Israel y el Templo de Salomón, según la Cronología X-185

Imagen anterior: Emblema nacional del Estado de Israel.

Israel y el Templo de Salomón, según la Cronología X-185

Índice

  • BREVE RESUMEN
  • LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA REAL
  • LA RESISTENCIA EN ACEPTAR LA HIPÓTESIS DE LA DILATACIÓN DE LA HISTORIA OFICIAL
  • EL PESO DE LA NEGACIÓN DE LAS EVIDENTES CONTRADICCIONES HISTÓRICAS
  • LAS DUDAS SOBRE LA AUTORIDAD JUDÍA EN EL CONTEXTO DE LA EDAD MEDIA OFICIAL
  • INTRODUCCIÓN AL ORIGEN DE LA HISTORIA ANTIGUA
  • LA NUEVA CRONOLOGÍA DE FOMENKO Y NOSOVSKIY
  • LA CRONOLOGÍA X-185
  • ISRAEL Y EL TEMPLO DE SALOMÓN, SEGÚN LA CRONOLOGÍA X-185
  • EPÍLOGO

BREVE RESUMEN

Los textos sagrados y la historia antigua se refieren a hechos de los siglos doce al diecisiete. Asimismo, Israel no fue un estado junto al Sinaí, ni el pueblo hebreo estuvo esclavizado. Israel, en origen, se refería al mundo entero, y el Templo de Salomón fue un ideal mesiánico que labró la personalidad del pueblo judío, que fue llamado desde Egipto a poner en valor la Ley de Dios hacia más allá de sus tierras. A lo largo de los siglos quince y diecisiete fue la era en que reinó este Templo, de Salomón, resultado de una Alianza global, que incluyó pactos matrimoniales. Uno de ellos se convirtió en el mito provenzal de María Magdalena. De este modo nació un imperio, pero implosionó en el siglo diecisiete, ocasionando un cambio en la cosmovisión global. Israel se fracturó, y con él el Templo que lo vió nacer. En su lugar, emergió el Cristo mesiánico, desde Europa, y fue necesario repensar el pasado. Debido a ello, el siglo dieciocho fue el siglo de la reconstrucción de la historia, y el diecinueve el de su revisión y consolidación. Esta fue la verdadera colonización. El sionismo político apareció entonces, cuando el judaísmo tomó conciencia de ser una nación sin tierra, en un mundo concebido como un orden desigual entre estados que persistían en su vocación imperial, en el que la Ley de Dios adquirió otras formas. Tras la Primera y la Segunda Guerra Mundial, se deconstruye la cosmovisión imperial (colonial), nacen las Naciones Unidas y se funda el Estado de Israel, en 1948. La gran comunidad hebrea se transforma en un pueblo unido con un estado, el nuevo Israel. Toma el derecho de la historia que han escrito y protagonizado, y reconstruye, de este modo, el valor sagrado de la nueva tierra de Israel.

 

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA REAL

Esta es la historia, muy resumida, que introduce al “pueblo de Dios” en el escenario de la Cronología X-185, y al Templo que representan. Para su reconstrucción, es necesario reubicar la historia del éxodo egipcio y entenderla como un proyecto que transciende la ocupación de Canaán y el significado de las doce tribus de Israel. Pero, para reubicarlo conviene, antes, borrar el imaginario histórico oficial hasta el siglo dieciocho después de Cristo, y estar dispuesto a aceptar que los miles de años anteriores documentados se refieren a hechos mucho más recientes. Por esta razón, este trabajo se incia con unas breves reflexiones que crean espacio para dudar de la veracidad de la historia, hasta entrar en la cuestión judía. Pero antes de su reconstrucción detallada se describe el fundamento científico y razonado de otro mapa cronológico sobre el cual reconstruir otra historia, alternativa a la oficial, que le dé sentido.

Aceptar la irrealidad del actual mapa cronológico es, sin duda, un reto intelectual y un desafío a la capacidad crítica de la conciencia colectiva, con múltiples implicaciones que cuestionan la calidad del conocimiento. Pero tiene sus razones, y comprenderlas ayuda a aceptar esta evidencia. En su raíz no contempla la opción de despreciar la calidad del conocimiento, sino que busca la calidad del relato simbólico bajo un fundamento histórico, en una época (los siglos diecisiete y dieciocho) caracterizada por un control absoluto de la élite imperial y sacerdotal, anterior al camino labrado en nombre de la ciencia. Entendido este mensaje, es posible contextualizar el trabajo que aquí se desarrolla.

La Nueva Cronología de los matemáticos Anatoly Timofeevich  Fomenko y Gleb Vladimirovich Nosovskiy es el fundamento científico de esta reconstrucción (http://chronologia.org). Su trabajo analiza el origen de la historia oficial, que se sitúa especialmente en los siglos diecisiete y dieciocho, e identifica múltiples pruebas y evidencias que indican que existen razones para dudar del rigor y la veracidad del mapa cronológico oficial hasta el siglo diecisiete, poniendo en duda el sentido y el significado de toda la historia escrita hasta entonces, incluidos los llamados textos sagrados. Resultado de este trabajo, mediante el desarrollo de unos métodos de datación alternativos a los comúnmente aceptados, junto con una crítica razonada a la lógica de la elaboración del mapa cronológico oficial, se concluye que la historia realmente documentada es mucho más breve de lo que ha instaurado la autoridad dominante (y ha sido aceptado por el consenso académico), de modo que se ha dilatado artificialmente. Pero de este trabajo surge otro de complementario, centrado en este caso en la reconstrucción del pacto o alianza que precede a la creación de la actual historia oficial.

La Cronología X-185 trabaja con la de Fomenko y Nosovskiy, con la vocación de comprenderla y ampliar el alcance de su reconstrucción (http://chronologia.org/sp/diagrama_global/hipotesis_v3.pdf). Se trata de una hipótesis desarrollada desde Barcelona, contrastada, que complementa el trabajo de la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy. Su campo de análisis se ha centrado en la reconstrucción de la autoridad cristiana en Europa Occidental, que aparece en Occitania, y en su relación con la alianza entre Oriente y Occidente que Fomenko y Nosovskiy ubican entre los siglos catorce y quince.

 

LA RESISTENCIA EN ACEPTAR LA HIPÓTESIS DE LA DILATACIÓN DE LA HISTORIA OFICIAL

Tal y como demuestran múltiples evidencias, no reconocidas por los estamentos oficiales que gobiernan el mundo y tutelan las academias de historia, vivimos en un imaginario histórico erróneo, en el cual se ha creado una ingente falsificación arqueológica y documental, por lo cual es difícil avanzar en su verdadera reconstrucción. Pero este planteamiento no se ha aceptado, apenas ha adquirido la condición de hipótesis. ¿Por qué?

De forma generalizada, actualmente, en nombre de la ciencia, se adopta la herencia de un conocimiento para crear uno nuevo. Haciéndolo, se mejora y se le da continuidad. Incluso en determinados casos se transforma, como ha ocurrido a lo largo de los siglos diecinueve y veinte en lo referente a la comprensión del origen de la vida y las leyes del universo. Pero en el campo de la historia, salvo en lo concerniente a todo lo relacionado con los orígenes de la vida hasta la prehistoria, este proceso es diferente. Es decir, en los últimos dos siglos se ha transformado el imaginario que precede a la aparición de las grandes civilizaciones humanas, que hasta entonces se atribuía a la obra de un Dios, incorporando otros orígenes, e incluso se ha devuelto al terreno de lo simbólico el sentido del Diluvio Universal y de la repoblación humana de la Tierra que se reinició entonces. Sin embargo, los textos considerados sagrados que narran la gloria de los profetas que han ejercido la voluntad de Dios, por lo general, han persistido, pese a dialogar en un lenguaje eminentemente simbólico. Debido a ello, al tratar la historia nos referimos al inicio de la civilización documentada y en ella hemos incorporado los textos sagrados sin reparos, dejando espacio para la fusión de narrativas simbólicas con un imaginario espacio-temporal literal consensuado entre todos los estamentos oficiales, hasta el punto de haber acordado un mapa cronológico global que los ubica. En este contexto, la historia antigua que enlaza la lógica documentada con la sagrada se ha establecido en un mapa cronológico que se considera inalterable, sobre el cual trabaja la ciencia de la historia. De este modo, se inhibe la capacidad de reordenar la historia y, en última instancia, de proponer otro relato, pese a disponer, realmente, de un substrato documentado certero mucho más débil y reciente que el que se presupone. Por ello, lo más común es añadir información a la existente, ya que ésta está fuera de toda duda y se encuentra amparada por un contundente consenso institucional que no contempla la lógica de su manipulación. Por lo tanto, la opción de transformar la historia no es factible, y menos de transformar el mapa cronológico, aunque lo cierto es que, hasta hace bien poco, hará apenas unos siglos, este debate fue primordial y ampliamente discutido.

 

EL PESO DE LA NEGACIÓN DE LAS EVIDENTES CONTRADICCIONES HISTÓRICAS

Existe la evidencia de un hilo lineal entre el arte, la ingeniería, la arquitectura, la ciencia y la filosofía del imaginario grecorromano y el del Renacimiento. Sorprende sobremanera que todo se abandonase y se reconstruyera por si solo después de mil años. Se buscan razones complejas que justifican los mil años que los separa, pero no existe un debate capaz de plantear la evidencia de esta incongruencia, que implica poner sobre la mesa la hipótesis de mil años añadidos.

Existe un legado egipcio bien conservado en la forma de sepulcros y papiros egipcios, junto con muebles, objetos y otros documentos, que informan de una cultura avanzada, que la historia oficial sitúa miles de años atrás. Pero en cambio existe el más absoluto vacío equivalente en relación a hechos contemporáneos como el antiguo Israel o Babilonia. Y todo ello forma parte de otro enigma al que se le busca dar explicación. Del mismo modo, tampoco tiene sentido que la antigua Roma, posterior al Egipto faraónico, no haya conservado los documentos escritos, ni los muebles ni los grandes sepulcros para los emperadores o la alta nobleza que sí ha conservado Egipto. Pero también se le da una explicación.

En cambio, en el Renacimiento y la Era Moderna aparecen crónicas detalladas de historiadores romanos en la forma de copias atribuidas a grandes personajes de los que se ha perdido el manuscrito oficial, y nos ayudan a llenar los vacíos de la documentación arqueológica. Y, entre estas múltiples crónicas, popularizadas entre los siglos dieciséis y diecinueve oficiales, se incluye una relación biográfica de todos los reyes, papas, emperadores y grandes líderes posibles que llenan siglos de historia vacía realmente indocumentada.

Es decir, hay evidencias de múltiples contradicciones y piezas que no encajan en el tiempo cronológico, así como razones para sospechar de la autenticidad de ciertos documentos históricos, pero dudar del marco temporal histórico no forma parte de las hipótesis que se barajan.

La cuestión, por tanto, que aquí se resalta es que, actualmente, resultado de una ingente tarea de reconstrucción histórica dirigida por el orden establecido, quien le da autoridad, sólo estamos dispuestos a cuestionar aspectos puntuales dentro de un relato histórico que nos sobrepasa, cuando el tema principal que hay que cuestionar es el relato en su totalidad. O, dicho de otro modo, al referirnos a la historia “estamos acostumbrados a buscar las piezas de un puzle, pero nunca cuestionamos el puzle”, que se ha erigido como un constructo sagrado, y eso no nos permite avanzar en el conocimiento de la historia real ni hacer un estudio riguroso sobre la autenticidad de sus fundamentos documentales. En especial, cuando las piezas fundamentales de este puzle son un encaje cronológico dilatado en el tiempo que, inicialmente tuvo la intención de llenar el vacío de su conocimiento y dotarlo de un significado eminentemente simbólico.

 

LAS DUDAS SOBRE LA AUTORIDAD JUDÍA EN EL CONTEXTO DE LA EDAD MEDIA OFICIAL

En el escenario de una potencial duda sobre la veracidad del mapa histórico construido sobre un calendario dilatado en el tiempo, aparece un actor especialmente desubicado. La historia del “pueblo de Dios” asociada a los judíos del Israel bíblico y sus descendientes ha dejado manifestaciones de notables incógnitas.

Después de haber sido un pueblo “bendecido” por Dios, de acuerdo con los textos sagrados, y después de haber sido sometido y luego liberado de los brazos egipcio y babilónico, habría sido sometido a la autoridad política de los romanos, y luego a la de los cristianos y a la de los mahometanos en nombre del mismo Dios. En medio de tantas luchas, habría persistido incluso a las purgas entre las diferentes corrientes cristianas y a los conflictos entre sus pueblos, así como al equivalente entre los mahometanos y a las múltiples y desgarradoras luchas entre los cristianos aliados y los mahometanos otomanos. Todo ello, lo habría conseguido sin reconocer las autoridades simbólicas de Jesús y Mahoma en el grado y el significado que las respectivas cortes sacerdotales les han otorgado. Y esto cuesta mucho de aceptar.

En medio de tantas guerras y tantos sacrificios que narran el cruel destino de los pueblos vencidos, en un proceso que ha tendido a unificar a las religiones en diferentes contextos territoriales organizados política y militarmente, cuesta entender cómo es que ha persistido el pueblo judío, sin ejército ni autoridad política reconocida, hasta el siglo veinte, en que se reivindica ante el mundo fundando el Estado de Israel. En especial, destaca su hegemonía medieval en medio de una Europa eminentemente cristiana; su posterior persecución; su dispersión y su posterior capacidad para construir el estado moderno de Israel en 1948, después del genocidio nazi y del nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas, sin haber renunciado a su tradición espiritual y siendo siempre una comunidad líder en los ámbitos de la ciencia, el conocimiento y la economía.

En este espacio conceptual, adquiere significado el anacronismo histórico de la autoridad judía medieval. Por ejemplo, se encuentra el caso de los Radhanitas, considerados los comerciantes judíos que mantuvieron las rutas comerciales iniciadas en tiempos del Imperio Romano a lo largo de los años 600 y 1000 después de Cristo. Se trata de un colectivo citado por varias fuentes que forma parte de la sorprendente historia del pueblo hebreo. El Libro de Rutas y Reinos, de Ibn Khordadbeh, que se estima fue realizado el año 870, informa con detalle de los recorridos principales de sus rutas comerciales, y de cómo éstas cubrían todo el Mediterráneo, el centro de Europa y Asia, llegando a las puertas de Japón por tierra y por mar, con una especial intensidad en la zona del Roine, en la Provenza medieval, y en Tierra Santa. El libro no encaja con las crónicas de los numerosos historiadores romanos que son recuperadas siglos después (no hablan de ello), ni con la lógica de unos imperios cristianos tutelados por el papa de Roma, que entienden al Cristo como el último rey de Israel y al cristianismo como la superación del judaísmo por orden y voluntad de Dios. Es decir, pese a que la historia oficial evita contextualizar por activa y por pasiva este libro, de un modo razonable, se asume que los judíos se establecieron como principales comerciantes del mundo conocido, en una hazaña que se dice se inició con el Imperio Romano, el mismo que asimiló al Reino de Israel y derribó el Segundo Templo de Jerusalén. Pero esto no es todo, la historia oficial reconstruye otro episodio equivalente, y posterior. Nos dice que, entre los siglos cinco y doce, la Europa cristiana entró en una etapa oscura, de la que no saldría hasta el siglo trece, cuando Marco Polo inmortalizaría la esplendorosa etapa de la Ruta de la Seda, abriendo el camino al comercio global intensivo.

Por lo tanto, el libro de los Radhanitas está desubicado en el tiempo pero la historia oficial lo tolera, porque no le queda otro remedio. De este modo, rellena el cajón de los interrogantes que acompañan a la duda de las raíces de una autoridad judía que ha persistido a múltiples cambios de poder y persecuciones.

Es decir, al margen de la lógica de la historia del poder, la historia real hace de los judíos una comunidad fuerte, unida y poderosa sin autoridad política reconocida, tal y como ha quedado escrito y documentado. Pero eso no es todo. Su autoridad se documenta hasta el fin de la Edad Media. Desde el siglo siete hasta el siglo quince se los reconoce líderes de los ámbitos de la astronomía, la cartografía, la medicina, el derecho, la filosofía, la mística, etcétera, y, a su vez, se los identifica asumiendo funciones estructurales por el buen gobierno y el funcionamiento de la sociedad como lo son las finanzas, el comercio, la administración documental, las traducciones de obras en varios idiomas y altos cargos de la gestión patrimonial de los reyes, como ocurrió en la llamada Corona de Aragón a lo largo de la Edad Media, hasta el descubrimiento de América. Y todo ello sin -oficialmente- disponer de una nación propia, y manteniendo una religión diferente a la defendida por los papas, reyes, condes y emperadores, califas y sultanes del mundo. Resulta evidente, por tanto, que se trata de una historia sin suficiente lógica, sentido ni coherencia interna, salvo que se diese el caso de que sí dispusieran de autoridad, ya fuera política y/o simbólica, pero esta fuera suplantada por una superior a costa de su borrado.

Por estas razones, a pesar de tratarse de un tema controvertido, sobre la base del análisis riguroso y el contraste de diferentes pruebas, evidencias y contextualizaciones, para reconstruir este capítulo de la historia es necesario poner en duda todo el constructo histórico hasta el fin de la Edad Media o, mejor dicho, hasta el instante en que se consolida la historia oficial, en el siglo diecinueve.

