La brevísima historia de la breve civilización humana, según Fomenko y Nosovskiy

 La brevísima historia de la breve civilización humana, según Fomenko y Nosovskiy

Andreu Marfull Pujadas
26 de enero de 2020
Revisado el 2 de febrero de 2020

Índice

Los ejes principales de la construcción de la historia y de su posterior reconstrucción

Cómo leer esta reconstrucción

La historia real, muy resumida

La historia de las religiones

Los textos sagrados de la historia original

Los ejes principales de la construcción de la historia, y de su posterior reconstrucción

Los métodos de datación empleados para la reconstrucción de la Nueva Cronología, que lideran los matemáticos rusos Anatoly Fomenko y Gleb Nosovskiy, se pueden agrupar en dos familias principales:

  1. El análisis astronómico de los zodíacos presentes en los templos antiguos (principalmente egipcios, romanos y cristianos), que informan de una fecha real que se puede reconstruir de forma precisa a través de la posición de las constelaciones y los planetas que se representan (como en una carta astral).
  2. Múltiples métodos de análisis empírico y estadístico aplicados a los textos antiguos, en las grandes crónicas históricas, en los textos sagrados y en las genealogías de los grandes gobernantes, que permiten identificar sus duplicidades e incluso ubicarlos en su tiempo real.

Y, resultado de este trabajo, se construye un nuevo mapa cronológico global para la historia de las civilizaciones humanas, que incluye la lógica de un proceso lineal de desarrollo que, por el camino, crea y distorsiona los calendarios, y la historia que los rellena.

La Nueva Cronología impone otro cuadro psicológico de la percepción de la antigüedad. Ahora la palabra “antigüedad” debe ser referida a los siglos XV-XVII d.C., y se refiere por lo tanto a unos acontecimientos distantes en 300-400 años. La expresión “gran antigüedad” ahora debe estar relacionada con los siglos XIII-XIV d.C. y “la más remota antigüedad” se refiere a los siglos XI-XII d.C. Antes de los siglos X-XI d.C. es la época del silencio de los documentos escritos.

Nuestro análisis de la cronología y la historia ha abierto una circunstancia sorprendente. Basándose en los métodos matemáticos aplicados por nosotros se ha comprobado que la cronología de J. J. Scaliger, y por tanto también la historia scaligeriana de la “antigüedad” y la Edad Media, es totalmente errónea. Asimismo, parece que la historia hasta el fin del siglo XVI ha sido falsificada conscientemente a lo largo de los siglos XVII-XVIII.

A.T.Fomenko, G.V.Nosovskiy

Entrando en más detalle, ésta es la esencia de la construcción del mapa cronológico que se deriva del proyecto de investigación científica conocido como Nueva Cronología:

  • Primero. La historia de las civilizaciones humanas empieza pocos siglos antes del último milenio, y tiene un desarrollo exponencial a partir del momento en que la humanidad es capaz de documentar sus avances. Su punto de arranque es cuando se inicia el control del tiempo, junto con la perfección del lenguaje y el desarrollo de la escritura, que se empieza a normalizar hará apenas mil años.
  • Segundo. El origen de las principales religiones, incluyendo a las tradiciones politeístas, conviene entenderlo en Egipto, en el siglo doce real. Y el origen del conjunto de la diversidad de escuelas espirituales, desde el judaísmo al cristianismo, el islam, el budismo y el hinduismo, se ubica en el siglo quince.
  • Tercero. La Biblia y la historia antigua narran hechos equivalentes, y se refieren a la expansión de la civilización nacida en Egipto entre los siglos doce y diecisiete reales. Es la crónica de una empresa que acabará sobredimensionada en la memoria humana, en la búsqueda de un origen de la vida, de la humanidad y del universo, a través de la comprensión de un orden divino que conduce a la existencia de Dios.
  • Cuarto. Las lenguas sagradas que difunden el primer texto historicista son las lenguas hebrea, árabe, griego medieval y eslava eclesiástica, siendo todas ellas distintas escuelas de una lengua principal común, egipcia. Después, en especial a partir del siglo dieciséis real, aparecen el griego clásico y el latín, resultado de la construcción idealizada del pasado greco-romano. Las lenguas llamadas derivadas, o dialectos, empiezan a emerger de forma generalizada en el siglo diecisiete real, junto al surgimiento de la independencia de las naciones.
  • Quinto. En el siglo dieciséis se inicia una reconstrucción de la historia en base a un mapa cronológico dilatado, que se completa en el siglo diecisiete. Debido a ello, se inicia una intensa manipulación deliberada del pasado a lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho.
  • Sexto. Con esta gran manipulación se crea el latín, que tiene la intención de substituir a la lengua sagrada hebrea y eslava, y al griego. Crear la historia en latín se convierte en una estrategia para establecer el origen romano italiano de la historia europea, y borrar sus raíces orientales.
  • Séptimo. En los siglos diecisiete y dieciocho reales tiene lugar la recreación de la historia oficial en base al mapa cronológico diseñado, y su cuerpo principal se acaba de pulir en los siglos diecinueve y veinte. Para ello se inicia una ingente destrucción arqueológica, mientras se crean libros y documentos falsos, que substituyen a otros, originales, que son eliminados o manipulados.
  • Octavo. Los libros publicados de los siglos quince y dieciséis son de los siglos diecisiete y dieciocho, que se editan con fechas anteriores, en un proceso dirigido a reconstruir el Renacimiento europeo y el inicio de la llamada Edad Moderna.
  • Noveno. Como consecuencia de esta gran empresa de reconstrucción documental, en el siglo diecinueve se crea la escuela científica de la historia basada en un mapa cronológico erróneo y en la falsificación documental a gran escala. Desde entonces, la gran academia de la historia trabaja para esta gran manipulación.

Esta gran construcción de la historia oficial no se comienza a escribir hasta la segunda mitad del siglo dieciséis, en la forma del actual mapa cronológico, obra de Joseph Justus Scaliger (1583), que completa Dionisio Petavius años después.

Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, la manipulación del pasado ha sido obra de una intensa actividad liderada por el estamento eclesiástico e imperial a lo largo de los siglos dieciséis y dieciocho, que se ha mantenido en los siglos diecinueve, veinte y veintiuno. Todos los archivos oficiales y los museos han sido diseñados con esta finalidad, desarrollando a su vez la producción de grandes obras del pasado que, conjuntamente, han acabado por construir el fundamento enciclopédico con el cual las academias de historia oficiales se alimentan. Es decir, no existen otras fuentes principales que las que se han creado bajo la autoridad de los grandes cronistas religiosos y los que están al servicio de los grandes gobernantes. A partir del siglo diecinueve se inicia la difusión popular de esta gran historia y, la inercia académica, desde entonces, se dedica a robustecerla con nuevos estudios y múltiples hallazgos que se empeñan a encajar en el mapa cronológico oficial. Quien no lo hace es sistemáticamente desautorizado.

Figura. La gran manipulación arqueológica y documental

Figura NC-H - MANIPULACIÓN cast

Fuente: elaboración propia.

Entre los siglos dieciséis y dieciocho, tomando de referencia el conjunto arquetípico del simbolismo antiguo y la crónica real de los reinos erigidos hasta entonces, se reescriben la historia antigua y las sagradas escrituras, y se diseñan el conjunto de mitos y las genealogías, junto a sus leyendas, de las naciones y sus monarcas. De ese modo se diluye el poder del imperio original que los vio nacer y se borra su verdadera raíz, que se envía al pasado. En su lugar aparecen las naciones con sus falsos orígenes, y este trabajo, que empieza en el siglo dieciséis, se intensifica en los siglos diecisiete y diecinueve y se completa entre los siglos diecinueve y veinte. En estas fechas se crea, entre otras cosas, un Renacimiento medieval europeo, que se envía al pasado, y los siglos quince, dieciséis y diecisiete oficiales son reescritos a voluntad, quemando o destruyendo los libros y los documentos y reponiéndolos por otros manipulados.

Gracias a este “gran” trabajo, hoy en día se dispone del origen de Castilla atribuido a Don Pelayo, del de Francia de Carlos Martel y Carlomagno (que es común al Sacro Imperio Romano Germánico), del de Inglaterra de Alfredo el Grande, del de Portugal de Alfonso el Grande, del de Rusia de Daniel el Grande, del de Georgia del Rey David, del de Cataluña de Otger Cataló, etcétera. Nada es real, como tampoco deben entenderse como reales en un sentido literal a los grandes dioses, profetas, mártires, teólogos, filósofos, cronistas, historiadores, líderes, héroes y grandes enemigos de la antigüedad, hasta el siglo diecisiete.

A efectos artísticos, tras una época centrada en el monumentalismo politeísta, el arte renacentista aparece como la continuación de un modelo cristianizado, mientras que el modelo gótico se implanta bajo un ideal cristiano renovado y aparece en una etapa posterior a la arquitectura monumental, utilizando una tecnología más avanzada bajo un ideal cristiano propio. Es decir, la obra escultórica y arquitectónica que se atribuye a la antigua Roma se refiere, esencialmente, a unas construcciones de los siglos catorce y quince, llegando a desarrollarse en el siglo dieciséis, y, luego, enlaza directamente con la producción equivalente del Renacimiento de raíz italiana, que se ciñe a su vocación religiosa. En este momento se abandona todo lo que representa el antiguo imperio, que se considera superado. En su lugar, en el caso de Roma, se edifica el complejo de San Pedro del Vaticano, que se termina a lo largo del siglo diecisiete o dieciocho, no antes.

A efectos literarios, se inician las crónicas de los clásicos griegos y romanos que acabarán integrándose en una cronología artificial de la historia, a lo largo de los siglos dieciséis y diecisiete. Su fundamento son las obras originales de los antiguos autores “clásicos” de la teología, la filosofía, la política, la astronomía o las matemáticas. Con ellas aparecen el griego clásico y el latín, que tienden a substituir al griego medieval, el hebreo, el árabe y el eslavo eclesiástico.

Pero estas crónicas todavía tienen que escribir una gran obra: la historia de los papas de Roma y la de los santos cristianos, que a partir de entonces se imponen en los dominios católicos. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, la Orden Benedictina, instalada en Europa Occidental, es la encargada de escribir la historia de los Papas de Roma, con un total de 400 volúmenes publicados. En cambio, la vida de los santos cristianos es una obra de la Compañía de Jesús. Estas dos últimas grandes aportaciones a la conciencia colectiva del cristianismo han sido escritas principalmente en torno a los siglos diecisiete y dieciocho.

Cómo leer esta reconstrucción

Fomenko y Nosovskiy destacan que su trabajo principal son los métodos de datación, no la historia que puede derivarse de sus resultados, en la medida que son conscientes de las debilidades que plantea apostar por reescribir la historia sin tener todos los contenidos bien atados. Pero, inevitablemente, el resultado principal del trabajo de la Nueva Cronología crea otro escenario histórico, y la necesidad de reescribirla, con lo cual aparece el reto de tener que lidiar con este escenario. El público a quien se dirige su trabajo, y la curiosidad, desean tener un relato al que agarrarse, desde el cual poder contrastar la veracidad del alcance de la investigación cronológica.

El trabajo principal que se ha realizado se ha centrado en el desmantelamiento de la veracidad del mapa cronológico oficial, en la datación astronómica y en la elaboración de métodos de datación alternativos destinados a crear criterios de construcción del pasado real. En este proceso, se han esbozado algunos capítulos de la historia resultante, que se han reubicado en el tiempo, pero no todos. Por esta razón, es resaltable el hecho que, hasta el año 2012, Fomenko y Nosovskiy no se deciden a publicar una compilación de la historia. Antes, se realizan enfoques parciales, relativos a distintos episodios, que poco a poco van creando la narrativa histórica. Pero, como se ha dicho, este trabajo es una investigación que está haciendo su propio recorrido, y conviene interpretarlo. Para empezar, el trabajo del 2012, titulado ¿Qué ocurrió realmente?, no es un libro de otra historia, es un trabajo que siglo a siglo ubica los resultados de una investigación, y es de difícil lectura. Es decir, describe y contrasta a su vez la historia a medida que la reubica y la interpreta en base a los métodos de datación elaborados por ellos. Por esta razón, el resultado de su lectura, si bien es prudente y racional, no satisface lo suficiente a las mentes ávidas de conocer la verdad histórica.

La Nueva Cronología ha compilado una reconstrucción de lo ocurrido, en que todo se comprime, que pone sobre la mesa un debate abierto para su discusión. Esta versión se encuentra en un estadio aproximativo, y debe entenderse que su vocación principal es ser un apoyo de referencia para que, en la medida que se vayan consolidando sus lineamientos, adquiera la deseada robustez para que todo tenga sentido, y deje de lado toda duda. Pero, mientras haya capítulos esenciales de una gran historia oficial consensuada a la que agarrarse, que la Nueva Cronología no haya estudiado y reinterpretado de un modo incuestionable, existirá la sensación de debilidad estructural en su veracidad.

Reconstruir la historia real no es el objeto principal de la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, en todo caso es ayudar a hacerlo. Pero con la colaboración de todos. Requiere de un trabajo colectivo en el cual, entre todos, se aporten las piezas que faltan, pero esta situación ideal no se ha dado. Por ello, desde Moscú se ha hecho hincapié en determinadas estructuras fundamentales, sobre las cuales se puede empezar a versionar qué, cómo y cuándo ocurrió realmente.

