Manifiesto “El derecho natural del pueblo catalán”

EL DERECHO NATURAL DEL PUEBLO CATALÁN

1. El derecho natural de los pueblos

Catalunya y la nación histórica catalana mantienen el Derecho Natural del Pueblo Catalán como una realidad a la que nunca se ha renunciado, en contra de la voluntad de España, y de Francia.

El Derecho Natural del Pueblo Catalán es el derecho a ser un pueblo reconocido por el resto de los pueblos del mundo, que reconoce también a los demás pueblos y como tal tiene los mismos derechos. El Pueblo Catalán tiene el derecho a existir, y tiene el derecho a ejercer el derecho a la libre determinación como pueblo si, por razones históricas, existe una ley impuesta por un pueblo ajeno que lo priva de decidir por sí mismo, resultado de la aplicación del derecho de conquista. El Pueblo Catalán tiene el derecho a promover sus instituciones y a gobernarse como desee. Este derecho incluye el poder decidir, si quiere, participar de un gobierno federal plurinacional en el que formen parte otros pueblos, unidos libremente, y dejar de formar parte de él si así lo cree más conveniente.

El derecho natural de los pueblos no está sujeto a lo que diga la Organización de las Naciones Unidas. Sencillamente, este derecho se tiene. Quien lo preserva es cada pueblo mientras no exista un Tribunal Internacional que pueda condenar la negación de este derecho por parte de una nación más fuerte, cuando ejerce una relación de dominio basada en una ley que no es el derecho natural. Todos los pueblos del mundo tienen el derecho natural a existir y a decidir cómo desean ser gobernados, digan lo que digan las leyes y las declaraciones del orden internacional. Asimismo, este derecho está reconocido en el Artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas de 1945, y en el Artículo 1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, que España ratifica en 1977.

2. El Pueblo Catalán y la nación histórica catalana

El Pueblo Catalán lo forma la nación histórica catalana, y está unido por su lengua. El Pueblo Catalán se ha extendido históricamente desde Montpellier y el Rosellón hasta la franja de Aragón, con Andorra, el Principado de Catalunya, el Reino de Mallorca y el Reino de Valencia, resultado de un proceso histórico. La nación histórica catalana está hermanada con la Provenza, con quien comparte emblema; con Tolosa, con quien comparte lucha histórica; con la gran tierra donde se extiende la lengua de oc, desde el noroeste de la actual Italia hasta la costa suroeste de la actual Francia, incluyendo el Valle de Arán, donde se conoce como aranés; y, en última instancia, con los reinos de Cerdeña, Sicilia y Nápoles, que históricamente forman parte de una federación de Estados comuna. En Cerdeña persiste el catalán en la ciudad de El Alguer, y se puede considerar una ciudad más del Pueblo Catalán. La lengua de oc, también dicha lemosín u occitano, es una lengua hermana del catalán. Históricamente, el catalán y la lengua de oc antiguos son una misma lengua, que se convierte en la lengua madre del catalán moderno.

El Reino de Aragón, más allá de la franja catalana, tiene una historia común con el Pueblo Catalán, y los une un linaje condal y monárquico, desde el momento en que el conde de Barcelona se convierte en príncipe de Aragón, mediante un pacto entre iguales.

Resultado de un proyecto medieval en que el Pueblo Catalán deviene libre, se institucionaliza un sistema parlamentario que permite el desarrollo de una lengua, de unos derechos y unos privilegios creados por los condes catalanes y el Pueblo Catalán, que conduce a una acumulación de poderes políticos, militares y espirituales.

En este proceso, el pueblo judío se desarrolla libremente en las tierras catalanas. Crea allí parte de sus textos sagrados, y participa activamente en la creación de una estructura social basada en el conocimiento y la ley de Moisés que, con el tiempo, se transforma en el Derecho moderno. El poder de los condes y príncipes catalanes es también el poder judío, que es quien administra su patrimonio hasta el siglo XV. En este sentido, el pueblo judío es también pueblo catalán y forma parte de la nación histórica que los hermana. El pueblo histórico catalán es también un pueblo musulmán, seguidor de Mahoma, y cátaro, que propugna el corriente cristiano de un Cristo gnóstico. Así mismo, la nación histórica catalana es leal y parte principal del poder del papado romano, así como aliada del Imperio griego, o romano, con los brazos de la Orden del Templo de Salomón y de San Juan de Jerusalén, hasta el punto de asumir, su príncipe, el título de Rey de Jerusalén y los derechos del Imperio romano, en los primeros años de la colonización de América.