 

INTRODUCCIÓN AL ORIGEN DE LA HISTORIA ANTIGUA

La primera historia global de la humanidad aparece en la Roma italiana de finales del siglo quince, una vez cae Constantinopla en manos de los otomanos. Se enmarca en una glorificación deliberada de Roma y los monarcas afines que, entonces, tenían que convertirse en los líderes de la reocupación del mundo: los Reyes Católicos, bajo la protección del papa Borja, y, posteriormente, el emperador Carlos primero.

El dominico Giovanni Nanni (1432-1502), conocido como Annio da Viterbo por haber nacido en Viterbo, una ciudad situada junto a Roma, crea un pasado etrusco legendario, asociado a la Biblia. Se propone desmontar la hegemonía griega entonces dominante, afirmando que Noé, también llamado Janus, se habría instalado en Italia y habría fundado Viterbo, la capital etrusca que sería la raíz de Roma, haciendo de los etruscos los principales descendientes de Noé y de Viterbo la principal de las ciudades de Europa. Para hacerlo posible, se propone reconstruir toda la historia, y lo hace, con una obra que inicia en 1493 y publica en 1498, con un total de diecisiete volúmenes. La obra se conoce como Antiquitatum Variarum. Se hace famoso y, al publicarla, se convierte el teólogo primero del papa Alejandro sexto, Rodrigo Borgia. Para hacerla creíble, a medida que habría ido difundiendo esta historia, el mismo Annio inicia una prospección arqueológica en Viterbo y encuentra estatuas e inscripciones etruscas, referidas a la mitología romana y egipcia, y a la tradición bíblica, así como el mapa de la Roma fundada por Rómulo. Los hallazgos, por lo tanto, lo corroboran. Incluso, destaca una inscripción de mármol en el que se encuentra el dios Osiris llegando a Italia. Para completar la empresa, asimila el hebreo al etrusco y, por otro lado, hace el papa Alejandro sexto descendiente de Isis y Osiris, como también pasan a serlo los Reyes Católicos. De este modo, Viterbo, bajo la supervisión papal y con un ejército de falsificadores a su servicio inician la práctica de la falsificación arqueológica y documental.

En esta línea, no es de extrañar que, en 1536, el papa Paulo tercero, de nombre Alessandro Farnese, el hermano de la famosa amante del papa Rodrigo Borgia, Giulia Farnese, entregue al emperador Carlos primero de Habsburgo el árbol genealógico para su hijo Felipe, haciéndolo descendente de Janus, Noé, Osiris y Hércules, por este orden, y reconstruyendo todos sus descendientes directos a lo largo de miles de años hasta el siglo dieciséis, cada uno de ellos con una breve biografía. Con esta práctica, además de la falsificación arqueológica y documental, se iniciaba una falsificación genealógica que tendría el fin de crear unos poderes imperiales directamente vinculados con los grandes dioses y los grandes profetas. La historia antigua se crea de la nada, y ocupa un pasado misterioso que desde entonces deja de serlo. La finalidad última es imponer una historia oficial que posicione a los poderes europeos y a un Dios cristiano al frente.

La Compañía de Jesús está a punto de nacer, oficialmente, en Roma, en 1540, y de ser fundada por el mismo papa Paulo tercero. Ellos se encargarían de iniciar la empresa de la reconstrucción de la historia de una forma integral, a gran escala, más de lo que oficialmente se conoce, afectando a toda la documentación existente hasta el siglo dieciocho. El espíritu de la Compañía se concebiría, oficialmente, en Manresa y Montserrat en 1523, el mismo año que la Orden de San Juan es derrotada en Rodas ante el sultán Solimán el Magnífico. Después maduraría y acompañaría a su fundador, Ignacio de Loyola, en Barcelona, ​​de la mano de insignes mujeres catalanas vinculadas a la alta nobleza y a la Orden de San Juan; y más adelante se planificaría en el Monte de Marte de París, al actual Montmartre, el 15 de agosto de 1534, antes de su fundación oficial. Esta compañía, desde el Vaticano y con el apoyo y la colaboración de los poderes imperiales del mundo, sería la encargada de crear la base documentada y documental de la historia sagrada con un mapa cronológico hecho a medida.

De forma sorprendente, en los siglos dieciséis y diecisiete oficiales aparecen, en todas partes, importantes hallazgos de crónicas, consideradas inéditas, de historiadores antiguos. Gracias a ellas se puede reconstruir la historia entera hasta la hegemonía cristiana dentro del Imperio romano. Todas ellas están avaladas por insignes religiosos que son, también, historiadores. Al parecer, a lo largo de los siglos se habrían conservado gracias a la tenacidad de los monjes, que las habrían preservado, junto con toda la producción científica y filosófica greco-egipcia de la Biblioteca de Alejandría. Es decir, de repente la Europa cristiana tiene en sus manos la oportunidad de reconstruir la historia entera y las bases de la ciencia moderna. Y así, después de unas décadas de gran trabajo, en el 1583 oficial aparece la primera gran crónica de las civilizaciones humanas, que fusiona todos los calendarios del Mundo, titulada De Emendiatone Temporum, obra del religioso Joseph Justus Scaliger, que es capaz de encontrar la “justa escala”. Un año antes, en 1582, se introduce el nuevo calendario, dicho Gregoriano (en honor al papa Gregorio decimotercero), que persiste hasta el día de hoy. Un año después, en 1584, aparece la primera versión oficial del Martirologio romano, titulada Martyrologium Romanum ad novam Kalendarii rationem et ecclesiasticae histórice veritatem restitutum.

Estas obras son el fundamento del cuerpo historiográfico de la antigüedad, en la que se añade una reconstrucción cronológica de los textos sagrados, que se hacen encajar hasta la Génesis y la creación del Mundo y del Universo por parte de un Dios todopoderoso. En el año 1592, se publica la última versión de la Biblia católica, la que nos ha llegado a día de hoy. Desde entonces, nunca más se duda de su autenticidad. Así, desde la Iglesia romana, aparecen la Historia, el Calendario y el fundamento del Cristianismo romano.

Pero a lo largo de los años la historia se va puliendo. Se crea un origen alternativo para la creación de la vida y del Universo, y se descubre la prehistoria y la evolución de las especies. Sin embargo, los textos sagrados persisten, a pesar del anacronismo histórico que les hace sombra. De lo contrario, se arrincona la obra de Annio da Viterbo, que se ve superada por una versión más poderosa. Al final, se lo acaba tachando de farsante y se desvincula al papado de toda responsabilidad. Se demuestra que se lo inventó todo, pero el gran Reino Etrusco persiste y, con él, la gloria de una Gran Roma italiana. Del mismo modo, a día de hoy se conoce que a lo largo de los siglos dieciséis y diecisiete hubo una gran profusión de mártires locales que significaron todas las iglesias, pero los mártires han persistido. Y, por otro lado, también se conoce que en la misma época se difunden las reproducciones de los grandes linajes nobiliarios. En el caso de España, todos eran fundamentalmente toledanos. Se considera una época fantasiosa, pero los apellidos y sus títulos se han mantenido.

En el siglo veintiuno, la falsificación de la historia es un hecho constatable, pero nadie, prácticamente nadie, lo investiga.

 

LA NUEVA CRONOLOGÍA DE FOMENKO Y NOSOVSKIY

Existe una corriente científica que identifica un escenario cronológico alternativo, en el que todo adquiere otro sentido. Se trata de un camino trazado en los últimos siglos por diferentes autores, como Isaac Newton o Alexander Morozov, que en el siglo veintiuno está liderado por dos matemáticos rusos, Anatoly T. Fomenko y Gleb V. Nosovskiy. Su obra se conoce como la “Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy”.

La investigación de la duda cronológica hace tiempo que se ha iniciado. La crítica al mapa cronológico existe desde el momento en que se crea el mapa cronológico oficial, oficialmente a finales del siglo dieciséis (extraoficialmente, según X-185, en el siglo dieciocho), como una denuncia de la creación arbitraria de la historia que, según diversos testimonios, se basa en hechos que tuvieron lugar durante la Edad Media.

Para más información, ver el resumen en el trabajo Historia de la Nueva Cronología. En él se informa de las aportaciones de De Arcilla (siglo dieciséis), profesor de la Universidad de Salamanca; del físico, matemático, teólogo e historiador inglés Isaac Newton (1643-1727); del científico alemán Jean Hardouin (1646-1729); del secretario personal del zar ruso Pedro el Grande, Petr Nikiforovich Krekshin (1684-1763); del filólogo alemán Robert Baldauf (siglos diecinueve y veinte); del historiador inglés Edwin Johnson (1842-1901); del científico y enciclopedista ruso Nicolay Alexandrovich Morozov (1854-1946), que fue quien convirtió la cronología en una ciencia; del científico y abogado alemán Wilhelm Kammeyer (finales del siglo diecinueve a 1959); y del médico psicoanalista Immanuil Velikovskiy (1895-1979). Todos ellos han puesto en duda el mapa cronológico, lo han comprimido, y han denunciado su manipulación y/o falsificación, directa o indirectamente.

Fomenko y Nosovskiy, y otros colaboradores (Tatiana Nikolaevna Fomenko y Vladimir Vyacheslavovich Kalashnikov), han recogido su testimonio. Mediante el análisis astronómico, estadístico e histórico han desarrollado el fundamento de una reconstrucción integral del mapa cronológico oficial, que permite dotar de un nuevo significado al constructo histórico y, complementariamente, explorar la lógica de su origen. 

La Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy no es una hipótesis ni una teoría, es un conjunto de múltiples y variados métodos de datación que muestran que la historia oficial, y su cronología asociada, son erróneas y han sido manipuladas. En un lenguaje académico, se trata de una teoría contrastada que presenta un nuevo tronco cronológico para la historia de las civilizaciones humanas. En el siguiente enlace se puede encontrar su obra en inglés (http://chronologia.org/en/books_nx.html), y en el siguiente en ruso (http://chronologia.org/bibliography.html), que es el idioma que recoge toda su producción. En su página web oficial se pueden encontrar trabajos en ocho idiomas. A modo de síntesis introductoria, éstos son sus fundamentos:

El punto de inicio de la duda cronológica es la constancia de que los eclipses antiguos sólo son correctos en las dataciones que hacen referencia al siglo trece después de Cristo en adelante, y que todos los anteriores son una invención basada en cálculos que incluyen errores. La Nueva Cronología demuestra que sólo a partir del siglo trece después de Cristo se puede afirmar que existe una correcta datación de los eclipses documentados, y eso significa que no existió el Almagesto griego atribuido a los astrónomos Hiparco de Nicea y Tolomeo, sino que se confeccionó en el tiempo histórico que hoy se considera la Baja Edad Media, precediendo los estudios de Copérnico y Galileo, como es lógico. El Almagesto, para quien no esté informado al respecto, es la primera enciclopedia astronómica que se conoce. Proviene de Oriente y se difunde en Europa a partir del siglo dieciséis, oficialmente. Es decir, debido a ello se deduce que, en un determinado momento, en el que ya se dispone del conocimiento necesario para predecir los eclipses, se crean textos antiguos con eclipses predichos al pasado que, sin embargo, incorporan errores que se pueden demostrar. Este imaginario antiguo y poderoso habría sido deliberadamente dotado de eclipses para hacerlo infalible, pero habría errado en la precisión que se logra en los siglos dieciséis y diecisiete, y, en el siglo veinte, con el avance implacable de la astrofísica, se descubre el engaño.

A partir de la demostración científica de esta evidencia, explorada y desarrollada en la década de 1970 por Fomenko, se inicia un trabajo de investigación que acumula décadas de dedicación, cuyo colaborador principal es Nosovskiy. En base a este planteamiento, los matemáticos rusos han desarrollado una extensa exploración de la historia y distintos métodos de datación astronómicos, y otros complementarios, en los que se identifican numerosas evidencias de duplicidades de ciclos genealógicos y hechos históricos, mediante la técnica estadística.

Paralelamente, han desarrollado e investigado espacios de crítica, resultado de las dudas y resistencias razonables que se han ido introduciendo a medida que se ha ido avanzando en esta investigación, que se agrupan en las siguientes temáticas:

  • Crítica a la cronología oficial a partir del siglo dieciséis.
  • Crítica a la cronología de los acontecimientos bíblicos.
  • Crítica a la cronología y a los hechos de la Antigüedad.
  • Crítica a la medición del tiempo en la Edad Media.
  • Crítica a los métodos arqueológicos basados en la cronología oficial.
  • Crítica a la dendrocronología.
  • Crítica al método de datación del radiocarbono (Carbono-14).
  • Crítica a la datación numismática.

En conjunto, los métodos de datación de la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy son su principal aportación científica. Sus resultados, junto al desarrollo de la lógica de la crítica citada, aportan pautas para la reconstrucción de la historia. En este sentido, conviene diferenciar el carácter eminentemente científico de los métodos de datación aportados respecto la reconstrucción histórica que los acompaña, sin que ello signifique que se base en fundamentos erróneos. Sencillamente se debe comprender que la historia reconstruida es otra empresa, cuyo significado evoluciona y seguirá evolucionando a medida que se vayan incorporando pruebas, agentes y razones, como ha ocurrido en la línea X-185.

Hecha esta aclaración, es posible trasladar la atención a los métodos de datación desarrollados por la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy. En primer lugar, dispone de una sólida base astronómica que incorpora la datación de los zodíacos presentes en los templos antiguos, en especial los egipcios, que informan de una civilización mucho más reciente, así como de un origen alternativo de los símbolos cristianos. En segundo lugar, ha desarrollado unos métodos de datación complementarios que se basan en el análisis estadístico y el razonamiento empírico y documental. Dichos métodos muestran que efectivamente existe una creación artificial del pasado hasta el inicio del siglo diecisiete que afecta especialmente a las crónicas de los antiguos imperios grecorromano, egipcio, inglés, chino y japonés, así como a los poderes espirituales indios y a las crónicas de los imperios medievales de los mundos musulmán y cristiano. Por lo tanto, tal y como se ha introducido, el trabajo desarrollado es mayúsculo.

Los métodos de datación empleados para la reconstrucción de la Nueva Cronología se pueden agrupar en tres familias principales:

  1. el análisis astronómico de los zodíacos presentes en los templos antiguos (principalmente egipcios, romanos y cristianos), que informan de una fecha real que se puede reconstruir de forma precisa a través de la posición de las constelaciones y los planetas que se representan (como en una carta astral);
  2. múltiples métodos de análisis empírico y estadístico aplicados a los textos antiguos, en las grandes crónicas históricas, en los textos sagrados y en las genealogías de los grandes gobernantes, que permiten identificar sus duplicidades e incluso ubicarlos en su tiempo real; y
  3. un nuevo mapa cronológico global para la historia de las civilizaciones humanas, que incluye la lógica de un proceso lineal de desarrollo tecnológico. Es decir, la lógica del progreso científico, que se inicia aproximadamente en el siglo diez después de Cristo.

Respecto al análisis astronómico se obtiene:

  • Gracias a la comprobación de los eclipses narrados en el relato histórico se constata que sólo son reales a partir del siglo trece después de Cristo.
  • Gracias a los horóscopos transcritos en los zodíacos egipcios (y en otros lugares del mundo, como el Vaticano) se constata que los más antiguos son del siglo diez después de Cristo, y que antes no hay o no se han conservado. Los más modernos son del siglo diecinueve después de Cristo. Es decir, Egipto construye templos hasta el inicio de su expolio sistemático por parte de las potencias europeas, en el siglo diecinueve.

Los templos egipcios autentifican la fecha real que representan, a través de los zodíacos que lucen sus muros, y sus dataciones se sitúan entre los siglos diez y diecinueve, no antes. Los métodos de datación utilizados son las pruebas, y las pirámides su testimonio. En este sentido, Fomenko y Nosovskiy aportan una explicación a la presencia de pirámides desubicadas en el tiempo y en el espacio oficiales, y las hace todas hijas de la misma época.

El reparto de pirámides por Eurasia y América haría referencia a una pre-colonización egipcia por estas tierras, entre los siglos catorce y dieciséis. Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, el inicio de la colonización europea de América empieza realmente en la segunda mitad del siglo diecisiete, y los dos siglos anteriores se deben entender como una reconstrucción manipulada. Según describen, anteriormente habría tenido lugar una importante expedición hasta América proveniente del Pacífico que habría llegado en el siglo catorce real, coincidiendo con la expansión egipcia y mongol, por lo que habrían trasladado allí la tecnología para construir templos de piedra y parte de su imaginario simbólico. Los grandes bloques de piedra, imposibles de arrastrar sobre la arena y otras tierras, cuyo encaje preciso en los muros es inaudito, se harían in situ al modo de encofrados de hormigón, mediante el granulado de piedras y el uso de polímeros que harían la función del aglomerante químico. Es decir, de este modo se resuelve el misterio de su construcción, siguiendo el planteamiento del químico francés Joseph Davidovits, planteado en 1979.

En esta línea, las conexiones europeas desde el Atlántico, tanto cristianas como mahometanas, se habrían iniciado en los siglos quince o dieciséis, y los hechos que caracterizan al inicio de la conquista corresponderían, realmente, a una reocupación destinada a integrar esas tierras a un proyecto cristiano renovado, que sustituiría a la autoridad del imperio anterior.