En este sentido, conviene resaltar que empezar a plantear escenarios históricos que comprimen la memoria del desarrollo sociocultural humano no es tarea fácil, y se corre el riesgo de caer en errores que se deban reparar, así como imprecisiones o incongruencias que deban trabajarse más. Es inevitable. Del mismo modo, no existe un gran hilo que pueda estructurar la historia global, a medida que se profundiza en ella. Por esta razón, es fácil caer en la duda. Pero, a su vez, es recomendable recordar las pruebas que demuestran que realmente la historia se ha dilatado artificialmente, y que es conveniente aceptar que, pese a todas las dudas que despierte esta versión, se basa en una lógica mayor sobre la que se debe trabajar.

Ciertamente, las dudas no se resuelven con un planteamiento racional, porque el peso de la historia oficial es mayúsculo, en la medida que parece más coherente aceptar que todo ha sido el resultado de una conciliación lógica, que no el de un diseño arcaico de manos de un cuerpo privilegiado de escribas o grandes cronistas, de la órbita de un imperio sacerdotal que controla casi todo el mundo. Por este motivo, aceptar la irrealidad del actual mapa cronológico es, sin duda, un reto intelectual y un desafío a la capacidad crítica de la conciencia colectiva, con múltiples implicaciones que cuestionan la calidad del conocimiento. Pero tiene una base científica. Tal y como demuestra la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, la historia escrita es muy reciente y, por múltiples razones, se ha dilatado. A su vez, la “nueva historia” resultante permite resolver, de forma racional, dudas y misterios de los numerosos anacronismos de la antigüedad. Y, por otro lado, mediante una exposición razonable, ayuda a observar, con un racionalismo crítico, la lógica de la negación de la conciencia colectiva (que está manipulada).

Finalmente, informar que la historia que describe se realiza mediante tres lecturas. La primera realiza una primera gran aproximación, de modo muy resumido, en la que se informa de sus ejes principales. La segunda retoma el hilo estructural y se centra en la historia de las religiones. Y la tercera hace una lectura más extensa, en la que se le añaden personajes y episodios bíblicos comentados. Se trata de tres narraciones complementarias, donde la primera es la más sencilla, la segunda completa a la primera y la tercera se extiende en sus contenidos, reubicando en el tiempo y en el espacio grandes lugares como Israel, Babilonia y Jerusalén, y mezclando las historias bíblicas con las clásicas y las medievales, de Oriente Medio y Euroasia. Por esta razón, es la más controvertida de todas y la más difícil de reseguir, con lo cual requiere, probablemente, de varias lecturas.

La historia real, muy resumida

El inicio de la historia documentada tiene una génesis errática, tentativa, de la que sabemos poco, y es de difícil reconstrucción. Pero a partir de determinado momento una cultura principal, la egipcia, se expande por el Mediterráneo, hasta la India, y pasa a documentar lo sucedido, el paso del tiempo y la precisión del firmamento. Con ello construye un mapa simbólico, y la conciencia de control de la eternidad, desarrollando una civilización que tiende a explorarse a sí misma y al mundo conocido, y a construir puentes con el resto de sociedades humanas, que se encuentran en gran medida, todavía, en un modelo nómada arcaico.

En determinado momento, esta civilización toma la ruta de la gran Tartaria, desde donde ocupa el resto de Euroasia, hasta llegar a América, y se fusiona con otros pueblos que, conjuntamente, mutan con sus símbolos. El cristianismo es una de sus versiones, que enlaza con el culto a la reencarnación de las almas egipcio, pero también lo son el resto de escuelas espirituales de Euroasia e, incluso, el simbolismo del culto al sol, a la luna y al firmamento de las civilizaciones americanas.

Pero este orden, que se implanta en medio mundo, es provisional. Con él evoluciona la comprensión de la realidad, que se magnifica y se asocia a un destino. Al hacerlo, se construyen leyes y cultos de vocación imperial, que evolucionan y se alteran con el paso del tiempo.

Con el imperio, a medida que se desarrolla, aparecen grandes disputas territoriales que compiten entre sí para el control y la expansión de sus dominios, entre sus líderes. Se crean bloques de poder, que acaban por desencadenar una gran lucha por el control de Egipto. Resultado de este pulso hostil, allí se imponen dos grandes frentes, uno asociado a la gran Grecia y otro a la gran Persia, siendo la génesis de los bloques cristiano y mahometano, turco, que hacen suyo el relato histórico que la historiografía sagrada identifica con el pueblo hebreo. Es en ese instante, no antes, que empieza el proyecto estabilizador del arca salomónica, y ésta hace referencia a una alianza entre estos dos grandes poderes.

Todo este proceso, que según la historia oficial parece ser el resultado de miles de años, según descifra la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, sin embargo, debe asimilarse a unos pocos siglos de intensa actividad, en los que nace la historia y su transmisión a medida que la civilización humana progresa, de un modo exponencial. Por esta razón, por un lado, se equipara a la expansión mongol con la expansión del poder de Egipto, y tras su fractura en dos grandes bloques da lugar a la Horda de Oro rusa, que controla el área de influencia griega y la gran Tartaria, hasta la China. Y, por otro, en otro frente se equipara a la antigua Persia con el poder otomano, que controla Oriente Medio, hasta la India, y el Norte de África. Luego, todo se acaba fragmentando.

En realidad, hará poco más de nueve siglos, la civilización humana inicia el periplo de su desarrollo expansivo, y, durante seis siglos, escribe una historia que ha sido el fundamento de los miles de años de historia antigua oficial, erróneamente documentada. La historia real se ha dilatado. De hecho, es, a su vez, la esencia del relato profético. Es decir, de los textos sagrados.

Para acabar de entenderlo todo, conviene hacer una última reconstrucción: la de la macro-lectura parabólica de los textos sagrados de la tradición judeocristiana. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, hay tres episodios principales:

  • Primero: la génesis del imperio de un linaje.
  • Segundo: la ruptura del imperio en dos ramas principales, que pactan las Tablas de la Ley de Moisés en el Arca de la Alianza de Salomón (de la sabiduría).
  • Tercero: la implosión de este imperio dual, que construye la Torre de Babel pero que acaba construyéndose en la forma de múltiples naciones.

Uno tiene lugar en los siglos doce y trece; el otro en los siglos catorce y quince; y el último en el diecisiete. De este modo, en base a esta crónica real, se construye el libro sagrado de la historia, empezando y terminando por el principio y por el final, con múltiples parábolas equivalentes.

La Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy concluye que tres instantes pautan el devenir de la civilización humana, y de las grandes religiones. El primero es el siglo doce, en el que se inicia un culto a una autoridad soberana que se extiende por el globo terráqueo y llega a enlazar un linaje por todas las grandes regiones, alrededor del cual se erige una gran escuela sacerdotal que crea distintas sedes, desde las cuales evoluciona y se diversifica. Y este segundo instante se sitúa entre los siglos catorce y quince, y se concluye alrededor de 1453 a 1486 en la forma de una gran alianza que pasará a crear el escenario de un gran pacto entre Dios y la humanidad, si bien realmente amaga otro gran pacto, consumado en Egipto, entre Oriente y Occidente. Es decir, es un pacto entre luchas a modo de un gran tratado geopolítico, que siembra las bases de otra lucha, que en este caso recrudece en el siglo diecisiete, momento en el cual el imperio original implosiona, y esta gran alianza debe ser repensada, apareciendo la fractura definitiva entre las autoridades de los idealizados profetas Mahoma y Jesús. A partir de entonces todo cambia, Europa opta por cristianizar todo el mundo y la historia oficial adquiere otro sentido, al igual que los textos sagrados. Y para su reconstrucción definitiva se construye un calendario principal que se debe rellenar con contenidos manipulados, de una determinada manera, para darle credibilidad.

Figura. Croquis de la reconstrucción general de la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy

Figura E - CROQUIS NC cast

Fuente: elaboración propia.

En base a el encaje cronológico representado por la figura anterior, la historia real aparece junto a los textos sagrados, que nacen como resultado de la glorificación de determinadas grandes gestas, que se desean transmitir y transcender. Primero tienen lugar los hechos del Nuevo Testamento, en los cuales un gran rey popular sufre martirio y luego resucita hasta los cielos, junto al gran Dios. Luego, tiene lugar una gran expansión del imperio bajo la gloria de este líder simbólico, cuyos hechos se corresponden con los del Antiguo Testamento. Por esta razón, el Antiguo Testamento debe entenderse como una epopeya expansiva del poder de Egipto, en que Israel es el mundo conocido, y no el diminuto Reino bíblico de la tierra de Canaán ocupada por voluntad de Dios, que lo entrega al pueblo hebreo a modo de una Tierra Prometida. En este sentido, la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy ubica tres grandes significados bíblicos, Cristo, Moisés y la Torre de Babel, en otro orden, y les otorga otro significado. Cristo lo asimila al gran Osiris y a su hijo Horus, enlazándolo con el gran Egipto, si bien equipara su vida a la del emperador romano Andrónico Comneno, que oficialmente muere en el año 1185, cuyo principal reflejo histórico equivalente es, a su vez, el del gran Alejandro Magno. Moisés, al igual que Noé, lidera un arca tras una gran tribulación, en la que se establece una alianza entre Dios y la humanidad. Y la Torre de Babel viene luego, representando a la empresa de una segunda gran predicación del Reino de Dios a todos los pueblos del mundo, con sus naciones. El Arca y la Torre de Babel van de la mano. La primera simboliza la gran alianza del siglo quince real entre la Horda Rusa y el poder otomano, y la segunda la gran lucha que nace entonces, que explosiona definitivamente en el siglo diecisiete. Entonces empiezan las grandes luchas por el control de Europa, y del resto del mundo. Hará entre cinco y seis siglos empieza la construcción de las naciones, que acaban por erigirse entre cuatro y cinco siglos atrás, desafiando al orden egipcio original. Pero, a su vez, se establece una relación comercial que perfecciona las esferas del conocimiento, las funciones religiosas y el desarrollo tecnológico. El progreso es imparable, y el desarrollo civilizador no tiene marcha atrás.

Hará entre cuatro o cinco siglos, los poderes que se concentran todavía en Egipto tienden a desplazarse a Europa. Con ellos, aparece la primera etapa el proyecto colonial europeo. Pero esta primera gran colonización está vinculada al imperio original. De hecho, la colonización europea, tal como la conocemos, no empieza cinco siglos atrás, como dice la historia oficial, porque se ha alterado el pasado reciente, que se ha enviado al pasado. Empieza en la segunda mitad del siglo diecisiete real, y se basa en una reocupación que incluye un cambio de poderes. Por esta razón, y no por otra, Europa interviene, saquea y reescribe la historia de Egipto hará poco más de dos siglos, entre los siglos diecinueve y veinte oficiales. En paralelo, reconstruye su propia tradición egipcia colocando obeliscos en el corazón del Vaticano y en casi todas sus ciudades.

En este proceso, hará tres siglos, empieza el control por las tierras americanas y africanas, y en Norteamérica aparece el eco de una deseada recomposición del poder original, bajo la influencia anglosajona. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, estos poderes ocupan el espacio de la gran Horda de Oro rusa, y parte de la expansión anglosajona tiene por objetivo expulsar los dominios hasta entonces precariamente ocupados por las expediciones tártaras.

Recapitulando, a lo largo de seis siglos se ha escrito una gran historia. Pero en sus inicios se ha creado en la forma de grandes parábolas simbólicas cargadas de imaginación, construyendo leyendas y rindiéndole culto en la forma de textos sagrados. En una segunda etapa se han dilatado los calendarios, para dotarlos de eternidad y construir una cosmovisión ligada a la voluntad de uno o varios dioses, en la búsqueda de dar un sentido a los orígenes de su gran poder y autoridad. Con este texto adulterado, en un tiempo dilatado, se ha reescrito la historia. Y la última gran versión ha sido al mando de la Compañía de Jesús, que ha pretendido instaurar una era mesiánica universal como resultado de esta gran tergiversación simbólica y sacerdotal. Toda esta gran manipulación empieza hará cinco siglos, y termina por difundirse como una historia oficial hará tres siglos, después de una intensa manipulación a gran escala.

La historia de las religiones

La historia real es mucho más breve de lo que afirman los historiadores, los documentos oficiales, los museos, los arqueólogos, los métodos de datación (incluso el del radiocarbono) y todos los calendarios asociados a distintas tradiciones religiosas. En conjunto, como consecuencia de la lógica integrada en los resultados de los métodos de datación utilizados por la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, que incluyen las pruebas de una gran manipulación genealógica, así como de una ingente duplicidad de una misma historia real de apenas unos pocos siglos documentados, destaca el hecho que el antiguo Egipto se corresponde a una realidad medieval. Se inicia como civilización en el siglo diez y se mantiene vigente hasta principios del siglo diecinueve, teniendo su máximo esplendor entre los siglos catorce y dieciséis. En sus raíces se encuentra el origen de todas las civilizaciones humanas y el de todas las grandes religiones, que transcienden su vocación unitaria original y se organizan territorialmente sobre los diferentes símbolos, tradiciones e historias representativos de cada lugar.