En conjunto, se trata de una historia que tiene su fundamento en las tierras que transcienden a la actual Catalunya, y se extiende hacia el conjunto de las tierras donde se expande, inicialmente, el proyecto monástico benedictino, que empieza en el actual sur de Francia, en el mismo lugar donde llegan los árabes sarracenos omeyas y los judíos exilarcas de Babilonia, que forman su principado en Narbona. Coincide con el inicio del proceso constitutivo realmente documentado de las naciones de Europa.

Pero esta historia ha sido manipulada, y la historiografía oficial ha creado una versión distorsionada de lo que ocurrió. Parte de esta manipulación está relacionada con la cruzada contra los cátaros, las expulsiones judía y musulmana, y con la apropiación de los derechos coloniales del Imperio español por parte de los poderes castellanos, así como con el relato inquisitorial que se impone juntamente con la creación de los derechos de conquista y evangelización. La manipulación es, a su vez, una obra colectiva que afecta a Europa y se impone a lo largo de los siglos posteriores en el conjunto de la historia humana, y afecta a los documentos oficiales y las crónicas reales, que se usan para transformar el pasado. Y parte de esta gran manipulación tiene un punto de inflexión con la conquista y el desmantelamiento de la nación histórica catalana por parte de los poderes de Francia y de Castilla, y de la Santa Inquisición Española.

3. La raíz de la aniquilación del Derecho Natural del Pueblo Catalán

En el inicio del siglo XVIII, resultado de una guerra internacional, en que la nación catalana obtiene el apoyo de media Europa contra la pretensión de los Borbón franceses al trono de Las Españas, se inicia la negociación de una tregua, y la Castilla borbónica está dispuesta a negociar. Este proceso conduce al Tratado de Utrecht, de 1713, que pone fin al conflicto internacional, pero no al conflicto en Catalunya, que se mantiene vivo.

Resultado del Tratado de Utrecht, de 1713, Catalunya está a merced de la voluntad del rey Borbón intruso en la Corona de Las Españas.

El Tratado de Utrecht, y las negociaciones posteriores que conducirán al Tratado de Londres de 1718 y al Tratado de Viena de 1725, representa la entrega -por parte de la gran Europa occidental- de las libertades catalanas a merced del monarca Borbón, Felipe V, el Duque de Anjou. La gran Europa citada la forman el Reino de Gran Bretaña, el Sacro Imperio Romano Germánico, las Provincias Unidas de los Países Bajos y Portugal, más el Ducado de Saboya. Europa abandona a los catalanes, y a cambio mutila las pretensiones de los Borbones de erigirse como un gran imperio unificado desde Francia y España. Pero el Borbón español premia al pueblo castellano y castiga al catalán. Como castigo de guerra, España condena a la nación histórica catalana a renunciar a su Derecho Natural, como pueblo. Así, aplicando el derecho de conquista, comienza el genocidio catalán impulsado por una idea castellana de España. Es decir, la destrucción sistemática y premeditada de su esencia para conseguir su desaparición.

4. El caso de la traición británica, y Gibraltar

Resultado del Tratado de Utrecht, Inglaterra (convertida en 1707 en Gran Bretaña, al unirse voluntariamente con Escocia), abandona los catalanes en 1713 tras prometer su lealtad y suprema protección en 1705, a cambio de privilegios, tierras en el norte de América, la isla de Menorca y la colonia de Gibraltar. Desde entonces, Inglaterra reconoce su deuda con los catalanes, pero -por razones estratégicas- interpone el dominio sobre Gibraltar a la devolución del Derecho Natural del Pueblo Catalán. Necesita entenderse con España para mantener la ruta del Imperio británico desde Londres hasta la India, pasando por Gibraltar. El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte sabe que si apoyan internacionalmente a los catalanes España les reclamará Gibraltar, ya que se trata de historias entrelazadas por el Tratado de Utrecht. Pero, esto, ni España ni los británicos nunca lo han reconocido públicamente.

5. El derecho de conquista

España ha hecho del derecho de conquista castellano sobre la nación histórica catalana una misión histórica.