A grandes rasgos, de esta manera también se resuelve el enigma del misterioso mausoleo egipcio recuperado para la conciencia histórica en el siglo diecinueve, y el de la presencia de otras pirámides por el resto del mundo. Los líderes de la expansión del pueblo de Dios fueron enterrados en el gran mausoleo del río Nilo, para su gloria y simbólica resurrección, y habrían llegado a América procedente de Asia entre los siglos catorce y quince reales. En esta empresa, el ritual de la momificación seria el modo de facilitar el traslado de los cuerpos hasta la tierra santa egipcia, con la finalidad de elevarlos a la categoria de dioses, y para su paz eterna. Es decir, allí no hay enterradas 33 dinastías de faraones, sino los protagonistas de la expansión de un imperio que habrían sido objeto del ritual de la resurrección o viaje al reino de los cielos egipcio, antes de transformarse en el imaginario del paraíso y la resurrección tras la muerte, tras el juicio final de Dios, propio del imaginario cristiano y mahometano.

Asimismo, continuando con el análisis astronómico:

  • Gracias al análisis del zodíaco egipcio de Denderah (que se encuentra en el Louvre), dedicado a Osiris, se documenta que el templo que lo acoge se refiere a la fecha de 21 de marzo de 1185. Dicha fecha coincide, en la historia oficial, con la muerte del emperador de Constantinopla, Andrónico Comneno, tras tres años de gobierno y una detención debida a un tumulto popular propiciado por su propia oposición al poder, quien lo condena a martirio público, del mismo modo que le ocurrió a Jesús. Fomenko y Nosovskiy, en su reconstrucción de la historia, ven en esta fecha la conmemoración de la muerte de Cristo, si bien asimilan los hechos a una empresa que la historia oficial ha diseminado en otros episodios equivalentes, como la muerte de Alejandro Magno, y la ubica en un proto-cristianismo egipcio. 
  • Gracias a la identificación del zodiaco presente en el libro del Apocalipsis bíblico, descubierto por el filósofo francés Ernest Renan (1823-1892), se puede afirmar que éste se refiere a los días del 1 al 10 de octubre del año 1486 después de Cristo. Dicha fecha coincide con los 33 años después de la caída del Imperio romano de Oriente, en Constantinopla, en 1453, y con el inicio oficial de la reconstrucción del “Nuevo Mundo”, que se planifica oficialmente en el año 1486 y se consuma seis años después, el 1492. En este sentido, Fomenko y Nosovskiy, en base a la reconstrucción de la historia y a la luz del libro apocalíptico, ven en esta fecha la división definitiva del imperio egipcio (y tártaro o mongol) entre Oriente y Occidente. Dichos poderes estarían entonces capitaneados por los mongoles otomanos y los mongoles cristianos de la Horda rusa, respectivamente, los cuales adorarían al Cristo original (Andrónico) con la salvedad de que, los otomanos, lo harían también con su descendiente Mehmet, el flamante conquistador de Constantinopla, que desde entonces se erigiría como el profeta Mahoma.

[Respecto al mes de octubre de 1486, tal y como ha enlazado la investigación de la Cronología X-185, concurren otras singularidades. Oficialmente: a) en abril de 1486 el almirante Colón informa a sus majestades los reyes de Aragón y de Castilla de su proyecto de la ruta atlántica hasta las Indias (en el monasterio jerónimo de Guadalupe, en Extremadura); y b) el 10 de octubre de 1486, el rey Juan II de Portugal envía una expedición doble, por tierra y por mar, para contactar con el Preste Juan de Etiopía. Dicha expedición marítima representa la primera circunvalación del continente africano oficial, bautizando de este modo al cabo de “Buena Esperanza”, en Sudáfrica.]

Es decir, el año 1486 coincide, simbólicamente, con la “resurrección” del imperio romano y cristiano, y en el significado y los 33 años de la vida, muerte y resurrección de Jesús, del mismo modo que coincide con el inicio del desafío de Occidente sobre Oriente, y al revés, que iniciará siglos de luchas que en cierto modo perduran hasta la actualidad.

Por otro lado:

  • Gracias al horóscopo ubicado en el techo interior de la Sala de los Pontífices de la Ciudad del Vaticano, una de las salas de los conocidos “apartamentos Borja”, se constata que informa del año 1670, en contraposición a los años 1492 a 1494 que fechan su creación oficial (con el matiz que en los años 1513 a 1521 se reconstruye el techo debido a su derrumbe en el 1500). Dicha sala fue, oficialmente, un encargo del papa valenciano Roderic Borja, conocido como Alejandro VI (Papa entre 1492 y 1503). Dicho dato sitúa la construcción del grueso del conjunto de San Pedro del Vaticano en el siglo dieciocho, en pleno “barroco”, y nos habla de la recreación del origen del Vaticano, que en realidad habría honrado al conquistador de Europa, Batu Khan, el nieto de Gengis Khan.

Los templos sagrados y el libro del Apocalipsis informan de fechas reales que, de algún modo, se desean memorar. Asimismo, otros zodíacos en templos romanos dedicados a Mitra, y otros cristianos dedicados a los doce apóstoles, fechan años compatibles con esta reconstrucción, siendo todos ellos más próximos a la actualidad que los años de su creación acordados oficialmente.

La Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy informa de las fechas de los templos u obras que contienen zodíacos en diversos trabajos. Para comprender su alcance, es recomendable acceder al libro How it was in reality (de 2012), realizado por los matemáticos rusos, en el que al final de cada capítulo (correspondiendo a cada siglo reconstruido) se indican los resultados de las fechas de los zodíacos analizados hasta la fecha (consultable en http://chronologia.org/en/how_it_was/index.html).

Respecto al análisis estadístico se obtiene:

  • Gracias al análisis de las crónicas oficiales, con diferentes metodologías, se constatan múltiples duplicidades e invenciones, entre el Antigüedad y la Edad Media.
  • Gracias al contraste de las genealogías de los grandes reyes, emperadores y/o monarcas (y papas) desde la antigüedad hasta el siglo diecisiete, se constata que son una recreación, basada en una crónica común de la Edad Media.

En este sentido, la crónica oficial de los Zares-Khanes de los años 1276 al 1600, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, muestra que sirvió de base para la reconstrucción cronológica del religioso Joseph Justus Scaliger, quien, oficialmente, en el año 1583 crea el mapa histórico-cronológico principal que se mantiene hasta la actualidad. [Extraoficialmente, según la línea X-185, esta obra habría sido posterior, y se habría publicado el 1768 con fecha de 1583.]

Para más información, en el siguiente enlace se encuentran ejemplos de la correspondencia entre linajes de distintos lugares y épocas. The dynastic parallelism of great lineages: The phantom reflections of the same mediaeval dynasty. Asimismo, la información de referencia se encuentra en el Volumen 2 del libro History: fiction or science ?, también accesible en línea.

Llegado a este punto, ésta es la esencia del mapa cronológico que se deriva de la investigación moscovita (de interés en este trabajo):

  • La Biblia y la Historia Antigua se refieren a hechos situados entre los siglos doce y diecisiete reales.
  • El origen de las principales religiones conviene entenderlo en Egipto, bajo la figura de un emperador hecho profeta y equiparado a Dios, incluyendo a las tradiciones politeistas, y el origen del conjunto de la diversidad de escuelas espirituales, desde el judaísmo al cristianismo, el islam y el budismo y posteriormente el hinduismo, se ubica en el siglo quince real. 
  • El Cristo original (egipcio y cristiano) se concibe entre los años 1152 y 1185 reales, y la historia oficial lo asimila al emperador romano Andrónico Comneno, que lo hace morir en esta fecha. Desde sus orígenes, se habría instaurado una tradición espiritual asociada a los poderes de la realeza y otra con vocación apostólica, de modo que la primera se asocia a los grandes dioses y la segunda a los grandes profetas.
  • Entre los años 1204 y 1261 conviene entender la famosa Batalla de Troya, ubicándose en Constantinopla y representando la lucha por establecer el poder del imperio de Cristo en ese lugar. Dicho episodio tiene parecidos con la etapa equivalente entre los años 1380 y 1453, que culmina también con el control de Constantinopla. Jerusalén, en esa época, tiene su sede en Hieros (Yoros), situado en la costa oriental de Constantinopla.
  • En el siglo catorce real se consolida el Imperio mongol, que representa al éxodo de Egipto, pero en su retorno al origen tiene lugar una lucha a dos bandos, que supone el nacimiento de la Horda rusa ante las fuerzas que darían origen al Imperio otomano. Esto ocurre en el año real y oficial de 1380, y coincide con la Batalla de Kulikovo, en la cual vence el Gran Duque de Moscú Dmitri Ivánovich. Dmitri ganaría gracias al uso de la pólvora, y dicha lucha se asimilaría a la victoria del rey David ante Goliat. La piedra lanzada con una sonda sería en realidad las piedras impulsadas por los cañones y el gigante Goliat representaría al soldado genuíno armado con la fuerza de sus músculos y sus armas manuales. Asimismo, tras años de lucha entre ambos bandos, Constantinopla es tomada por los otomanos con la victoria del emperador y futuro profeta Mahoma, y en el año 1486 real se establece un pacto que ocasionará la división del imperio entre ambas fuerzas, asimilables a Oriente y a Occidente, entendidos como las esferas mahometana y cristiana. De este pacto surgirán los poderes expansivos y simbólicos del zar Iván el Terrible y del sultán Solimán el Magnífico, quien representaría a la persona y a la sabiduría del rey Salomón. Solimán significa Salomón en turco. Se iniciaría así una etapa de prosperidad mutua, que duraría hasta los inicios del siglo diecisiete. A mediados de este siglo este imperio dual implosiona, y con ello nace el símbolo de la Torre de Babel destruïda. 
  • Tras haber llegado a América desde el Pacífico, y después de haber creado rutas entre los poderes de Oriente y de Europa desde el Atlántico, con la implosión del imperio se inicia la consiguiente colonización europea de América y del resto del mundo, al tiempo que se pretende instaurar el cristianismo a escala global. La expansión del imperio original via marítima, en los siglos catorce y quince, se asimila al Arca de Noé.
  • En los siglos diecisiete y dieciocho reales tiene lugar la creación de la historia oficial, a medida de la Roma italiana, y la destrucción de las pruebas comprometedoras, y su cuerpo principal se acaba de pulir en los siglos diecinueve y veinte. Con ello se crea el latín, que tiene la intención de substituir la lengua sagrada hebrea y eslava, y al griego.
  • En el siglo diecinueve se crea la escuela científica de la historia basada en un mapa cronológico erróneo y en la falsificación documental a gran escala.
  • Los libros publicados de los siglos quince y dieciséis son de los siglos diecisiete y dieciocho, que se editan con fechas anteriores, en un proceso dirigido a reconstruir el Renacimiento europeo y el inicio de la llamada Edad Moderna.

En este encaje, el periplo sagrado del éxodo del pueblo de Israel es el del proyecto imperial egipcio que la historia oficial asimila, simbólicamente, a la expansión mongol inicial. Dicha expansión tiene un implacable testimonio en la propia crónica de Gengis Khan y los mongoles, que se populariza en el siglo diecinueve. Leer esta crónica ayuda a comprender su significado. De ella se desprende que:

  • El Imperio Mongol y la Horda Rusa son el mismo proyecto, que tiene su punto culminante alrededor de los siglos catorce y quince con la expansión del cristianismo desde París hasta Pekín, a cargo de los Franciscanos. Después (entre los siglos dieciséis y dieciocho) sus destinos se separan.
  • En el momento de máxima expansión se decreta un edicto que proclama: “Se ordena a todos los súbditos vivir en paz los unos con los otros, y se prohíbe a los poderosos oprimir a los pobres”. Hasta entonces, el Gran Khan es el único soberano, y su palabra es la voluntad del Cielo en la Tierra, tal como si fueran los hijos de Dios. Es la denominada Pax Mongólica.
  • El Rey David de Israel se equipara al Gran Khan, y éste al Preste Juan de las Indias (que se traslada a Etiopía).
  • Se afirma que los mongoles eran descendientes de los Reyes Magos de Oriente.

El proyecto mongol es el del pueblo de Israel, y Canaán es el mundo entero. Gengis Khan sería el Rey David. Ellos son el pueblo de Dios, que el Cristianismo se hace suyo, y están en la raíz de las principales escuelas espirituales del mundo.

La cronología oficial de esta expansión coincide con la reconstrucción cronológica que promueve la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy. Se trata de la epopeya del pueblo de Israel, la lucha del pueblo de Dios, que no habría tenido lugar en la llamada Tierra Santa, junto a Egipto, sino en toda la tierra conocida. El proyecto imperial de Egipto es ocupar la Tierra Prometida por Dios al pueblo de Israel que, desde el Nilo y, posteriormente, desde Katharia, ocupa casi todo el Mundo, con la fuerza de los caballos y el alimento del ganado, para luego utilizar el poder naval y dominar las rutas oceánicas. De este modo se comprende la verdadera importancia del éxodo de Egipto, y porque se ha convertido en una crónica sagrada.

Esta reconstrucción reformula el sentido de la autoridad judía, que según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy habría documentado esta empresa imperial siendo a su vez protagonista, tanto del proceso de ocupación inicial, expansivo, como del proceso posterior una vez establecida la paz y los cimientos de su desarrollo. Ellos se habrían transformado en brazos de un imperio que se originó en Egipto, y por esta razón fueron piezas fundamentales dotadas de obligaciones y privilegios, hasta el momento que el imperio se fracturó y se repensó, entre los siglos dieciséis y diecisiete. Del mismo modo, el pueblo gitano fue una casta del ejército imperial, que al fracturarse quedó dispersa por medio mundo, sin nación propia, como le ocurrió al pueblo judío.

Egipto e Israel habrían convivido, siendo el origen y la lucha de la expansión del mismo imperio, en el que la comunidad judía sería quien mejor narraría su crónica, la cual adoptarían las comunidades cristiana y mahometana.

Este es el origen de la narrativa que habría dado lugar, primero, a los textos sagrados y, luego, a la historia oficial. La lucha del “pueblo de Dios” habría sido una empresa que se extendió por todo el mundo conocido, hasta llegar a América, desde Egipto, cuyo primer gran capítulo habría tenido lugar entre los siglos doce y quince reales. Ésta sería la crónica de la Torah, o el Pentateuco, que habría establecido las Tablas de la Ley, de Dios, a través de Moisés.

La “nueva historia” resultante, derivada de la reconstrucción de la lógica de un nuevo mapa cronológico, resuelve, en gran medida, las dudas y/o los misterios de los anacronismos de la antigüedad y, mediante una exposición razonable, ayuda a observar, con un racionalismo crítico, la lógica de la negación de la conciencia colectiva (que está manipulada).

 

LA CRONOLOGÍA X-185

La Cronología X-185 complementa a la anterior. A rasgos generales, la línea X-185 trabaja los patrones de los saltos cronológicos de la historia oficial, con la atención puesta en Europa Occidental, así como el análisis de mapas y textos que, por su contenido o intencionalidad, son relevantes para la Nueva Cronología. Como resultado:

  • La etapa de paz y equilibrio entre Oriente y Occidente que Fomenko y Nosovskiy identifican entre los siglos quince y diecisiete, se asimila a una era de paz correspondiente al establecimiento de un pacto, que no es otro que el Arca de la Alianza (de Salomón) que se describe en el capítulo 11 del Apocalipsis. El Arca nace en el año 1486 real que describe el libro del Apocalipsis. Con este pacto, se sella la expedición del pueblo judío a la Tierra Prometida, llevando consigo las Tablas de la Ley, de Moisés.
  • Estos dos siglos, desde finales del quince a la mitad del diecisiete, se corresponden con la historia oficial de los siglos trece al quince, que con un salto de 185 años habrían quedado atrás en el mapa cronológico. Coincide con el pacto oficial entre los Genoveses y el Imperio de Nicea por el control de Constantinopla, y se corresponde con los poderes de la Orden del Templo de Salomón, que la historiografía oficial habría enviado 185 años más atrás para desvincularla de este pacto.  
  • Esta alianza va acompañada de varios matrimonios, entre ellos el de una princesa de Oriente con un rey de Europa Occidental, que daría pie a la gloria de María Magdalena y a su descendencia monárquica, con dos linajes principales, los Anjou y los Aragón. De este mito y del Arca nacería la gloria del profeta Jesús gnóstico, del Buda y del Krishna, así como del Horus egipcio. Este episodio se describe en el capítulo 12 del Apocalipsis.
  • El Arca se custodiaría a Etiopía, y allí se implantaría el Preste Juan de las Indias, siendo el líder espiritual del Mundo hasta el siglo diecisiete, cuando su poder y el de Jesús mutan hacia un Cristo mesiánico y un Papa católico y romano . Cuando cae el Preste cae Babilonia, que se El Cairo, y aparece el Vaticano en su lugar. A su vez, se concibe un nuevo Imperio romano, que se convertirá en el Sacro Imperio Romano Germánico, el cual competirá con los Aragón contra los Anjou para el control de España, hasta el 1715.
  • Al año 1677, después de décadas en crisis, el rey de Francia interviene la Orden del Templo de Salomón en su territorio, y se apropia de las rutas establecidas hasta el Caribe, de donde provienen grandes cantidades de oro, provocando el desafío de las órbitas catalana e italiana. Como resultado, desde Roma y Barcelona se concibe la reocupación de la Orden, que adquiere la denominación de la Orden de San Juan Bautista, en origen en honor al Preste Juan. Estos hechos, la historia oficial los sitúa 370 y 185 años atrás (en 1307 y 1492), manteniendo un patrón codificado.
  • A lo largo de la segunda mitad del siglo diecisiete y principios del dieciocho tiene lugar una intensa lucha por toda Europa y el Mediterráneo, que termina con múltiples tratados de paz que, conjuntamente, conducen a un acuerdo global para el reparto del Mundo y la reconstrucción de la historia, borrando la gloria del Templo de Salomón y poniendo a su vez la gloria de un Cristo mesiánico. Este gran pacto permitiría reconstruir los calendarios pero la unificación global alrededor de un Mesías sería una obra a medio hacer, y crearía el celo de todos los imperios y el inicio de las leyes del régimen capitalista. Con la caída del Templo de Salomón cae también el prestigio del pueblo judío ante los monarcas y la Iglesia cristiana, quien hace todo lo posible para convertirlo al cristianismo.
  • En el siglo dieciocho se concentra el proceso de manipulación de la historia, que habría sido cuando se habría hecho la producción de la historia editada en los siglos dieciséis y diecisiete. Antes, se habrían creado los grandes mitos, los grandes orígenes de las naciones y la especulación de los calendarios, que incluirían el añadido de mil años para la gloria de Cristo y otros saltos para el resto de equivalentes. En este enfoque la producción literaria aparece al doblar los siglos diecisiete y dieciocho. Antes, se escribe a mano.
  • En el siglo dieciocho se crean 185 años, casi dos siglos, que se añaden en el mapa histórico de Europa.
  • La Compañía de Jesús se crea y se disuelve en el siglo dieciocho (1725-1773), y ella es la encargada de dirigir la reconstrucción histórica y documental de la historia, con la cooperación de altas poderes. Paralelamente, se crean las logias masónicas, que son herederas del poder de la Orden del Templo de Salomón, y desde entonces compiten con el Vaticano para reconstruir el orden en el Mundo.