Según esta lógica, la tradición espiritual asociada al culto a un imperio emerge con la construcción de grandes símbolos poderosos asociados a los grandes misterios de la vida y del cosmos, que se representan sobre grandes gobernantes, quienes, acompañados de una corte sacerdotal, gestionan los valores y las leyes de la cosmovisión a la que sirven, y les da autoridad. En sus inicios, se construyen unos valores concebidos para calmar y enaltecer las conciencias, a medida que se rinde culto a la autoridad suprema de los gobernantes, deseosos de conciliar sus dominios sobre nuevas tierras, y enaltecer el culto a un mismo Dios al que servir, y al que referirse ante todos sus actos, fusionando sus voluntades en una, es decir, la voluntad de Dios con la voluntad del Emperador. En este escenario, desde Egipto se realizan expediciones hasta los confines del mundo, y por el camino se establece la fusión de tradiciones, hasta un instante preciso en que parece que todo el mundo ha sido descubierto, y sometido, y se construye una red de escuelas espirituales asociadas a sus regiones, que rinden culto a un gran patriarca, o gran kan, de carácter sacerdotal, que domina al resto de gobernantes. Y todos forman parte del mismo linaje. Este escenario es el resultado de cinco siglos, y es entonces cuando el progreso simbólico entra en comunión global, en un instante que la Nueva Cronología sitúa, de forma clara e incuestionable, seis siglos atrás, es decir, en el equivalente del siglo quince. Es a partir de entonces cuando el proyecto sacerdotal adquiere su mayor comunión, y cuando empieza, a su vez, su posterior desunión, a la par que se construye un gran proyecto imperial para el control de los gobernantes y sus pueblos, bajo la figura de un gran kan, que, desde Egipto, controla el relato oficial, que sacraliza.

Figura. Israel, según la Nueva Cronología

Figura F - ISRAEL NC cast

Fuente: elaboración propia.

Entre los siglos doce y dieciséis, el Imperio Romano, que es a su vez el egipcio y el mongol, se llama Israel, que significa el imperio del Reino de Dios. Los israelitas son los luchadores de Dios; los hebreos son los pueblos (nómadas) de Dios; y los judíos son los adoradores de Dios, a la par que sacerdotes y cronistas de las tropas nómadas, con poder financiero. A su vez, la diáspora judía se corresponde a la expansión de los sacerdotes/cronistas/financieros del imperio; y los gitanos son un servicio de caballeros, nómadas, del Imperio Romano. Pero en el siglo diecisiete el imperio entra en crisis, y se acaba por dividir. Cuando esto ocurre, Israel se transforma en la nación simbólica del Reino de Dios, y los judíos y los gitanos se transforman en unos pueblos sin nación. Acto seguido, el Corán, que se escribe entre los siglos dieciséis y diecisiete, se divide de la Biblia definitivamente.

Figura. Mapa cronológico de las grandes religiones

Figura G - RELIGIONES NC cast

Fuente: elaboración propia.

La Nueva Cronología de Fomenko y Nosoovskiy sitúa a un pre-cristianismo inicial como el origen de esta tradición simbólica, y éste haría referencia a un emperador hecho Cristo, a una consagración divina, antes de su reconstrucción en el mito de Jesús del Nuevo Testamento. Se representa con una dualidad inicial fundamental entre una representación real y otra apostólica, en el que el poder simbólico que atesoran hace referencia a sus líderes: a los protagonistas públicos de su expansión, los reyes o grandes gobernantes, pero también a los sacerdotes, o patriarcas, que lo transmiten a los pueblos que gobiernan. En esta primera fase impera un primer cristianismo unificado, asociado a una familia imperial, que desarrolla una diversidad de dioses idolatrados. Es lo que la historia oficial asocia al culto politeísta, por un lado, y al culto al dios Amón, a un Dios principal, por otro. De este modo, aparecen dos grandes tradiciones, una vinculada al poder y otra al pueblo de Dios, que siguen su curso paralelo de la mano de diferentes iconos, donde todas ellos representan una misma unidad. Pero, con el paso del tiempo, esta gran tradición desarrolla distintas escuelas espirituales, que devienen las grandes religiones euroasiáticas, hasta que, con la fractura de su unidad, se destruye su originaria comunión simbólica. En el siglo quince real empieza la división, en el dieciséis empieza su dispersión a través de distintas escuelas espirituales, que desarrollan sus propios libros sagrados, y en el diecisiete tiene lugar su desconexión definitiva, junto a la fractura del imperio, ocasionando el inicio de la actual diversidad religiosa.

Este proceso se origina bajo la influencia de Egipto, en el delta del Nilo, en los siglos diez y once después de Cristo, o bien unos siglos antes, si bien existe poca evidencia realmente documentada. Es decir, a modo de aclaración, no es que Cristo sea anterior a Egipto, sino que Egipto aparece como imperio hará unos diez siglos respecto al presente, que oficialmente se entiende como el siglo veintiuno. O, dicho de otro modo, se utiliza el mapa cronológico oficial para ubicar al lector o lectora en el tiempo en que deben de entenderse los hechos según la Nueva Cronología. De hecho, tal como aquí se reconstruye, Cristo no se concibe, como Osiris, hasta el siglo doce. No es hasta entonces, aproximadamente los siglos diez y once, que la influencia egipcia experimenta una primera expansión hacia el Bósforo, en donde se traslada el poder, en el siglo doce, extendiéndose hasta Crimea y, por el este, hasta la antigua Persia. En este proceso inicial se inicia una etapa necesariamente conflictiva en la estructuración del poder y en los fundamentos de su autoridad. A partir de ese momento tiene lugar una segunda etapa expansiva, que se alarga hasta el siglo quince, donde se llega a ocupar toda Euroasia, el norte de África y parte del continente americano. La difusión de pirámides por tierras africanas, euroasiáticas y americanas forma parte del legado común de este imperio expansivo, de vocación sacerdotal, si bien la historia oficial, que se ha dilatado arbitrariamente, las ha situado en un espacio temporal inconexo.

Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, la historia real de los gobernantes que ocupan el mundo a lo largo de los siglos once al dieciséis se traslada a las 33 dinastías faraónicas, siendo en realidad la historia de los emperadores, zares, kanes, califas, sultanes y reyes escrita por los sacerdotes egipcios y sus escribas hebreos. En Egipto se capitaliza el simbolismo del poder, y se convierte en la tierra de los templos funerarios y los sepulcros de los grandes gobernantes, donde su población se dedica al trabajo y a la guardia del imperio. A través de las estructuras de poder se difunde el culto a los dioses, bajo la autoridad suprema del gran Ra-Amón, antes de construirse el culto al Cristo Osiris, que más adelante deviene en Horus. Con la riqueza acumulada, resultado de esta gran empresa, se financian los colosales costes de sus monumentales templos, que se dedican a los protagonistas de la expansión del imperio y a su envoltura simbólica.

Para comprender este escenario, es necesario hacer una pausa y reconstruir todo lo anteriormente expuesto, y poner sobre la mesa la interpretación del texto bíblico. En este encaje, el periplo sagrado del éxodo del pueblo de Israel es el del proyecto imperial egipcio que la historia oficial asimila, simbólicamente, a la expansión mongol inicial. Dicha expansión tiene un implacable testimonio en la propia crónica de Gengis Kan y los mongoles, que se populariza en el siglo diecinueve. Leer esta crónica ayuda a comprender su significado. De ella se desprende que:

  • Primero. El Imperio Mongol y la Horda Rusa son el mismo proyecto, que tiene su punto culminante alrededor de los siglos catorce y quince con la expansión del cristianismo desde París hasta Pekín, a cargo de los Franciscanos. Después (entre los siglos dieciséis y dieciocho) sus destinos se separan.
  • Segundo. En el momento de máxima expansión se decreta un edicto que proclama: “Se ordena a todos los súbditos vivir en paz los unos con los otros, y se prohíbe a los poderosos oprimir a los pobres”. Hasta entonces, el Gran Kan es el único soberano, y su palabra es la voluntad del Cielo en la Tierra, tal como si fueran los hijos de Dios. Es la denominada Pax mongólica.
  • Tercero. El Rey David de Israel se equipara al Gran Khan, y éste al Preste Juan de las Indias (que se traslada a Etiopía).
  • Cuarto. Se afirma que los mongoles eran descendientes de los Reyes Magos de Oriente.

Es decir, el proyecto mongol es el del pueblo de Israel, y Canaán es el mundo entero. Gengis Kan sería el Rey David. Ellos son el pueblo de Dios, que el cristianismo se hace suyo, y están en la raíz de las principales escuelas espirituales del mundo.

La cronología oficial de esta expansión coincide con la reconstrucción cronológica que promueve la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy. Se trata de la epopeya del pueblo de Israel, la lucha del pueblo de Dios, que no tiene lugar en la llamada Tierra Santa, junto a Egipto, sino en toda la tierra conocida. El proyecto imperial de Egipto es ocupar la Tierra Prometida por Dios al pueblo de Israel que, desde el Nilo y, posteriormente, desde Kazaria, ocupa casi todo el mundo, con la fuerza de los caballos y el alimento del ganado, para luego utilizar el poder naval y dominar las rutas oceánicas.

Éste es el origen de la narrativa que da lugar, primero, a los textos sagrados y, luego, a la historia oficial. La lucha del “pueblo de Dios” es una empresa que se extiende por todo el mundo conocido, hasta llegar a América, desde Egipto, cuyo primer gran capítulo tiene lugar entre los siglos doce y quince reales. Ésta es la crónica de la Torá, o el Pentateuco, que culmina con las Tablas de la Ley, de Dios, a través de Moisés, quien debe liderar a las tribus de Israel.

Los templos egipcios autentifican la fecha real que representan, a través de los zodíacos que lucen sus muros, y sus dataciones se sitúan entre los siglos diez y diecisiete, no antes. Los métodos de datación utilizados son las pruebas, y las pirámides su testimonio. En este sentido, Fomenko y Nosovskiy aportan una explicación a la presencia de pirámides desubicadas en el tiempo y en el espacio oficiales, y las hace todas hijas de la misma época.

El reparto de pirámides por Euroasia y América hace referencia a una pre-colonización egipcia por estas tierras, entre los siglos catorce y dieciséis. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, el inicio de la colonización europea de América empieza realmente en la segunda mitad del siglo diecisiete, y los dos siglos anteriores se deben entender como una reconstrucción manipulada. Según describen, anteriormente tiene lugar una importante expedición hasta América proveniente del Pacífico que llega en el siglo catorce real, coincidiendo con la expansión egipcia y mongol, por lo que traslada allí la tecnología para construir templos de piedra y parte de su imaginario simbólico. Los grandes bloques de piedra, imposibles de arrastrar sobre la arena y otras tierras, cuyo encaje preciso en los muros es inaudito, se hacen in situ al modo de encofrados de hormigón, mediante el granulado de piedras y el uso de polímeros que harían la función del aglomerante químico. Es decir, de este modo se resuelve el misterio de su construcción, siguiendo las tesis del químico francés Joseph Davidovits, planteadas en 1979.

En esta línea, las conexiones europeas desde el Atlántico, tanto cristianas como mahometanas, se inician en los siglos quince o dieciséis, y los hechos que caracterizan al inicio de la conquista corresponden, realmente, a una reocupación destinada a integrar esas tierras a un proyecto imperial renovado, que sustituye a la autoridad del imperio anterior.

A grandes rasgos, de esta manera también se resuelve el enigma del misterioso mausoleo egipcio recuperado para la conciencia histórica en el siglo diecinueve, y el de la presencia de otras pirámides por el resto del mundo. Los líderes de la expansión del pueblo de Dios son enterrados en el gran mausoleo del río Nilo, para su gloria y simbólica resurrección, y llegan a América procedente de Asia entre los siglos catorce y quince reales. En esta empresa, el ritual de la momificación es el modo de facilitar el traslado de los cuerpos hasta la tierra santa egipcia, con la finalidad de elevarlos a la categoría de dioses, y para su paz eterna. Es decir, allí no hay enterradas 33 dinastías de faraones, sino los protagonistas de la expansión de un imperio que han sido objeto del ritual de la resurrección o viaje al reino de los cielos egipcio, antes de transformarse en el imaginario del paraíso y la resurrección tras la muerte, tras el juicio final de Dios, propios del imaginario cristiano.

En este sentido, según Fomenko y Nosovskiy, las pirámides de Gizeh, en El Cairo, podrían corresponder a la Santísima Trinidad. Se tratarían de unas construcciones hechas entre los siglos catorce y dieciséis. Asimismo, su construcción, según la Nueva Cronología, como se ha indicado, sigue las tesis impulsadas por el ingeniero Joseph Davidovits (nacido en 1935), reconocido internacionalmente por la invención de los geopolímeros en la química. De acuerdo con sus aportaciones, los grandes bloques de piedra presentes en las grandes construcciones de las pirámides y en los grandes templos del antiguo Egipto se habrían hecho a partir de una argamasa de piedra artificial. Es decir, se habrían encofrado in situ. La Nueva Cronología, incluso, muestra que la composición de los bloques de granito del interior de la pirámide de Keops no tiene la misma composición que la de los bloques de granito naturales, tratándose de una argamasa. Esta afirmación se fundamenta con una exploración científica hecha en un laboratorio, mediante un microscopio de alta precisión. Es decir, se conocía una técnica impresionante de hacer grandes bloques de piedra in situ, que se ha perdido. De esta manera, se explicaría por qué el historiador Heródoto (oficialmente del siglo cinco antes de Cristo), habría dejado escrito que la gran pirámide fue construida utilizando “maderas cortas”. Estas maderas serían, pues, los encofrados y los andamios necesarios para su ejecución, como se realiza en cualquier construcción actual hecha de hormigón armado.

El significado de las pirámides de Gizeh estaría relacionado con un templo funerario, pero no necesariamente con un sepulcro. Las pirámides, (según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy) más allá de incorporar una alta simbología vinculada al Cosmos, podrían hacer referencia a la elevación de Cristo, un templo dedicado a él, donde la Pirámide de Keops simbolizaría el Santo Sepulcro. En este sentido, “Gizeh” derivaría del simbolismo del nombre “Jesús”.

