El origen egipcio del imperio cristiano, y la invención de la historia, según la cronología descifrada por Fomenko y Nosovskiy, y nuevas pruebas

Imagen anterior: Pantocrátor románico de la iglesia de Sant Climent de Taüll, Lleida, Catalunya, en el que Cristo aparece asimilado a un emperador bizantino medieval.

Índice

  • Cuestionar la cronología oficial es posible
  • La “Nueva Cronología” (o NC) de Fomenko y Nosovskiy
  • Los métodos de datación de la “Nueva Cronología” (o NC) de Fomenko y Nosovskiy
  • Primera reconstrucción. ¿Qué ocurrió según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy?
  • Segunda reconstrucción. ¿Qué ocurrió según la Nueva Cronología complementaria aquí introducida?
  • Tercera reconstrucción. El mapa cronológico se consolida a lo largo de los siglos XVII y XVIII
  • El cuento de Setme II, la lucha entre los Horus egipcio y etíope
  • Una nueva historia, para un nuevo imperio de Cristo, que oculta el verdadero imperio del rey David
  • Los emperadores Constantino y Eleni, en el siglo XV, y el origen del cristianismo oficial en la Provenza occitana, a través del Rey de Nápoles y de Jerusalén – María Magdalena
  • El Santo Grial, en Valencia
  • El Cristo mesiánico, resultado de un conflicto de legitimidades
  • 1453-1486, 33 años de resurrección
  • El Apocalipsis bíblico, la revelación de esta historia codificada
  • El origen no reconocido del proyecto imperial europeo
  • La Compañía de Jesús, el brazo documental
  • Reflexión final: hacia una nueva cosmovisión global 

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El origen egipcio del imperio cristiano, y la invención de la historia, según la cronología descifrada por Fomenko y Nosovskiy, y nuevas pruebas

© Andreu Marfull Pujadas
2019-05-04

Este trabajo es el resultado de un esfuerzo personal para comprender el sentido de la manipulación de la historia, cuyas evidencias se han investigado desde Moscú. Dichas evidencias han sido analizadas a fondo, con métodos científicos, por los matemáticos rusos Anatoly T. Fomenko y Gleb V. Nosovskiy, y sus colaboradores (www.chronologia.org). Asimismo, aquí se complementan con un trabajo paralelo, resultado de la voluntad de enlazar el trabajo moscovita con la historia medieval de Europa Occidental. Se trata de la tercera aproximación al mismo tema. Por un lado, se encuentra el informe, a modo de dossier documental, que se titula Hipótesis X-185. En este trabajo se describe por primera vez un resultado completo de esta investigación, que aporta los principales elementos a considerar para ampliar el impacto de esta reconstrucción a la Europa romana medieval, ubicando los siglos XIII-XV en los siglos XV-XVII, y enlazándolos con los hechos que conducen a la Segunda Guerra Mundial, a través de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX. Por otro lado, existe una segunda aproximación previa que desarrolla al dossier anterior, que se titula El origen inédito del cristianismo oficial, un matrimonio y/o un proyecto indio., en el que se sientan las bases de este tercer trabajo.

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Tal y como demuestran múltiples evidencias, no reconocidas por los estamentos oficiales que gobiernan el mundo y tutelan las academias de historia, vivimos en un imaginario histórico erróneo.

Dichas evidencias, tal y como corrobora el trabajo que se muestra a continuación, muestran que el proyecto cristiano es, desde sus orígenes, una empresa sacerdotal relacionada con el Imperio egipcio, y que dicho imperio habría empezado con el éxodo que inició, simbólicamente, Moisés, desde Egipto. En este sentido, la Torah narraria simbólicamente el modo en que se constituye el destino pueblo de Israel desde el poder del Egipto babilónico, en un instante que se erige como garante y transmisor del poder de la historia sagrada que ellos administran, con la vocación de crear un proyecto de paz universal para todo el mundo conocido. Pero este episodio habría tenido lugar en un tiempo más reciente al comúnmente aceptado, y nacería junto otros proyectos equivalentes, que tenderían a competir entre sí.