De forma resumida, estas son las líneas principales de la Cronología X-185. Asimismo, esta es su relación con la de Fomenko y Nosovskiy.

La Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy identifica y reconstruye la evidencia de la dilatación de la historia, hasta los siglos diecisiete y dieciocho, así como las pruebas de una colosal manipulación recreada de las grandes crónicas, hitos y grandes linajes que son el fundamento del mapa cronológico que ordena a los textos históricos. En ella se ubica al personaje histórico de Cristo en el siglo doce, asimilándolo al emperador Andrónico Comneno, quien muere en el año 1185. A su vez, descifra las fechas reales de los grandes templos antiguos, que están definidas en los zodíacos que representan, e identifica la aparición de la diversidad religiosa a partir del siglo quince, y con ella el origen de la singularidad judía, quien participa de la creación de la dimensión sagrada de la crónica del éxodo egipcio. Estos hechos, del siglo quince, los hace coincidir con la división pactada del control del centro del Imperio egipcio, entre cristianos y otomanos, que tendría lugar en el año 1486 real. Asimismo, Fomenko y Nosovskiy encuentran el fundamento y las razones de la creación de un falso pasado renacentista de los siglos quince y dieciséis con documentos elaborados entre los siglos diecisiete y dieciocho, así como la ubicación temporal del inicio de la colonización cristiana europea en la segunda mitad del siglo diecisiete.

En este sentido, la Cronología X-185 incorpora este planteamiento, con diversas salvedades. En primer lugar, sitúa el inicio del calendario cristiano en el año equivalente al 1185, adoptando de este modo el trabajo desarrollado por la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy. El significado de X-185 representa al año 1185 después de Cristo, que según Fomenko y Nosovskiy es cuando tiene lugar el martirio del emperador Andrónico Comneno, de Constantinopla, que la historia oficial sitúa en esa fecha. Según la línea X-185, dicho episodio conviene interpretarlo. Honora la elevación a la categoría de Dios del primer líder egipcio que inició el periplo de su expansión, según el ritual del Libro de los Muertos. El significado es el mismo en ambos planteamientos, ya que Fomenko y Nosovskiy también lo interpretan del mismo modo, asimilando este episodio con la muerte de Alejandro Magno y con la fecha del zodíaco de Denderah (custodiado en el Museo del Louvre) dedicado al dios Osiris, cuya datación corresponde al 21 de marzo de 1185. La diferencia recae en la interpretación que se le da a esta fecha simbólica a la hora de construir el mapa cronológico oficial, que ha llegado a nuestros días. 

Por distintas razones, tras la creación de este calendario, X-185 concluye que se le añaden 1000 años y, luego, otros 185. Los mil años se crean para el diseño de la autoridad de la paz de Cristo, y los 185 para reconstruir el lapso histórico que substituye una era por otra que incluye otra historia. Y la historia oficial crea, en medio de esta dilatación, tres crónicas sucesivas de una única crónica de unos 185 años reales, creando unos distorsionados 555 años (185 x 3 = 185).

La época de los grandes emperadores, ya fueran faraones, césares o khanes, se ubica entre los siglos trece y quince, mientras que el origen de los dioses y el culto a los símbolos divinos es anterior y evoluciona junto a ellos. Según la línea X-185, el poder de Cristo y el de todos los grandes profetas es el del Horus egipcio, después de haber adquirido la autoridad del dios Sol, Helios, Theos o Zeus en la cosmovisión griega y la del Dios Ra-Amon, o Amon-Ra. El Horus Cristo es a quien la diosa Isis hace resucitar para transformarse eternamente en Dios. Pero a lo largo del tiempo adquiere diversas formas, como el Cristo gnóstico, el Buda y el Krishna, alrededor de las diferentes áreas de influencia asociadas a poderes o alianzas geopolíticas.

Para más información, ver el apartado “El cuento de Setme II, la lucha entre los Horus egipcio y etíope” del trabajo El origen egipcio del imperio cristiano, y la invención de la historia, según la cronología descifrada por Fomenko y Nosovskiy, y nuevas pruebas. A modo de resumen, se describe una lucha entre el Faraón y tres reyes de Etiopía, en el que luchan dos Horus y el Horus egipcio acaba venciendo. Según se interpreta, se identifica el renacimiento de Cristo, en tiempo del Arca, cuando se traslada a Etiopía con el renovado poder del Preste Juan de las Indias, que se describe en el capítulo 11 del Apocalipsis.

Por otro lado, la línea X-185 ubica la Edad Media en los siglos quince, dieciséis y diecisiete reales, debiéndola comprender como el equivalente a los siglos trece, catorce y quince oficiales. X-185 desautoriza la veracidad de gran parte de los siglos dieciséis y diecisiete oficiales, como lo hacen parcialmente Fomenko y Nosovskiy. Pero de un modo más literal. Ubica el inicio del complejo siglo dieciséis oficial entre los siglos diecisiete y dieciocho, con un salto temporal de 185 años, que se llena de falsa historia de la Europa colonial. Pero esto no es todo.

A través del análisis de los mapas y otros documentos, todos ellos estructurados en el eje troncal del mapa histórico desarrollado desde Moscú, la línea X-185 desarrolla la tesis que los 555 años oficiales que separan al siglo once del diecisiete, en lo concerniente a la historia cristiana de Europa, se corresponden a 185 años de entre los siglos trece y quince oficiales. Se ajusta a la etapa de mayor expansión y estabilidad del desarrollo político, económico e institucional de la Edad Media oficial. En este sentido, se corresponde con la Pax mongólica de los siglos trece y catorce oficiales, gracias a un pacto que sería el del Arca de la sabiduría, de Salomón. Según la línea X-185, la división del Imperio entre la Horda y los Otomanos que la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy identifica con 1486 apocalíptico, sería en realidad el pacto del Arca de la Alianza, que también aparece en el Apocalipsis, el capítulo 11.

Pero, como se ha indicado, la historia realmente documentada se vería alterada con el añadido de 185 años, hacia adelante y hacia atrás, creando con ello 555 años oficiales. El objetivo es ocultar los 185 años aproximados que corresponden a la era del Templo de Salomón. Se construyen 555 años sobre tres etapas de una era icónica de 185 reales, que desde entonces restará oculta en este código cronológico. La intención es separar a la Orden del Templo de Salomón (primer ciclo de 185 años) del papado de Aviñón y de la expansión de la República genovesa (segundo ciclo, haciéndolo coincidir con el espacio histórico de la Orden de San Juan Bautista), así como de la banca genovesa al servicio del Imperio español (tercer ciclo). De este modo queda para siempre más oculta la verdadera identidad real de los llamados Templarios, que en realidad habrían persistido hasta el año 1677 real, y no habrían sido intervenidos en el 1307. Siguiendo este patrón:

  • La etapa que cubre los años 1116 a 1307 oficiales, correspondientes a la fundación y posterior desmantelamiento de la Orden del Templo de Salomón, se corresponde a los años 1486 y 1677 reales, con un salto de 370 años (dos veces 185). Dicho episodio incluye a los hechos de los cátaros y su posterior eliminación (ellos habrían sido los sacerdotes que habrían difundido la gloria del profeta Jesús bajo el ideal gnóstico, en un proyecto equivalente al introducido mediante los iconos de Buda y Krishna en Asia).
  • La etapa que cubre los años 1260 a 1453 oficiales, correspondientes a la alianza entre la República de Génova y el Imperio de Nicea con sede en Constantinopla, se corresponde también a los años 1445 a 1638 reales, con un salto de 185 años. Oficialmente, gracias a esta alianza, los templarios (convertidos en genoveses) se extenderían por todos los dominios cristianos de Occidente, hasta el Mar Negro, ocupando tanto la capital del Imperio romano (Constantinopla) como las principales ciudades marítimas, con importantes asentamientos en Barcelona y Crimea, y junto a Trebisonda. Dicha etapa es la misma de la Orden del Templo de Salomón y la misma equivalente de la Orden de San Juan Bautista en Rodas (cuyo recorrido oficial de 1312 a 1522 se debe entender en los años 1497 a 1707 reales). Es decir, se trataría de la expansión de la Orden del Templo salomónico, que la historiografía oficial ha desvinculado de la República genovesa. Asimismo, el cambio real del nombre de la orden, del Templo de Salomón a San Juan Bautista, tendría lugar a lo largo del siglo diecisiete, probablemente en el año 1494 oficial, que se debe entender en el 1679 real. 
  • La etapa que cubre los años 1529 a 1714 oficiales, correspondientes al dominio español de los Habsburgo hispanos sobre la banca italiana, es una invención casi en su totalidad. En realidad, dicha etapa, idealizada con el auge de la banca genovesa, debe asociarse a la Orden del Templo de Salomón y, a partir del año 1679 real (el 1494 oficial), bajo la órbita de los Habsburgo, cuyo dominio estaría realmente relacionado con la autoridad de la llamada Corona de Aragón, liderada por los catalanes. El desenlace de la “Guerra de Sucesión Española”, en 1713, y la posterior reconstrucción integral de la historia, ensalzaría la castellanidad de la gloria de España y minimizaría la importancia de sus raíces catalanas, tanto en España como en la Corona de Aragón, que sería una creación del siglo dieciocho vinculada falsamente a una unión entre el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona. Aragón representa al Dragón o Daragas de la Casa imperial del Preste Juan de las Indias, que esconde el poder medieval de María Magdalena.

Es decir, se construirían tres historias de una que sería principal, para ocultar el rastro de la Orden del Templo de Salomón en la historia de la Europa medieval. La Orden sería trasladada al pasado y su fin se vería manchado por la acusación de herejía. En su lugar se crearía la gloria de la Orden de San Juan Bautista y el imaginario de la República genovesa y su banca, al servicio del Imperio español bajo la autoridad castellana.

Pero, ¿a qué es debido el cambio de la Orden del Templo a la Orden de San Juan Bautista? Todo tiene un significado. El Preste Juan se convierte, en torno a los siglos quince y diecisiete, en un Gran Khan espiritual que se traslada a Etiopía, en una época en que se decreta el edicto que proclama el imperio de la paz y la justicia para todos, la Pax Mongólica, gracias al pacto de la paz sagrada (mesiánica) del Arca de Salomón. Es el mensaje original del Nuevo Testamento y el de los principales libros sagrados, de Europa, de Oriente Medio y de Asia. Y cuando el pacto del Arca se rompe, se construye el imaginario de San Juan Bautista en el lugar del Preste, y sus poderes se trasladan al Papa. El Preste Juan aparece de la mano del mito de Jesús/Krishna/Buda, quienes sirven para difundir un ideal basado en la paz entre los pueblos. Es su origen común, gnóstico, anterior a la transformación del profeta Jesús en el Mesías, que se asociaría al proyecto católico evangelizador desde el siglo diecisiete y en especial en el siglo dieciocho. Los Reyes Magos de Oriente serían Khanes que habrían “bendecido” la aparición del “Cristo” que difunden ellos mismos, del mismo modo que lo hace el Preste, una vez transformado en el Bautista.

En determinado momento histórico, que aquí se relaciona con el Apocalipsis y la fecha de su zodíaco, el año 1486 real, se crea el poder del Preste Juan, Jan o Khan, que desde entonces custodia la autoridad del Arca de la Alianza de Salomón. Su linaje es el poder imperial de Axum, donde el Preste Juan custodia el Arca, y, su poder, es el de la Casa imperial de Salomón, de Etiopía o Abisinia, que inicia su reinado, oficialmente, en 1270 (realmente, según la línea X-185, en el año 1455). El manuscrito llamado El BECERRO General habla de ello (de Diego Hernández de Mendoza, situado en la Biblioteca Nacional de España, Sede de recoletos: MSS/18244 V.1. Código de barras: 1001199011). Dicho manuscrito explica el origen de los poderes del cristianismo, vinculados al Preste Juan, y el origen de los poderes de los linajes del Reino de Castilla (con gran imaginación). Y dicha crónica afirma:

  • El máximo poder recae en el Preste Juan, de Abisinia, que tiene por vasallos a dos emperadores, uno de Greciana (Grecia) y el otro de Damasco, tal como representan los dos báculos de su escudo. Representan al emperador griego y al sultán otomano (y dicha sorprendente afirmación encaja con el planteamiento integral de la Nueva Cronología).

Los dos báculos del Preste, que indica la soberanía del mismo sobre los emperadores de Grecia y Damasco, representan al Arca de la Alianza, y cada uno de los imperios tendría sus ejércitos. Grecia tendría a los templarios, y Damasco a los jenízaros. Los mamelucos serían las tropas equidistantes del sultán de Babilonia, provenientes de las Indias, y el pueblo gitano. Asimismo:

  • El Preste Juan es un descendiente de los grandes gobernantes, que por indicaciones de tres reyes magos de las Indias se convierte en el Señor de las Indias y gobernador terrenal de la autoridad espiritual al modelo de las enseñanzas de un antepasado, el Patriarca Tomás. Los tres reyes y todos los grandes hombres de las Indias acuerdan escoger la memoria del apóstol Tomás como líder para el gobierno espiritual de sus tierras. Este líder sería Santo y moriría virgen, y el Preste Juan no se diría ni Rey ni Emperador.
  • Los gloriosos tres reyes se llamaban Melchor (Rey de Nubia, que ofreció oro), Baltasar (Rey de Galijsaba, que ofreció incienso) y Gaspar (Rey de Tarsi y de Visol o Grisola, donde se enterró el apóstol Santo Tomás).
  • A su vez, en una crónica complementaria, se narra que hubo un gran príncipe de las Indias que tuvo una única hija, que tenía que casarse, y lo hizo con un caballero cristiano de Europa Occidental. La unión ocasiona una lucha con los seguidores de la ley de Mahoma. El matrimonio es bendecido por agua (por Juan Bautista), por fuego y por sangre, y honora al Preste Juan.
  • Se indica que la crónica de los tres Reyes y la del matrimonio que supone la aceptación de la ley de Cristo son la misma historia.

A continuación, se resalta que el Reino de Jerusalén está unido al Reino de Nápoles, en unos hechos que la historia oficial corrobora pero a partir del siglo trece, con la ocupación de Nápoles por parte del conde de Provenza, Carlos de Anjou. 

El supuesto autor del manuscrito fue Diego Hernández de Mendoza, el cronista del Conde de Ribagorza y ​​de Cortés, de Navarra, a quien dedica unas sentidas palabras. Sea o no casualidad, esta referencia es de interés, en la medida que los Ribagorça se corresponden (de manera no reconocida por la historia oficial) al linaje de los Láscaris Comneno, quienes se declaran herederos del imperio griego de Nicea y del de Trebisonda, en especial desde el siglo diecinueve.

Este manuscrito muestra el origen del diseño del Preste Juan y, en cierto modo, de Cristo, que en origen no se llamaría Jesús y sería un modelo inspirado en Santo Tomás. Por esta razón, en el Nuevo Testamento se asimila a Tomás con el gemelo de Jesús. Cristo y el Preste aparecen por obra de tres reyes, que serían tres khanes de las Indias que habrían decidido honrar a su líder espiritual, Tomás. Ellos son, literalmente, los Reyes Magos, que el Nuevo Testamento habría transformado en la crónica de tres reyes que habrían venido de Oriente para alabar al nuevo rey de Israel. Pero este episodio se enmarca con el matrimonio de la princesa con un caballero cristiano. El matrimonio es, también, un pacto. 