Así pues, a lo largo de aproximadamente mil años ha tenido lugar el origen, la expansión y el conjunto de los conflictos territoriales a gran escala, que han sido transcritos en las crónicas históricas de todas las sociedades humanas, resultado de una primera expansión original iniciada desde Egipto. La historia antigua es el resultado de varios reflejos de esta historia, que ha sido convertida en una crónica enviada al pasado desde los siglos dieciséis y diecisiete. Consecuentemente, el conjunto de las civilizaciones humanas, en la medida en que han aparecido conjuntamente, se ha adaptado, a lo largo de los siglos diecisiete y veintiuno, a una cronología de la historia impulsada, especialmente, desde Europa Occidental, ya que ha sido desde allí que se ha instituido la idea de la academia de la historia, de la mano de la autoridad conseguida con la empresa colonial.

Recapitulando, a lo largo de este camino aparecen múltiples iconos con diferentes significados, en función de la realidad sociocultural que le es más cercana. En las estructuras de poder principales se desarrolla una iconografía representativa del poder, que se corresponde, inicialmente, con los diferentes cultos paganos de la tradición griega y romana, pero también fenicia y sumeria, enlazándose de forma simbólica con la iconografía original del poder egipcio. De igual forma, los sacerdotes egipcios y hebreos capitalizan la documentación de los relatos históricos y el control de las estructuras del conocimiento, en el delta del río Nilo, alrededor de Alejandría y El Cairo, conocida como Babilonia. El Cairo es su apodo en árabe, “la victoriosa”, o Al-Qāhira, y Babilonia significa la puerta de la ciudad de Dios. De allí procede realmente el texto sagrado atribuido al pueblo hebreo, y el origen de su historia real vinculada a una misión sagrada.

Así pues, en determinada época tiene lugar la precaria unidad de un imperio que se abraza bajo el yugo del epicentro simbólico de Egipto. Pero en el siglo dieciséis sufre los inicios de su implosión, que son el resultado de numerosos conflictos inevitables para mantener su autoridad. A partir de entonces, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, se reescribe la historia y aparece el actual mapa cronológico. Es el resultado de una ruptura, que requiere el control de las crónicas y el conocimiento acumulado, y empieza su gran reconstrucción. Hasta ese momento, en el siglo dieciséis, el relato principal que se ha difundido ha sido el mito del pueblo hebreo que sale de Egipto y se dirige hasta Canaán, que representa su expansión hasta en el resto del Mundo, y se ha escrito por los sacerdotes historiadores hebreos, enraizados en Egipto. Pero, tras la reconstrucción, se asimila Canaán a los reinos bíblicos de Judá e Israel, y, en el imaginario medieval, al Reino de Jerusalén. Con ello, se crea otra cosmovisión de la realidad.

Esta implosión supone el inicio de una reestructuración global del poder en todas partes, y el de la tradición judía, que, según Fomenko y Nosovskiy, ostenta el control de capital simbólico, y financiero, de parte de las estructuras del imperio original. Por esta razón, tras el cambio en los roles de los poderes iniciales, en determinado momento, el pueblo judío empieza a ser sistemáticamente estigmatizado y perseguido, después de haberse expandido por el mundo. Con motivo de la capitalización de los poderes que se acumulan en Europa, entre los siglos quince (finales), dieciséis y diecisiete, se los obliga a aventurarse a América, y este es un motivo de su diáspora inicial. Pero la cuestión es que, a medida que se pulen los textos históricos sagrados, se tiende a desautorizar a la comunidad judía, desde la órbita cristiana, en su empresa colonial. Algunas familias, personas o comunidades se integran a los profundos cambios ocasionados por la reorganización del poder, y otras se refugian bajo varios mantos o estructuras de apoyo que les permiten persistir. La lucha por la apropiación del imperio en América, en los siglos dieciséis y diecisiete, entre los monarcas europeos y la autoridad judía, se traslada simbólicamente a la famosa expulsión (u obligación a su conversión cristiana) de los judíos de España en 1492, antes de que el supuesto descubridor Cristóbal Colón iniciara (oficialmente) su primer viaje.

Del mismo modo, la expulsión (u obligada conversión) del pueblo musulmán de España en el mismo momento, también en 1492, representa la ruptura de los monarcas con los nuevos dominadores del imperio, que han ocupado la capital, Constantinopla, en 1453. Las expulsiones (oficiales) de los judíos de Inglaterra a principios del siglo trece, así como su expulsión de Francia en el catorce, representan el reflejo de una ruptura anterior de las respectivas monarquías con el imperio original, imponiendo así una transposición simbólica más contundente de esta ruptura con el pasado común.

Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, las apropiaciones de Castilla y Portugal de los dominios del mundo, acordadas en el Tratado de Tordesillas (en el año oficial de 1494), representan una flagrante manipulación de esta ruptura, por parte de quien lidera el poder cristianizado, desde Occidente, a través de los océanos, a partir de la segunda mitad del siglo diecisiete real. Pero, realmente, es el resultado de un proceso de distanciamiento entre la tradición egipcia y el imperio cristianizado en Europa y Anatolia, hasta el Cáucaso, que se inicia tras la ocupación otomana de Constantinopla, en 1453, y de Egipto a principios del siglo dieciséis. Es en ese momento en que la casta militar de Egipto más poderosa, equivalente a los samuráis de Japón, los guardianes del imperio y supervisores de sus templos funerarios, son sometidos a la autoridad del califa otomano. La historia oficial los ha convertido en los mamelucos, y los identifica con unos soldados de origen esclavo convertidos al islam que servían a los califas y a los sultanes durante la Edad Media, pero que respetaban los cultos cristiano y judío. Detrás de la consideración de esclavos se encuentra un deber, un deber equivalente a la esclavitud, para tutelar y labrar el gran imperio que se está erigiendo a su alrededor. Es la esclavitud del deber de servir a un gran imperio, del mismo modo que esta condición se traslada a todo el pueblo hebreo, esclavo de Egipto, en los textos sagrados. Es el gran imperio de Dios, y su ejército es esclavo de su voluntad en la tierra. Su origen, no reconocido debidamente por la historia oficial, está relacionado con la incursión tártara y mongol de Europa, hasta las puertas de Egipto, procedente de Persia, que la historia oficial ubica en el siglo trece. Según se cree, después de esta incursión los mongoles vuelven a donde procedían, salvo una comunidad que, según la historia oficial, se asienta en Anatolia y se convierte en el origen del Imperio Otomano. Y en ese mismo instante histórico, de forma sorprendente, los esclavos mamelucos ocupan Egipto, estableciéndose allí hasta tiempos de Napoleón. Pero esta significativa relación entre los mongoles, los persas, los otomanos y los mamelucos no es una casualidad, forma parte de la misma historia, de cuando el imperio pacta su unidad. Todo ello ocurre, realmente, entre los siglos quince y dieciséis. Así lo afirma el trabajo de la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy.

Los mamelucos (oficialmente) persisten, manteniendo sus derechos sobre Egipto hasta el siglo diecinueve. En el año 1798 son sometidos por Napoleón, pero no es hasta 1811 que son vencidos definitivamente por parte de los otomanos. Desde entonces, Egipto pasa a ser considerada una colonia, y tiene lugar la usurpación y destrucción de sus templos, así como el borrado de buena parte de su memoria. Del mismo modo, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, los turcos otomanos borran parte de sus huellas cristianas, del cristianismo original, desde el siglo dieciséis. Oficialmente, en el año 1453 ocupan Constantinopla, y entre los años 1516 y 1517 toman posesión de los dominios de Egipto y Palestina, es decir de la Tierra Santa con su capital, Jerusalén, hasta Etiopía. Estos hechos se mantienen en el imaginario histórico y temporal alternativo de la Nueva Cronología. Es entonces, entre los siglos diecisiete y dieciocho, que tiene lugar la ruptura definitiva de los textos sagrados de origen común.

Siguiendo el hilo de la Nueva Cronología, a partir del siglo dieciséis, con la primera etapa de la ruptura entre los otomanos y el resto de los cristianos originales, cuando todavía no existe una conciencia de división entre musulmanes y cristianos, se inicia el proyecto de reconstrucción de una nueva unidad sobre un texto sagrado común. Pero esto fracasa, y da pie a su división en tres grandes tradiciones monoteístas alrededor del epicentro egipcio: el judaísmo, el islam y el cristianismo, que inician un pulso simbólico de grandes dimensiones. Del mismo modo, el imperio global también se fragmenta en Asia, ya que el imperio mongol chino se desvincula de Rusia, levantando la Gran Muralla. Es entonces cuando se levanta, y no en el siglo tres antes de Cristo, como relatan las crónicas oficiales. Es decir, según la Nueva Cronología la Gran Muralla china se levanta en el siglo dieciséis, pero según la historia oficial se inicia en el siglo tres antes de Cristo y se termina en el siglo dieciséis.

De este modo, surgen el confucianismo, el budismo y el hinduismo, y, paralelamente, el cristianismo europeo inicia una serie de desafíos a la autoridad del Papa, con la llamada Reforma, donde la iglesia ortodoxa (hebrea en origen), la católica y las protestantes (luteranismo, anglicanismo, calvinismo…) se erigen en entidades autónomas, junto con la iglesia cristiana copta, la raíz de la tradición cristiana de Egipto, y el resto de grandes patriarcados cristianos medievales. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, en el ámbito de la India y el Tíbet, Krishna sería el símbolo de Cristo, y las narraciones de Mahabharata reflejarían la conquista mongol de la India en los siglos catorce, quince y dieciséis.

Esta breve síntesis histórica, del proceso que explica la aparición de una gran civilización original y su evolución, va acompañada de un proceso político de institucionalización política de los diferentes territorios que terminan confluyendo, a lo largo de los siglos diecisiete y veintiuno, en el actual mapa geopolítico global.

Los textos sagrados de la historia original

La reproducción cronológica de la Nueva Cronología, en apenas un milenio real, abraza el conjunto de la historia antigua oficial que actualmente se considera como un proceso de lucha y constante progreso, resultado de prácticamente cinco mil años de evolución. Se concibe como un proceso que hasta el nacimiento del Jesús bíblico es paralelo al relato de las sagradas escrituras, pero realmente se escribe como un texto sagrado unificado entre los siglos quince y diecisiete, después de haber concebido la génesis del nuevo testamento bajo la figura de narrativas asociadas a un gran profeta, asociado a un personaje histórico real que, según la Nueva Cronología, fue un emperador. Por el camino, entre los siglos doce y diecisiete, se escribe la crónica que realmente transmite la Biblia, y las historias antigua y medieval, así como sus grandes episodios con sus personajes, todos ellos idealizados.

Del mismo modo que la gran historiografía oficial ha construido el imaginario del Reino de Dios en el diminuto Israel bíblico, ha construido grandes fabulaciones en el nombre de Jerusalén, Babilonia, Troya, Roma, etcétera, y múltiples reflejos o duplicidades en el nombre de gestas históricas o grandes héroes a lo largo de la historia, dispersos en el tiempo y en el espacio, entre las que destaca la Batalla de Troya.

Los principales episodios bíblicos e históricos, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, deben de entenderse de este modo:

  • La lucha por la expansión del imperio egipcio, griego, persa, cristiano y otomano, que llega a expandirse por casi todo el mundo, es la lucha del Reino de Dios. La lucha es la del Apocalipsis bíblico; y la promesa de una Nueva Jerusalén representa el deseo de un futuro mejor, a la par que la evidencia de que la lucha deberá proseguir hasta que se imponga una verdadera era mesiánica, de paz y prosperidad.
  • La gran lucha del Reino de Dios son los años proféticos de los textos sagrados, y deben de reubicarse entre los siglos doce y diecisiete reales.
  • Esta gran lucha tiene las siguientes etapas:
    • 1185. Martirio de Cristo Osiris. Gran catarsis simbólica.
    • 1204-1260. Batalla de Troya, en Constantinopla. Primera gran lucha.
    • 1260-1380. Gran expansión tártara o mongol.
    • 1380. Batalla de Kulikovo. Gran división del Imperio Mongol, entre la Horda y los otomanos. David y Goliat.
    • 1380-1453. Gran lucha, que termina con el dominio de Mehmet (Mahoma) sobre Constantinopla.  Diluvio universal e ira de Dios contra el faraón. Segunda gran lucha.
    • 1453-1486 (33 años). Establecimiento de una gran alianza. Arcas de Noé, Moisés y Salomón. Pax tátara o mongol. Templo de Salomón. Inicio de las rutas oceánicas de Occidente hasta América.
    • 1486-siglo diecisiete. Gran reforma cristiana y Santa Inquisición.
    • Siglos dieciséis y diecisiete. Dilatación de la historia real, y gran manipulación.
    • Siglos diecisiete-dieciocho. Inicio real de la colonización europea. Colón es una recreación histórica que se vincula con Noé.
  • Respecto a la Batalla de Troya, finalmente, la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy identifica la representación de la lucha por una gran religión, que se asimila a una mujer, a modo de San Jorge y la Princesa y un sinfín de historias equivalentes. Esta gran lucha se sitúa entre los años 1204 y 1260, haciéndose coincidir con la cuarta cruzada de 1204 y sus consecuencias, que son la ocupación del Imperio Romano por parte de Europa Occidental. Sin embargo, de acuerdo con este enfoque, el conjunto de las crónicas de las cruzadas debe de entenderse como una recreación posterior dirigida a satisfacer al rey de Francia.