La empresa de crear un poder simbólico universal habría concebido unos poderes, políticos y espirituales, en los que la fuerza del buen gobierno civil y de las conciencias habría creado diversas escuelas espirituales, así como la figura del líder, patriarca, rey o emperador, dispersa por los territorios ocupados y/o asimilados. En sus inicios, dicha obra se habría labrado elevando la figura del gobernante a la consideración de un dios, alrededor del cual se habría constituido un poderoso cuerpo sacerdotal, quienes habrían administrado y creado los cimientos de los libros sagrados y distintas escuelas espirituales. Sin embargo, dicha expansión habría ido acompañada del uso y el abuso de la coacción de las armas y el castigo, incluyendo múltiples conflictos, alianzas y pactos, hasta que se habría impuesto una “ley”, que la habría transformado en la epopeya del “pueblo de Dios”. El pacto o Arca de la Alianza de Salomón sería uno de estos episodios, que esta reconstrucción transforma en su significado histórico y en su tiempo cronológico, pero, en cambio, le atribuye una autoridad simbólica alternativa y globalizada que transciende el significado otorgado al imaginario judaico e israelí.

Asimismo, esta expansión se documentó, dando lugar al nacimiento de la historia que, en sus inicios, tuvo la forma de unos textos sagrados. Pero, por diversas razones, estos textos acabaron duplicándose y reproduciéndose en el pasado, creando así la leyenda de sus protagonistas, mientras que los hechos reales fueron reubicados en un pasado medieval carente de significado sagrado. Es decir, ni los textos sagrados ni la historia real tienen miles de años documentados, pese a todo el constructo de métodos de datación que se ha edificado a su alrededor e invita a creer que realmente disponemos de una documentación milenaria. Por ello, es conveniente entender que el mapa cronológico actual se basa en un pasado que reúne los textos sagrados de la misma historia que se narra en la Edad Media, creando a su vez un espacio intermedio de mil años que los fusiona y una transición complementaria de casi dos siglos en el escenario histórico que representa el salto del Medievo a la Edad Moderna, en que los siglos XVI y XVII son, en realidad, un pasado añadido casi en su totalidad basado en los hechos que la historia oficial sitúa en los siglos XIV y XV.

Por esta razón, para reconstruir la historia real conviene deconstruir, antes, la oficial, y comprender el significado de su razón dilatada. Por ello, es necesario observarla como una crónica múltiple dilatada en el tiempo, con distintos saltos temporales, de siglos e incluso miles de años, y estar dispuesto a aceptarlo. De lo contrario, la fuerza de la consistencia de la historia oficial se levanta como una barrera o limitación imposible de superar, en especial en una primera instancia.

 

Cuestionar la cronología oficial es posible

La historia oficial no se cuestiona, y tiene la capacidad de incorporar grandes enigmas históricos vinculados a textos sagrados. De este modo, realidad y ficción conviven gracias, en gran medida, al poderoso impacto del mapa cronológico en la conciencia colectiva, en el que todo tiene su lugar en el tiempo. 

Sin embargo, existe otro modo de ver el pasado, si se toma en cuenta la “duda cronológica”, apoyándose en los medios científicos. De este modo, es posible abrir espacio a respuestas que, de otro modo, son irreconciliables con el mapa cronológico e histórico oficial. Por ejemplo: los mil años que hay entre el arte clásico romano y el renacentista, que parecen consecutivos pero la cronología oficial nos dice otra cosa. U otro ejemplo: la ciencia astronómica greco-egipcia que aparece más de mil años después, saltando del siglo II al XV. Es decir, ¿la respuesta a esos enigmas se encuentra en la propia reconstrucción cronológica? Tal y como se ha demostrado desde Moscú, sí. 

Gracias a la “duda cronológica” se han desarrollado métodos de datación alternativos, y se han encontrado pruebas y evidencias robustas que permiten afirmar que la historia se ha dilatado artificialmente y ha sido sistemáticamente manipulada. Más concretamente, dichos métodos demuestran que la “antigüedad” realmente documentada tiene apenas mil años de recorrido, y que antes apenas existen restos de civilización. De este modo, se comprende que el salto entre la iconografía simbólica del llamado Imperio romano politeísta y el monoteísta deba entenderse entre los siglos XV y XVII, siendo un cambio de símbolos, pero no de técnica, sin los contradictorios mil años intermedios que describe la historia oficial.

