como el Apocalipsis. De este modo, con el “retorno del ángel de Jesús” (parafraseando el mensaje final del libro del Apocalipsis) habría empezado una segunda colonización del mundo, esta vez con más virulencia militar, que Europa habría promovido en nombre de la evangelización cristiana. A su vez, se termina de reescribir la historia, se distorsiona la realidad simbólica y se crean falsos orígenes para todos y cada uno de los poderes que se reparten el mundo. Cuando esto ocurre, se elimina toda posibilidad de reconciliación con la historia, que se somete a una manipulación sistemática, y, muy especialmente, con el legado de las distintas escuelas espirituales del mundo. Todo este periplo histórico tiene lugar entre los siglos XV y XIX.

1453-1486, 33 años de resurrección

La historia oficial, por otro lado, crearía un imaginario entre los años 1453, cuando oficialmente cae Constantinopla, y el año 1486. Los separan 33 años, y representan una resurrección, en este caso del Imperio, con la nueva capitalidad de la Roma italiana. Y representa el inicio del “nuevo mundo” que nace con la empresa colonial. De acuerdo con la reconstrucción realizada en este estudio, sería una parábola histórica de otro episodio real, consistente en la reformulación del Imperio bajo el ideal cristiano y, a efectos simbólicos, sería entonces cuando empezaría a desaparecer el arte y la arquitectura greco-romana que la historia oficial sitúa hasta el siglo IV, es decir, mil años atrás. Dicha fecha coincide con el inicio del proyecto de colonización ideado (oficialmente) por Cristóbal Colón, al servicio de los “reyes católicos”, en el monasterio de Guadalupe, en Extremadura (Guadalupe sería el icono de María Magdalena transformado en Guadalupe dos siglos después). A su vez, el año 1486 es cuando, oficialmente, se inicia a su vez el proyecto colonial portugués, cuyo objetivo es, en su origen, aliarse con el Preste Juan de las Indias.

Y,  ¿qué representa, entonces, esta reconstrucción de las historias sagradas y oficiales?

Representa que el pasado y el origen de los símbolos espirituales es muy distinto al imaginado desde el siglo XV, y que hubo otro pasado hasta el siglo XVIII, que sitúa al Preste Juan al sur de Egipto, e ubica la ocupación de Egipto por parte del rey de Babilonia en el siglo XV (correspondiendo a la crónica oficial de los mamelucos que se sitúa en el siglo XIII). Por esta razón, y no por otra, la ciudad de Babilonia aparece como la más importante de las ciudades del mundo en los mapas de la Edad Media, que se deben reubicar cronológicamente dos siglos más adelante. Su destrucción, descrita en el Apocalipsis, es la destrucción simbólica del poder de la ciudad “medieval” de Babilonia, que no es otra que la actual El Cairo. El Cairo es Al-Qahira en árabe, y significa “la victoriosa”.

Babilonia siempre ha sido El Cairo,
que significa “la victoriosa”

Los siguientes extractos de mapas dan fe de esta afirmación. En todos ellos se comprueba la existencia de una gran Babilonia justo en el inicio del delta del río Nilo, donde se encuentra El Cairo. Actualmente, todavía existe Babilonia en El Cairo, y corresponde con la ciudad copta, medieval, cristiana, de la capital de Egipto.

Es decir, el Apocalipsis, que describe la destrucción de la gran Babilonia, habría que situarlo en un tiempo mucho más reciente, al igual que el Nuevo Testamento canónico, y poco antes de la epopeya egipcia del imperio de Napoleón, el “nuevo Apolo” que la historia oficial ha transformado en un megalómano, vaciando de significado su verdadera empresa: reconstruir un imperio original, que habría sido desmantelado des del Vaticano con la participación activa de los Borbones y los Habsburgo, y con la colaboración de la francmasonería.

¿Quién reconstruyó la historia?
La Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús habría sido la encargada de acordar este proyecto con todos los imperios dominantes, por esto se habría instalado en la Tartaria rusa, la India, la China y Japón, antes de ser expulsada y transformada en su actual institución. Ellos y el proyecto de cristianización habrían fracasado parcialmente, pero no el mapa cronológico que ellos habrían creado, en una alianza explícita entre los poderes cristianos de Europa. En este megaproyecto histórico, las élites europeas imperiales habrían manipulado, destruido e incluso creado el constructo documental oficial que atestigua la historia oficial. Y no es un error de interpretación, existe la “razón del imperio del Jesús cristiano” y múltiples evidencias complementarias, que aquí se exponen.

A continuación, se transcribe la parte del manuscrito que centra toda esta reconstrucción.

 

EL MANUSCRITO

[Pg. 1]

Este autor es don Diego Fernández de Mendoza caballero de Sevilla, que halló en la Guerra de Granada y escribió estas genealogías por los años de 1492, como va anotado en el segundo tomo, y todos los autores que tratan de esta materia atribuyen esta obra al dicho autor don Diego Fernández de Mendoza, de los antiguos Mendoza de Sevilla. [[2]]

Léase a Frankenau Biblioteca Hispana General Heráldica.