Respecto a los santos lugares, a su vez, éstos son sus significados:

  • Babilonia representa a la ciudad de los pueblos de Dios, que honoran a la capital de un imperio que se está fracturando nada más empezar. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, representa a las ciudades de Constantinopla, Roma y El Cairo, pero se refiere sobre todo a la primera. Babilonia es la ciudad de las ciudades, la capital de las capitales del imperio de los imperios. Entre los siglos quince y diecisiete se llama Constantinopla, y antes Crisópolis (hoy en día un barrio de Estambul). La historia clásica la ha transformado, para la gran antigüedad, en la ciudad de Troya. Debe entenderse como real entre los siglos doce y quince, cuando empieza a denominarse Estambul, siendo éste un nombre que el islam acaba imponiendo.
  • La Torre de Babel representa el desafío que representa construir la ciudad de Dios, ante tantos pueblos y tantas lenguas, y el destino de su inevitable derrumbe, que empieza en el siglo dieciséis y se acaba materializando en el siglo diecisiete.
  • El Templo de Salomón siempre ha sido Santa Sofía, en Constantinopla, y se erige en el siglo dieciséis.
  • Jerusalén es la ciudad sagrada del culto al linaje del imperio del rey de reyes. La Biblia no da lugar a dudas y la sitúa en la capital del Reino de Israel, pero la historia del Imperio Griego la sitúa cerca de Constantinopla, en el conjunto de grandes templos conocido por Hieros, o Yoros, que significa “Sagrado”. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, ésta sería la Jerusalén real del Nuevo Testamento. El río Jordán es el estrecho de Bósforo. Antes, la ciudad sagrada es Alejandría. De Alejandría se pasa a Hieros, y de Hieros se pasa a la actual Jerusalén. Por el camino se realizan otras ciudades sagradas, como es el caso del Kremlin, el origen de Moscú, que según Fomenko y Nosovskiy se erige en el siglo dieciséis como la Nueva Jerusalén. Hieros deviene ciudad sagrada en el siglo trece, hasta el dieciséis; y la actual Jerusalén ocupa su lugar entre los siglos dieciséis y diecisiete.
  • Roma y Constantinopla nacen con motivo de los grandes pactos que siguen a la Batalla de Kulikovo, en 1380, en los que se divide el control mongol en dos grandes bloques: la Horda de Oro rusa y los otomanos. Resultado de esta gran división se bautiza a Crisópolis como Constantinopla, y se funda la Roma italiana. Según la historia oficial, representa el inicio de la aceptación del cristianismo en Rusia, como religión de estado. Según la Nueva Cronología, tiene su gran reflejo histórico en el episodio de Constantino el Grande, que en el siglo cuatro funda Constantinopla, divide el imperio romano entre Oriente y Occidente, deja Roma en manos del obispo de Roma, e impone el cristianismo como la religión oficial del imperio. A su vez, en el relato bíblico su reflejo debe de entenderse en la gran lucha entre David y Goliat, y en la división entre los reinos de Israel y de Judá.
  • La Meca honora la gloria de Mahoma, y está asociada a un meteorito que aparece en el siglo quince.
  • El Vaticano honora a Batu-Kan, el nieto del gran mongol Gengis Kan, conocido como el Rey David, que funda la Horda de Oro rusa.

En toda esta reconstrucción, inevitablemente, se mezclan múltiples personajes de distintos lugares, épocas y procedencias, asociados a distintas crónicas, con lo cual se fusionan la Biblia, la historia en su totalidad y buena parte de la literatura asociada al medievo. Su lectura requiere, en este sentido, un ejercicio de ingenio imaginativo, si no se quiere entrar en una nebulosa confusa llena de contradicciones ocasionadas, todas ellas, por la gran tergiversación histórica que aquí se reconstruye. Cuesta, aparentemente, digerirlo. Pero una vez hecha la digestión todo es mucho más fácil.

La gran lucha de la Torre de Babel

Toda la historia sagrada hace referencia a una gran lucha por la expansión, consolidación y posterior decadencia del primer gran imperio civilizador de la humanidad, como si del texto apocalíptico se tratase, en el que la idea de una era mesiánica guía su destino con la promesa de un futuro mejor. El punto de inflexión es el siglo quince, con la era del templo de una gran alianza, y termina en el siglo diecisiete, con la caída de Babilonia, de la Torre de Babel. Como se ha indicado, la Nueva Cronología sitúa la redacción del Apocalipsis en 1486 y considera que transcribe el “Juicio Final” a los poderes del mundo, 33 años después de la ocupación de Constantinopla, los años que tiene Jesús cuando muere según el Nuevo Testamento actual, en un sentido que la historiografía oficial cristianizada apunta al desafío definitivo entre los turcos y el Imperio Romano.

La decadencia de Babilonia

La profecía bíblica del libro del Apocalipsis se refiere a Babilonia, a su decadencia y su posterior destrucción, después de numerosas luchas, donde su desenlace será el regreso de Jesús y la aparición de una ciudad santa, la Nueva Jerusalén. El Apocalipsis es donde se relata la decadencia de la Babilonia bíblica en manos de los “reyes que se propusieron luchar contra el Cordero” [el cristianismo original] (Ap. 17:14). Y añade: “Babilonia la grande, la madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra” (Ap. 17:5), por lo que anuncia el presagio de su decadencia y posterior destrucción, y el anuncio del regreso del “ángel de Jesús”, que dará pie a la “Nueva Jerusalén” (Ap. 21). Según la Nueva Cronología, Babilonia se correspondería con Constantinopla, y resalta que en los textos antiguos también se nombra Babilonia a las ciudades de Roma y Constantinopla. 

Así pues, Babilonia da pie al mito de la Torre de Babel, y la decadencia de Babilonia representa a la multiplicación de naciones del mundo, que tienden a la lucha y a su autodestrucción, con la aparición de múltiples lenguas que se implantan -según la Nueva Cronología- a partir del siglo dieciséis, hasta fracturarse en el diecisiete. En su trasfondo, está en juego la unidad del Reino de Dios, y el imperio original.

El Kremlin y la Nueva Jerusalén

La Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy equipara la Torre de Babel con la pirámide de Gizeh y con los famosos laberintos subterráneos de Moscú hechos en el siglo dieciséis, en la medida que equipara el Kremlin con la Nueva Jerusalén. La descripción apocalíptica de la construcción de la Nueva Jerusalén que se transcribe en el Apocalipsis, se corresponde con la descripción de la construcción posterior del Kremlin (el origen de la actual Moscú) hecha en el siglo dieciséis (con su famosa muralla) y no en el siglo catorce como narra la historia oficial. Los zares lo habrían erigido como un proyecto de reconstrucción del imperio que no habría llegado a ser su proyecto original, después de la ocupación de la dinastía intrusa de los Romanov en los inicios del siglo diecisiete. Según la Nueva Cronología, la historia oficial de Rusia es una falsificación flagrante urdida por una serie de eruditos alemanes para legitimar la usurpación de la dinastía Romanov, que son los zares entre finales del siglo dieciséis y principios del veinte. Es entonces cuando el proyecto imperial se recompone desde Europa, y cuando empieza la verdadera colonización europea del mundo. Este escenario, que la historiografía oficial sitúa a finales del siglo quince, con el inicio de la colonización europea, no tiene lugar entonces, sino que aparece en la segunda mitad del siglo diecisiete. Europa acumula los textos sagrados sacralizados, y las crónicas reales, y con ellos reconstruye la historia entera y su significado, en un proceso que incluye reescribir los primeros intentos de recomponer esta gran historia, en la que, en el siglo diecisiete, ya se han creado todos los calendarios dilatados que hoy en día conocemos.

El dios emperador Jesús

Llegado a este punto de la exploración de las raíces cristianas, es cuando se presenta el origen del mito de Jesús. Según la Nueva Cronología, Jesús fue originado sobre un personaje real, Andrónico Comneno, muerto por una revuelta y una traición en Crisópolis (en el Bósforo) el año 1185, después de haberse puesto al lado de los pobres y de haber ensalzado los celos de los feudatarios, en una etapa de fuerte inestabilidad en el poder. Crisópolis es actualmente un barrio de Estambul, que se considera una parte de la antigua Constantinopla.

Tal como afirma la historia oficial, el emperador romano Andrónico Comneno (1118-1185, según la historia oficial, y 1152-1185 según Fomenko y Nosovskiy) ocupa el poder del Imperio después de haber luchado y condenado a sus contrincantes, luchando contra su propia familia. Pero en aquella época el crecimiento del Imperio Romano de Oriente entra en colapso y los abusos a la población son comunes, generando graves consecuencias, como la marginación, la pobreza y muchas enfermedades. Se impulsan hospitales, y el emperador establece los límites que no se podían superar, definiendo aquello de “al César lo que es del César”, pero esto provoca la traición de los grandes feudatarios con intereses creados dentro del imperio. Estos se organizan y sublevan a la población. Andrónico (oficialmente) es capturado, acusado y condenado a ser martirizado en público, después de haber impulsado la ayuda a los necesitados, y de haberse vestido con ropa sencilla. Durante tres días es martirizado por su propia gente, torturado brutalmente, atado por los pies. La crónica oficial dice que no se queja, y que sólo dice: “ten piedad de mí, Señor, porque debe estrellarse una caña ya rota”. Sin duda, las equivalencias con el Jesús del Nuevo Testamento son evidentes, y significativas. Incluso, un soldado romano lo hiere en su martirio con una espada.

Según Fomenko y Nosovskiy, la muerte del Emperador Andrónico Comneno genera gran conmoción en el imperio y en la iglesia romana, y se inicia su leyenda, que acabará convirtiéndose en el mito del Cristo Jesús. Y, a su vez, tiene su reflejo en la historia rusa, con el equivalente del personaje del príncipe Andrei Bogoliubsky, nacido en Crimea. Según la reconstrucción de la Nueva Cronología, Andrónico (o Andrei) es condenado y sacrificado tras ser acusado de traición en Crisópolis, y martirizado cruelmente en Hieros (Yoros), una ciudad ahora en ruinas que se encontraba cerca de Crisópolis, la capital del imperio, y cuyo nombre significa “sagrado”. Allí se encuentran doce templos dedicados a los dioses griegos. Su martirio acaba narrando la Pasión de Cristo y la Biblia transforma Hieros en Jerusalén. Según la Nueva Cronología, la Jerusalén actual, en cambio, se construye posteriormente, probablemente a partir del siglo dieciséis o diecisiete, haciéndose el templo del Santo Sepulcro actual en el año 1810, que es cuando, oficialmente, se reconstruye. Y, entre estas dos Jerusalén se construye una tercera en Rusia, tratándose del Kremlin, el origen de Moscú.

Pero, sobre el personaje de Cristo aparecen distintos iconos, como los son Osiris (y luego Horus), Dionisio, Krishna, Buda o Mitra, entre otros, más la figura de San Andrés el apóstol y grandes personajes medievales como el Rey Arturo. Todos ellos aparecen conjuntamente e idealizan al mismo personaje. Y, por esta razón, se comprende que pocos siglos después, desde Europa, se desee recuperar la unidad perdida, y reforzar el culto a un único Dios y a un único profeta, bajo la autoridad de quien aspira a ocupar la autoridad del último gran kan, el Papa de Roma.

La primera cruzada

Retomando el episodio del martirio de Cristo, según la Nueva Cronología, tiene lugar una posterior lucha que acabará por erigir su gloria, si bien la historia oficial lo ha distorsionado. En este sentido, las cruzadas esconden la historia real, y se corresponden con grandes gestas europeizadas que se escriben con la intención de enaltecer a los monarcas europeos y a su nobleza fiel. La primera cruzada (que tiene lugar oficialmente entre los años 1096 y 1099) es un relato que oculta al episodio de la recuperación del honor del gran Andrónico. De este modo, se trasladan los hechos cien años atrás de forma deliberada para ocultar su rastro, y situando los hechos de Crisópolis y Hieros en Jerusalén, que aún no existía (sólo era un pueblo, y no se llamaba Jerusalén).

La Batalla de Troya

Con el tiempo se crea el mito de Jerusalén y el Nuevo Testamento usurpa, de este modo, unos hechos que realmente ocurrieron en Hieros, junto a Crisópolis, en el estrecho del Bósforo. Resultado de este desafío al poder establecido, a lo largo del siglo trece tiene lugar una “guerra mundial” donde el conjunto de las llamadas Cruzadas Cristianas esconden la verdadera lucha por el dominio del imperio. Según la Nueva Cronología, la cuarta cruzada del año 1204, que (oficialmente) representa el inicio del Imperio Latino (Romano) de Constantinopla, es el reflejo real de la Batalla de Troya, que la historia oficial ha trasladado al siglo trece antes de Cristo. En esta batalla mítica, el personaje de París representa la victoria de la estirpe imperial en honor a Osiris; mientras que Helena de Troya es una mujer y representa a una religión. Es decir, se trata de una historia que ha sido duplicada, antes y después de Cristo, trece siglos antes y trece siglos después. Y, a su vez, este episodio ha sido bautizado en la historia medieval como el inicio del Imperio Latino de Constantinopla, resaltando su naturaleza cristiana (y católica), y la autoridad de Europa Occidental. La batalla empieza en 1204 y termina en 1260, haciéndola coincidir con la etapa del imperio latino citado.

Helena de Troya simboliza la lucha de la religión, asociada a la civilización, la justicia y la sabiduría como también lo representan las diosas Palas Atenea y Minerva.