Evidentemente, este planteamiento está desautorizado por la historia misma, la medieval, que es defendida por todas las academias del mundo y está bastamente documentada en todas partes. Se trata de, a primera vista, una ecuación difícil de digerir, y el común responder es con incredulidad y una automática desautorización que se agarra a cualquier explicación alternativa. Pero, en una segunda etapa, quien mantiene la duda puede llegar a comprender que existe una solución real a esta ecuación aparentemente contradictoria, y múltiples pruebas y evidencias que así lo confirman. Los matemáticos Fomenko y Nosovskiy, mediante el desarrollo de estos métodos han reconstruido unos ejes de la historia en su totalidad, en un espacio temporal mucho más comprimido, que si bien se encuentra a medio hacer, está dotada de una coherencia estructural que permite su constante reconstrucción. Paralelamente, han reconstruido el proceso de manipulación documental y los errores de los métodos de datación tradicionales.

La mayor parte de los eventos y las obras de la antigüedad no informan de sus años de un modo convencional, y sus dataciones responden a un consenso oficial entre científicos arqueólogos e historiadores que, todos ellos, dan por buena la cronología oficial. Incluso, el método del “radiocarbono 14” está sujeto a este mapa cronológico, ya que los ajustes dependen de variables que se ajustan en base a datos que se ha acordado establecer como buenos y no lo son en un sentido estricto, como la variabilidad de la radiación solar a lo largo de la historia. Asimismo, dicho método está sujeto a variables o márgenes de error de hasta 1.200 años, en el caso de referirse a muestras de los últimos 2.000 años, tal y como resaltan los matemáticos rusos. Por otro lado, la mayoría de las fechas atribuidas a la antigüedad se basan en crónicas que, oficialmente, han sido publicadas por religiosos cristianos a partir del siglo XVI dC. oficial, de cuyo manuscrito oficial no ha quedado rastro alguno. Dicha realidad hace referencia a las docenas de cronistas griegos y romanos, así como medievales, que se difunden entre los siglos XVI y XX oficiales, y que incluyen las poderosas crónicas reales escritas, en algunos casos, por los propios reyes. Y, claro está, si lo transmiten la iglesia y la monarquía pasan a ser, de facto, oficiales. Del mismo modo, es remarcable resaltar que fue la propia iglesia cristiana quien introdujo el modelo de un santo para cada iglesia, en especial entre los siglos XVII y XVIII dC. oficiales, siendo todos ellos de dudosa autenticidad, así como también fue ella quien, para implantar su devoción, introdujo el símbolo de las “reliquias sagradas” de un modo masivo en toda la cristiandad, a lo largo de los siglos XII-XX oficiales, llegando hasta el extremo de aparecer varios cálices de la Santa Cena, sudarios de Cristo, “santos prepucios” de Jesús (más de una docena), infinitos restos humanos de santos y apóstoles e “infinitas” reliquias de la cruz del martirio de Jesús, entre otras muchas evidencias de su obvia falsedad (y exageración). Por otro lado, sin desear poner en tela de juicio el valor o vocación íntima de la fe religiosa, basta añadir que el mito de la “creación” del mundo en una semana, por parte de Dios; de la tierra plana, el geocentrismo o la génesis de la humanidad con Adán y Eva; así como de la asimilación del hombre, masculino, a imagen y semejanza de Dios; es decir de las bases de la cosmovisión del hombre y su destino como el centro del Universo, para quien todo ha sido creado, ha sido un imaginario diseñado y defendido por la iglesia hasta el siglo XIX dC., por no decir en gran medida hasta el XXI, y apoyado por todos los fieles. Y ha sido la iglesia quien ha sentado las bases de la historia oficial, antes de dejarla al análisis científico y académico a partir del siglo XIX, mientras, a su vez, impide la libre interpretación de los libros sagrados hasta la actualidad.

Entonces, ¿qué ocurrió?

El resultado, simple y llano, es que todo es radicalmente pragmático y atenta contra los poderes que lo han impuesto, y que, todavía, gobiernan al mundo de un modo formal, e informal. Es como un jarro de agua fría. Todo es distinto a lo imaginado, y no da lugar a la mítica y a la epopeya, por no decir a la magia fantasiosa, de los grandes misterios que, cada vez más, alimentan contenidos en el ocio mediático. Únicamente con una alta dosis de racionalización y con un esfuerzo adicional para superar los imaginarios colectivos es posible transcender esta historia y descubrir, en su esencia, su “gran humanidad”.