[2]    Texto añadido a mano sobre una página en blanco del manuscrito. Por otro lado, resaltar que no es correcto que el libro fuese escrito en 1492, ya que en la página 57, referentes a las armas del Maestre de Rodas, se menciona la victoria del “gran turco Solimán” en el año IS23, es decir 1523.

EL BECERRO General

Aquí comienza el libro de las armas que traen muchos reinos e imperios, señoríos y la causa de su por qué, y donde tuvieron su principio.

Y de la genealogía de los linajes de España y de los escudos de armas que traen primeramente se dirá.

El Preste Juan y el Rey de los Abexines

[Pg. 2 del manuscrito]

Preste Juan

Del Preste Juan de las Indias, y Rey de los Abexines. [[3]]

[3]    Los “Abexines” se asimila a “Abisinia”, que es el antiguo nombre de Etiopía, donde la historia ubica al Preste Juan.

[Pg. 3]

Según las historias antiguas nos han enseñado. En las Indias había un gran príncipe que señoreaba todas aquellas partidas, y al tiempo de su fin sola una hija tenía, y muy chica, el cual hizo llamar a todos los grandes de su Reino imperio, y recibió de ellos pleito homenaje y juramento que lealmente guardasen Su Señorío, y que viendo la perfecta edad que de su placer y voluntad se case y que aquel que tomase recibiese por Señor, y que en su mano fuese tomar marido de cualquier ley estado o condición que quisieses, la cual después de venida en este efecto de edad de matrimonio fuese por los grandes requerido que se conjugase y le mostraron el testamento de su padre. La Señora que de aquello fue certificada por todas las partes del mundo lo hace saber, diciendo que todos los Señores de las tres leyes [[4]] viniesen a tiempo cierto, y del que más se contentase sería suya con todos los Reinos y Señoríos a cuya voz aquellos que de la ley de Moisés [[5]] eran, vino mucho y muy gran número y según

[4]    Se asimila la palabra “leis” con “leyes”, siendo “leys” parecida al catalán “lleis”.

[5]    Se asimila la palabra “demoysen” con “de Moisés”.

[Pg. 4]

sus trajes bien guarnecidos y los Rabíes andando con sus toras por los cerros haciendo plegarias, al criador que les diese gracia que de ellos aquella princesa escogiese para su casamiento. Los de la secta de Mahoma, gran abundancia de aquellos fue allí con ricos trajes preciosos atavíos y muy ligeros y diestros caballos continuamente escaramuzaban y jugando las piernas [[6]]. De los cristianos fueron allí reyes, príncipes, duques, marqueses y otros nobles varones los cuales llevaban armas muy servidas y caballos de brida cubiertos de pomposos y ricos paramentos, y hacían luchas y justas y torneos y traces y otros grandes hechos de armas a caballo y a pie, y de que la infanta estaba bien pagada estaba en gran turbación, cual de aquellas tres leyes le estaba mejor [[7]]. Por cuanto ella era gentil y adoraba los ídolos, y estando en esta duda dilataba la elección. A esa sazón era en Roma un venerable Cardenal y patriarca. Dicho don Juan muy magnífico varón y gran letrado mancebo de muy hermosa presencia y de Real sangre. Este hizo saber al Santo Padre este hecho diciendo así a su santidad placía o quería ir allá para probar si supiese hacer algún fruto. El papa le dio licencia y se pone mucho a punto llevando consigo los obispos y arzobispos y otros prelados de gran reverencia y famosos letrados y esto porque aquellas gentes conociese que así en lo divino como en lo humano la cristiandad [[8]] tenía sobre las otras gran ventaja, y llegando a aquella ciudad

[6]    En este párrafo se identifican tres similitudes con el idioma catalán: “guarnidos” con “guarnecidos”, “suas” con “sus”, y “canas” con “piernas”.

[7]    En esta ocasión se vuelve a asimilar “leis” con “leyes, y adquiere su significado. Las tres leyes son la de los Rabíes, la de los seguidores de Mahoma y la de los poderes cristianos. Son el judaísmo, el islam y el cristianismo. Llama la atención, asimismo, que sean ellos los pretendientes de la princesa de las Indias. Según la historia oficial, en la India había, en todo caso, la influencia musulmana del Imperio persa en la Edad Media.

[8]    Se asimila “xpiandad” con “cristiandad”. Xpo significa Cristo, el ungido, en griego, pudiéndose referirse a un linaje imperial.

