Colón, ¿un príncipe judío destronado?

Imagen anterior: Réplica del capitel del pilar de la Casa Kalonimus, en Mainz. ¿Una paloma?

Esta disertación explora el contenido del artículo “El rey judío de Narbona”, de Aryeh Graboïs (de Annales du Midi: revue archéologique, historique et philologique de la France méridionale, Tome 109, N ° 218, 1997, pp. 165-188), y del libro Un principado judío en la Francia feudal, 768-900, de Arthur Zuckerman (de Columbia University Press, 1972). Ambas publicaciones nos trasladan a una historia que no se explica en las escuelas: el principado judío de Narbona, y su relación con Carlos Martel y Carlomagno. Se transcribe una contextualización argumentada sobre el apellido que se explora, llamado Kalonimus, asociado a la figura del descubridor Cristóbal Colón. La tesis aquí argumentada es que el último gran príncipe judío fue Colón, pero la historia oficial ha distorsionado los hechos, el tiempo y los nombres para que no lo podamos ver.

Colón, ¿un príncipe judío destronado?

El descubridor de América se llamaba Colom, no Colón o Columbus (aunque pueden ser versiones adaptadas a los respectivos idiomas) porque así lo dice su carta epistolar que se publica cuando apenas llega de América; porque también así se autodenominan sus descendientes; y porque así le llama en cronista Gonzalo Fernández de Oviedo (1). Colom es tal como se lo conoce en tierras catalanas, pero aparece y desaparece de la nada, no hay rastro de él, y los Colom de Barcelona, ​​Valencia o Mallorca parece que tienen poco que ver (o no). Asimismo, existen numerosas pistas y evidencias que apuntan en esta dirección.

Un catalán de apellido Bertran Margarit fue el primer gobernador de las Indias, llamado Pere, que históricamente fue considerado un italiano, pero ahora se sabe quien fue. Unos Bertran, primos de los Margarit, pertenecían a una acaudalada rama en Barcelona de apellido Colom (como el descubridor) y un Margarit, de nombre Joan, fue insigne educador del rei Fernando. También hubo un insigne cartógrafo de nombre Jaume Bertran que formaba parte de la escuela mallorquina, la más importante de la época. Curioso, pero parece que a nadie le llame la atención. Ah, y también es un catalán, de nombre Jaume Ferrer de Blanes, quien delimita el reparto de las tierras del mundo entre los reyes católicos y los reyes de Portugal en el Tratado de Tordesillas de 1494, pero ahora nadie sabe decir de dónde proviene, ni cuál era su familia real. Y otro, de nombre Bernat Boïl, quien es el primer Patriarca de las Indias Occidentales. Por otro lado, el almirante Colom informa a los reyes de la “gesta” en Barcelona, allí se publica la primera carta que da fe de ello, y el impulso de las primeras expediciones parte del entorno del rey y conde de Barcelona. Particularmente, el dinero procede de judíos conversos que acabarán, todos o casi todos, en la hoguera. Destacan los La Cavalleria y los Santàngel, asentados en tierras catalanas y valencianas, también aragonesas, según fuentes documentales. Ellos convencieron al rey para apoyar a Colom, y pusieron sus recursos, y los de la corona, que administraban. Los La Cavalleria, a su vez, son un insigne linaje judío converso que antes son los administradores de la Orden del Templo de Salomón. Y son familia con los Santàngel, que casa con una La Cavalleria, como también lo hace el secretario del rey, Joan Coloma, si bien hay quien lo cuestiona. Por otro lado, todo este entorno está muy vinculado con otro insigne apellido, esta vez judío, de nombre Benvenist, que a su vez es administrador de la hacienda del reino de Castilla justo hasta poco antes de la boda de los reyes Fernando e Isabel, que organizan, por cierto, los La Cavalleria junto con otros judíos. Y esto deja de ser curioso, es muy significativo, como lo es que el Papa es valenciano, de tierra catalana. Y, valga decir… el santo cáliz se encuentra (una de sus versiones, seguramente la principal) en la catedral de Valencia. Esto es oficial, pero parece que tampoco llame la atención, ni se relaciona con la famosa expulsión judía de 1492, que también fue árabe, tras la ocupación, por parte del rey, del reino de Granada. Luego, al igual que todo este entorno, Colom será objeto de un borrado evidente. A sus descendientes se les quita sus derechos en los famosos pleitos de 1529 a 1535, y se han perdido las cartas originales del descubridor, y el documento original de las Capitulaciones de Santa Fe, que… curiosamente, la primera referencia se encuentra en la Cancelleria de Barcelona y la firma Joan Coloma, el secretario con familia con los La Cavalleria. Todo lo que sabemos de él es, básicamente, de fuentes ajenas. Incluso, él no fue el único descubridor destronado en esos pleitos, también se encuentra el caso de Hernán Cortés y, en otro orden, se podría añadir el de Francisco Pizarro (con raíces judías). Curiosamente, incluso, Cortés luce la señal de los condes de Barcelona en el centro de su escudo heráldico, y la casa real de Aragón, de raíz catalana, tiene los condes de Cortés, que son caballeros de la Orden de San Juan, de grandes honores. Demasiadas casualidades, salvo que nos creamos que Cataluña y los judíos no tienen nada que ver con el “descubrimiento” porque somos realmente ingenuos. La historia oficial ha dejado una explicación para todo, pero son tantas las alarmas que dan vueltas a los judíos y a los catalanes, y a su trágico destino en Europa Occidental, que debería hacernos pensar.