 

La “Nueva Cronología” (o NC) de Fomenko y Nosovskiy

Nadie, prácticamente nadie, contempla la opción de una manipulación histórica a escala global, y mucho menos que ésta incorpore el diseño de un mapa cronológico dilatado. Pero existe una corriente científica que identifica un escenario cronológico alternativo, en el que todo adquiere otro sentido y excluye la fantasía que tradicionalmente se asocia a los misterios anteriormente citados. Se trata de un camino trazado en los últimos siglos por diferentes autores, como Isaac Newton o Alexander Morozov, que en el siglo XXI está liderado por dos matemáticos rusos, Anatoly T. Fomenko y Gleb V. Nosovskiy. Su obra se conoce como la “Nueva Cronología”. Es decir, la búsqueda de la duda cronológica no es sólo una corriente defendida por los matemáticos rusos. De hecho, son varios los científicos que lo exploran, y hace tiempo que se habla de ello. La crítica al mapa cronológica existe desde el momento en que se crea el mapa cronológico oficial, oficialmente a finales del siglo XVI, como una denuncia de la creación arbitraria de la historia.

Fomenko y Nosovskiy, sin embargo, son quienes han llegado más lejos. Ellos, junto a otros colaboradores, han desarrollado el fundamento de una reconstrucción integral del mapa cronológico oficial, que permite dotar de un nuevo significado al constructo histórico y, complementariamente, permite explorar la lógica de su origen. En último término, permite hacer aproximaciones razonadas a un relato histórico diametralmente alternativo al oficial. Esta corriente ha desarrollado numerosos métodos de datación de hechos y objetos de la antigüedad incorporando la lógica de la duda cronológica. Es decir, entiende la datación como una variable que no tiene por qué ajustarse al mapa cronológico oficial, en la medida que éste se ha instituido por religiosos europeos, oficialmente, en el siglo XVI, al margen del rigor científico.

De forma resumida, informar que la NC concluye que sólo a partir de la mitad del siglo XVII se empieza a disponer de una razonable equivalencia de hechos y fechas, y que tanto el texto bíblico como los hechos de la Edad Media son la misma historia, por lo que el mapa cronológico-histórico oficial ha sido recreado de forma artificial. Las pruebas, astronómicas, estadísticas e históricas, que incorporan la identificación de evidencias de manipulación sistemática, son concluyentes.

La Nueva Cronología no es una hipótesis ni una teoría, es un conjunto de múltiples y variados métodos de datación que muestran que la historia oficial, y su cronología asociada, son erróneas y han sido manipuladas. En un lenguaje académico, se trata de una teoría contrastada que presenta un nuevo tronco cronológico para la historia de las civilizaciones humanas, pero que su detalle se encuentra en proceso de reconstrucción. Algunos aspectos están más desarrollados que otros. Es decir, se dispone de unos elementos estructurales con una base sólida, pero la reconstrucción de la historia es compleja y pesada, por lo que entra en conflicto con un constructo aceptado que requiere el planteamiento de hipótesis complementarias que, de entrada, ponen en crisis cuestiones consideradas fuera de duda. Esta situación, más allá de ser una exposición rigurosa del grado de desarrollo de la nueva historia que ofrece la Nueva Cronología, es a la vez un inconveniente. La historia oficial ha creado múltiples barreras a la aceptación de alternativas de la altura de esta investigación.

La vía que ofrece esta nueva cronología implica la decodificación de una historia diferente a la oficial, que se puede seguir a través de unas trazas determinadas. Pero, sin embargo, estas pruebas presentan serias resistencias del sentido histórico comúnmente aceptado, por motivos obvios: uno de ellos es objetivo, y el otro subjetivo. El primero (la duda objetiva) es debido a que, tal y como se introduce en este apartado, parte de la historia reconstruida se encuentra en una etapa inicial, y esto genera incertidumbre y múltiples contradicciones aparentes. El segundo (la duda subjetiva) se debe a los valores inherentes a la historia oficial, que están comúnmente aceptados y forman parte de la conciencia colectiva. Y alterar este orden simbólico no es tarea fácil. No es un ejercicio sencillo comprender las razones de una reconstrucción deliberada de esta magnitud, que implica la creación de un pasado dilatado en el tiempo y afecta, simultáneamente, a los textos sagrados y a las historias antigua y medieval. Por este motivo, pese a disponer de múltiples pruebas que muestran esta manipulación, la resistencia a su aceptación es extraordinaria. La negación, en este sentido, sobrepasa la lógica del rigor científico.