[Pg. 5]

de donde era la Reina y todas aquellas gentes todas vieron gran placer con su venida y más los cristianos y a la Señora puso a la cual él fue a hacer reverencia, y hecha la salutación cortesana con mucha gracia y le preguntaron de su hacienda, y ella por extenso lo recita y él le demanda de cual generación era más contenta, y ella le declaró su voluntad que de todas era placentera, y más los cristianos, porque los moros eran más sus vecinos y a aquellos era muy inclinada. El patriarca le traía muchas razones que pronto debía tomar maridos cristianos [[9]] y en fin le dijo la Señora si las otras dos leyes [[10]] dan ventaja a esta vos Señora la debéis de creer antes, dice ella. Si por cierto pues Señora atended un poco. Él hizo venir delante de ella los judíos. Decid amigos, si de necesidad ustedes de dejar vuestra ley cual tomaría antes, la de Mahoma o la de Cristo [[11]]. La de los cristianos sin duda seguiríamos antes. Esto mismo dijeron los moros. Porque la ley y vida de los cristianos era mejor que otra sin la suya, la cual si de necesidad tuviesen de negar seguirían la de Cristo [[12]]. Y viendo la princesa la razón tan pronunciada, dijo que deliberaría de tomar marido cristiano [[13]], aun que quería que fuese él dijo lo tengo en merced, pero que era preste de misa y no podía casar. Pero que se detuviese un poco de tiempo para que enviase a Roma. Lo cual así hecho él escribió todo pasado por extenso y en lo que estaba al Santo padre

[9]    Se vuelve a asimilar “xpianos” con “cristianos”.

[10]   Se vuelve a asimilar “leis” con “leyes”.

[11] Se asimila “Xpo” con “Cristo.

[12]   Íd.

[13]   “Xpiano” se asimila a “cristiano”.

[Pg. 6]

que de su Santidad como todo el consistorio hallaron ser mejor que casase con aquella y se cobrase tanto Señorío a la parte cristiana que sería más mérito que perderlo. Y dispuesto a casarse en uno lo cual así hecho ella y todos sus vasallos se convirtieron a la fe de Jesucristo [[14]], y porque son tres bautismos, los cuales todos tres pasaron por nuestro Señor, los cuales el primero es de agua dado por San Juan Bautista [[15]]. El segundo que es de fuego que fue asado en ardor de fuego de pasión y de amor divinal, y el tercero que fue de sangre. Que como dice el Evangelista desde la planta del pie hasta la cabeza no quedó con él cosa sana y muchos que fueron martirizados. Puesto que no recibieron baptismo de agua, de su sangre, recibieron como los cinco mil inocentes. Así aquel preste Juan mandó que fuesen bautizados con hierro caliente en la cara y esto porque no pudiesen negar no ser cristianos ni escribir Su ley como nosotros podemos hacer [[16]]. Hoy contaré esta historia de otra manera, y digo así las opiniones de aquellos que notan los grandes hechos de los altos príncipes hacen después a los vinientes hallarse confusos según la variedad de sus opiniones [[17]]. Así que según pude aprehender el comienzo del Señorío de este Preste Juan así era venido según es escrito. Pero porque después hallé otra regla y relación a mi parecer más perentoria quisiera aquí notar, Porque los lectores se aprovechen

[14]   Se asimila “Jhu Xpo” a “Jesucristo”, pero bien puede referirse a los seguidores del ungido.

[15]   San Juan Bautista bendice al preste Juan, como oficialmente lo hace con Cristo, en una situación que supone, en ambos casos, la apuesta por el cristianismo. Asimismo, Ésta es la primera ocasión que en el manuscrito se escribe Juan, si bien lo hace como “Joan”, como en el idioma catalán. Anteriormente escribe “Jn” con una “o” encima de la “n”.

[16]   Según esta crónica, el “preste Juan” fue quien adquirió sus poderes casándose con la princesa de las Indias, siento cardenal y Patriarca cristiano ubicado en Roma. Esta historia, sin embargo, no coincide con la oficial.

[17]   En este punto de la descripción se inicia otra descripción del origen de los poderes del Preste Juan. En ella se indica que es más perentoria, es decir, más decisivo o definitivo. En esta crónica se describe la creación de los poderes del Patriarca Tomás, que equivaldrían a los de Cristo, y los del Preste Juan, siendo ambas obras realizadas por tres reyes de las Indias, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar. Resaltar que en esta segunda crónica no se cita a los cristianos, ni a los moros ni a los judíos.

[Pg. 7]

de las dos y la más razonable alaben y se aprovechen de ella. Se escribe en la Sagrada escritura [[18]] que hay tres indias. La primera fue el reino de Nubia en el cual en el tiempo que nuestro Redentor [[19]] nació [[20]]. Reinaba el Rey Melchor [[21]] el cual le ofreció oro y se llamaba Rey de Arabia y de Nubia. Y el segundo Rey que llamaba Baltasar reinaba en la segunda parte de la India y se llamaba Rey de Galijsaba [[22]], este fue el que ofreció incienso. El tercero Rey de estos [[23]] se llamaba Gaspar, el cual reinaba en la tercera parte de las Indias e intitulase Rey de Tarsi y de Visola, y Grisola. Allí está el cuerpo del bienaventurado Santo Tomás apóstol [[24]]. Y estos bienaventurados Reyes [[25]] fueron después de esto obispos que fueron consagrados por la mano del apóstol susodicho. Recibieron el martirio del apóstol y con él juntos estos gloriosos reyes todos juntos, los prelados y grandes hombres de las indias, acordaron elegir un notable varón en memoria del apóstol a quien llamasen Patriarca Tomás, y que les enseñase en lo espiritual y los gobernase a quien como santo en todo obedeciesen, uno muerto o viesen perpetuamente otro que eligiesen. Como ágora hacen a los Santos padres y por cuanto los Reyes gloriosos no tenían hijos ni jamás lo vieron antes es opinión que murieron vírgenes. De consentimiento de todos eligieron otro muy noble y virtuoso varón para que en lo temporal los Rigiese y gobernase y fuese

[18]   “Escritura” se escribe “Escriptura”, como en catalán.