¿Hacia dónde hay que mirar, entonces? Hubo un portador del linaje del rey David, principal, de nombre Kalonimus, antes de que Colom se autodenominase “portador de Cristo” (firma como “Xpo FERENS”). Detrás del último Kalonimus hay, probablemente (aquí se presenta como una hipótesis), la identidad del “descubridor”, que también fue la del último gran príncipe judío, heredero del gran padre, o “santo padre”, de todos los poderes de Europa que ahora entendemos como cristianos. Pero bueno, eso se merece una explicación.

Hagamos memoria. Recuperemos de dónde proviene el apellido judío, de nombre Kalonimus, instalado en el siglo VIII oficial en Narbona. “Kalonimus” vendría a querer decir “El que lleva el bello nombre”, a juicio de los entendidos, y de una querida amiga. Ellos fueron el linaje principal, reconocido en toda Europa, descendiente del rey David. La señal de su escudo fue el león rampante, de Judea (que puede estar detrás, quién sabe, del Reino de León, antes de ser intervenido por Castilla). Fueron los Exilarcas de Babilonia descendientes del gran David, antes de que este fuese convertido en el rey bíblico. Esto hay que entenderlo bien, cierto. Se dice que fueron ellos los que difundieron la tesis de las raíces babilónicas de los poderes asociados al gran Carlomagno, pero la historia puede ser diferente. Para empezar, llama la atención que no se hable de ellos, y de que desaparezcan de repente a principios del siglo XIV, entre Nápoles y Cataluña, oficialmente, si bien aquí se quita el polvo de los documentos que así lo dan a entender. De momento, dejo anotado el hilo de Ariadna que nos lleva al descubridor Cristóbal Colom, que parte de la base de que los hechos del siglo XIV conviene entenderlos como más cercanos. Me baso en la reconstrucción neocronológica que hace años que exploro, con el proyecto de investigación impagable de la Nueva Cronología de los matemáticos Fomeko y Nosovsky, pero también en los estudios que aportan otras mentes privilegiadas. Destaca el trabajo de Zuckerman y el equivalente de Graboïs, que Josep Bastardas (investigador catalán que lo trabaja, si bien siguiendo la cronología oficial) complementa en sus últimas publicaciones cuando constata, sin rodeos, que los levitas judíos bien podrían ser los abades cristianos, señores de los monasterios que hemos cristianizado (ver “¿Eran judíos los carolingios?”, en Arqueología, historia y viajes sobre el mundo medieval, núm. 78, 2021, pp. 40-47; y “Els Levites: el poder fàctic del territori comtal català”, en Querol: Revista Cultural de Cerdanya, núm. 26, 2020, pp. 16-27).

Los últimos descendientes directos de los Kalonimus, tal como se puede constatar (pese a las trampas cronológicas “oficiales”), son las familias que organizan el matrimonio entre los reyes Fernando e Isabel, y las que planifican el descubrimiento de América. El hilo a seguir es Babilonia-Kalonimus-Shaltiel/Benvenist-La Cavalleria… y los Gracia, los Santàngel y los Coloma, los Paternoy y otros. Todos son familia, mira por dónde, y hasta los Benvenist se llaman “Nassi”, príncipes judíos. También, con los Bertran (se conoce el cambio de nombre de un Benvenist a un Bertran), que podrían ser familia del famoso Pere [Bertran] Margarit y sus primos Colom Bertran de Barcelona, los todopoderosos mecenas del Hospital de la Santa Cruz y co-fundadores de la Tabla de Cambio (el primer banco público de la llamada Corona de Aragón), que la historia oficial no recuerda de dónde vienen. Claro, no quiere que se sepa. Es decir, ¿ellos son linaje judío, que decimos converso, de primer nivel? Muy probablemente, como también lo fueron Jaume Ferrer de Blanes y otros protagonistas de la “hazaña”, como Cortés y Pizarro. Antes, los Benvenist lideran (oficial y sistemáticamente) la defensa de los judíos en todas las disputas medievales contra los cristianos, desde el siglo XII al XV. Detrás siempre hay un Vidal Benvenist, y un La Cavalleria, si nos creemos la historia oficial, ya que en realidad habría sido sólo una única y principal disputa y el mismo Vidal. Manipulando los documentos se han creado “falsos espejos”, que son duplicaciones múltiples resultado de la dilatación de la historia que demuestra, sin rodeos, la neocronología fomenkiana.

