“Barrio rico, barrio pobre”, de Ramon Suñé. Falsa caridad cristiana

El domingo día 24 de enero de 2016 el periodista Ramon Suñé escribe un artículo crítico con las palabras de los representantes del nuevo consistorio municipal, donde se acusa a los anteriores gobiernos de no haber actuado de forma más decidida para combatir las desigualdades existentes entre los distintos barrios de Barcelona.

http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20160124/301624420556/barrio-rico-barrio-pobre.html

Su mensaje es claro: una quincena de barrios se beneficiarán hasta el 2019 de unos 150 millones de euros para reducir las desigualdades, cosa que, según Suñé es loable.

En primer lugar, concebir como beneficio el reparto de 150 millones de euros en cuatro años se merece una aclaración.

  • En los 15 barrios más desfavorecidos, utilizando los datos estadísticos del Ayuntamiento de Barcelona en 2013, viven 178.329 personas.
  • 178.329 personas se benefician de 150 millones de euros en cuatro años, en gastos de interés público. La repercusión por persona es de 17,52 €/mes
  • 17,52 €/mes por persona durante cuatro años no es un beneficio significativo. Es importante, pero muy insuficiente.

Pese a los datos expuestos, Suñé no está de acuerdo en qué los anteriores gobiernos no hayan actuado, y tacha las palabras de los representantes de BComú juzgándolas de demagógicas sentencias. En el trasfondo de su pensamiento se encuentra la siguiente valoración:

Desengañémonos, cuando las cosas van mal, la mayoría de los ricos siguen viviendo como ricos y los pobres son más y son un poco o mucho más pobres. Es función de las administraciones tratar de corregir esas diferencias, pero lamentablemente, en esta batalla contra la precariedad, los ayuntamientos bastante hacen con poner parches y aliviar las situaciones más dramáticas, aunque la responsabilidad de instancias superiores sea mayor que la suya.

Ramon Suñé, 2016

Es decir, según usted los poderes públicos deben intervenir, pero un poquito, poner parches, del mismo modo que la falsa caridad cristiana considera que dar una limosna a los pobres más desgraciados es suficiente. “El mundo es así y debemos aprender a vivir en él”, por eso se ha creado la mágica moralina del perdón cristiano, para aprender a vivir pese a las miserias que nos rodean, y que alimentan las arcas en Pedralbes.

Cuando la Iglesia adoptó este camino dio alas al abuso del poder. Por ejemplo, un abuso de poder es el que el capital acumulado en manos de los intereses de los capitalistas, temerosos de ser expropiados, después de haber acumulado privilegios y haber creado una sociedad dependiente de su caridad limosnera, utiliza en los medios de comunicación; como La Vanguardia, el diari Ara o El País y demás medios de expresión de los privilegiados por el capital acumulado en pocas manos. Todos los medios de comunicación que lideran la información actualmente dan lecciones morales, ningunean y a menudo se burlan de la gente que manifiesta la miseria de este mundo de muy ricos y muy pobres. Han usurpado el rol que anteriormente estaba asignado a la Iglesia para eliminar la capacidad de sedición de los más marginados. Abusan de su capacidad de influencia mientras anuncian con toda normalidad cualquier producto o servicio capaz de crear beneficios económicos y de pagar los costes de los periódicos, los sueldos de sus periodistas y, en definitiva, mantener el mundo desigual e injusto que personas como el Sr. Suñé tolera como un desengaño.

Sr. Suñé, el mundo no es así, el mundo también piensa libremente y se cuestiona que personas como usted piensen así.

Hay gente que se siente obligada a actuar con coherencia ante la observación de las miserias creadas por el artificio humano. Las desigualdades no deben tolerarse. Si fuera por mí ahora mismo me iría a Pedralbes y expropiaría el patrimonio de uno de los usuarios de esos edificios, y seguramente en varios de ellos obtendría los 150 millones de euros que pretenden “beneficiar” a las decenas de miles de personas a las que el nuevo Ayuntamiento atiende. Luego pondría esas personas al servicio de las prestaciones públicas básicas y los invitaría a vivir una temporada en la Trinitat Vella, obligando a renunciar al pago de la educación privada de sus hijos (que no podrían asumir), y les invitaría a sentirse beneficiados por los 150 millones a repartir que el Ayuntamiento destinará hasta el 2019. No lo haría como un castigo, sino como una manera de ampliar sus conciencias.

Quizás así su desengaño adquiriría otro significado. Quizás nunca más podría ignorar que allí viven personas, como usted, que se merecen mucho más que vivir en un barrio pobre.

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