[19]   Al igual que antes, “Redentor” se escribe “Redemptor”, como en catalán.

[20]   El Redentor, según el cristianismo, fue Jesús, pero aquí se lo sitúa en el Alto Egipto, en Nubia. Se desprende la conclusión, por lo tanto, de que el “Redentor” pueda ser el propio Preste Juan, atendiendo a que los mapas medievales lo ubican allí. Otra opción es que se refiera a Cristo, como persona o símbolo, y naciese allí, siendo egipcio.

[21]   El manuscrito escribe “Melchior”, asimilándolo al catalán “Melcior”, que en castellano se escribe “Melchor”.

[22]   “Galijsaba” no se conoce, pero en el manuscrito se intuye que quizás está separado, como “Galj Saba”, dando a entender que quizás se refiere al Reino de Saba.

[23]   Se asimila “estos” con “aquestos”, siendo ésta una palabra catalana.

[24]   No se conoce el reino de Tarsi y Visola y Grisola, pero sí la ciudad de Tarso, que se encuentra en Turquía y es el lugar de nacimiento del apóstol San Pablo, según la Biblia oficial. Por lo tanto, puede referirse al rey turco. Pero, según la historia oficial, Santo Tomás se enterró en la India, así que puede tratarse de un dominio ubicado hasta esas tierras.

[25]   Se asimila “Reis” con “Reyes”, siendo la escritura del manuscrito igual que en catalán.

[Pg. 8]

soberano de todos y no tuviese nombre de Rey ni de emperador, más que se llamase Preste Juan Simón de las Indias como se llama a quien siempre el hijo mayor sucediese [[26]]. Como parece por el libro de la vida de los gloriosos Reyes magos, y estas Indias fueron así llamadas por un gran río que corre por ellas que se llama Indio [[27]]. Trae ahora este preste Juan dos escudos de armas. Un escudo es todo blanco de plata con una cruz negra, con dos báculos de oro, y esto es porque en tierra de Nubia hay emperador y otro en Etiopía. Son vasallos del preste Juan, el uno es emperador de Greciana, el otro emperador de Damasco [[28]]. Y otro escudo blanco con una cruz negra con tres brazos, uno sobre otro. El primero más largo y el segundo más corto, y el tercero más chico, así como están arriba. [[29]]

[26]   Según esta segunda versión de la historia, el vínculo entre el Preste Juan y el cristianismo del imperio procede de la decisión de unos reyes de las Indias, que más adelante asimilan a los “Reyes magos”, donde el rol de Cristo lo ostenta el Patriarca o apóstol Tomás. En la primera versión el Preste Juan era bendecido por San Juan Bautista, como Cristo, y en la segunda versión los Reyes Magos no honoran a Cristo, sino a Tomás.

[27]   El río “Indio” puede referirse al río “Indo”.

[28]   “Greciana” se puede asimilar a Grecia, y “Damasco” se escribe “Demagaso” en el manuscrito. Su asimilación con los emperadores de Nubia y de Etiopía, que en el manuscrito se escribe “Entiopia”, indica que el Preste Juan representa al poder que los une, siendo una situación que también contradice la historia oficial. En este sentido, los uniría Santo Tomás, no Cristo, siendo éste el nexo con un origen de un linaje o poder, que habría sido recuperado junto con la creación del poder del Preste Juan.

[29]   La cruz triple que se describe se corresponde al símbolo del rey de los Abexines, que se asimilan al reino de Abisinia, la antigua Etiopía. Asimismo, dicha triple cruz, en el siglo XXI, sólo la ostenta el Papa de Roma, planteando así la duda razonable del traslado de los poderes del Preste Juan a Roma, tal y como de hecho ya se apunta en la primera crónica de este apartado.

[Pg. 9]

Las armas del Reino de Hierusalem

Jerusalem

En la Biblia se escribió que Sen, hijo mayor de Noé, su generación pobló en Asia e hicieron la tierra hasta el mar océano [[30]], y que entonces se pobló [[31]] una ciudad en Asia y se le puso el nombre de Salen. Y ésta es la que ahora se llama Hierusalem, cuyas armas son un escudo colorado con una cruz de oro, larga como el escudo, con los brazos de través cortos con cuatro crucetas pequeñas, dos en lo alto y dos en lo bajo de la cruz. La cruz es llana con cabezas envueltas las cuales armas traen los Reyes de Nápoles, que se intitulan Rey de Jerusalén y de Hungría, y las armas son éstas.