 

Los métodos de datación de la “Nueva Cronología” (o NC) de Fomenko y Nosovskiy

En primer lugar, ¿cómo empieza esta investigación?

A lo largo de los siglos XVII y XX diversos científicos, como Isaac Newton, han cuestionado el mapa cronológico. Pero, como se ha resaltado, son los matemáticos Fomenko y Nosovskiy quienes han llegado más lejos. El punto de inicio de la duda cronológica fomenkiana es la constancia de que los eclipses antiguos sólo son correctos en las dataciones que hacen referencia al siglo XIII después de Cristo en adelante, y que todos las anteriores son una invención basada en cálculos que incluyen errores. La NC demuestra que sólo a partir del siglo XIII dC. se puede afirmar que existe una correcta datación de los eclipses documentados, y eso significa que no existió el Almagesto griego atribuido a los astrónomos Hiparco de Nicea y Tolomeo, sino que se confeccionó en el tiempo histórico que hoy se considera la Baja Edad Media, precediendo los estudios de Copérnico y Galileo, como es lógico. El Almagesto, para quien no esté informado al respecto, es la primera enciclopedia astrológica que se conoce, proviene de Oriente y se difunde en Europa a partir del siglo XVI, oficialmente. Es decir, debido a ello se deduce que, en un determinado momento, en que se dispone del conocimiento para predecir los eclipses, se crean textos antiguos con eclipses predichos erróneamente al pasado. Este imaginario antiguo y poderoso habría sido deliberadamente dotado de eclipses para hacerlo infalible, pero habría errado en la precisión que se logra en los siglos XVI y XVII dC., y, en el siglo XX, con el avance implacable de la astrofísica, se descubre el engaño.

A partir de la demostración científica de esta evidencia, se inicia un trabajo de investigación que acumula décadas de dedicación. En base a este planteamiento, los matemáticos rusos han desarrollado una extensa obra y distintos métodos de datación, astronómicos, y otros complementarios, en los que se identifican numerosas evidencias de duplicidades de ciclos genealógicos y hechos históricos, mediante la técnica estadística. Paralelamente, la NC ha explorado estos espacios de crítica, resultado de las dudas y resistencias razonables que se han ido elaborando a medida que se ha ido avanzando en esta investigación:

  • Crítica a la cronología oficial a partir del siglo XVI.
  • Crítica a la cronología de los acontecimientos bíblicos.
  • Crítica a la cronología y a los hechos de la Antigüedad.
  • Crítica a la medición del tiempo en la Edad Media.
  • Crítica a los métodos arqueológicos basados en la cronología oficial.
  • Crítica a la dendrocronología.
  • Crítica al método de datación del radiocarbono (Carbono-14).
  • Crítica a la datación numismática.

En conjunto, los métodos de datación de la NC son su aportación científica. Sus resultados aportan pautas para la reconstrucción de la historia, pero, sin embargo, este trabajo es otra empresa, que requiere de una investigación complementaria y de otro calado, al tener que lidiar con un poderoso constructo histórico que lo contradice.

En primer lugar, resaltar que la NC dispone de una sólida base astronómica que incorpora la datación de los zodíacos presentes en los templos antiguos, en especial a los egipcios, que informan de una civilización mucho más reciente, así como de un origen alternativo de los símbolos cristianos. En segundo lugar, la NC ha desarrollado unos métodos de datación complementarios que se basan en el análisis estadístico y el razonamiento empírico y documental. Dichos métodos muestran que efectivamente existe una creación artificial del pasado hasta el inicio del siglo XVII dC., y que afecta especialmente a las crónicas de los antiguos imperios grecorromano, egipcio, chino y japonés, así como a los poderes espirituales indios y a las crónicas de los imperios medievales de los mundos musulmán y cristiano, que afectan a la empresa mongol de la Baja Edad Media y apuntan a los orígenes del Imperio ruso (el heredero oficial del Imperio romano).