La cosmovisión narrativa de la Batalla de Troya

Pero las cruzadas y Troya no son el único gran reflejo de esta épica batalla. En cuanto a narrativas míticas, se asimila a las crónicas del mito de Osiris y Horus; de Adán y Eva; de Jason y Medea; de Perseo y Andrómeda; de Julio César, Marco Antonio y Cleopatra; de San Jorge y la Princesa; y al conjunto de grandes guerras góticas de Occidente, a las que se le añade la de Robin Hood. Como es sabido, en la primera cruzada no participan (oficialmente) los ingleses, a pesar su presencia en la segunda y la tercera que enlazan con la crónica del legendario Robin Hood y el Rey León. El héroe inglés medieval luchó para defender la autoridad del Rey Ricardo Corazón de León (oficialmente rey entre los años 1189 y 1199), que habría ido a Tierra Santa con motivo de la tercera cruzada (oficialmente entre 1189 y 1192) y se le habría dado por muerto. Todo ello se asimila en tiempo a la época del gobierno de Andrónico Comneno, si bien se desubica en el lugar y en su significado, pero está relacionado. Representa la llegada del Imperio Romano a Inglaterra, junto a la autoridad de Cristo. De hecho, la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, de acuerdo con el análisis que realiza sobre la historia de Inglaterra, concluye que el nombre de Inglaterra proviene de la dinastía bizantina de los Ángelus (que gobierna entre los años 1185 y 1204), y se corresponde con el linaje franco-provenzal e inglés de los Anjou. Inglaterra, en la historia antigua y en los mapas medievales, se conoce como Anglia. Es decir, según como, los monarcas ingleses se vinculan a la familia de los emperadores bizantinos que habrían sido los responsables de la cruel muerte de Andrónico Comneno, que desaparecen de la historia romana en Oriente y reaparecen como los Anjou en Occidente. En el siglo doce oficial se fusionan, en Inglaterra, los Anjou con la casa real inglesa, dando lugar al linaje de los Plantagenet. Actualmente, se considera que el título de Duque de Anjou recae sobre el linaje de los Borbón de España.

La cuarta cruzada

Oficialmente, la historia oficial sitúa a la cuarta cruzada (1202-1204) en Constantinopla, no en Jerusalén (Palestina), y los cruzados habrían invadido y saqueado la ciudad hasta vencer el último de los Ángelus, el linaje imperial que condena a Andrónico y usurpa su poder. Oficialmente, se dice que fue debido a que los bizantinos se negaron a participar en la cruzada, pero según la Nueva Cronología esta cruzada habría sido en realidad una respuesta a la muerte de Andrónico.

El gran diluvio y la Tierra Prometida

Siguiendo con las equivalencias bíblicas, tras la gran batalla que genera un gran poder simbólico, se ocupa el mundo. Pero, luego, los poderes acumulados entran en crisis, hasta que se establece una paz relativa que supone el inicio de una nueva era pactada en la que se diseña la predicación del Reino de Dios, a través de las doce tribus de Israel, de la descendencia del nieto de Abraham, Jacob, a quien Dios bautiza como Israel. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, las crónicas de la Tierra Prometida, que la Biblia asocia a la epopeya de Moisés, descendiente de Jacob, son también las de Noé, David, Salomón, Mahoma y San Jaime, y representan una segunda reocupación del imperio. Es, a su vez, el éxodo de Babilonia del pueblo judío, tras el cual empieza el Segundo Templo de Jerusalén. Y ocurre en la etapa histórica equivalente entre el final de siglo catorce y el quince reales (1380-1453/1486). Pero esta segunda gran expedición es, al igual que la primera, eminentemente hostil. De allí aparece el Apocalipsis de Juan, las Profecías de Daniel, y la Inquisición.

La gran reforma, y la Santa Inquisición

El libro de Ester se refiere a la victoria de la lucha de Dios, a la par que el Libro de los Jueces se refiere a la purga religiosa que es necesaria, y lidera la Inquisición. En ese proceso debe entenderse la verdadera reforma religiosa del siglo dieciséis, así como la cruzada contra los cátaros, que esconde a la equivalente persecución hugonota, y la llamada Guerra de los Ochenta años que termina a mediados del siglo diecisiete. Después, empieza la tercera gran ocupación: la colonización europea en nombre del cristianismo liderado desde los poderes de Occidente, liderada inicialmente por un enaltecido Vaticano.

Aunque cueste de aceptar, acorde con la investigación moscovita, este escenario cronológico, histórico y bíblico alternativo es al que se debe volver.

La antigua Grecia medieval

Recapitulando, de acuerdo con las evidencias astronómicas y las numerosas duplicidades históricas que la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy ha analizado, los hechos bíblicos del siglo primero (de Jesús) se sitúan en los siglos doce y trece, y el conjunto principal de la historia antigua sería una recreación de hechos de la Edad Media enviados al pasado, más allá del imaginario de Cristo. Por ejemplo, la antigua Grecia clásica se trasladaría 1.800 años atrás y se haría referencia a la Grecia medieval de los siglos doce al dieciséis. Como curiosidad, un hecho histórico trasladado a la antigua Grecia se correspondería con un episodio medieval protagonizado por catalanes y navarros. Las famosas luchas entre los atenienses y los espartanos harían referencia a las luchas entre los catalanes y los navarros, respectivamente, de finales del siglo catorce oficial, por los dominios helénicos.

Las dos romas

Según Fomenko y Nosovskiy, pues, los evangelios originales se originan todos ellos a partir de entonces, en un movimiento capitalizado por el cristianismo apostólico que impulsa el mito y la devoción de Jesús, y luego se escribe el Libro de los Salmos. Por eso hay tantas luchas, que muestran la evolución del pulso para imponer un relato sagrado alrededor del mito de Cristo (sobre la figura real del emperador Andrónico Comneno), que se acabará imponiendo como el relato de referencia en el imperio, antes de ser desposeído de su naturaleza imperial y transformado en el hijo de Dios. En este proceso, Roma, tanto la Roma italiana como la “Nueva Roma” -Constantinopla- aparecen, tras un proceso de implantación del dominio de los zares-kanes, alrededor del año 1380 real.

David y Goliat

En el año 1380 tiene lugar otra gran batalla, que da lugar a un pacto que labra el camino de la Roma italiana y su capitalidad compartida con la “Nueva Roma”, llamada Constantinopla, que es la principal. En esta época ha tenido lugar la expansión hacia Asia, y se ha llegado a América de la mano de las expediciones nómadas desde Tartaria. Al frente del imperio se sitúa (oficialmente, en Rusia) un gran zar-kan, un “autócrata” con poder absoluto vinculado al Principado de Vladímir-Súzdal ruso, que da lugar al Gran Ducado de Moscú. Su gloria se representa en la gran batalla entre David y Goliat. Esto ocurre en el año real y oficial de 1380, y coincide con la Batalla de Kulikovo, en la cual vence el Gran Duque de Moscú Dmitri Ivánovich. Dmitri gana gracias al uso de la pólvora, y dicha lucha se asimila a la victoria del rey David ante Goliat. La piedra lanzada con una sonda es en realidad las piedras impulsadas por los cañones y el gigante Goliat representa al soldado genuino armado con la fuerza de sus músculos y sus armas manuales. Con esta gran hazaña, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, se inicia el cristianismo oficial, que la historia oficial atribuye a la división del Imperio Romano y al gran Constantino del siglo cuatro oficial. Pero, en realidad, tiene lugar en el siglo catorce, y en un sentido distinto al oficial. En esa nueva etapa, la nueva capital del gobierno administrativo del imperio se sitúa en Yaroslavl, y, junto con otras ciudades, se convierten en el centro de la actividad tártara (ciudades como Rostov, Kostroma, Pereyaslavl, Mologa, Vladimir y Súzdal). Durante este periodo se impulsa lo que se conoce (oficialmente) como la paz que impone el Imperio Mongol, con el que se ha ocupado (casi) toda Euroasia. A su vez, aparece la Roma italiana y se bautiza a la nueva Roma, Crisópolis, como Constantinopla,

No es hasta el 1380 que tiene lugar la doble fundación de Roma y Cnstantinopla, como resultado del desenlace de la Batalla de Kulikovo, en el año 1380, justo cuando se acaba de imponer en el imperio el cristianismo apostólico, como religión del Estado. Esta batalla (oficialmente) representa una gran victoria del Gran Príncipe de Moscú sobre los tártaros y los mongoles, pero según la Nueva Cronología representa la expansión del imperio hasta la ocupación de toda Euroasia, y coincide con la implantación de dos grandes capitales que serían la Roma italiana y la “Nueva Roma” bizantina, Constantinopla. En este sentido, el Zar-Kan Dimitri Donskoy (1350-1389) se corresponde con el gran Constantino del siglo cuarto, a quien la historia oficial convierte en el protagonista de la fundación de Constantinopla y de la implantación del cristianismo dentro del Imperio Romano. A su vez, como se ha indicado, la historia bíblica lo asimila al Rey David, como artífice más insigne del Reino de Israel.

Rómulo y Remo

Así pues, la historia de la fundación de la Roma italiana tiene también una raíz en un gran imperio que se establece por toda Euroasia, pero lejos de Italia. El origen mítico -de Rómulo y Remo- es un reflejo de los hermanos Georgiy e Ivan Danilovich, que se corresponden (oficialmente) a dos hermanos que en el siglo catorce son los Príncipes de Moscú. La historia oficial, reescrita desde Europa Occidental en los siglos dieciséis y diecisiete, los convierte en los fundadores de Roma, mientras que la Nueva Cronología los asimila a los fundadores del gran Imperio Romano europeo, donde el primero se corresponde a las raíces del primer Gran Kan y el segundo a Batu-Kan (1227-1255), el kan mongol del siglo trece oficial, nieto del gran Gengis Kan que funda la Horda de Oro rusa. El Gran Kan, oficialmente, se conoce que proviene de las tribus Jou-Jan, o también llamadas Juanjuan, y se sitúan en el siglo cuatro, coincidiendo con la implantación oficial del cristianismo dentro del Imperio Romano, también en el siglo cuarto. A su vez, según la Nueva Cronología, otro de sus reflejos sería el personaje de Juan Bautista, quien bendice a Jesús como a Cristo. Y, asimismo, Batu-Kan se convierte en un doble significado: el Vaticano y el propio Jesús, donde Juan Bautista simboliza el origen del cristianismo y Jesús es su sucesor, su máximo representante. De este modo, la Nueva Cronología equipara a Jesús y a Juan con los hermanos Rómulo y Remo, hijos de la loba etrusca que amamanta a los fundadores de Roma. En este sentido, resaltar que, tradicionalmente, los arqueólogos han identificado a la loba como una obra etrusca del siglo cinco antes de Cristo, si bien los dos hermanos que beben la leche se sabe que son del siglo quince, en pleno Renacimiento. Pues bien, el año 2012 se hace público que, hechas unas pruebas de espectometría de masa, se data a la loba entre los siglos once y doce después de Cristo. Desde entonces, los responsables que la custodian ahora dicen que se trata de una copia de un original etrusco.

El Vaticano

Bajo una colina que los etruscos (rusos) llamarían Batu-Kan, se situa el primer templo -que dará lugar a la Iglesia de San Pedro del Vaticano- y la Roma Italiana. Batu-Kan (o Vaticano) es el símbolo de la expansión del imperio de Cristo, y el símbolo de la loba representa a su poder.

La gran tribulación, y la paz posterior

Recapitulando, como se ha avanzado, de acuerdo con la Nueva Cronología, es hasta esta época cuando ha tenido lugar la primera expansión global, abarcando el norte de África, Europa, Asia y una parte importante de América, donde Hieros (la Jerusalén del Bósforo) es el centro espiritual y religioso. Pero, a finales del siglo catorce, el dominio político y militar se encuentra en Vladimir-Súzdal, y luego la capital administrativa se ubica en Yaroslavl. Debido a todos estos episodios nace la gran Rusia, donde Yaroslavl (a unos 250 quilómetros de Moscú) se mantiene en su cabeza hasta la construcción del Kremlin en Moscú, que se realiza en el siglo dieciséis y no en el siglo catorce como dice la historia oficial. En cambio, la historia oficial duplica estos eventos mil años atrás, con las incursiones de Atila (siglo cinco) que llegan hasta los famosos Campos Cataláunicos, oficialmente localizados en la actual Champaña francesa, y convirtiendo a Atila en un enemigo de la Roma cristiana, a la par que crea la epopeya del gran Gengis Kan, esta vez, eso sí, como líder cristiano procedente de Persia, tras haber sometido al Imperio Chino. Es decir, la crónica de Gengis Kan, que la historia oficial sitúa en el siglo trece, la Nueva Cronología la ubica a finales del catorce. Resultado de esta lucha, para el control del imperio original, se acaba por fracturar su autoridad en dos grandes bloques, que acaban por pactar una gran alianza, en 1486, que se simboliza con la triple arca de Noé, Moisés y Salomón. Tras una gran tribulación, se establece un reequilibrio que implica una nueva alianza entre el poder de Dios y la humanidad, y aparece el culto a la sabiduría. La gran tribulación debe entenderse entre 1380 y 1453, y su paz se ubica en 1386, en la forma de una gran alianza. Son el diluvio universal (Noé) y la ira de Dios contra el faraón (Moisés), tras los cuales Dios entrega la Tierra Prometida.

El Templo de Salomón

Según la Nueva Cronología, el Templo de Salomón (situado históricamente en la Jerusalén de Palestina) siempre se ha ubicado en Constantinopla, y se trata de la iglesia de Santa Sofía, que se habría edificado en el siglo dieciséis en honor al sultán Solimán el Magnífico, cuyo nombre, Solimán, significa Salomón. Sofía significa sabiduría, y se refiere a la sabiduría del Rey Salomón. El templo se erige con motivo de la gran alianza Horda-Otomana que se consuma en el siglo quince, y representa la segunda gran expansión de Egipto hacia la Tierra Prometida, liderada por Moisés, a la par que se simboliza con la expansión de los descendientes de Jacob (Israel), y a la evangelización europea por parte de San Jaime, el apóstol.