En una lectura paralela, la versión del matrimonio de este manuscrito equivale al mito de María Magdalena, que se habría casado con un rey de Europa Occidental, y habría dado luz a los poderes cristianos de Europa, ocasionando las leyendas de París y Helena (de Helena de Troya); los reyes Salomón y Saba; de Marco Antonio y Cleopatra y de Constantino y Helena. Todos ellos representan el equilibrio entre Occidente y Oriente. De lo contrario, la historia medieval crearía múltiples alianzas matrimoniales alternativas y abundante literatura, destacando San Jorge y la Princesa, y el Tirant lo Blanc, pero también La bella Vianna y el caballero París; así como la singular historia de Pierre de Provenza y la linda Magalona, ​​que sería la hija del Rey Megalón de Nápoles y fundaría “la primera iglesia”, la Iglesia de [San] Pedro, que posteriormente se llamaría la Iglesia de Magalona, ubicada a las afueras de Montpeller. Dicha gloria se relacionaría con los emperadores Constantino y Elena, de la Etiopía del siglo quince real y oficial, y honoraría a la resurrección del orden imperial, en las diferentes versiones griega, judía, egipcia, romana y cristiana. El Arca se trasladaría a Provenza, e iría acompañada del pacto de un matrimonio, que se consumaría allí y trasladaría sus poderes a las casas de los Anjou y de Barcelona. Por esta razón, desde entonces Provenza y Catalunya comparten el mismo emblema: cuatro barras rojas sobre fondo dorado. Con el Arca, se instalaría allí la comunidad judía conocida como los Exiliarcas de Babilonia, quien velaría para su misión mesiánica, y allí se fundaría la Orden del Templo de Salomón. Israel viviría allí su primera gran fundación, y gracias a ello y a la autoridad conjunta con el conde de Provenza, de las casas de Anjou y de Barcelona, se les uniría la autoridad italiana de los reinos de Nápoles y de Jerusalén. Todo este episodio tendría lugar en el siglo quince real, si bien la historia oficial lo ubica en el siglo trece, a la vez que en el siglo ocho, coincidiendo con la crónica oficial que narra la llegada de los sarracenos y los Exiliarcas hasta la Provenza (que entronca con la Magdalena provenzal), con la gesta del general de Egipto Musa Ibn Nusair, quien traería consigo las tablas de la Ley del Arca de Salomón.

Para más información, tanto en lo relativo al Preste Juan como a María Magdalena, ver el trabajo El origen inédito del Cristianismo oficial, un matrimonio y/o un proyecto indio. Respecto a María Magdalena, destaca el apartado “Los emperadores Constantino y Eleni, en el siglo quince, y el origen del cristianismo oficial en la Provenza occitana, a través del Rey de Nápoles y de Jerusalén”. En él se transcribe la correspondencia de estos emperadores con los poderes de Italia y catalán, así como la propuesta de un matrimonio doble entre ellos y los reyes de Aragón a cambio de una alianza militar para recuperar Tierra Santa. Estos hechos, la historia oficial no los relaciona pero tendrían que ver con la expansión del rey Alfonso el Magnánimo hasta Nápoles y las puertas de Constantinopla.

El Apocalipsis es el hilo de esta historia. Con el Arca nace una alianza y renace el Cristo, pero se crean dos bestias: Oriente y Occidente. A su vez, la historiografía antigua y sagrada crearía la parábola de Salomón, en la que dos madres que luchan por un hijo, siendo una de ellas la verdadera. La madre real sería Occidente, y la otra Oriente, que acabaría aceptando al hijo como al Cristo genuino.

Toda esta historia está reconstruida, íntegra y simbólicamente, en la profecía de la revelación o Apocalipsis, el último capítulo del Nuevo Testamento. Allí se describe cuando aparece el Arca de la Alianza, en el año 1260 oficial (capítulo 11 del Apocalipsis, en adelante Ap. 11). El Apocalipsis custodia el secreto (y la obediencia) de Juan revelado a la humanidad: el retorno de Cristo y la nueva Jerusalén que sustituye el Arca de la Alianza custodiada por el Preste Juan. Por esta razón es la revelación de Dios hecha a Juan, que haría referencia al Preste. En él se informa de la historia previa, del Arca de la Alianza (Ap. 11), que precede a la resurrección de Cristo (Ap. 12), cuando nace el niño que regirá las naciones del mundo, infantado por una mujer que acaba coronada por todos los reyes, que la honoran en una ciudad que será destruida: Babilonia (la Babilonia egipcia, El Cairo, que la historia oficial sitúa en Mesopotamia para ocultar su verdadero rostro). La mujer sería la iglesia original y a su vez María Magdalena, antes de ser transformada en una prostituta, y su hijo simbólico sería el rey Jaime I (que honoraría tanto al Jacob bíblico [Israel] como al apóstol San Jaime cristiano). La insólita concepción de los padres de Jaime I, María y Pedro, escondería el significado oculto de la reconstrucción del imperio cristiano desde Occidente. Y todo ello tendría su reflejo equivalente con la comunicación establecida entre el Rey Jaume y la corte del Khan de la India, que estableció bases en el Reino de Valencia, donde se encuentra el Santo Cáliz, el reflejo cristiano de esta alianza global; así como en la crónica de Roger de Flor, que moriría defendiendo el imperio enamorado de una princesa, como San Jorge. Este último luciría la flor de lis en su escudo, el mismo de Florencia, que tiene por patrón a Juan el Bautista, es decir el Preste.

Hubo múltiples matrimonios equivalentes, repartidos por la Edad Media. La historia oficial del siglo trece ha creado también la crónica de la unión entre los Lascaris (del Imperio de Nicea) y los condes de Ventimiglia, en la Provenza, en estas fechas, y la posterior comunión con los condes de Palas, en la órbita catalano-aragonesa. Así como otras empresas o uniones equivalentes, resaltando: a) la unión de la emperatriz Eudoxia Comnena con los señores de Montpeller, que tuvieron a una hija llamada María que casó con el rey de Aragón, Pedro el Católico, los padres del rey Jaime I el Conquistador, haciendo coincidir la boda con el año 1204, el mismo año en que tiene lugar la cruzada de Constantinopla que representa su ocupación por parte de los poderes de Occidente, y el mismo año en que los nietos de Andrónico Comneno (el equivalente a Cristo según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy) fundan oficialmente el Imperio de Trebisonda (de forma clara y evidente, el martirio de Andrónico se ha asimilado al de Cristo, así como sus tres años de gobierno, tal y como han descifrado Fomenko y Nosovskiy); y b) la unión entre el conde de Barcelona Ramon Berenguer III y la condesa Dulce de Provenza, haciéndola coincidir con los tiempos de la fundación de la Orden del Templo de Salomón, en el siglo doce oficial. El caso de Trebisonda es capital, en la medida que de allí proceden los poderes imperiales de Roma, al tener, en todos los mapas medievales que se han conservado, el emblema del águila bicéfala dorada sobre fondo rojo, que representa tanto a este imperio como a Rusia (como continuadora oficial del mismo). Éste sería el puente real entre el Imperio de Roma y su vocación cristiana. En cambio, desde Damasco se establecería la autoridad del Imperio otomano, y honoraría desde sus inicios a Mahoma, quien provendría del linaje de Andrónico, Cristo.

Para más información, ver el documento titulado ¿Quién fue María Magdalena? Una aproximación a Eudoxia Comnena. Este trabajo es anterior a la definición de la línea X-185, pero enlaza correctamente con el imaginario medieval de la Nueva Cronología y profundiza con la implantación de los poderes cristianos en Occidente, vinculados a la Orden Benedictino, el Cristo Andrònic Comnè y al Orden del Espíritu Santo de Montpellier.

El Cairo (Babilonia) habría sido la ciudad “victoriosa” hasta entonces, antes de serlo el proyecto romano europeo. De hecho, el propio libro del Apocalipsis informa, en su capítulo 14, que se borrará todo rastro de la ciudad de Babilonia, así que no debe sorprender el mensaje confuso que deja la Babilonia persa (que nunca fue la poderosa Babilonia del Apocalipsis, en todo caso es un símbolo del poder persa que se instaló en Egipto).

Para más información, ver el apartado “Babilonia siempre ha sido El Cairo, que significa “La victoriosa” del trabajo El origen inédito del Cristianismo oficial, un matrimonio y/o un proyecto indio. En él se documenta la serie de mapas medievales que se han conservado, en los que se puede leer y ver la gran ciudad de Babilonia en el río Nilo, y en algunos de ellos su poderosa torre.

El Apocalipsis se escribiría al final del siglo diecisiete, y principios del dieciocho, cuando cae definitivamente la Babilonia del Nilo.

Por esta razón, Isaac Newton dejaría el testimonio de la interpretación del Apocalipsis. Después que se publicase su última obra en vida, titulada Chronology Of Ancient Kingdoms Amened (en 1727), en la que crea un pasado legendario para el Templo de Salomón anterior a Cristo, se publica su obra póstuma, titulada Observations upon the prophecies of Daniel, and the Apocalypse of St. John (en 1733). En la primera reconstruye otro pasado, distinto al de Scaliger (ya que éste todavía no existía, tal como descifra la línea X-185) en el que el poder de Egipto, antes de la ocupación de Babilonia, duró apenas tres siglos. En la segunda, en cambio, recorre a la reconstrucción de la historia a través del Apocalipsis. Y en su último párrafo deja descrito y codificado cómo debe entenderse la historia real de los textos sagrados, en la misma línea que la Nueva Cronología. Dice:

The sixth trumpet sounded to the wars, which Daniel’s King of the North made against the King above-mentioned who did according to his will. In these wars de King of the North, according to Daniel, conquered the Empire of the Greeks, and also Judea, Egypt, Lybia, and Ethiopia: and by these conquests the Empire of the Turks was set up, as may be known by the extend thereof. These wars commenced A. C. 1258, when the four kingdoms of the Turks seated upon Euphrates, that of Armenia major seated at Miyapharekin, Megarkin of Martyropolis, that of Mesopotamia seated at Mosul, that of all Syria seated at Aleppo, and that Cappadocia seated at Iconium, were invaded by the Tartars under Hulacu, and driven into the western parts of Asia minor, where they made war upon the Greeks, and began to erect the present Empire of the Turks. Upon the sounding of the sixth trumpet (Apoc. ix, 1¡3, &c.) John heard a voice from the four horns of the golden Altar which is before God, saying to the sixth Angel which had the trumpet, Loose de four Angels which are bound at the great river Euphrates. And the four Angels were loosed, which were prepared for an hour and a day, and a month and a year, for to slay the third part of men. By the four horns of the golden Altar, is signified the situation of the head cities of the said four kingdoms. Miyapharekin, Mosul, Aleppo, and Iconium, which were in a quandrangle. They slew the third part of men, when they conquered the Greek Empire, and took Constantinople, A. C. 1453, and they began to be prepared for this purpose, when Olub-Arslan began to conquer the nations upon Euphrates, A. C. 1063. The interval is called an hour and a day, and a month and a year, or 391 prophetic days, which are years. In the first thirty years, Olub-Arslan and Melechschah conquered the nations upon Euphrates, and reigned over the whole. Melechschah died A. C. 1092, and was succeeded by a little child; and then this kingdom broke into the four kingdoms above-mentioned.

En este final codificado se indica que: a) todo debe entenderse como 391 años proféticos (de 1063 a 1453, con el cambio de calendario que representa un año más); b) que tras los primeros 30 años aparece un infante pero el imperio (reino) se fractura; c) que se crean 4 reinos turcos tártaros (los cuatro jinetes del Apocalipsis); y d) que esta lucha empieza en el año 1258, refiriéndose a la ocupación mameluca, que habría llegado hasta Etiopía (es decir, el año 1260 que conmemoran tanto el Apocalipsis como la historia real, asociándolo a un Arca y a una alianza). Y todo este episodio lo asimila al capítulo 11 del Apocalipsis, a la vez que a los hechos del gran Constantino (estos últimos datos se publican en el siglo veinte).

Es decir, simbólicamente, la ocupación persa de Egipto, que la historia oficial nos la ubica antes de Cristo, debe asimilarse a la ocupación mameluca (también persa) de los años oficiales 1250 a 1270. Ellos crean allí un poderoso ejército y gobiernan hasta la invasión de Napoleón, de 1798. Según la reconstrucción X-185, todo este episodio coincidiría con el imperio espiritual del Arca de Salomón que custodia el Preste Juan, que empezaría a finales del siglo quince, no en el trece, y su crónica sería la descrita en el cuento egipcio de Setme II, citado anteriormente. Pero en el siglo diecisiete se destruiría el poder de Babilonia, y el del Arca, renovándose el pacto con Dios en un nuevo libro sagrado cuyo secreto sería revelado a Juan (el Preste). Desde entonces, en unos hechos que aquí se sitúan en el cambio de los siglos diecisiete y dieciocho, el Preste Juan se convierte, definitivamente, en el icono de Juan el Bautista del Nuevo Testamento actual, como aquél que bendijo a Jesús. Y, en su lugar, toma el relevo el papa de Roma. El pueblo hebreo, judío, que desde el siglo quince habría partido de Egipto para difundir la voluntad de Dios en el sello sagrado del Arca de Salomón, se vería desautorizado.

Por esta razón, con la caída de la paz programada en esta Alianza, de Salomón, cae la autoridad del Preste, en la segunda mitad del siglo diecisiete, y, como resultado de una transformación de su poder, se crea su reflejo con la figura de Juan Bautista, del Nuevo Testamento, que termina decapitado (simbólicamente) por los propios poderes romanos. A Cristo se lo hace el Mesías judío. Así se borran los puentes del pacto con Dios con los poderes del gran Khan, el espíritu de Dios que emana de los emperadores, y desaparece el vínculo entre Egipto y el cristianismo, mientras se preserva el poder del linaje de Abraham y de la Casa del rey David. Sus poderes se fusionan con el del Santo Padre, o papa de Roma. Por esta razón, en el siglo diecinueve se acaba interviniendo Egipto y su historia se mantiene custodiada por un orden franco-británico de raíz masona, quienes fundan sus primeras logias en Inglaterra, Irlanda, Francia y Escocia, en los años oficiales de 1717, 1725, 1728 y 1736, respectivamente, no antes. Por esta razón, debido a la crisis del proyecto del Vaticano, acentuado por la pérdida de su autoridad en los dominios franceses y anglosajones, el linaje de Napoleón intercede en un intento de recomponer el imperio original, bajo la cosmovisión republicana.

Es decir, en el cambio de los siglos diecisiete y dieciocho, Roma capitaliza el poder del Preste Juan, y reconstruye el imaginario del Vaticano, que (según Fomenko y Nosovskiy) hasta entonces honora el poder de Batu Khan, el nieto del Gengis Khan que ocupa Europa (según identifica la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy). El papa de Roma ya dispone de poder, pero es en origen de Aviñón, la segunda Babilonia del imperio, que es salomónica (templaria). La doble llave en la forma de “X” de los Estados Pontificios representa al pacto entre Oriente y Occidente. Cuando se fusiona con el poder del Preste se construye el proyecto del pastor universal, sobre Roma.

El papa de Roma es el artífice de la reconstrucción del Imperio egipcio en la Roma italiana. Su poder inicial es ser el guía de la escuela sacerdotal romana occidental, pero el poder universal sería, realmente, el del gran Khan espiritual que, a finales del siglo diecisiete, se apropia de los poderes del Preste Juan y hace de Roma la nueva capital de esta cosmovisión mesiánica renovada, después de serlo la Babilonia del Nilo. El imaginario egipcio de San Pedro del Vaticano, con su omnipresente obelisco, honora esta empresa.

El proyecto del Vaticano tiene la vocación de impulsar una nueva autoridad simbólica más allá de la cosmovisión europea y de Oriente Medio, hasta los confines de la Tierra. En un inicio, todos los grandes poderes extendidos participan de esta empresa, con la colaboración de las principales escuelas espirituales, ya que todas ellas serían hermanas del proyecto original: el egipcio, del cual todas dependen hasta entonces. Y gracias a ello se fusionan los calendarios y se crea la historia oficial. Pero el proyecto de un Mesías se queda a medio camino.

El Cristo emperador es el proyecto expansivo de una cosmovisión proveniente de Egipto, que con el tiempo se convierte en el icono de un linaje. Pero estos poderes entran en competencia, y para proteger la autoridad de Cristo se le desvincula de todos los poderes imperiales, creando entonces el icono de un poder simbólico que las diferentes escuelas espirituales terminan modelando. La versión cristiana actual es la última versión concebida en Europa Occidental. Pero este poder llega demasiado tarde y el modelo que se propone no gusta a todo el mundo. Como resultado, las escuelas espirituales, hasta entonces enfocadas al conocimiento del universo y del sí mismo, no se fusionan, adquiriendo diferentes formas y/o representaciones que contradicen su origen común. En este proceso, la humanidad crea una nueva cronología, con una nueva historia, pero no se logra el proyecto principal: crear una nueva cosmovisión asociada a un mismo icono: el Cristo emperador sacrificado como símbolo divino de la justicia, del amor y la paz universal por el bien de la humanidad. El último rey de Israel, del Israel universal.

Al final, Europa acumula el poder del conocimiento sagrado, y la fuerza de las armas y las finanzas para impulsar este nuevo orden global, pero se acaba haciendo un mal uso de la fuerza que atesora.