Como se ha indicado, el trabajo desarrollado es mayúsculo. En este sentido, con la finalidad de facilitar su introducción al lector, a modo de resumen, los métodos de datación empleados para la reconstrucción de la Nueva Cronología se pueden agrupar en tres familias principales:

  1. el análisis astronómico de los zodíacos presentes en los templos antiguos (principalmente egipcios, romanos y cristianos), que informan de una fecha real que se puede reconstruir de forma precisa a través de la posición de las constelaciones y los planetas que se representan (como en una carta astral);
  2. múltiples métodos de análisis empírico y estadístico aplicados a los textos antiguos, en las grandes crónicas históricas, en los textos sagrados y en las genealogías de los grandes gobernantes, que permiten identificar sus duplicidades e incluso ubicarlos en su tiempo real; y
  3. un nuevo mapa cronológico global para la historia de las civilizaciones humanas, que incluye la lógica de un proceso lineal de desarrollo tecnológico, es decir la lógica del progreso científico, que se inicia aproximadamente en el siglo X dC.

Respecto al análisis astronómico se obtiene:

  • Gracias a la comprobación de los eclipses narrados en el relato histórico se constata que sólo son reales a partir del siglo XIII dC.
  • Gracias a los horóscopos transcritos en zodíacos egipcios (y en otros lugares del mundo, como el Vaticano) se constata que los más antiguos son del siglo X dC., y que antes no hay. Los más modernos son del siglo XIX dC. Es decir, Egipto está construyendo templos hasta el inicio de su expolio sistemático por parte de las potencias europeas, en el siglo XIX dC.
  • Gracias al horóscopo ubicado en el techo interior de la Sala de los Pontífices de la Ciudad del Vaticano, una de las salas de los conocidos “apartamentos Borja”, se constata que informa del año 1670, en contraposición a los años 1492-1494 que fechan su creación oficial (con la salvedad que en los años 1513-1521 se reconstruyó el techo debido a su derrumbe en el 1500). Dicha sala fue un encargo del papa valenciano Roderic Borja, conocido como Alejandro VI (Papa entre 1492 y 1503). Es decir, dicho dato corrobora que el inicio de la colonización hispánica conviene situarla en el último cuarto del siglo XVII, antes de la Guerra de Sucesión Española que tiene lugar en el inicio del siglo XVIII, y que el grueso del conjunto de San Pedro del Vaticano conviene entenderlo ejecutado en el siglo XVIII, en pleno “barroco”.
  • Gracias a la identificación del zodiaco presente en el libro del Apocalipsis bíblico, descubierto por el filósofo francés Ernest Renan (1823-1892), se puede afirmar que éste se refiere al 1-10 de octubre del año 1486 dC. Dicha fecha coincide con los 33 años después de la caída del Imperio romano de Oriente, en Constantinopla, y con el inicio de la reconstrucción del “Nuevo Mundo”. Es decir, coincide, simbólicamente,  con la “resurrección” del imperio cristiano, en significado y en los 33 años de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Y esta fecha es singular. Tal y como ha enlazado el autor de este trabajo: a) en abril de 1486 el almirante Colón informa a sus majestades los reyes de Aragón y Castilla de su proyecto de la ruta atlántica hasta las Indias (oficialmente en el monasterio jerónimo de Guadalupe, en Extremadura); y b) y el 10 de octubre de 1486, el rey Juan II de Portugal envía una expedición doble, por tierra y por mar, para contactar con el Preste Juan de Etiopía. Dicha expedición marítima representa la primera circunvalación del continente africano oficial, bautizando de este modo al cabo de “Buena Esperanza”, en Sudáfrica.

Es decir, los templos sagrados y el libro del Apocalipsis informan de las fechas reales en que fueron hechos o que, por otro lado, se desean memorar. Asimismo, otros zodíacos en templos romanos dedicados a Mitra, y otros cristianos dedicados a los doce apóstoles, fechan años compatibles con esta reconstrucción, siendo todos ellos más próximos a la actualidad que los años de su creación acordados oficialmente. La “Nueva Cronología” informa de las fechas de los templos o obras que contienen zodíacos en diversos trabajos. Es recomendable acceder al libro on-line How it was in reality (de 2012), en el que al final de cada capítulo (correspondiendo a cada siglo reconstruido) se indican los resultados de las fechas de los zodíacos analizados hasta la fecha.

Respecto al análisis estadístico se obtiene:

  • Gracias al análisis estadístico de las crónicas oficiales, con diferentes metodologías, se constatan múltiples duplicidades e invenciones, entre el Antigüedad y la Edad Media.
  • Gracias al contraste de genealogías de los grandes reyes, emperadores y / o monarcas (y papas) desde la antigüedad hasta el siglo XVII, se constata que son una recreación, basada en una crónica común de la Edad Media.