[30]   La expansión por toda la tierra conocida, por parte de los hijos de Noé, apunta a una conquista, que habría tenido su origen en Egipto, cuya consecuencia directa habría sido la creación de la capital de un imperio, llamada Jerusalén. Pero, tal y como se observa en esta descripción, no queda clara su ubicación, solo se indica que está en Asia.

[31]   Se asimila “poblaró” con “pobló”, siendo “poblar” una palabra catalana.

Sobre el resto del manuscrito

Respecto al resto del manuscrito, después de las armas de Jerusalén se informa del origen y de las armas del emperador de Grecia, del rey de Chipre, del emperador de Alemania, del rey de Hungría y de Frisa, del rey de los Romanos, del rey de Panonia y León, del rey de Bohemia, del rey de Noruega, del maestro de Prusia, del rey de Suecia y Gocia, del rey de Golandia y Vigila, del rey de Escocia, del rey de Inglaterra, del rey de Hybernia, del rey de Nápoles, del rey de Cezilia, del maestre de Rodas, de los duques de Milán, del rey de Francia, del rey de Navarra, del rey de Aragón, del rey de Portugal, y del rey de Castilla. En este sentido, es de resaltar que en primer lugar expone los poderes del Preste Juan, y en segundo lugar los del Reino de Jerusalén, que sitúa en el Reino de Nápoles, para más adelante narrar el pulso entre los Anjou y los Aragón, para el control de Nápoles, por el amor de la princesa Magdama Juana, tal y como se ha expuesto anteriormente. A continuación, tras narrar el origen de las armas de todos estos poderes, expone los orígenes y la descripción de los linajes castellanos, todo ello con una extraordinaria imaginación que la evolución de la historia se ha encargado de racionalizar.

De todos estos orígenes, de reinos, poderes y apellidos castellanos existen pocas versiones que se hayan conservado como verídicas. Es más, las versiones oficiales, en especial de lo dicho sobre los grandes reinos y emperadores, se han convertido en crónicas elaboradas que dan cuerpo a las enciclopedias desde los siglos XVIII y XIX. Son una evidencia, por otro lado, de que en un determinado momento de la historia se inventan unos falsos orígenes y que, por tanto, es una evidencia más de la invención integral de la historia “sagrada” que aquí se reconstruye.

 

Los símbolos del conde de Barcelona se traspasan al rey de Aragón 

A modo de curiosidad, este manuscrito también narra otra unión entre el Reino de Aragón y el conde de Barcelona, cuya hija se habría casado con el rey de Aragón, contradiciendo la historia oficial, que dice que habría sido un matrimonio entre la hija del rey de Aragón y el propio conde de Barcelona. ¿Tiene importancia? La tiene, ya que la historia oficial, vista desde esta perspectiva, apunta a ser una reconstrucción avanzada, una rectificación posterior, que dignificaría a la reina de Aragón. Quizás, debido a ello, en El Becerro también se afirma que, desde entonces, el Reino de Aragón toma como propias las barras rojas catalanas sobre fondo amarillo del conde de Barcelona (hecho que se niega desde los círculos oficiales españolistas), y, de un modo sorprendente, se afirma que el origen del poder del rey de Aragón proviene de los “getas”, que la historia oficial sitúa en el norte del actual estado de Bulgaria. Dichos getas, a su vez, habrían formado parte de una gran expedición que habría ocupado Asia (como los mongoles), y por este motivo habrían regresado a Grecia (en unos hechos que la historia oficial reconoce, pero en el siglo XV d.C.). Impresionante. Es decir, informa que los poderes catalanes y aragoneses provienen de la órbita del Imperio romano medieval, focalizado en la Edad Media en las tierras que rodeaban al Mar Negro y al Mar Egeo. Y, este hecho, resulta especialmente significativo si se considera que el autor del manuscrito, tal y como se describe acto seguido, crece en la casa del hermano del rey Fernando de Aragón, el católico.

Sobre la identidad del presunto autor del manuscrito

Se atribuye la autoría del manuscrito El Becerro a don Diego Fernández de Mendoza, contemporáneo del rey Fernando el Católico. En las páginas 1 (volumen I), 511 y 642 (volumen II) así se indica, pero está escrito posteriormente a mano (en la nota de la página 511 si indica que se trata del año 1671). Por otro lado, en las citas del volumen II se resalta que Diego Fernández de Mendoza era cronista de los reyes Fernando e Isabel. Asimismo, existe una página en que el autor del libro se identifica, coincidiendo con la grafía del manuscrito. En la página 197 del volumen I del manuscrito se escribe “El autor D. Diego Fernandez de Mendoza”, precediendo a una justificación de la identificación de los linajes castellanos de Vizcaya. Se corrobora, por tanto, que es el autor del manuscrito. Sin embargo, existen dudas razonables sobre su verdadera motivación, así como del origen de las fuentes de la información de que dispone, tal y como se expone a continuación.