De este modo, la línea X-185 establece un patrón matemático, que es posible reconstruir. Su fundamento es la ocultación del poder del Arca del Templo de Salomón y el de la autoridad del Preste Juan, para de este modo enaltecer la autoridad suprema del papa de Roma y al nuevo Mesías.

El patrón X-185 engloba diversas consecuencias en el significado de la historia real, con resultados como los siguientes:

  • El año 1268 oficial se corresponde al año 1453 real, y coincide con la toma de Constantinopla por parte de Mehmet (quien sería Mahoma, de acuerdo con Fomenko y Nosovskiy).
  • El año 1301 oficial se corresponde al año 1486 real, y coincide con la fecha que glorifica al Arca de la Alianza de Salomón.
  • El año 1307 oficial se corresponde con los años 1492 y 1677 reales. El primer salto, de 185 años, coincide con el establecimiento del primer papa u obispo de Roma en Aviñón. El segundo salto, de 370 años, con el episodio en el que el rey de Francia interviene a la Orden del Templo de Salomón. La historia oficial indica que no se quedó con su oro, pero esta reconstrucción indica que sí y con él se construye el palacio de Versalles.
  • El año 1417 oficial se corresponde al año 1602 real, y coincide con el traslado de la hegemonía europea del papado de Roma desde Aviñón. O mejor dicho, con la construcción del poder simbólico del Arca en Italia después de su implantación en Aviñón.
  • El año 1492 oficial se corresponde al año 1677 real, y coincide con la gesta de la toma de América desde Iberia en nombre de una nueva autoridad tras el desmantelamiento francés de la Orden del Templo de Salomón. Desde dicho instante el monarca francés se convierte en un desafío para el orden romano, y empieza la verdadera lucha entre el Sacro Imperio y los Borbones, ambas descendientes del linaje del rey David. 

Según la investigación X-185, el año 1492 oficial conviene reubicarlo en el 1677, y, los pleitos de Colom, de 1529 a 1535, que representan un serio revés para el “descubridor” en cuanto a sus derechos de conquista pactados con los Reyes Católicos, conviene reubicarlos entre los años 1714 y 1720. Se trata, pues, de unos hechos relacionados con la mal llamada Guerra de Sucesión Española, que representó la derrota de las aspiraciones de los Habsburgo a la Corona de España, así como la pérdida de los derechos y privilegios de los catalanes frente al proyecto Borbón, que impuso un nuevo gobierno, castellano y absolutista. La lucha no habría sido ocasionada por un conflicto de legitimidades en el terreno sucesorio, sino por el control del proyecto colonial que apenas hacía unas décadas había empezado. Del lado de los Borbón estaría el linaje de los Anjou. Del lado de los Habsburgo estarían los linajes de los Lascaris Comneno (los herederos de los imperios de Nicea y de Trebisonda) y de los Aragón, condes de Barcelona.

Para más información, ver el trabajo titulado La lucha Ángelus (Anjou) – Láscaris Comneno (Habsburgo) por el control del Imperio Romano. En él se documentan los hechos reconstruidos desde mediados del siglo diecisiete hasta bien entrado el dieciocho, correspondiente a la lucha europea por el control del Imperio. Por otro lado, se transcribe la relación histórica de las órdenes del Dragón de Hungría y del Toisón de Oro, así como su reconstrucción histórica.

El último punto es capital entenderlo bien, más allá de que afecta a las historias de España y de los catalanes, porque, por encima de todo, redimensiona y transforma el sentido de la colonización europea. Esta reconstrucción sitúa la historia de los imperios coloniales de Castilla, Portugal, Inglaterra y Francia, en la lista de historias modernas recreadas por su gloria, en especial en relación a los hechos de los siglos dieciséis y diecisiete. Y, en cambio, sitúa la historia anterior de poderes como el catalán, el genovés y el veneciano en la lista de historias adulteradas, borradas por el beneficio de las anteriores. 

La supremacía castellana que la historia oficial crea a partir del siglo dieciséis, frente a una Corona de Aragón que se amoldaría a ella, sería el resultado de una mala reconstrucción cronológica ordenada por la Iglesia inquisitorial romana. En esta manipulación deliberada desaparecería el catalán de las obras editadas, todos los grandes conquistadores serían castellanos y no existiría ninguna razón para tal agravio (como sí ocurre en el siglo dieciocho), en un escenario absurdo que se hace coincidir con un imperio europeo de los Habsburgo que la castellanidad colonizadora ignora por completo. En realidad, habría tenido lugar una castellanización de España en tiempos de los Borbón del siglo dieciocho, cuando los catalanes han sido sometidos y han desaparecido los poderes de los reinos hispanos sobre Italia y el resto de Europa. El Imperio español castellano empieza entonces, y termina con la invasión de Napoleón y la consiguiente pérdida de la mayoría de las colonias un siglo más tarde. Antes fue una empresa colectiva con notoria presencia catalana e italiana, heredera del Templo de Salomón, que competiría con Francia para el control de Roma y del imperio salomónico fracturado. El Siglo de Oro de la lengua española (castellana), a su vez, no empezaría el 1530, sino el 1715, y no terminaría en 1645 sino en 1830, cuando cae la Santa Inquisición en España. Por esta razón no tendría ninguna reminiscencia catalana, ni en la lengua, ni en sus autores ni en sus escenarios. La causa no fue el abandono voluntario del uso del catalán que narra la historia oficial, después de siglos de gran prestigio, incluso por los propios catalanes en las tierras catalanas. Fue la prohibición de su uso que imponen los Decretos de Nueva Planta y el proyecto de unificar toda España alrededor de una castellanidad dominante, tanto en la iglesia como en el gobierno, que la Real Academia de la Lengua establece desde el año 1712. Por esta razón, y no por otra, el celo castellano impidió reconstruir la catalanidad de los dos siglos anteriores, creando lo que es, sin duda, una de las mayores contradicciones de la historia europea occidental. Los catalanes, asentados entonces en media Italia y con numerosos puentes con el papado y con los intereses comerciales de toda Europa, con una poderosa banca y altos cargos en la Orden de San Juan Bautista, no se autoinfligieron voluntariamente el abandono de esta empresa, sino que les fue impuesto por el nuevo Rey y el nuevo orden papal. La idea de crear un Siglo de Oro de la literatura española en catalán y otras lenguas era incompatible con el proyecto institucional de su borrado, del mismo modo que se instauró en Francia con el catalán, con el resto de variantes occitanas y con el conjunto de otras lenguas distintas al francés parisino.

Resultado de un desafío simbólico asociado a la imposición de un Mesías que debía substituir al ideal del Templo de Salomón, se habría iniciado una manipulación integral de la historia y del origen de la colonización en nombre de la castellanidad; que a su vez mutilaría la historia real de los años anteriores y la de los protagonistas que la habrían liderado, que no habrían sido todo lo castellanos que se hubiera deseado. Esta gran manipulación empieza a ser intensiva desde 1715, que corresponde al año oficial de 1530. Debido al cambio geopolítico que sentaría a los Borbón en el trono de las Españas, se crearía un completo borrado de la historia reciente que incluiría la total manipulación de la identidad y de las razones de la empresa colonial de Cristóbal Colón, así como de la de Hernán Cortés y la de otros conquistadores contemporáneos; junto a una mutación sistemática (no oficial) de los linajes catalanes, quienes habrían adoptado denominación castellana e italiana (tal como ha descubierto en gran medida el Institut Nova Història, INH, con sede en Arenys de Munt, Catalunya).

Este gran primer proyecto de reconstrucción crearía grandes incongruencias, como las pruebas hoy en día reconocidas de rutas previas hacia América, establecidas por los pueblos nórdicos, así como las equivalentes desde la gran China. Pero existen otras, que se pueden analizar. Por un lado se encuentran los mapas y la extraordinaria imaginería pictórica que asocia a las carabelas de los océanos con la cruz roja, que habría sobrevivido a su borrado y destrucción. En múltiples imágenes se identifica el descubrimiento de Colón con la cruz patada de la Orden del Templo de Salomón, y en algunos mapamundis se ve la presencia de una flota equivalente dominante, por todos los océanos. Todos ellos hacen referencia a la Orden del Templo de Salomón. Por otro, existen numerosos mapas de la época con los emblemas catalano-aragoneses y con la cruz de la Orden de Cristo portuguesa (esta orden dirigiría las primeras décadas de la empresa colonial portuguesa), que suelen no incluir al símbolo del castillo representativo de Castilla. Estos mapas nos hablan de un orden anterior al castellano en la empresa colonial. Pero también existen otras incongruencias, como la del proyecto colonial, papal, del Tratado de Tordesillas de 1494 (del año 1679 real), que reparte el mundo entre los reyes de Aragón y de Castilla y los de Portugal, tanto por la ilógica de dicho tratado internacional como por el anacronismo histórico del hecho que, oficialmente, se repartiese un nuevo continente y Colón creyese estar en Asia; del mismo modo que tampoco son congruentes las sorprendentes concesiones al almirante Colón de las Capitulaciones de la Santa Fe, selladas en Barcelona, que irían del brazo de la obligatoriedad de la adopción del cristianismo por parte de todos los judíos y mahometanos hispanos. Estas capitulaciones, meses antes de consumar el “descubrimiento”, no tienen sentido, y el reparto del mundo entre los reyes hispanos de las Españas y de Portugal tampoco, del modo que nos ha sido transmitido. No tiene sentido que se delegue al linaje de un supuesto descubridor el rango de Virrey de Asia (cargo vitalicio para él y sus sucesores) y se lo envíe allí con únicamente tres barcos para que tome posesión de las tierras ante la magnífica autoridad del Gran Khan; ni que se le entregue el derecho de diezmo que hasta entonces pertenecía a la iglesia; ni que se le haga juez principal de todos los asuntos que se dirimen allí. No tiene sentido que se reparta el mundo entre el linaje de un almirante, al servicio de una reina castellana, y la autoridad de Portugal liderada por la Orden de Cristo. Y tampoco tiene sentido que esta empresa concedida por el Papa, que debía beneficiar a todos los cristianos, excluya a los del resto de Europa y a los judíos y mahometanos hispanos asentados allí desde hacía siglos, hasta el punto de declararles a todos ellos indignos de ejercer su derecho de adopción de fe a un mismo Dios. No lo tiene.

En cambio, sí que tiene sentido que Colón representase a la autoridad genovesa y/o catalana de la Orden del Templo de Salomón (que hasta la fecha habría sido la principal autoridad marítima del brazo militar, como evidencian los cuadros del descubrimiento y los mapamundis), tras el atentado del rey de Francia hacia dicha Orden en las tierras francas y occitanas en el año 1677 real (el 1307 oficial), coincidiendo con el debilitamiento del pacto o alianza del Arca de Salomón, entre Oriente y Occidente. En este sentido, adquiere especial relevancia la adopción de la misión “templaria” de la Orden de San Juan Bautista, así como la fundación de los poderes templarios en los reinos de Valencia y de Portugal, con los nombres de la Orden de Santa María de Montesa y de Cristo, respectivamente, en el año 1314 oficial que sería el 1684 real. Estas órdenes habrían sido creadas junto al Tratado de Tordesillas, y habrían sido empoderadas por el Papa para completar la misión del Templo de Salomón vencido en nombre de María y de Cristo, bajo la nueva cruz de San Jorge. Es decir, en los inicios de la reconstrucción de la historia, se habría concebido la mutación integral de la Orden del Templo de Salomón bajo la autoridad del papa de Roma, desafiando a la osadía del rey de Francia, y por esta razón el proyecto sanjuanista sería una misión del nuevo imperio cristiano.

En base a este razonamiento, tiene sentido que Colón fuese la cabeza de un linaje imperial asociado a los grandes monarcas, que a su vez representase y/o substituyese a la autoridad judía de Europa occidental y a un orden religioso y militar, romano y salomónico, dominante y principal, antes de su desmantelamiento posterior para dar lugar al nuevo orden católico y romano del Vaticano. Junto a los poderes de los Colón aparecerían en las esferas hispana y vaticana los de los Borja, que irían de la mano, y, a su vez, a medida que fueron intervenidos por la competencia imperial europea que se levantaría con ellos, “caerían” años más tarde, conjuntamente. Estaría en juego el fundamento económico de un ambicioso proyecto cristianizado, que necesitaría del oro y la plata proveniente de América, que hasta entonces habría enriquecido sobremanera a la Orden del Templo de Salomón, convertida en la máxima autoridad militar y comercial de todos los mares y océanos, junto a la flota otomana. De este modo, la apropiación de este “tesoro” en minas de metales y piedras preciosas por parte del cristianismo europeo sería otra razón de peso para borrar de la historia, para siempre más, la autoridad de sus anteriores propietarios, en especial la judía y la mahometana, aliada hasta entonces en un frágil pero fructífero orden salomónico, sabio. 

Por esta razón, el Papa Inocencio VIII entregaría a Don Miguel Alonso de Pinzón, antes de la gesta del descubrimiento, un documento de la Corte de Salomón proveniente del estamento judío que informaba de cómo llegar a grandes y ricas tierras que se encontraban en el Oeste, apuntando a México. La Corte existía, y en ese inicio era judía y papal. 

A su vez, la trascendencia de esta reconstrucción sobrepasa el alcance y el significado que se desprende a primera instancia de las afirmaciones anteriores. Tiene que ver con el borrado deliberado de la importancia del Imperio romano de Constantinopla en beneficio del de Italia, que sería en gran medida una invención creada especialmente a lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho; con el traslado de los poderes papales a Roma, provenientes de Aviñón; con la historia del borrado de la autoridad medieval del Templo de Salomón; y con la estigmatización y posterior persecución de la comunidad judía.

Según la reconstrucción de la Cronología X-185, la Roma papal sería, básicamente, una obra que nace en Aviñón, no antes, y se habría creado para la gloria de Europa y como constructo hecho a medida de los requerimientos del proyecto colonial, católico y universal, que desde entonces habría modificado la historia, haciendo de Roma la primera sede de la historia de la iglesia cristiana. Habría iniciado su epopeya desde allí, por la gloria de los papas y del cristianismo, venciendo por la fuerza de la fe a un imperio pagano. La Roma italiana, el Vaticano y el Cristo mesiánico se habrían impuesto entonces, bajo el brazo implacable del proyecto colonial y con los brazos eclesiásticos de la Santa Inquisición y la Compañía de Jesús.

Por esta razón, sería entonces, a lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho, cuando se radicalizan las diferencias entre los cristianos y los pueblos mahometano y judío, no antes. Tal como defienden, de hecho, Fomenko i Nosovskiy.

Siguiendo con el hilo de la reconstrucción histórica:

  • El año 1520 oficial se corresponde al año 1705 real, y coincide con la etapa previa a la caída de la sede de Rodas de la Orden de San Juan, heredera de la Orden del Templo de Salomón, así como con el inicio de la lucha europea para tomar el control de la Corona de las Españas, tras la empresa de la toma de posesión de México (por parte del Conde de Ribagorza y de Cortés, de sangre imperial). A su vez, coincide con el inicio del llamado Cisma Cristiano de Occidente, que se inicia el 1520 (1705) con la obra La cautividad de Babilonia, escrita por Martín Lutero.
  • El año 1540 oficial se corresponde al año 1725 real, y coincide con la fundación de la Compañía de Jesús, que en pocas décadas dirigirá la reconstrucción de la historia con la colaboración de las principales sedes imperiales, de Europa, el norte de África, Oriente Medio, Persia, la India, China, Japón y América. Dicha producción llenará de libros de historia el imaginario de los siglos dieciséis y diecisiete. El año 1725 se acuerda el Tratado de Viena, que pone fin a décadas de luchas en toda Europa, cuyos acuerdos representan un pacto global que representó el reparto de medio mundo entre los recién recreados estados europeos. La Compañía de Jesús se creó entonces, no antes, y su principal empresa fue difundir la Biblia mesiánica y reconstruir la historia conciliando todos los calendarios del mundo.

Para más información, relativa a la aportación catalana al orden salomónico y sanjuanista, hasta la creación de la Compañía de Jesús asociada a los linajes catalanes y a la familia Colom barcelonesa (Colón), así como al linaje imperial bizantino de los condes de Ribagorza y de Cortés, leer el trabajo El último suspiro del Imperio romano, catalán.

Se iniciaría así la empresa de la manipulación coordinada más grande jamás acordada entre los poderes del mundo, tras décadas de tímidos avances ya iniciados, hasta la creación del primer mapa cronológico global que se ha acabado instaurando. Primero Annio de Viterbo (en el año 1683 real, es decir el 1498 oficial), luego Isaac Newton (en el año oficial, y real, de 1727) y luego la Compañía de Jesús, con la colaboración de las cortes imperiales y sacerdotales de todo el mundo, reconstruirían el pasado y en su lugar entregarían a la academia de la historia la narrativa oficial que nadie osa cuestionar. De este modo:

  • El año 1583 oficial se corresponde al año 1768 real, y es cuando tiene lugar la publicación principal del actual mapa cronológico oficial, obra de Joseph Justus Scaliger, resultado de intensas décadas de trabajo. Coincide con el desmantelamiento de la Compañía de Jesús en casi toda Europa y con la supresión oficial de la misma por parte del papa Clemente XIV, el 1773. De este modo, se borra el rastro de toda esta gran y extraordinaria manipulación.