El poder se traslada a Italia

En Europa Occidental, pues, la historia realmente medieval es muy diferente a lo que afirma la documentación oficial. Entre los siglos trece y catorce tiene lugar la implantación del imperio hacia Occidente, donde sus raíces fenicias y griegas de sus colonias en Sicilia, el Norte de África y la Península Ibérica, junto con la expansión veneciana del norte de Italia, dan lugar a las ciudades principales que lideran su actividad. Después, a partir de finales del siglo catorce real, aparecen las verdaderas ciudades medievales. Según Fomenko y Nosovskiy, en sus inicios, Florencia es la ciudad más poderosa de Europa Occidental, y Roma aparece entonces. Bajo el manto de los etruscos (el origen oficial de los romanos) se oculta su verdadera procedencia, ya que su nombre significaría “los rusos”. Las similitudes entre la lengua considerada etrusca y las lenguas eslavas corroboran esta equivalencia. En estos momentos las capitales imperiales romanas (la italiana y la bizantina) son centros de gobierno.

Es decir, la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy sitúa las fundaciones de la Roma italiana y la Nueva Roma de Constantinopla alrededor del año 1380, después de la consolidación del poder del gran zar-kan. La primera se funda al amparo de Florencia, convertida en una capital en Europa Occidental, donde la Roma italiana es el centro de gobierno del emperador, mientras que la nueva capital, la Nueva Roma, Constantinopla, ubicada a 30 kilómetros de Hieros, el centro religioso y espiritual, se convierte en la capital simbólica y espiritual principal.

La lucha de Mahoma

Pero, entre los siglos catorce y quince, diversos problemas resultantes de una expansión excepcional alteran la estabilidad en el imperio. Debido a las grandes migraciones humanas que se ocasionan, la peste ataca a toda Europa y a Oriente Medio, creando gran desolación y terror. Sobre este episodio, la Nueva Cronología sitúa el origen de los mitos de Noé y de Moisés. Representan la superación de una situación anterior decadente, y lo relaciona con la ocupación otomana de Constantinopla. De igual modo, este episodio se transforma en la gloria de Mahoma y en el mito del Juicio Final, el relato de fondo del Corán. Mahoma y Moisés se corresponden con Mehmet II el Conquistador (años oficiales de 1432-1481), quien conquista Constantinopla en 1453, mientras que la decadencia del mundo que “precede a su inundación” en tiempos de Noé, así como el Juicio Final, simbolizan la cruenta campaña que se lleva a cabo para poner fin a la peste, donde justos y pecadores se deben sacrificar.

El Corán y el Juicio Final

De esta manera, a lo largo de los siglos quince y dieciséis aparecen el Corán y el Juicio Final, que acaban inspirando la profecía bíblica del Apocalipsis, donde se muestra la decadencia y la posterior destrucción de Babilonia, que en este caso se corresponde con Constantinopla. Por otro lado, el culto a la Kaaba de La Meca, que contiene una piedra negra de origen meteórico (según dice el Corán), se corresponde con el culto a un meteorito que cae en Yaroslavl en 1421, según está presente en las crónicas rusas. Este episodio se puede contemplar desde todas partes, y sus piedras son objeto de gran devoción, como si fuera una señal de la ira de Dios. De este modo, el relato está también presente en las crónicas de la historia antigua, en la caída de un “escudo de hierro” de Plutarco (Antigua Roma), así como en el antiguo testamento, con la ascensión al cielo del profeta Elías en un “carro de fuego”, entre otras referencias analizadas por la Nueva Cronología.

Los otomanos, que se revelan ante una situación altamente violenta, ocupan Constantinopla, y entonces inician el proceso de crecimiento de sus dominios. Mitifican a su gran conquistador Mehmet, que convierten en Mahoma, y adaptan las Sagradas Escrituras, hasta entonces extendidas, al relato del Corán, a lo largo de los siglos quince y dieciséis. Su relato se concibe con la vocación de unir a las dos grandes tradiciones que se están distanciando: el cristianismo y el judaísmo. De los tres grandes libros sagrados es el único que manifiesta esta intención en toda su obra, reconociendo sus raíces judías y cristianas, resultado de la evolución del mismo “Libro”. Asimismo, a pesar de esta manifiesta vocación en unificar el imperio, su resultado es una lucha intensa, un distanciamiento y un posterior desafío que acabarán imponiendo un relato complementario a los Textos Sagrados: el Nuevo Testamento, que, de acuerdo con la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, es obra de Erasmo de Rotterdam. Su redacción actual es posterior a la del relato del Apocalipsis bíblico que, actualmente, ocupa el último capítulo de la Biblia.

Es decir, de dos tradiciones distanciadas, enfrentadas sobre la autoridad de Cristo, se erige una nueva: el islam, que en su origen se comprende también hebreo y cristiano. En cambio, desde Europa se reescribe un relato alternativo: la Biblia y el Nuevo Testamento. Con este relato modificado se quiere imponer, definitivamente, al Jesús que los Otomanos han santificado. Pero no lo han convertido en un hijo de Dios. De este modo, un nuevo cristianismo obvia la figura de Mahoma, y se consolida el distanciamiento entre el pueblo judío, que es acusado de no haber creído en la autoridad de Cristo.

El desafío de los textos sagrados

El Corán muestra a Jesús como un “Mensajero de Dios”, de “Su palabra”, y lo concibe como un espíritu creado por “Él” (el Dios El), reforzado por el “Espíritu Santo”, pero resalta que Dios es una única divinidad, y no una parte de una “Trinidad”. Es decir, niega la Trinidad, y considera que la verdad es que sólo existe una sola divinidad. De acuerdo con la creencia islámica, Jesús no murió en la cruz, sino que fue elevado “a los cielos”, desde donde “bajará al final de los tiempos”, y será entonces cuando morirá (con un relato similar al del Apocalipsis bíblico, que también espera el retorno de Jesús, pero con matices distintos). Asimismo, el Corán critica a los judíos por su soberbia negando la verdad de Jesús y a los cristianos por el hecho de querer equipararlo a Dios, convirtiéndolo en el Mesías, cuando su verdadera enseñanza ha sido adorar a Dios, la única divinidad, y el anuncio de la venida de Mahoma. De hecho, critica las disputas entre judíos y cristianos, y muestra a Mahoma como el modelo a seguir. El Corán indica que quien haya tenido fe en Dios y haya actuado correctamente, ya sean judíos, cristianos o sabeos (también monoteístas), “obtendrá su recompensa junto a su Señor”.

La paz fracturada

De este modo, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, con la ocupación de Constantinopla por parte de los Otomanos (en 1453) el imperio se fragmenta, y la Roma Italiana recibe la principal nobleza bizantina, con la intención de restituir su autoridad y combatir el desafío otomano. Pero no lo considera una gran guerra, todo lo contrario, lo equipara a una gran fractura que crea dos grandes poderes, uno en Oriente y otro en Occidente, que acaban pactando y dando lugar al gran mito del Arca de la Alianza, que la Biblia asimila (por triplicado) a una gran alianza entre Dios y la humanidad. Lo hace en el mito del Arca de Noé, en el Arca de Moisés y en el Arca de Salomón que contiene las Tablas de la Ley escritas por Dios ante Moisés.

América desde el Atlántico

Asimismo, de acuerdo con la reconstrucción realizada por Fomenko y Nosovskiy, la Roma Italiana capitaliza buena parte del poder bizantino que huye del islam, y se inicia lo que acabará siendo la actual división fundamental entre cristianos y mahometanos. El pulso del imperio por el control del mundo, que en esa época se está extendiendo por toda África, Asia y América, en un momento en que la pólvora se convierte en un arma poderosa, propicia el inicio de una nueva etapa donde la salida por el Océano Atlántico capitaliza toda la atención, tanto de la Roma italiana como de los Otomanos. A partir de ese momento, la lucha dentro del imperio se traslada al control de la expansión por América, donde los Otomanos lideran un primer paso y los contrarios a su autoridad intervienen para hacerle frente desde Europa Occidental. Así pues, según la Nueva Cronología, a lo largo de los siglos quince y dieciséis, de un modo muy distinto a lo que afirma la historia oficial, el pulso por el control de los océanos forma parte de un proyecto de ampliación y consolidación del imperio original, en el que se entra en contacto con América desde el Atlántico.

Cristóbal Colón

La expansión inicial liderada (oficialmente) por Cristóbal Colón es una reconstrucción de la realidad. Está representada en el mito de Noé, en la medida en que en su propio nombre incorpora el símbolo del “portador de Cristo” (Cristóbal) y el de la “colonización” (Colón), común al relato del patriarca bíblico Noé. El relato de Noé representa a la expansión inicial por mar hasta América que se inicia en el siglo quince desde el Atlántico, y se realiza a su vez desde el Pacífico. Es decir, según la Nueva Cronología la apropiación de América por parte de la Europa cristiana es posterior. En origen es una obra en que, en todo caso, castellanos y portugueses son llamados para la misión de controlar el imperio. Hasta entonces, Castilla y Portugal, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, son unos territorios poco relevantes. Y, a partir del siglo diecisiete, el papado de Roma, junto con Castilla y Portugal, se apropian de su relato. Por lo tanto, el mito de Cristóbal Colón oculta, pues, una historia mucho más global, que no tiene nada que ver con el relato que se le atribuye. No sería realmente un descubrimiento, sino una apropiación de una expansión anterior del imperio original. De hecho, tal y como descifra la Nueva Cronología, la expansión inicial está literalmente descrita por la Biblia mormona que aparece en los Estados Unidos en el siglo diecinueve. Allí se describe que unas tribus de Israel, antes de Cristo, se establecen en América, y difunden allí la autoridad de Dios. Así fue, pero en el tiempo cronológico que descifra la Nueva Cronología, no hace miles de años.

Iván el Terrible

En este proceso histórico, la Roma italiana emerge como una alternativa al imperio y Europa recoge su herencia para impulsar una reconstrucción de su legitimidad fundamental, bajo el abrigo de la influencia cristiana. Asimismo, esta situación dura poco tiempo, ya que la configuración de grandes ejércitos pasa a formar parte del proyecto principal de los monarcas, aportándoles gran poder, mientras se tiende a capitalizar su autoridad bajo la figura de un emperador, como lo son el emperador Carlos V de Habsburgo y el Zar Iván el Terrible, que simbolizan al imperio y a su posterior fragmentación, bajo el ideal recreado del Sacro Imperio Romano Germánico, que se empieza a concebir, realmente, en el siglo diecisiete. Carlos V es un reflejo fantasma de Iván el Terrible, y la crónica de Iván ha sido altamente adulterada. Del mismo modo, existieron los Habsburgo, pero no antes del siglo diecisiete. Su proyecto de un Sacro Imperio Romano hermanado nace entonces.

La reforma cristiana europea

Bajo este nuevo paradigma histórico, se comprende que en el siglo dieciséis se imponga una creciente ausencia de legitimidad fundamental y esto propicie numerosos conflictos de intereses dentro de Europa, especialmente en los entornos de influencia francesa, holandesa, inglesa y austrohúngara, mientras los dominios hispánicos siguen recibiendo el apoyo del imperio, y de la gran Rusia, para establecerse en el resto del mundo. Esta situación acaba siendo insostenible y, alrededor de mediados del siglo dieciséis, tiene lugar una primera implosión general, lo que se conoce como la Reforma Cristiana iniciada por Martín Lutero y continuada por los calvinistas y los anglicanos. Es decir, media Europa se revela, dando pie a una reforma cristiana, que se acaba desvinculando (oficialmente) de la autoridad del Papa de Roma.

Hasta entonces, la lucha principal ha sido combatir la reforma cristiana, la rebelión europea contra la autoridad del gran zar-kan, Iván el Terrible. Uno de sus reflejos, según la Nueva Cronología, es el del famoso Duque de Alba, Álvarez de Toledo, que es en realidad un gran Duque al servicio de la Rusia Blanca (Bielorrusia). Se convierte la denominación de “blanco” (Belo) con la de “Alba”, donde “Álvarez” representa el “Blanco Ruso”. El Duque de Alba referido es recordado en la memoria holandesa por el terror que llega a crear en sus tierras, donde la Inquisición actúa de la forma más punzante siendo (oficialmente) su gobernador entre los años 1567 y 1573. Por otro lado, el conflicto abierto por la instauración de un imperio global se envuelve con el mito del “descubrimiento” de América por parte de Cristóbal Colón, tratándose de una recreación realizada a posteriori para imponer la autoridad castellana, que se habría querido erigirse como el principal garante de la evangelización católica (universal). A partir de este instante, se inicia una gran manipulación de la historia, que incluye la destrucción de documentos y libros, su adulteración y la construcción de un Renacimiento italiano idealizado, en un proceso que se alarga hasta el siglo dieciocho.