El cardenal Cisneros y la Santa Inquisición

En primer lugar, llama la atención la nota de la página 511, fechada en 1671. Allí se afirma que el autor de la obra está al servicio del cardenal Cisneros, quien fuera el Inquisidor General de España, así como Canciller Mayor de Castilla, Gobernador del Reino de Castilla y regente en varias ocasiones de Castilla, en ausencia del rey. El cardenal, según cuenta la historia oficial, murió tres días después de conocer personalmente al nuevo rey Carlos I, en 1517. Dicho personaje forma parte de la historia de la Inquisición, en unos años en que existen numerosos documentos contradictorios sobre los poderes coloniales atribuidos a Castilla, como el testamento de Fernando el Católico de 1516, en que como rey de Aragón dice tener posesiones en los mares océanos; o bien actas de diversas cortes o bulas papales, en que dicha empresa se entrega a los reyes Fernando e Isabel, no a Castilla. Por lo tanto, relacionar este autor con este personaje, representante de los intereses de Castilla y de la iglesia inquisitorial, requiere poner en tela de juicio la voluntad del manuscrito. La sola evidencia de la exaltación de la castellanidad en la historia de España que transmite el libro, y la ausencia irracional de su catalanidad, es por si solo una prueba de peso. Pero existen demás razones, como lo es la exploración de su perfil biográfico, que el propio autor se encarga de escribir en el manuscrito.

Los condes de Ribagorza y de Cortés

En las páginas 107-110 del volumen I del citado manuscrito se indica que, desde los catorce hasta los veinticinco años, el autor (Diego Fernández de Mendoza) fue criado por don Alonso de Aragón, duque de Villafermosa, conde de Ribagorza y de Cortés en Navarra. Este personaje fue, oficialmente, hermano del Rey de Aragón, que no era otro que Fernando el Católico. Dicha información sitúa, pues, el origen de un destacado heraldista castellano en la corte de los reinos catalano-aragoneses y navarro, y más concretamente en la casa de los condes de Ribagorza, duques de Villahermosa y condes de Cortés que, oficialmente, también fueron duques de Luna. Sin duda, esta evidencia biográfica es razonable, y puede ser la razón de que, tal y como se ha anotado en la transcripción del manuscrito, el autor dé muestras de su catalanidad (la madre de Alonso de Aragón, amante del rey Juan II de Aragón, era oficialmente catalana). La importancia de este linaje, los Ribagorza-Cortés, sin embargo, es desconocida. Pero su exploración documental constata que se trata de una familia monárquica aliada con los intereses de Roma, siendo a su vez un linaje imperial bizantino (hecho que, por otro lado, también contradice la historia oficial).

Los descendientes de Alonso de Aragón, el conde de Ribagorza que fuera hermanastro mayor del rey Fernando el Católico, hijo de la amante del rey Juan II, la catalana Aldonza Roig, según la historia oficial, se caracterizaron por su pertenencia a la Orden de San Juan Bautista, también conocida como Orden de Rodas o, desde el siglo XVI, Orden de Malta, cuya autoridad política y militar era y es papal. Pero, coincidiendo con la derrota de la orden en Rodas ante los Otomanos, en 1522, dicha familia entra en decadencia dentro de la Corona, que, oficialmente, pasa a gobernar el Sacro Imperio con los Habsburgo, hasta su total desmantelamiento en tiempos del rey Felipe II, quien se apropia de sus posesiones, que en parte pasan a formar parte del patrimonio de la Compañía de Jesús (oficialmente en la segunda mitad del siglo XVI). Se trata, pues, de un linaje poderoso que cae junto con la autoridad militar papal de Roma, la Orden de San Juan Bautista, en el siglo XVI, hasta que oficialmente es desposeído de sus honores y propiedades por el propio rey. Asimismo, dicha autoridad cae, también, junto con los poderes de la Orden de San Juan en Cataluña, donde la Corona disponía de su Gran Priorato y su máxima autoridad, oficialmente desde tiempos del rey Ramón Berenguer IV. La Orden de San Juan Bautista, de la denominada Corona de Aragón, estaba representada en el Principado de Cataluña, a través de sus cortes parlamentarias y, muy en especial, a través del Arzobispo de Tarragona, Primato de las Españas, y del Castellán de Amposta.