Todo tiene que ver, en gran medida, con esta cuestión, que conviene que entender bien. Tiene que ver con los textos sagrados, con el Templo de Salomón, con el pueblo judío y con todo lo que se transforma en nombre de la colonización, en unos hechos que se encuentran íntegramente dentro del imaginario de la Edad Media y se deben reubicar casi dos siglos hacia adelante.

 

ISRAEL Y EL TEMPLO DE SALOMÓN, SEGÚN LA CRONOLOGÍA X-185

Los vacíos que rodean a la misteriosa autoridad medieval del pueblo hebreo son el resultado de una historia adulterada escrita a posteriori, en la que había que borrar el rastro de esta comunidad, vinculada a la orden de un imperio anterior, que tiene que ver con Egipto y Babilonia, pero no en el sentido que le da la narrativa oficial. Por esta razón, a su alrededor se encuentran múltiples anacronismos y notables interrogantes.

La respuesta está en el Arca de Salomón, en el Templo que se erigió en su nombre dando la bienvenida a la paz sagrada de un orden mesiánico. Y esta respuesta nos la da la Cronología X-185. De acuerdo con esta reconstrucción, el Arca de la sabiduría y de la paz sería un proceso que se impondría en el siglo quince, siendo un escenario histórico que habría que entender en el contexto del siglo trece oficial. Este escenario coincidió con:

  • la ocupación mameluca de Egipto y de la Tierra Santa (año 1250 oficial),
  • la ocupación mongol de Bagdad (año 1258 oficial),
  • la alianza entre el Imperio de Nicea y la República de Génova en Constantinopla (año 1260 oficial),
  • el nacimiento del linaje de la Casa de Salomón en Etiopía (año 1270 oficial) y
  • el proyecto papal de Aviñón (año 1271 oficial).

La ocupación mameluca representa el retorno de la expansión mongol/tártara a Tierra Santa, de donde procede el poder original, después de haber tomado posesión de Eurasia, incluyendo China y la India persa, llegando en sus expediciones hasta el Japón y el continente americano. Allí se toma el control del imperio y se establece un ejército sagrado que perdurará hasta tiempos de Napoleón. Dos ciudades lideran el renacido Egipto, Alejandría y Babilonia, llamada “la victoriosa” y conocida como El Cairo, y diversas ciudades sagradas se implantan en el resto del imperio. La historia antigua lo asimila a la ocupación babilónica de Egipto, mientras que la historia medieval lo asimila a la ocupación mongol. A su vez, la historia cristiana lo asimila a la evangelización europea y a la equivalente nestoriana en Asia, bajo el paraguas del Preste Juan, dejando grandes anacronismos, ya que el Preste se lo asimila tanto a los nestorianos como a los mongoles.

La ocupación mongol de Bagdad sienta las bases del poder persa que se establece allí desde entonces, y perdura hasta la actualidad bajo la forma de la autoridad xiïta iraní.

La alianza entre los turcos de Nicea y los genoveses de 1260 (equivalente al 1445) representa el resultado de un tratado de paz que se simboliza en el Arca de la Alianza, tal como ha quedado escrito en el capítulo 11 del Apocalipsis. Hasta cinco veces aparece la cifra 1260, y dicho capítulo culmina con la aparición del Arca, con un especial significado. El 1260 representa el borrado de un libro anterior, que sería la historia real, bajo el testimonio de dos agentes, que según Isaac Newton son dos cortes sacerdotales. Es decir, se nos dice que el Arca es un pacto entre dos cortes, que serían la mahometana y la cristiana. La primera honoraría al nuevo emperador mongol, Mahoma, y la segunda a un renacido emperador greco-egipcio original, Cristo. Y ambos serían un mismo linaje (Abraham). Por esta razón en el capítulo 11 se habla de una resurrección, siendo el retorno de la autoridad de Cristo, que nace literalmente en el Capítulo 12, inmediatamente después de la llegada del Arca “del templo de Dios”. Y esta resurrección nace con el icono de María Magdalena, quien sería una princesa india, hija del Preste Juan, que casaría con un caballero de Occidente y simbolizaría este pacto. De este modo el Arca y el Ungido, Cristo, asociados a Salomón y a María, se implantan con fuerza en Occitania representando los poderes de Dios y de su Sabiduría, naciendo con ellos el papado de Aviñón, guardián de las dos llaves de este testimonio (el Arca), y la Orden del Templo de Salomón. 

Entendido esto, se comprende por qué nace en 1270 el linaje de Salomón y de Saba en Etiopía. Allí se traslada el Arca, custodiada por el Priorato u Orden de Santa María de Sion en Axum, en la Iglesia de Nuestra Señora de Sion. Ellos son el poder del Preste Juan, y de ellos son vasallos los seguidores de Cristo y de Mahoma, cuyo elemento neutral son (de acuerdo con esta lógica) el pueblo judío, garante del secreto de este Arca, que se encargarían de proteger por voluntad de Dios. Este orden se mantendría hasta el siglo diecisiete, momento en el cual se transformaría en el proyecto mesiánico de Cristo. Debido a ello, el pueblo judío se vería sometido a su estigmatización y se le obligaría a cristianizarse. Pero en este proceso, además, habría otro tipo de persecuciones: ante los cátaros (cristianos gnósticos) y la definitiva destrucción de los templos politeistas greco-romanos y egipcios. El Preste desaparecería y en su lugar nacería el papa de Roma, aunando los símbolos de la doble llave del Arca (proveniente de Aviñón) y los del Preste (la Triple corona y la Triple cruz). A su vez, se mantendría el linaje de los emperadores de Etiopía y la iglesia copta custodiaría el Arca de la Alianza en Axum, preservándola allí como un anacronismo histórico desubicado del sentido común, e ignorada por las cortes sacerdotales judeo-cristianas. Pero el secreto se mantiene en este reparto de poderes. Por esta razón, en el año 2004, el emperador etíope destronado, Zara Jacob, funda la Orden de Santa María de Sion en Etiopía, después de la publicación de la famosa novela El código Da Vinci de Dan Brown en 2003. Y, por la misma razón, dichos emperadores nunca se han dejado de significar como guardianes del Arca. Su Alteza Imperial Zara Jacob instituye la Orden Imperial del Arca de la Alianza, y en ella da el significado de su “sello”, siendo una evidencia de su significado apocalíptico (los sellos del libro de la profecía, donde cada sello es un pacto con Dios). Dice:

“La leyenda del maravilloso sello lunar que Salomón recibió del cielo, es común al cristianismo, al judaísmo y al Islam. El Sello de Salomón, que tiene su base en el suelo y cuyo ápice llega al cielo, simboliza la armonía de los elementos opuestos; su significado es a un tiempo múltiple y pluricultural. Refleja el orden cósmico, los cielos, el movimiento de las estrellas en sus esferas propias, y el flujo perpetuo que se establece entre el cielo y la tierra, entre los elementos aire y fuego. El Sello, por lo tanto, representa la sabiduría sobrehumana y el gobierno por gracia divina. No es impropio llamar al hexagrama del Sello la estrella de David” (del libro Catálogo de órdenes extranjeras en España, de 2007, de Montells y Galán)

La estrella de David, que representa al pueblo judío, sería el emblema del Sello de Salomón, del Arca.

Por esta razón, la Aviñón papal nace en el 1271, un año después de la Casa imperial etíope. Este episodio coincide con la llegada del pueblo hebreo a estas tierras, que viene de la mano del Arca de la Alianza junto a la estrategia de un doble matrimoni. Y es allí donde Israel, del linaje del rey David, adquiere mayor significado, junto al resto de Europa, hasta Georgia, que es de donde procedería su poder. 

Se iniciaba así la Pax mongólica que la historia oficial sitúa en los siglos trece y catorce, y la Ruta de la Seda, y, con ella, el Templo salomónico o paz sagrada que lo haría posible. El pueblo o comunidad judía protagonizaría este episodio gozando de una posición privilegiada, desde sus inicios, asumiendo la responsabilidad de preservar el Sello de Salomón, el Arca, como una misión ideada por Dios. 

La tradición hebrea, según se deriva de este encaje histórico, provendría del entorno de la Tierra Santa, que incluiría desde Egipto hasta el Mar Negro y, resultado de la paz sagrada, se instalaría en la forma de comunidad en lugares estratégicos como la Babilonia del Nilo, conocida como el Cairo, y donde se asentaría el Sultán de Babilonia; así como en Natolia (Anatolia) y el oeste y el centro de Europa (los Ashkenazís); el sur de Europa Occidental (cuya principal comunidad se identifica con los Sefardíes, si bien existió una comunidad catalana diferenciada que se mantuvo en el exilio hasta el siglo veinte, y una considerable presencia en el resto de Occitania, con sede principal en Aviñón); en el norte de África; y en Hierusalem; así como en menor número en el entorno persa. Más adelante, en una segunda expansión, ocasionada por los cambios del poder y su persecución, se asentaría en el resto de Europa y del mundo.

El pueblo hebreo emigraría junto a otros pueblos, algunos de los cuales se habrían trasladado en etapas anteriores. Pero su empresa estaría marcada por las leyes de una misión, pactada en el Arca de una Alianza global, cuya visión implicaría el establecimiento del orden, las leyes, de un Dios justo y benevolente que se debía obedecer, tal como ha quedado escrito en el libro del Deutoronomio de la Torah, escrito por Moisés. Por esta razón, sería autor principal de esta paz mesiánica que, como se ha apuntado anteriormente, no sería otra que el Arca de la Alianza de Salomón. Ellos habrían construido un texto sagrado de la expansión o éxodo de Egipto que se habría extendido por todo el mundo conocido. Ellos representarían al pueblo egipcio que inició la expansión de su cultura, y crearon el imaginario de Yahvé, el dios que dirigió esta epopeya. La Torah narra y glorifica, desde entonces, las tablas de Moisés custodiadas por el Arca (de Salomón), y el proyecto de paz que transformaría la cosmovisión global, siendo el puente al desarrollo de la civilización moderna que el pueblo judío nunca ha dejado de liderar. El Deutoronomio, el último libro de la Torah, resume este episodio, desde la llegada a Egipto hasta su posterior salida, camino a la Tierra Prometida. Allí se informa de las leyes de esta misión, que incluyen el no volver, y establecer en Canaán el poder de los reyes elegidos por Dios, de entre sus hermanos, para la gloria de Israel.

La historia oficial ha ubicado esta empresa de ocupación territorial junto a Egipto, tras cruzar el Sinaí, hará miles de años. Pero según la Nueva Cronología se trata de otro proyecto, destinado a ocupar todo el mundo, que tuvo lugar en la Edad Media. Es decir, Israel tendría una visión mesiánica alineada a un proyecto, que impregnaría el carácter de la comunidad judía, y sus reyes formarían parte de su pueblo, con lo cual se comprende que están intrínsecamente relacionados con los poderes monárquicos de Tierra Santa y de toda Europa. ¿De qué modo? Probablemente formarían parte de la nobleza sacerdotal, funcionarial, intrínsecamente vinculada con los poderes imperiales de Egipto. Y, de un modo singular, formarian parte del linaje de la Casa Imperial de Etiopía, descendiente de los reyes Salomón y Saba.

Moisés, el Arca, la paz sagrada y la Torah nacerían conjuntamente, en el siglo quince real, no antes. Después vendrían el resto de libros sagrados, la Biblia cristiana y el Corán, los dos últimos en torno a la autoridad imperial asociada a los grandes profetas, y, en el caso del judaísmo o tradición mística del pueblo garante del Templo de Salomón, la Cábala y el Zohar, de la mano del judaísmo rabínico asentado en Aviñón y extendido por Occitania, Catalunya, Provenza, Italia, el resto de reinos de la península Ibérica y el norte de África. Su ejército, en este caso tutelado por una autoridad imperial, sería el de la Orden del Templo de Salomón, antes de transformarse en la Orden de San Juan Bautista. Se dirigiría desde Aviñón (con sede en Sant Geli) y desde Rodas, y estaría asociado al garante del Arca de Salomón, el Preste Juan de Etiopía (que a lo largo de los siglos sería, también, la Casa imperial de Etiopía, de Salomón), antes de transformarse en el icono de Juan el Bautista según el imaginario del Nuevo Testamento oficial.

Desde Aviñón se crearía la alianza tácita y pactada europea de los poderes imperial y sacerdotal bajo la protección de la paz sagrada, que bendeciría, también, a un cristianismo gnóstico asociado a la realeza, como también lo estaría el Krishna y el Buda, antes de convertirse en el Cristo mesiánico (siguiendo el modelo del mesías judío de Moisés Maimónides, quien lo concibe como una era ideal). Jesucristo sería transformado en el último rey de Israel y el fundador de una iglesia universal con sede, esta vez, en la Roma italiana. El último rey de Israel representa a la llegada del Rey Dios definitivo y, a su vez, es un mensaje dirigido a poner fin al Templo de Salomón, que desvincularía desde entonces a los reyes con Dios, representando al nuevo orden sagrado. Antes de Roma, la sede principal habría sido Babilonia, así como Constantinopla y Trebisonda, en el mar Negro de Natolia, en honor al emperador genuino, y Aviñón vendría a ser una segunda Babilonia. 

Oficialmente, Occitania fue el punto de encuentro entre las expansiones árabe y cristiana en Occidente, en que el pueblo o comunidad judía aparece de un modo confuso, al venir sin un brazo militar y sacerdotal aliado asociado a un imperio o nación. Este inicio se comprende entre los siglos ocho y nueve después de Cristo. Extraoficialmente, allí se instauraron unos poderes provenientes de Oriente, y con ellos la comunidad del pueblo de Israel, proveniente de Egipto, que se benefició de un pacto o alianza que incluyó la tolerancia religiosa y permitió el desarrollo económico y el auge de la ciencia (el Arca con las Tablas de la Ley). Fueron los Exiliarcas de Babilonia. Los judíos fueron enviados allí, guiados por Musa Ibn Nusair (Musa significa Moisés, y era el caudillo general de los ejércitos de Egipto) para instaurar el orden y la ley de Dios, al que debían venerar y proteger de otros cultos o devociones. Inspirados por esta misión, los judíos adoptaron de ella su identidad. Incluso, las historiografías árabe y cristiana medievales reconocen que Musa trajo consigo las Tablas de Salomón, siendo este otro anacronismo que la academia de la historia ha transformado en una mesa (tabla), de Salomón, que se dice se escondió en Toledo. Las equivalencias son múltiples, e incluso es en esta época que se situa en esas tierras a la María Magdalena provenzal, asimilándola a otro pacto: un matrimonio que representa una alianza. La alianza existió, fue liderada por Moisés y representó al nacimiento del pueblo de Israel, en Occitania.

Los textos sagrados nos dicen otra cosa, y nos ubican en un pasado mucho más remoto, siendo en realidad más cercano de lo que narra la mal llamada ocupación sarracena de Iberia. Pero, estos hechos, según la Cronología X-185, deben comprenderse en el imaginario oficial del siglo trece, cuando se reordena medio mundo, especialmente en Oriente. Este pacto o alianza habría sido protagonizado por la autoridad judía, quien se habría asentado en Occidente proveniente del entorno de Natolia (o Anatolia), el Mar Negro y Egipto, al formar parte de la creación del Templo de Salomón, de la sabiduría, que habría labrado un puente entre Oriente y Occidente, tras la ocupación mongol de Asia y su intrusión en el corazón de Europa. El Arca simbolizaría este nuevo Templo, y desde entonces se custodiaría en Etiopía, en el Alto Egipto, creándose para su protección la figura del Preste Juan de las Indias, que en realidad sería la recién creada Casa imperial de Etiopía, descendiente de los reyes Salomón y Saba, en el año oficial de 1270.

Judaísmo, Islam, Cristianismo, Budismo e Hinduismo, con todas sus derivaciones, emergieron con fuerza desde el siglo quince después de Cristo, bajo el ideal original de la deidad imperial y sacerdotal egipcia, que dio pie también a la iconografía politeísta greco-romana antes de ser substituida por la iconografía judeo-cristiana actual. Emergieron en un contexto de paz simbólica, que les permitió institucionalizarse y difundirse. El proyecto, que nace en el Egipto persa, crea distintas tradiciones espirituales y durante cierto tiempo convive bajo el ideal de la iniciación mística y el culto a un doble imperio, el político o civil y el espiritual o simbólico, en que se impone la libertad de culto. Pero en los siglos dieciséis y diecisiete reales (los catorce y quince oficiales) entra en crisis, y fue entonces cuando este orden, salomónico y tutelado por el Preste Juan desde el Alto Egipto, se substituyó por un proyecto colonial bajo el ideal mesiánico, judío, de un Cristo, que se erigiría como un símbolo universal bajo la inspiración de Maimónides y el diseño sacerdotal de la nueva Roma, italiana y católica, del Vaticano, que substituiría la autoridad de Aviñón. Esta gran empresa dio lugar a múltiples mutaciones y al imaginario del último rey de Israel, para de este modo atraer a la comunidad judía hacia un nuevo templo para el pueblo de Dios. Para ello se iniciaría la reconstrucción integral de la historia, que habría transformado a Jesús en el Salvador, y habría armado a la Compañía de Jesús para este fin, junto a un ingente ejército militar e inquisitorial. Todo ello habría tenido lugar a lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho. Todo ocurrió entonces, pero no fue capaz de unir la desunión creada. A cambio, creó el escenario de una irreconciliable fractura alrededor del nuevo templo de Jesús, que perdura hasta la actualidad.