La Santa Inquisición

En el marco de la implantación del cristianismo bajo el ideal de Roma, una de sus consecuencias es la aparición de la actividad de la Santa Inquisición en Europa, que la Nueva Cronología sitúa a finales del siglo quince y sobre todo en el siglo dieciséis. Sus actividades se centran contra las mismas acusaciones consideradas “abominaciones” y “costumbres viles”, referentes a los habitantes originarios de la tierra de Canaán que narra el texto bíblico, a quien los hebreos vencen para ocupar su tierra prometida, tal y como se transcribe en el Pentateuco (de la Torá y del Antiguo Testamento). Así pues, las sagradas escrituras hacen referencia a la persecución de la Inquisición hasta el siglo diecisiete, donde su actividad (oficial) del siglo trece (con motivo de la denominada “Cruzada Albigense” contra los “cátaros”) es en realidad un reflejo enviado al pasado para ocultar la relación entre la persecución contra los llamados “hugonotes” y los también llamados “cátaros”, tratándose de hechos contemporáneos. 

La expulsión de los judíos de España

Asimismo, una de las aportaciones más singulares de la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, referente a la historia de España, es su valoración respecto la expulsión (u obligada conversión) de los judíos en el año 1492, justo antes del descubrimiento (oficial) de América por parte de Cristóbal Colón. Este episodio estaría también escrito en la Biblia, y haría referencia a la tribu de Benjamín (una de las Doce Tribus de Israel) que acaba fundando el Reino de Judá junto con la tribu de Judá. Según la Nueva Cronología, en su trasfondo se encuentra el éxodo del pueblo judío en la ocupación de América, antes de su apropiación por parte de los Habsburgo, en el siglo diecisiete, y la persecución de todos aquellos que renuncian a formar parte de esta misión, ordenada por el gran emperador (Zar-Kan), a través de los gobernadores hispánicos, con el brazo de la Santa Inquisición. De esta manera se consigue el éxito de la expedición.

Los Dominicos

De acuerdo con esta narración alternativa, la inquisición se constituye en origen como una herramienta para imponer nuevos valores que, a su vez, pongan fin a la difusión de epidemias resultado de la creciente migración de los pueblos, por orden del gran kan, creando el “Domini Canis”, los Dominicos, los garantes de la inquisición, también conocidos como la Orden de los Predicadores. Buena parte de estas epidemias se relacionan con las prácticas deshonestas sexuales y el adulterio, que son ampliamente estigmatizados.

La división del judaísmo, el cristianismo y el islam

Por lo tanto, recapitulando de nuevo, de acuerdo con la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, los sacerdotes egipcios y hebreos escriben las crónicas de las hazañas de los grandes emperadores (zares-kanes) en su expansión territorial. Pero con el tiempo se configura un libro que renuncia, alrededor de los siglos dieciséis y diecisiete, a su raíz egipcia común. Esta tierra ha sido ocupada por el islam, que domina la antigua capital del imperio, Constantinopla, desde el año 1453. A su vez, el pueblo judío, proveniente de Egipto, ha edificado una crónica que los asimila a sí mismos como los impulsores de un gran imperio simbólico, al cual se deben. Éste es el origen común de las tres grandes religiones monoteístas: el islam, el cristianismo y el judaísmo. Todas ellas han acabado borrando la autoridad de los faraones, la raíz original, por considerarla superada. Asimismo, la figura de Cristo (el mito de Andrónico Comneno), que es considerado el Mesías por parte de los cristianos, se considera un profeta menor por los judíos y un mensajero de Dios anunciador de la venida del último profeta, Mahoma, por parte de los musulmanes, acaba por dividir y fragmentar a las sagradas escrituras. Este episodio tiene lugar después de la expansión de los evangelios, en sus diferentes versiones ya extendidas por el mundo conocido. El Corán se ha escrito para mostrar su autoridad haciendo referencia a la máxima del Juicio Final, mientras que los cristianos reescriben el Apocalipsis, una profecía alternativa sobre este juicio, para combatir al islam, convirtiendo Babilonia (El Cairo y Constantinopla) en el objeto de su rechazo. Compilan los textos de los apóstoles que consideran más adecuados para reforzar la autoridad del cristianismo con el relato del Nuevo Testamento, y luego incorporan el relato del Antiguo Testamento revisado, sobre un texto original que se inicia como una crónica dotada de gran simbolismo y acaba convertida en un libro sagrado, que se envía para siempre más al pasado.

La ruptura cristiana

Estas prácticas van acompañadas de la difusión del cristianismo apostólico, pero dan pie al desmantelamiento progresivo (inevitable) de su autoridad territorial. Hasta entonces esta autoridad ha sido capitalizada bajo la figura del emperador o gran patriarca. Paralelamente, tiene lugar la ruptura con la iglesia ortodoxa cristiana y el conjunto de sus tradiciones. Asimismo, en este proceso la comunidad judía se resiste. Los que mantienen su tradición judía se refugian en diferentes estructuras de poder sin renunciar, quienes pueden, a su control financiero, siendo ésta una situación que les permite persistir mientras custodian sus propias tradiciones bajo un escrupuloso control, extendiéndose por todo el mundo. Paralelamente, desde Italia, a partir de la influencia florentina y la posterior capitalización del poder en Roma, con el apoyo de los Médici y la complicidad del resto de los reinos cristianos, se inicia la reconstrucción de la historia y la reinterpretación de la Biblia, que pasan a ser los nuevos referentes de la legitimidad fundamental del poder recién establecido.

El diseño del nuevo mapa cronológico

Los florentinos inician la recreación de los mitos de la Grecia y la Roma clásicas, (oficialmente) a partir del siglo quince, pero su actividad empieza, realmente, en el siglo dieciséis, cuando toman el control de Francia, y, conjuntamente, desde Europa se construye la cronología oficial bajo la tutela de la Compañía de Jesús. En la nueva ciudad de Roma, inicialmente, se mantienen sus raíces egipcias pero se renuncia a su vocación original pagana, vinculada al poder y a la ostentación de la ciudad, que habría sido la Roma clásica que hoy se puede contemplar desde sus ruinas. Los trece obeliscos egipcios de Roma son un reflejo del plan de su urbanización intensa en los siglos dieciséis y diecisiete. El Papa administra, desde allí, grandes poderes políticos e influye en los grandes ejércitos internacionales con la intención de imponer, con el apoyo de la Santa Inquisición y de la Compañía de Jesús, el retorno de la unidad original del imperio de un solo Dios. Bajo este escenario, la Santa Inquisición y la Compañía de Jesús, respectivamente, impulsan el control activo y pasivo de las conciencias, manteniendo el dominio del conocimiento, del pensamiento y de la sociedad de las sociedades católicas de forma intensa hasta el siglo dieciocho, e imponiendo su mapa cronológico. En ese momento ya se ha cumplido con su misión principal: la ruptura con el pasado reciente y la construcción de una nueva cosmovisión.

Resultado de este pulso, inicialmente, se impulsan de forma excepcional la Roma italiana y el Kremlin (en Moscú), en el siglo dieciséis, erigiéndose como capitales alternativas al imperio cristiano de Constantinopla (Estambul), haciendo del mundo musulmán su principal adversario. Paralelamente, se desvincula a la Horda rusa del Imperio Mongol. A lo largo de los siglos dieciséis y diecisiete se impone el dominio de la Roma italiana en toda la Europa cristiana, bajo la autoridad de las repúblicas italianas y, posteriormente, de los Habsburgo, tras numerosos concilios eclesiásticos.

La tergiversación de los siglos dieciséis y diecisiete

Según Fomenko y Nosovskiy, los jesuitas aparecen en el siglo dieciséis e unifican los intereses monárquicos de la influencia católica para reescribir la cronología de la historia, respetando los intereses de las nuevas estructuras estatales emergentes. Para erigir las nuevas legitimidades monárquicas, alrededor de sus estructuras estatales, se impone la manipulación del pasado a gran escala, trasladando mil años atrás el mito de Jesús, y este espacio histórico se usa para reconstruir una historia gloriosa de Roma y de Carlomagno, donde la historia de Carlomagno es una recreación hecha para satisfacer al Rey de Francia. Paralelamente, la hegemonía de Europa Occidental, co-liderada entonces desde Roma, escribe una gran historia para el Sacro Imperio Romano Germánico, desvinculándolo de la Horda Rusa y del gran zar-kan, con la finalidad de justificar la legitimidad de la apropiación de América por parte de los Habsburgo. Una de sus principales recreaciones es la figura del emperador Carlos V, que simboliza al proyecto de unificación del imperio desde Europa Occidental, pero, en realidad, según la Nueva Cronología es un reflejo de zar de Moscú, Iván el Terrible. Asimismo, en el marco de la reconstrucción de la historia global, Iván el Terrible se refleja también en los personajes del Emperador Federico I Barbarroja (1122-1190), un icono del Sacro Imperio Romano Germánico; del Emperador Carlomagno (768-814), un icono del Reino de Francia; y en el bíblico Nabucodonsor (630-562 antes de Cristo), un icono de la Babilonia mesopotámica.

La tragedia imperial

De este modo, a partir del siglo dieciséis el imperio sufre una implosión que se extiende a lo largo de un siglo y medio altamente convulso, donde con el tiempo aparecen nuevos emperadores en China y en Japón, los zares, los califas y las monarquías europeas. La llamada Guerra de los 80 años, que oficialmente acaba con la Paz de Westfalia de 1648, es un reflejo de sus principales episodios. Paralelamente, se impulsan las lenguas nacionales y las leyendas del origen de las naciones, algunas de ellas rodeadas de figuras casi mitológicas, como el mago Merlín, Lancelot, el Rey Arturo, el Santo Grial y Robin Hood. Asimismo, William Shakespeare refleja en sus obras parte del traslado de la historia real a la historia oficial en obras como Hamlet (que es un reflejo de Andrónico Comneno y Juan Bautista), el Rey Lear (que se refiere al Zar Iván el Terrible), Timón de Atenas (entendido como Judas Iscariote) o el Rey Makbeth (que es Herodes).

La ocupación tártara de América

En cambio, la ocupación de América Central (del Imperio Azteca), hecha por Hernán Cortés (1518-1521), tiene su reflejo en la epopeya del cosaco Iermak Timoféievitx (1532 o 1542-1585) (Ерма́к Тимофе́евич), famoso por su conquista de Siberia en tiempos de Iván el Terrible. Él habría sido el verdadero conquistador mongol de América. Por lo tanto, la expansión por Siberia sería una recreación hecha a posteriori, y la leyenda de Hernán Cortés habría ocultado, realmente, la expansión de la Horda rusa hasta América Central (desde Siberia), antes de su apropiación por parte de los castellanos. Los paralelismos entre las respectivas hazañas dan fe de ello. Alrededor de estos mitos se oculta, pues, la fragmentación definitiva del Imperio, en el marco de una reconstrucción global de la historia de la expansión por América.

A lo largo de los siglos dieciocho y diecinueve, el pulso por el control de América acaba con la implosión de los imperios colonizadores europeos, y desde la órbita británica se inicia la reocupación alternativa a la ocupación tártara anterior, hasta su expulsión definitiva con la compra de Alaska a Rusia, en 1867, por parte de los Estados Unidos de América.

La autoridad rusa del Imperio Romano

Por las razones indicadas, aquí resumidas a modo de una narrativa histórica descriptiva de los hechos, la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy reclama la autoridad de la historia tártara, rusa, en la historia antigua y en los textos sagrados, a la par que demuestra que sus líderes esconden gran parte del verdadero poder histórico de los poderes de Europa. De hecho, la historia de la Horda Rusa se ​​refleja en las siguientes narrativas históricas, en base de los zares-kanes de los años 1276 al 1600:

  1. La Antigua Historia de Rusia de los siglos diez al trece.
  2. El imperio de los Habsburgo del 1273 al 1600.
  3. El Sacro Imperio Romano Germánico de los siglos diez al trece.
  4. El Antiguo Reino de Israel, según la Biblia.
  5. El Antiguo Reino de Judá, según la Biblia.
  6. El Tercer Imperio Romano de los siglos tres al seis.
  7. El Segundo Imperio Romano de los siglos primero al tercero.
  8. El zar de Roma = el primer Imperio Romano de los siglos ocho al seis antes de Cristo.
  9. El Imperio Bizantino de los años 330 hasta 553 y la primera mitad del Primer Imperio Bizantino de los años 553 al 700.
  10. La primera mitad del Imperio Bizantino de los años 830 al 980.
  11. La primera mitad del Tercer Imperio bizantino de los años 1150 al 1300.
  12. La Historia de la Inglaterra medieval de los años 400 al 1327.
  13. El Imperio Carolingio de los años 680 al 890.

Es decir, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy la historia real ha sido reescrita en múltiples historias, que tienden, todas ellas, a reflejar la nueva autoridad de Europa Occidental, y a idealizar a la Bíblia, los papas y los grandes emperadores cristianos.

El emblema ruso, o bandera, de los antiguos zares, es el águila bicéfala dorada sobre fondo rojo, que pertenece al Imperio Romano, con un escudo en el centro en el que se muestra a San Jorge luchando contra el dragón.

Miscelánea

En un total de apenas mil años ha tenido lugar un proceso sin freno de lucha para la expansión y la capitalización del poder. Se ha escrito una historia global a medida de un ideal alternativo impulsado a partir del siglo dieciséis. La Biblia y los textos de los antiguos clásicos se corresponden con acontecimientos de los siglos doce al diecisiete; y el relato actual del Nuevo Testamento es un reflejo de un episodio ocurrido en el siglo doce. Según la Nueva Cronología no se conoce prácticamente nada de los acontecimientos ocurridos antes del siglo X. Salvo en Egipto y quizás en otros focos organizados, las sociedades humanas estarían inmersas en la época que la historia oficial identifica con el Neolítico y/o la Edad de Bronce.

La historia de la civilización humana es brevísima, e ingenua, como lo es la actual cosmovisión del desorden global.

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