La idea castellana y Borbón de España incluye transformar la nación histórica catalana en un conjunto de regiones de España, tras incorporar la Catalunya Norte a Francia, con el fin último de hacerla desaparecer.

El mecanismo ejecutor de la idea castellana de España se fundamenta en la castellanización integral del ejército español, bajo la dirección suprema del monarca Borbón, así como en la asimilación del derecho de conquista en una ley de Estado indiscutible, que tiene el derecho inalienable de imponer castigos ejemplares, la represión e, incluso, la ruina y la humillación pública a quien proponga resurgir el derecho Natural del Pueblo Catalán. Si es necesario, utilizando el ejército. Hace del pueblo castellano su ejército fiel, y establece la corte en su capital: Madrid. Pero, en el caso del Pueblo Catalán, el rey lo considera un adversario pero lo necesita. Debe respetar sus bienes y aspira a asimilarlo al pueblo castellano, de acuerdo con el Tratado de Utrecht de 1713 (artículo 13 del Tratado). Así, empodera una clase dirigente local a la que dota de privilegios reales, de donde saldrá la burguesía catalana, mientras hace del castellano la lengua oficial (desde 1714) y se propone “controlar” la historia de España. El objetivo es legitimar el poder Borbón y castellanizar el Pueblo Catalán, para conseguir un pueblo fiel a la voluntad del rey. Pero esta vía tiene riesgos. El pueblo catalán tiene conciencia nacional y tiende, cíclicamente, a desafiar el poder real, y el ejército castellano. Y cuando esto sucede aparece la represión y, de vez en cuando, el castigo y la destrucción. Primero se les ofrece ser castellanos y, si no lo hacen, se les castiga de forma ejemplar. Quien no recapacite pues ya sabe lo qué le espera. Las naciones históricas no son fáciles de convertir pese a ofrecerles una vía coercitiva aparentemente seductora.

La ley impuesta por España que niega el Derecho Natural del Pueblo Catalán se crea en los Decretos de Nueva Planta de 1707 y 1716, y se mantiene en todas las Constituciones Españolas desde 1812. Este orden impuesto centraliza el poder de España en una capital única y principal, Madrid; impone una jerarquía institucional que arrincona a los catalanes; y exige una lengua única y principal para ser español: el castellano. La herramienta principal es hacer valer una ley impuesta que niega y no reconoce el Derecho Natural del Pueblo Catalán, para que deje de interponerse en el proyecto de asimilación pasiva de los catalanes dentro de una España eminentemente castellana.

La estrategia principal para hacer efectivo el dominio castellano sobre el Pueblo Catalán es, desde su origen, doble. En primer lugar, manipular la historia. Se escribe una idea desdibujada y menor de la nación histórica catalana. Esta narrativa crea, a su vez, un estigma catalán. Se lo convierte en un pueblo insignificante en la historia de España, y se hace de Castilla el principal actor. Así, se crea, se mantiene y se promueve constantemente el estigma catalán ante los pueblos de España, y se mantiene la capacidad de aplicar el derecho de conquista cuando convenga a los ojos de los pueblos que la integran. En segundo lugar, la estrategia consiste en convertir el catalán en una lengua innecesaria, hasta que desaparezca y deje de ser el símbolo de su Derecho Natural. Desde la constitución de un sistema basado en una monarquía parlamentaria, en nombre de la democracia, la estrategia se transforma en mantener la lengua catalana como una lengua menor, con menos derechos que el castellano en España y sin ningún reconocimiento internacional. La estrategia complementaria es fracturar la unidad de la nación histórica catalana que hermana a Catalunya con el conjunto de territorios que la conforman, impidiendo su comunión institucional. Incluye dividir el catalán artificialmente en sus rasgos diferenciados territoriales, y borrar la conciencia de su vínculo materno con la lengua madre de oc, y todo lo que ello representa para mantener el control de la narrativa histórica. Esta estrategia también se aplica en Francia, hasta el punto de conseguir que ni Francia ni España reconozcan como lengua propia el occitano y el catalán en las Naciones Unidas, y que el catalán sólo sea admitido a través del reconocimiento internacional del Principado de Andorra.