Así pues, en el siglo quince real habría que ubicar los hechos de los siglos ocho y trece oficiales, y el origen de la paz sagrada del Templo de Salomón. Pero en el siglo diecisiete tambalearía esta paz, siendo un episodio que la historia oficial refleja en el siglo quince, con la caída de la Roma de Oriente y el inicio de la gloria de la de Occidente, la Roma italiana que reconstruye el Vaticano. En el siglo diecisiete, no en el quince, tendría lugar un cambio radical de los poderes simbólico y terrenal, con consecuencias extraordinarias, hasta el punto de ser la chispa de la cosmovisión del actual relato histórico oficial, que se reconstruiría desde el siglo diecisiete y muy especialmente a lo largo del siglo dieciocho, completándose y reinterpretándose a lo largo de los siglos diecinueve y veinte.

De este modo, el judaísmo rabínico iniciaría un segundo éxodo, en este caso para protegerse de las amenazas surgidas, y el caraíta también. En este instante, la Babilonia del Nilo sería intervenida por los otomanos, ante el riesgo de escisión cristiano y judío, y se iniciaría la fractura definitiva entre las comunidades cristiana y mahometana. El Templo de Salomón se vería fracturado y se dividiría entre los poderes imperiales. Se acabarían los deberes y los privilegios judíos, y todo aquello por lo que habían trabajado como pueblo.

Desde entonces, los pueblos del mundo se reordenaron, algunos de ellos se ocuparon y se sacrificaron, y con ellos mutaron los brazos sacerdotales y el significado religioso, con distintos grados de convivencia. Pero, con el debilitamiento del Templo de Salomón, en los siglos diecisiete y dieciocho, el pueblo judío, cuya misión era difundir la voluntad de Dios en base a unas leyes que se debían cumplir, sin nación propia, tuvo que buscar refugio. Con el tiempo, pasó de ser una comunidad fiel a la lucha de un ideal labrado por un Dios justo, soberano y piadoso, a ser un pueblo unido a una Tierra Santa, Jerusalén, que lo unía a su origen y tradición, junto a las comunidades cristiana y musulmana o mahometana. Por esta razón, y no por otra, Europa toma el control de Egipto y Tierra Santa, aliada con los otomanos, en el siglo diecinueve, y es entonces cuando el sionismo político emerge con fuerza. Los hechos de la Primera y Segunda Guerra Mundial, y la posterior fundación del Estado de Israel, en 1948, labrada en el seno de las Naciones Unidas, que aparecen bajo el paraguas de las naciones aliadas vencedoras de la segunda gran guerra, forman parte de los últimos capítulos de esta epopeya.

Esta reconstrucción del mapa cronológico, por tanto, permite enlazar al pueblo judío con los hechos del siglo diecinueve y veinte. Por esta razón, el sionismo moderno y la Cruz Roja y de la Media Luna nacen en el siglo diecinueve, siendo proyectos herederos del espíritu mesiánico del Arca que se fractura entre los siglos diecisiete y dieciocho. Es entonces cuando la comunión judía toma conciencia de ser un pueblo sin nación, que reclama dignificar su historia, coincidiendo con el auge de los nacionalismos por toda Europa, en plena reconstrucción histórica. Por otro lado, la francmasonería, que nace al inicio del siglo dieciocho, sería un espacio mutado del Templo de Salomón, como también lo sería el proyecto de un Papa universal con sede en el Vaticano, que honoraría a sus raíces egipcias y haría de Roma un nuevo ideal, sustituyendo la autoridad del Preste Juan de Etiopía y apropiándose de sus símbolos. Nacería, en Barcelona, París y Roma, la Compañía de Jesús, con el lema IHS, que significa “Iesus Humilis Societas” (Compañía Humilde de Jesús); “Iesus Hominum Salvator” (Jesús, Salvador del Hombre); y “In hoc signo [vinces]” (Con este signo [vencerás]), entre los años 1719 y 1725 reales (los 1534 y 1540 oficiales), coincidiendo con las negociaciones de paz de toda Europa que acaban con el Tratado de Viena de 1725. Después de décadas de luchas entre alianzas imperiales cristianas, que liderarían un pulso por el control de la Orden del Templo, y entre mahometanos y cristianos, por el control de la Tierra Santa o su imperio original, se establecería un nuevo orden mundial, en el que el ideal de un templo sagrado para la paz mesiánica universal tendría otro significado.

Tal y como documenta Isaac Newton y constata la Cronología X-185, este último episodio tendría su relato sagrado en el libro del Apocalipsis o profecía de Juan. En él se transcribe, de forma literal al tiempo que parabólica, toda la historia real, sagrada, de una epopeya de apenas cuatro siglos proféticos, desde el trece al diecisiete reales. Entonces, y no antes, se reconstruiría la historia y sus símbolos, incluyendo las genealogías, los documentos y las crónicas que hoy en día se consideran reales y ocupan espacios preferentes en las librerías y en las mentes eruditas.

La implantación del imperio original, que la historia habría transformado en una extensa crónica dilatada, se estructura en tres etapas, que representarían a los hechos de los siglos trece al dieciocho reales. Y cada etapa se correspondería con un Templo a la paz sagrada, en que las dos primeras se asimilarían a los dos templos de Salomón o de Jerusalén, que narran los textos sagrados, y la última a la Nueva Jerusalén profetizada en el Apocalipsis.

De este modo, la Cronología X-185 traza tres grandes ciclos históricos que apuntan a una nueva era, que apenas empieza. Cada era se puede asimilar a un Templo, por lo que los dos primeros serían los dos templos de Salomón, siendo en realidad greco-egipcios, el verdadero Israel, y el tercero el de Jesús, en competencia con el de Mahoma.

1r. Templo: representado por Troya, desde donde se extiende el imperio. Se mantiene hasta que cae en el siglo quince, resultado de la lucha por el control de Egipto y el reparto de las tierras ocupadas, en el cual se pacta dividir el centro del imperio entre los dos líderes principales y su séquito, ocasionando una migración de los pueblos centrales hacia la periferia, para su control. China, Japón y parte de América restan bajo el poder intruso tártaro/mongol, junto a la India persa y Europa, pero está en juego el dominio del centro del imperio, el Gran Egipto. Hasta entonces Israel es todo el mundo. El pueblo hebreo protagonizaría parte de la expansión inicial y la documentaria, construyendo a su vez una escuela mística propia. El imaginario politeísta domina pero se extiende el poder del rey Sol o Dios omnipotente asociado a un proyecto imperial, dando lugar al Dios Yahveh.

2º Templo: representado por Babilonia, resultado de un pacto de paz, del Arca de la Alianza que custodia las tablas de la Ley de Moisés. De lo contrario, Troya se convierte en Constantinopla y aparece Hierusalem en Palestina, junto con la Meca y Medina, donde se honra a los emperadores que labraron el imperio y el Arca, respectivamente, haciéndolos semidioses: Cristo y Mahoma. Las rocas sagradas honran su fundación. Paralelamente, desde Georgia y Aviñón se honora a la figura de la reina María Magdalena, haciéndola un icono asimilable a la Madre de Dios. La autoridad de Israel adquiere una de sus principales representaciones en Iberia y Occitania, conciliando a los pueblos árabe y cristiano, por medio de la autoridad judía, que se ubica en las tierras fronterizas entre los mahometanos y los cristianos. En el terreno simbólico, los reinos bíblicos de Israel y Judea representan a los dos poderes principales, de Occidente y de Oriente, en honor de esta hazaña. Se reescribe la Torah y después de ella surgen otros libros a medida que la epopeya continúa, dejando paso a la ciencia, el derecho y la mística cósmica con diferentes variantes. El pueblo judío convive con otros pueblos al servicio de los gobiernos, el cultivo de la ciencia y de la cultura, la administración y el comercio, asumiendo su propio destino. A su vez, nacen varias cortes sacerdotales para la universalización de la paz de los emperadores, en el seno de la tradición genuina de un imperio sacerdotal de raíz egipcia sobre la que se acaban erigiendo iconos equivalentes, con distintos nombres y representaciones, asociados todos ellos a la autoridad terrenal que dibuja el mapa geopolítico (en cada gran región una gran escuela). El Templo evoluciona y se mantiene hasta que se resquebraja la paz en el corazón del imperio, donde se asientan cristianos y mahometanos y la Casa de David, a lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho, resultado de la competencia política, económica y simbólica, en todos los sentidos. Como resultado, desde Europa se propone una unificación de los poderes simbólicos que resultan ser más poderosos para el control de las conciencias, alrededor de un profeta principal mesiánico que sirva de guía. Jesús y Mahoma enaltecen. Roma toma la iniciativa de Babilonia. Italia substituye a Egipto, y el Papa al Preste Juan. Jesús el Mesías sustituye al Templo de Salomón con otra alianza simbólica: la Santa Cena.

3r. Templo. Es un proyecto. Primero es un proyecto papal que se llama Nueva Jerusalén pero se representa en Roma, y ahora es el proyecto de las Naciones Unidas. Nace y evoluciona en gran medida en la tierra occitana (que llega hasta Ginebra, Suiza), resultado de una purga simbólica que afecta a los cátaros, los judíos y los templarios, todos ellos herederos del Templo de Salomón, para luego enfrentar a los cristianos contra los mahometanos en Iberia y el norte de África, mientras un conflicto equivalente se desarrolla en el este europeo. Israel se tambalea. El nuevo Templo fracasa en su misión global pero sienta las bases de la colonización y el actual mapa cronológico, que termina absorbiendo todos los calendarios místicos (con pasados ​​simbólicos). Los pueblos y tradiciones mutan, y los que no lo hacen son destruidos y/o estigmatizados. La empresa de Napoleón se habría enfocado a reconstruir el imperio perdido, pero fracasa y con ello reescribe de nuevo la historia. La Primera Guerra Mundial sería un aviso para los poderes imperiales herederos del segundo Templo, que se verían todos ellos debilitados, en especial el ruso, el chino y el otomano. Y en su lugar se sentaría la raíz del nuevo Israel, bajo el protectorado inglés. La Segunda Guerra Mundial sería el intento de reponer un poder al modelo imperial, al estilo del primer Templo y bajo el ideal del proyecto católico del tercero, a costa de los pueblos y naciones que representan al segundo Templo y aún sobrevivían, y a costa de la libertad de conciencia. Por esta razón, desde Italia se invade Etiopía y se destruye el poder de la Casa imperial de los reyes Salomón y Saba. Pero el fascismo fracasa y aparece Israel como una nación estratégica que no renuncia a rehacer el Templo de la sabiduría y de la paz, en nombre de un tercer templo con una renovada visión mesiánica, de la mano de las Naciones Unidas, a la vez como refugio del pueblo judío.

Pero empieza la Guerra Fría y Oriente no lo ve con buenos ojos. El sacrificio árabe y otomano, tras las incursiones inglesa y francesa de los últimos dos siglos, y de una larga lista de desprecios acumulados por parte del bloque cristiano europeo, en especial el católico, hace que se encuentre en crisis y en desunión. Se siente herido, como también lo está el pueblo judío después del genocidio (y el gitano), así como medio mundo, en especial Rusia y China, que abrazan el comunismo tras las agresiones y el colapso del proyecto colonial. Se acumulan muchas heridas y el nuevo escenario nace hostil y se mantiene inestable hasta la actualidad, resultado del sistema político, económico y simbólico imperfecto que entre todos y a lo largo de múltiples generaciones hemos creado. La construcción de la historia oficial, a medida de un proyecto cristiano que rompe con el valor de la comunión imperial egipcia (a diferencia de la tradición judía), no facilita esta reconciliación. La Nueva Cronología, en especial la línea X-185, ayuda a comprenderlo. 

El éxodo, la diáspora, el genocidio y la reconstrucción de Israel es el hilo de Ariadna de la Cronología X-185.

 

EPÍLOGO

El objeto de este trabajo ha sido desarrollar los significados de Israel y del Templo de Salomón a lo largo de la historia, en la medida que ambos conceptos transcienden el significado que les otorga los textos sagrados, y por ello es necesario redefinirlos. No fueron un reino junto al Sinaí ni un templo para custodiar unas leyes en Jerusalén.

El marco de referencia de la investigación ha sido el proyecto científico de reconstrucción del mapa cronológico de la historia documentada, dirigido por los matemáticos Anatoly T. Fomenko y Gleb V. Nosovskiy. Dicho mapa es mucho más breve que el oficial. Se concentra en el último milenio y cuestiona la veracidad de toda la historia documentada hasta el siglo diecisiete, destacando que es entonces cuando empieza la reconstrucción definitiva de la historia oficial, dilatada, en un proceso que se mantiene hasta el siglo veintiuno. Los textos sagrados y toda la antigüedad se refieren a hechos de la Edad Media, y la Edad Moderna apenas existió, tal y como la entiende la historiografía académica, de modo que el imaginario medieval conviene ubicarlo en un espacio temporal más cercano.

Israel, en este contexto (la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy), se refería a todo el mundo conocido, labrado por Dios, y el éxodo hebreo se enfocó a tomar posesión de él en base a unas leyes sagradas. En cambio, el Templo de Salomón, asociado al Arca de la Alianza de Moisés, se considera un símbolo, que se habría instaurado junto con una alianza entre Oriente y Occidente en el siglo quince real. Pero, según la línea de investigación complementaria de la cronología X-185, sí que existió, y desde sus inicios ha estado custodiada por el Preste Juan, que hasta el siglo diecisiete dignifica a la Casa imperial de Etiopía. El Arca construyó un Templo, de la sabiduría y de la paz sagrada, emplazando a la comunidad judía a labrar la voluntad de Dios, quien es considerado el artífice de esta empresa. Pero, tras la implosión del imperio que se creó con él, Oriente y Occidente armaron de nuevo sus fronteras, y Egipto perdió su centralidad. Europa retomó el desafío de construir otro Templo. Hizo de Cristo un Mesías y construyó el templo de su iglesia en la Roma italiana, para lo cual trasladó allí la autoridad del Preste Juan, quien se transformaría en Juan el Bautista. En su lugar se construyeron los máximos poderes para el papa de Roma, mientras que el emperador de Etiopía dejó de ejercer la función del Preste Juan. Pero este proyecto requirió sacrificar al Templo de Salomón y reconstruir la historia creando el personaje histórico del Jesús mesiánico y sus apóstoles, que desde entonces substituirían al rol de las doce tribus de Israel, con la misión de evangelizar de nuevo el mundo según la voluntad de Dios, dejando de un lado la misión judía, y mutando con ello el significado de Israel.

Para su reconstrucción, por un lado, se ha interpretado el libro del Apocalipsis y la obra póstuma de Isaac Newton, dedicada a las profecías apocalípticas de Daniel y de Juan. Dichas obras narran, con parábolas, la historia real, y ambas la ubican en la Edad Media. Por otro lado, en base a la reinterpretación documental que permite el mapa cronológico de Fomenko y Nosovskiy, se ha desarrollado el significado paralelo del pacto del Arca de la Alianza, en el espacio europeo. Junto al pacto se instauró la monarquía europea, que se vió dignificada por la gloria de una unión matrimonial que formó parte de la alianza. Los mitos de París y Helena, de Elena y Constantino, y de María Magdalena son esta historia, que los une a los poderes de los Anjou y los Aragón, que se habrían unido al linaje de una princesa de Oriente, del Rey David y de la Casa imperial etíope. Por ello, en este trabajo se ha puesto en valor el ámbito territorial de Occitania, desde el cual se introdujo el proyecto de Israel en Europa Occidental, y la importancia que tuvo para el pueblo judío.

El trabajo se ha enfocado a dar a conocer esta historia y su fundamento, mostrando las bases diferenciales de la reconstrucción de Fomenko y Nosovskiy respecto a la línea X-185, y ha completado su análisis identificando tres etapas en la historia. La primera y la tercera son el antes y el después a la etapa del Templo de Salomón. La primera responde al Templo de los dioses emperadores, la segunda al Templo de Salomón, y la tercera al Templo de Jesús. El segundo fue un éxito, hasta que entró en crisis. El tercero se concibió con una cosmovisión mesiánica y ha tenido un éxito parcial, sin llegar a unificar a judíos, cristianos y mahometanos, provocando la instauración de un orden hostil, pero, sin embargo, ha sido capaz de crear el mapa oficial de la historia, fusionando todos los calendarios. A su vez, resaltar que esta empresa fue el verdadero motivo de la colonización europea, de los siglos diecisiete al veinte. Como se ha reiterado a lo largo de este trabajo, según la línea X-185 los siglos dieciséis y diecisiete no existieron, y del quince se pasó al dieciocho.

De este modo, mediante este trabajo se ha avanzado en la reconstrucción del mapa cronológico y en todo lo que representa para el relato de la historia humana. Ha permitido que se comprenda mejor quienes fueron los judíos antes de su persecución, se han creado más razones para reconsiderar el sentido del genocidio nazi y se ha mejorado el entendimiento de los motivos de la fundación de su estado en el actual Israel, con capitalidad compartida en Jerusalén. En última instancia, este trabajo permite realizar un sano ejercicio para comprender los desafíos de la calidad del conocimiento de la historia y repensar el presente, para de este modo reorientar el futuro, poniendo en valor el significado y los retos del proyecto de paz de las Naciones Unidas.

Dedicado a M.F.

Andreu Marfull Pujadas
8 de Septiembre de 2019

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