Los poderes bizantinos de los condes de Ribagorza y de Cortés, Constantino y San Jorge

La vinculación con la Orden de San Juan Bautista no es el único enlace de los Aragón condes de Ribagorza con una familia poderosa. Tal y como afirma el linaje de los Láscaris Comneno, los condes de Ribagorza, desde el siglo XIII, fueron sangre imperial bizantina. ¿Y quiénes son los Lascaris Comneno? Oficialmente son los legítimos herederos del Imperio griego medieval. Según reconoce la nobleza de toda Europa entre las dos guerras mundiales, del siglo XX, y la iglesia ortodoxa griega, son los descendientes del Imperio de Nicea medieval, el origen del Imperio bizantino de los Paleólogo. Más concretamente, los Láscaris Comneno, oficialmente, trasladaron su poder a España a través de los Condes de Ribagorza, en el siglo XIII, haciéndolo a su vez en el norte de Italia a través de los Ventimiglia (entre los años 1250 y 1270, coincidiendo con el inicio oficial del pacto del Imperio griego o bizantino con los genoveses, que aquí se asocia con el Arca de Salomón). Oficialmente, fueron ellos los grandes maestres de la mayor orden militar del Imperio romano cristiano, la Orden Constantiniana de San Jorge, entre los siglos XVI y XVII, hasta 1697, antes de ser entregada a Felipe V de Borbón a través de los Farnese, fruto de su matrimonio con Isabella Farnese, el 14 de septiembre de 1714 (tras la derrota de Barcelona ante las tropas borbónicas castellanas y francesas, el 11 de septiembre).

Oficialmente, los poderes de la Orden Constantiniana se retiraron a los Láscaris Comneno y fueron entregados a los Duques de Parma, los Farnese, en 1697 y, vía guerra y matrimonio, a los Borbón en 1714. Su hijo común Carlos III de Borbón materializó definitivamente el traslado de estos poderes, que pasaron a ser simbólicos, así que ocupó el trono del Imperio español.

Es decir, este linaje aparece en la historia como quienes trasladan el poder de la Orden Constantiniana a los Borbón, entre los siglos XVII y XVIII, situando estos hechos en el mismo instante histórico que, según esta reconstrucción, apunta a la invención de la historia, creando a su vez los mitos del gran Constantino y San Jorge, que se habrían trasladado al siglo IV.

Pero esta no es la única curiosidad histórica, que plantea cuestiones alrededor de los Láscaris Comneno. De hecho, existen muchas, más de las que recomienda informar esta investigación. Pero hay una con un especial interés. El escudo del Imperio de Nicea, que lucen los Láscaris Comneno en los palacios de Niza y de Turín, así como por medio de los condes de Palas (o Palas), quienes habrían pasado su dignidad a los condes de Ribagorza, es el mismo escudo que lucen los emperadores Habsburgo del Sacro Imperio Romano Germánico. Este hecho no puede ser casual, diga lo que diga la historia oficial, del mismo modo que tampoco es casual el hecho de que, con la caída de Barcelona, en 1714, los Borbones asuman el control del Imperio español, hasta entonces en manos de los Habsburgo, mientras que, a su vez, dicho episodio coincide con el traslado de los poderes de la Orden Constantiniana de San Jorge, hasta entonces en manos de los Láscaris Comneno, a favor de los Borbón españoles. Dicho de otro modo, dos linajes con el mismo escudo caen ante los Borbón al mismo tiempo. Y no es fruto de la casualidad. Detrás de este episodio existe una contra-historia oculta por esclarecer, relacionada con los misterios que plantea el manuscrito objeto de análisis.

Los Luna y el Santo Cáliz de Valencia

Asimismo, existe un vínculo de este linaje con los Cortés y los Luna, que presenta otro desafío histórico, representado bajo los honores de condes de Cortés y duques de Luna. Sea curiosidad o no, más allá de estar relacionados con los poderes imperiales de Nicea, lo cierto es que los Ribagorza y los Luna fueron, oficialmente, los condestables de Castilla entre los años 1382 y 1453, mientras que el último Papa de Aviñón fue un Luna, oficialmente pariente del condestable Álvaro de Luna. Por otro lado, en este manuscrito (volumen II, página 437), contradiciendo también a la historia oficial, se afirma que el linaje de los Luna procede de un hijo del rey de Aragón. Por tanto, existe otro puente entre este linaje y los Luna, que apunta, tal y como manifiesta la historia oficial, al Santo Cáliz de Jesús.

Oficialmente, el año 1409, el Santo Cáliz aparece en Barcelona y luego se envía a la catedral de Valencia. La historia oficial lo sitúa, a su vez, en las tierras de los Pirineos de Aragón, desde el siglo VII, pasando por el condado de Ribagorza. Este cáliz, aparece justo cuando el llamado Papa Luna, Benedicto XIII, se encuentra (oficialmente) en Barcelona. Los tres últimos papas, desde Juan Pablo II, lo han venerado. Se trata, pues, de otra evidencia histórica que hacen del siglo XV un año clave para la historia del cristianismo, y que dialoga con la creación del personaje histórico de Jesús, del mismo modo que dialoga con el imaginario medieval de María Magdalena y con el misterio del linaje merovingio asociado al Priorato de Sión desde el siglo XIX. ¿Cómo dialogan? Muy sencillo, se trata de unos linajes asociados al imperio original, quien a su vez habría creado al icono de Cristo, el ungido, primero refiriéndose al zar, khan o emperador y, desde determinado momento histórico, refiriéndose a un símbolo o icono simbólico alrededor del cual se reconstruiría la historia, transformándolo en el último rey de Israel.