Esta idea de España, junto con el mecanismo ejecutor, la ley que impone y las herramientas y las estrategias que se propone para hacer desaparecer el Pueblo Catalán, es una fuente de violencia que, reiteradamente, no ha podido evitar la revolución social, la represión, la guerra, la muerte y el exilio de los pueblos que somete por el hecho de confundir el derecho de conquista con una misión histórica. La Guerra Civil Española, de 1936 a 1939, es ejemplar. Un golpe de Estado militar somete a los pueblos de España con las tropas de Hitler y Mussolini, que atacan a los pueblos vasco y catalán, y fuerza el exilio de los adversarios, la represión y restitución de la soberanía militar, el castellano como única lengua oficial, y la monarquía Borbón. Pero el caudillo Francisco Franco acuerda con los Aliados que combaten el nazifascismo, en 1944, dejar de apoyar a Hitler. En 1946 pacta restablecer la monarquía Borbón cuando él decida, y termina acordando una alianza con los Estados Unidos de América en 1953, aliándose con la OTAN durante la Guerra Fría, para persistir en el poder y no ser juzgado por el orden internacional. Gibraltar sigue siendo británica, pese el desmantelamiento generalizado del orden colonial después de la Carta de las Naciones Unidas de 1945.

Luego, el Príncipe Juan Carlos I de Borbón deviene Jefe del Estado español al morir el General Franco, en 1975. Se desmontan las estructuras franquistas, pero no se somete a juicio a los crímenes del franquismo ni se restituye la dignidad de sus víctimas. Decenas de miles de personas enterradas en fosas comunes sin investigar, niños robados y prácticas dictatoriales represoras… pero se mantienen a los verdugos en el poder. Para ellos se aprueba, el 15 de octubre de 1977, la Ley de Amnistía, con carácter vitalicio. La Constitución Española de 1978 mantiene el franquismo, la supremacía del castellano y el ejército como garante del derecho de conquista bajo el mando del rey Borbón.

6. Hagamos memoria

El derecho de conquista no respeta el derecho natural de los pueblos.

El derecho de conquista de la idea castellana de España no respeta el Derecho Natural del Pueblo Catalán.

El derecho de conquista que proclama el Estado español no reconoce que se impone en los Decretos de Nueva Planta, tras el Tratado de Utrecht de 1713, y se apoya en un falso derecho histórico que pretende imponer la idea de que siempre ha existido. Pero como no le basta con manipular la realidad, el derecho de conquista se transforma en xenofobia, catalanofobia y, cuando se ve amenazado, violencia. La amenaza principal es la voz del Derecho Natural del Pueblo Catalán, cuando reclama ejercer el derecho a su libertad. Es decir,

La catalanofobia es el resultado de una campaña de odio, difamación y manipulación de la realidad para imponer el derecho de conquista castellano, monárquico, militar e inquisitorial sobre los catalanes. Es xenofobia. Por ello,

Los catalanes tenemos el derecho de denunciar el derecho de conquista castellano, la catalanofobia, el franquismo y la violencia de Estado que España ejerce sobre el Derecho Natural del Pueblo Catalán. Y el derecho a recordar a España y al mundo que este derecho se reclama desde el momento en que está amenazado. Y de eso hace ya más de tres siglos. Hagamos memoria:

En 1713, los catalanes exclaman al bloque de los aliados que pactan la paz con el imperialismo absolutista Borbón su derecho a existir. Y dicen que, si es necesario, si tienen que formar parte de esta España liderada por un Borbón vengativo, prefieren ser libres. Pero no obtienen el apoyo que reclaman, y tienen que soportar la represión de Felipe V de Borbón y la pérdida del derecho natural labrado libremente.

Después, con motivo de las negociaciones del Tratado de Versalles de 1919 que pone fin a la Primera Guerra Mundial, los catalanes piden a la Sociedad de Naciones (el preámbulo de las Naciones Unidas) que se reconozcan los derechos nacionales de los catalanes. Años más tarde, en 1945, los catalanes piden al bloque de los aliados que vencen en la Segunda Guerra Mundial que se solucione el caso de los catalanes, y se recuerda que es necesario para liberar a los pueblos ibéricos sometidos por la idea castellana de España y evitar más dolor. Pero ni en 1919 ni en 1945 se les escucha, y tienen que soportar la condena y la catalanofobia de dos dictaduras. Primero, la de Primo de Ribera. Segundo, la del General Franco.

En 1977, el franquismo y la monarquía que lo representa imponen una Ley de Amnistía para persistir en el poder. Con esta ley, se mantiene el derecho de conquista castellano sobre los pueblos que somete, y la catalanofobia que, en 2017, lleva a la España fascista a quitarse la máscara de la democracia y mostrar que el derecho natural de los catalanes lo administra ella, de acuerdo con el derecho de conquista.