Siguiendo este hilo, los Colom “descubridores” y todo su séquito serían un clan del linaje Kalonimus en una de sus variantes, ya que también se habían establecido en Italia y Alemania. Pero los “descubridores”, y “colonizadores”, son los príncipes principales, de Narbona, hoy olvidados y entonces destronados. Ellos llaman a sus parientes de Cataluña y Castilla para combatir las pretensiones francesas, que arrasan la Septimania una vez cae la Orden del Templo de Salomón en manos del rey de Francia y de Navarra, en una crisis de legitimidades. Sí, de Salomón, aunque cueste encajarlo en la historia oficial, que lo ha desubicado temporalmente. Como decía, es una hipótesis que está soportada por múltiples pruebas neocronológicas, que ahora y aquí se dejan de lado para no perder el hilo principal. Sólo se contextualiza que los Kalonimus eran el linaje “principal” judío, en una forma muy superior a la reconocida, pero la historia los ha hecho desaparecer en el siglo XIV (cuando caen los judíos y los templarios en Francia, en el 1306-1307 oficial). El último, de nombre Kalonimus ben Kalonimus, que se lo ha hecho transexual y un bromista, es hijo del último príncipe y acaba, curiosamente, entre Aviñón y Cataluña, al servicio de los Anjou, tras la ocupación de Nápoles y las alianzas matrimoniales con los poderes catalanes. Ahora bien, hay razones para considerar que: ni desaparecieron ni eso pasó en el siglo XIV. La manipulación de la historia cambió, también, los episodios de la historia de lugar, de contexto, y la mejor forma de hacerlo fue manipulando temporalmente y creando nuevas narrativas.

Entrando en más detalle, en el texto que nos deja escrito Graboïs, sobre los príncipes de Narbona, podemos intuir la presencia del linaje del rey David detrás de los protagonistas del “descubrimiento” de América. Los príncipes se llamaban Kalonimus y tenían el principado en Narbona, así como otro de principal en Barcelona. Provienen de Babilonia, son Exilarcas judíos y de ellos proceden las escuelas judías que se implantan por toda Europa Occidental en la Edad Media. Dirigieron hereditariamente la escuela talmúdica de Narbona, se los conocía como los “reyes judíos de Narbona” y el propio Benjamín de Tudela los llamó “el centro de la Torá”. Se considera que llegaron a representar el máximo prestigio del mundo judío occidental, y de allí nacería la conocida cábala.

Se trata, pues, de una gran historia, que resulta complicado encajar en la idea cristiana del papado romano y en la naturaleza eminentemente cristiana de la nobleza y la monarquía europeas. Pero todavía resulta más complejo aceptar que ellos dejan descendencia directa hasta las cercanías del rey “católico” y el descubridor, Colom, a través de los Benvenist. Una descendencia, por otro lado, real (de realeza), ya que con ellos se originan los poderes de la realeza europea medieval. Esto último no lo dice Graboïs, lo demuestran los estudios genealógicos atando cabos que, por cierto, son en su mayoría obra de estudiosos judíos. En esta línea, Zuckerman nos hace saber que es muy probable que los linajes carolingio y exilarca de Babilonia (judío, arraigado a Narbona) estuviesen en la raíz de los poderes y privilegios reales y principescos de Europa. Según documenta, el rey carolingio Pipino estableció en Narbona un príncipe judío vasallo como recompensa por la cooperación con la lucha contra el Al-Andalus, y el gobernante habría sido Makir de Narbona, descendiente probable del exilarca babilónico David Bustanai. Deduce que es el mismo Teodorico, padre de Guillermo de Gelona que casa con la hija de Carlos Martel, Alda, hermana de Pipino, según la obra del príncipe Kalonimos ben Tordos, descendiente de Makir. La documentación que apunta es variada, y la última gran prueba aparece cerca de Narbona en 1829, en la abadía de Lagrasse, si bien actualmente hay fuentes que hace del mismo Guillermo de Gelona (conde de Tolosa) el primer Kalonimus. Eso, sí, la línea de los Kalonimus, según Zuckerman, comienza cuando termina la investigación que hace hasta el siglo IX. En este sentido, la obra de Aryeh Graboïs trabaja su continuación, hasta el siglo XIV. ¿Fueron seis siglos de príncipes judíos? Puede ser, pero la neocronología nos lo explica de otra manera, diferente.

¿Ésta es la búsqueda a día de hoy insólita que hemos de trabajar? Puede ser, es la más lógica. En todo caso ya estamos cerca. Me hagáis caso o no, siguiendo estos hilos hay un misterioso poder judío que se ha borrado de los libros de historia, que merece ser estudiado. Una manera de entenderlo es como os lo he encajado. El último gran príncipe judío fue Colom, y la historia oficial ha distorsionado los hechos, el tiempo y los nombres para que no lo podamos ver. Él fue el “portador de Cristo”, y el último “rey de los judíos”. Llevó el “espíritu santo” tal como lo entendemos hoy, y por esta razón su nombre, Colom, en catalán, significa “paloma”.

Para más información, sobre el trabajo de Graboïs, leed: FRANCIA, EL REINO JUDÍO DE NARBONA Y LOS DESCENDIENTES DEL REY DAVID

(1) A fecha 26 de septiembre de 2021, Jordi Bilbeny aclara que el cronista que cita al descubridor como Colom es Gonzalo Fernández de Oviedo, no Bartolomé Casaus (o de las Casas), como se había indicado antes por error.

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Andreu Marfull

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