En base a lo descrito, es relevante que el autor del libro, llamado Fernández de Mendoza, estuviese al servicio del conde de Ribagorza y conde de Cortés, duque de Luna, y que, a su vez, el escudo de los Mendoza de Sevilla, de donde procede el autor, tenga por escudo una media luna mirando hacia abajo, como ocurre con el escudo de los Luna.

Por otro lado, por último, en este instante de la historia aparece el potencial puente entre los Cortés y el famoso conquistador de México Hernán Cortés. ¿Cómo? El tercer conde de Cortés, llamado Fernando (Hernán), fue contemporáneo del conquistador y príncipe de Salerno, el principado que, históricamente, dignificaría al heredero del Reino de Nápoles, cuya dignidad se encuentra enlazada con la dignidad de rey de Jerusalén. Cierto es que  las similitudes entre los condes de Cortés y Hernán Cortés, el conquistador de México, no existen oficialmente; pero, en base a todo lo visto, es una puerta evidente que tiene su fundamento. Dicha dignidad real relacionada con los Aragón y Salerno, Nápoles, y ello explicaría el porqué de la autoridad histórica de este personaje y la razón de la presencia de las cuatro barras de Aragón en el centro de su escudo, rodeadas por ocho cruces blancas sobre una franja azul, mientras que en sus dos cuadrantes superiores, luciría el escudo de los Láscaris Comneno (o de los Habsburgo), a su izquierda, y a su derecha un escudo con tres coronas doradas sobre fondo negro, del mismo modo que las lucen el Preste y el Papa.

Hernán Cortés el conquistador con su escudo de armasFerran Cortès

En sus cuadrantes inferiores luce, a su izquierda, un león rampante que es también el símbolo del Reino de Judea, y, a su izquierda, una representación de Tenochtitlan, el nombre original de Ciudad de México, que en algunos escudos muestra las pirámides aztecas alrededor de las cuales se había erigido la ciudad. Como aquí se resalta, el punto álgido de los Cortés y de Hernán Cortés coincide en el tiempo, mientras que, a su vez, ambos poderes entran en desgracia acto seguido, coincidiendo con la caída de la Orden de San Juan en Rodas, oficialmente entre 1522 y 1523. Es decir, habría podido haber motivos poderosos para ocultar su verdadera identidad, simbolizada por su escudo.

Sobre el propietario del manuscrito

Tal y como se aprecia en los datos facilitados por la BNE (Biblioteca Nacional de España), este libro es incorporado a dicha entidad a través de Pascual de Gayangos y Arce (1809-1897), considerado un erudito historiador, arabista y bibliógrafo español, miembro numerario de la Real Academia de la Historia. Por lo tanto, aparece a la luz pública en el siglo XIX, a través de un historiador experto en libros árabes. La propiedad de Pascual de Gayangos está contrastada. Según el Catálogo de los manuscritos que pertenecieron a don Pascual de Gayangos, en la Revista Archivos, Bibliotecas y Museos, publicada en 1904 en la imprenta de la Calle de Olid, núm. 8, dicha obra, junto con otras muchas dedicadas a la heráldica, está identificada ([32]). Dichas fechas son compatibles con el planteamiento que sitúa la creación del pasado bíblico e histórico de Jesús a partir del siglo XV, y del Nuevo Testamento canónico a partir de los siglos XVII o XVIII.

[32]   Dicho catálogo se puede consultar en: http://www.archive.org/stream/catlogodelosma00rocauoft/catlogodelosma00rocauoft_djvu.txt (Consulta noviembre de 2018).

Epílogo

Cuestionar el imaginario antiguo y la autenticidad de Jesús implica repensar la naturaleza de los poderes que gobiernan el mundo, así como los mitos y los símbolos fundamentales sobre los que se estructuran. Pero, paralelamente, implica dudar del prestigio académico de los historiadores (que incluye a todas las disciplinas relacionadas), del prestigio del método científico aplicado a los sistemas de datación (que se enmarcan en un mapa cronológico erróneo), y del rigor de los libros sagrados de las principales escuelas espirituales (que provienen de una escuela originaria fundamental, la egipcia), así como de sus iconos, como lo son Cristo, Krishna Buda u Horus. Directa e indirectamente, implica por tanto dudar del significado último de la autoridad de Dios, en sus diferentes representaciones y/o formas que cada individuo le ha conferido, y comprender que no somos su gran obra, sino todo lo contrario: la obra es Él, al igual que lo es la historia oficial. O dicho de otro modo, recuperando el sentido espiritual original, “Él” es la representación simbólica de todo aquello que transciende al ser humano a través del estímulo de la conciencia y la meditación del sí mismo, y somos su “hijo”, como lo fuera Cristo Jesús en su primera versión, la gnóstica.

Andreu Marfull Pujadas
7 de abril de 2019

Nota: el conocimiento del manuscrito investigado fue gracias a Daniel Bellò.

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