7. El último episodio: los hechos del 1 de octubre de 2017 y la posterior violencia de Estado

En 2006, el Parlamento de Catalunya aprueba el proyecto de autonomía que aspira a su reconocimiento nacional y a ampliar sus competencias, pero el Estado español reniega de las aspiraciones catalanas y empieza un proceso hostil que acaba conduciendo a los hechos del 1 de octubre. España bloquea el Estatuto y los catalanes se preguntan por qué, y recuerdan a España que son una nación. Entonces, resurge el fantasma del fascismo. Catalunya reclama respeto y, a cambio, recibe soberbia y desprecio. Tras siglos de agravios, los catalanes dicen: “basta”.

El 1 de octubre de 2017 el Pueblo Catalán, consciente de su derecho natural, se organiza para celebrar un referéndum de autodeterminación, y vota. Decide dejar de formar parte de España y constituirse como una república. El Gobierno español, a su vez, envía un contingente policial para impedir la votación, y agrede a la población. Más de 1000 víctimas que necesitan atención médica y no reciben ninguna disculpa. El 27 de octubre, el Parlamento de Catalunya aprueba el proyecto de la República Catalana, pero la presión internacional pide diálogo, consciente de no saber cómo hacer efectivo el Derecho Natural del Pueblo Catalán, y no se aplica. A partir de este momento, España impone la única ley que tiene al alcance para reprimir la voluntad catalana: la violencia de Estado y la aplicación agresiva de la ley impuesta en la Constitución Española de 1978, que incluye el derecho de conquista bajo el paradigma militar de la unidad indisoluble de España. Así, Su Majestad el Rey Felipe VI de Borbón legitima la represión y se condecora al cuerpo policial agresor.

El Estado español pasa a la acción represora, para poner fin al anhelo de libertad catalán. Se interviene el Gobierno catalán, la policía autonómica y el sistema judicial catalán. Todos los que apoyen la causa catalana son investigados y retirados de sus cargos. Los nuevos cargos sirven a la unidad de España. Complementariamente, se crea una ley expresa para que el sector empresarial con sede en Catalunya traslade sus sedes en cualquier otro lugar de España y huyen miles de empresas. Pero la represión no termina aquí. Se inicia una campaña de odio, difamación y venganza para intimidar la voz catalana, los líderes y toda la catalanidad, amenazando con la cárcel y la pérdida de los bienes a quien ose oponerse. Las primeras víctimas son los líderes del proceso que han hecho posible la votación del 1 de octubre. El presidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, junto con otros políticos, huyen al exilio, y España reclama su extradición. No tiene éxito, pero aprisiona a los representantes civiles y políticos catalanes que no huyen. Son acusados ​​de formar parte de una banda criminal, sedición, rebelión y malversación de los fondos públicos. Las penas propuestas oscilan entre los 12, 25 y 74 años de prisión, según los cargos presentados por la Abogacía del Estado, la Fiscalía o VOX (partido ultra unionista que exalta el anticatalanismo, la xenofobia, el racismo y la homofobia, …), respectivamente. La represión se completa iniciando instrucciones judiciales contra el resto de políticos y amenaza artistas, intelectuales y periodistas afines a la causa catalana, sin contemplaciones.

El Derecho Natural del Pueblo Catalán se expresa y España ejerce la violencia y el abuso del poder a través de la manipulación de los hechos, la amenaza, la opresión, la judicialización, la condena y la cárcel.

La desproporción de la violencia de Estado española es proporcional a la negación del hecho evidente que aplica un derecho de conquista, y al miedo que tiene a perder su dominio sobre el Pueblo Catalán.

8. Catalunya proclama, yo proclamo

Por las razones expuestas, y para poner fin a la violencia del derecho de conquista que contiene la idea de España, Catalunya proclama, yo proclamo, de acuerdo con el Derecho Natural del Pueblo Catalán:

tener el derecho a denunciarlo,

reclamar a Europa Occidental su responsabilidad histórica desde el Tratado de Utrecht de 1713,

y exigir hacer efectiva la voluntad del Pueblo Catalán expresada el 1 de octubre de 2017.

Barcelona, ​​mayo de 2021.