En este sentido, la crónica oficial de los Zares-Khanes de los años 1276-1600, según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, muestra que sirvió de base para la reconstrucción cronológica del religioso Joseph Justus Scaliger, quien, oficialmente, en el año 1583 (extraoficialmente podría haber sido posterior) crea el mapa histórico-cronológico principal que se mantiene hasta la actualidad.

¿Qué muestra el análisis estadístico de esta crónica genealógica? Muestra que fue tomada de referencia para la siguiente lista de “reflejos fantasma” genealógicos:

  • La “historia antigua” rusa (≈X-XIII dC.).
  • El Imperio Habsburgo (1273-1600 dC.).
  • El Sacro Imperio Romano Germánico (≈X-XIII dC.).
  • El antiguo Reino de Israel, según la Biblia.
  • El antiguo Reino de Judá, según la Biblia.
  • El Tercer Imperio Romano (≈III-VI dC.).
  • El Segundo Imperio Romano (≈I aC.-III dC.).
  • El zar de Roma = El Primer Imperio Romano (≈VIII-VI aC.).
  • El Imperio Bizantino “Cero” (≈330-553 dC.) y la primera mitad del Primer Imperio Bizantino (≈553-700 dC.).
  • La primera mitad del Imperio Bizantino (≈830-980 dC.).
  • La primera mitad del Tercer Imperio Bizantino (≈1150-1300 dC.).
  • La historia de Inglaterra medieval (≈400-1327 dC.).
  • El Imperio Carolingio (≈680-890 dC.).

Es decir: la Biblia, la historia antigua y los hechos de los siglos XV y XVII se empiezan a componer en el siglo XVI, y todos los textos son la misma historia: la expansión del Imperio Mongol/Horda, que ocupa casi todo el mundo.

Dicha reconstrucción de equivalencias esta ampliamente documentada desde Moscú, y puede consultarse una recopilación a modo de ejemplo en The dynastic parallelism of great lineages: The phantom reflections of the same mediaeval dynasty.

Los métodos principales de la NC son en esencia éstos, si bien su detalle incorpora métodos complementarios que aquí no se especifican sólo se nombran.

  • Método de los máximos locales.
  • Método de reconocimiento y datación de linajes de gobernantes.
  • Principio de amortiguación de frecuencias. Método de la ordenación de los textos históricos en el tiempo.
  • Método de datación de los sucesos.
  • Principio de duplicación de frecuencias. Método de descubrimiento de duplicidades.
  • Análisis estadístico de la Biblia.
  • Método de los formularios-códigos. Comparación de dos flujos largos de biografías antiguas.
  • Método de datación y ordenación cronológica correcta de mapas geográficos antiguos.

Todos ellos son el resultado de décadas de dedicación, iniciada por la duda científica de la correcta datación de los acontecimientos. Por supuesto, se añade una argumentada y extensa crítica a los métodos de datación tradicionales y la exposición de un mapa cronológico alternativo donde la historia resultante incorpora una coherencia sorprendente. Para más información consultar los volúmenes I y II de la obra History: Fiction or Science?, donde se describe la duda científica original y el detalle de los métodos, debidamente argumentados, con sus resultados principales: http://chronologia.org/en/seven/overview.html

De acuerdo con estos resultados, la historia real es mucho más breve, y se concentra en el último milenio, por lo que se plantean múltiples preguntas y una inevitable incomodidad.

Todos estos métodos, debidamente analizados y argumentados, concluyen que la historia antigua, hasta el siglo XVII dC., se basa en una reconstrucción múltiple y dilatada del pasado, que toma de referencia un texto común que se compila entre los siglos XII y XVII dC., no antes. Este texto es, en origen, el relato sagrado del periplo expansionista del imperio egipcio, antes de convertirse en el Antiguo Testamento.

Es decir, la Biblia, las historias antigua y medieval y el inicio de la Edad Moderna son una reconstrucción deliberadamente dilatada de unos hechos reales que la historia oficial ha transformado en imaginarios históricos alternativos, por razones de poder simbólico.

El resultado del análisis y del contraste entre los métodos tradicionales de reconstrucción de la historia y los métodos que la NC aplica es sorprendente. Algunos son:

  • La base documental de la historia es el resultado de una manipulación integral hasta el siglo XVII, y desde entonces se promueve una historia diseñada para legitimar los poderes que se pactan entre los siglos XVII y XVIII.
  • El control del tiempo sólo es real desde los siglos XII-XIII dC. Antes no hay historia escrita, documentada, debidamente ubicada en el tiempo.
  • Las crónicas antiguas son una invención, extraídas de una crónica tipo que documenta poco más de tres siglos;
  • la Biblia y la Historia Antigua se diseñan simultáneamente, y se conciben como un relato simbólico;
  • Biblia y Antigüedad son un diseño creado para justificar la creación de los poderes simbólicos del Mundo, que la academia oficial acaba aceptando, siendo una invención integral basada en la historia de los siglos XII-XVII, básicamente;
  • las crónicas y las genealogías reales hasta el siglo XVII son una invención posterior, y entre los siglos XVII-XVIII se copian el conjunto de archivos documentales que los legitiman, siendo trasladados al nuevo calendario y, generalmente, traducidos a lenguas universales como el latín o el griego.
  • En el siglo XVIII se crean las Academias de Historia y se diseña la imposición de una Cronología Global en todo el mundo, desde Europa.

Por otro lado, mediante la “nueva historia” resultante, derivada del nuevo mapa cronológico, se obtiene como resultado el comprender que la historia humana documentada es extraordinariamente breve; que resuelve la totalidad de las dudas o misterios de la antigüedad; y que, mediante una exposición razonable, ayuda a observar, con un racionalismo crítico, la lógica de las evidencias que niega la conciencia colectiva (manipulada).

¿Qué dudas resuelve, pues?

  • el origen de las pirámides y su expansión por el mundo;
  • las equivalencias entre los iconos de Cristo, Buda, Krishna y Horus;
  • el origen común de las grandes religiones judeocristianas;
  • el sentido del pueblo de Israel, de Mongolia y de Rusia, de los poderes de Europa y del diseño artificial del Sacro Imperio Romano de la nación Germánica;
  • el traslado del poder del emperador romano a los papas;
  • el poder financiero de los judíos;
  • el origen de los EE.UU., de Suiza y…
  • múltiples lógicas que sólo una historia común breve e intensa como la que ofrece la NC puede explicar debidamente.

 

Primera reconstrucción. ¿Qué ocurrió según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy?

La NC no sólo demuestra que la cronología oficial está dilatada, sino que también reconstruye la historia en el tiempo, a partir de unas líneas maestras. Mediante una representación gráfica, basada en su obra principal, se pueden reconstruir los siguientes ejes, establecidos sobre el mapa cronológico compatible con la obtención de los datos obtenidos mediante los métodos de datación de la NC:

Narrado sucintamente, ocurrió que, entre otras muchas cuestiones fundamentales, el mapa cronológico real es más breve que el oficialmente instituido, y que la obra de evangelización de los discípulos de Jesús que se nos ha dicho conviene entenderla como un diseño histórico-simbólico reciente. 

Esta es la historia del sentido de la historia oficial que, resultado de un diseño, crea un antes y un después de Cristo que implica dilatar la historia. Mediante esta reconstrucción, se crea el poder simbólico y espiritual que, en un pasado mítico, se capitaliza en torno a un emperador, hasta convertirse en el poder de Cristo. Sólo de esta forma se puede lograr el imaginario simbólico necesario para elevar el poder de Cristo a la altura de un icono que, en un determinado momento, pasa a liderar todo un imperio. Anteriormente, dicho icono desarrolla distintos rostros, como Horus, Krishna o Buda. Previamente, se expande el imperio egipcio, griego y persa, y mongol, por todo el mundo conocido, antes de que esta epopeya se transforme, simbólicamente, en la expansión de las doce tribus de Israel, de la mano de los doce hijos Jacob, nieto de Abraham, desde Egipto.

Inicialmente, los emperadores, que dependen del poder sacerdotal para gobernar a los pueblos, colaboran en la reconstrucción simbólica. Gracias a ello, la historia dilatada se acaba imponiendo.

Jesús no habría existido hace dos mil años. De hecho, habría sido el resultado de un diseño que habría ido evolucionando e incorporando trazas de hechos reales referidos a un linaje imperial proveniente de Egipto, no al linaje bíblico del rey David. Dicho de otro modo, esta reconstrucción muestra que existió un proceso que condujo al Cristo oficial contemporáneo, en el que el propio personaje evolucionó dejando diversos imaginarios históricos bajo distintos nombres o representaciones. 

Inicialmente, el Cristo representa el inicio del linaje del “gran Israel”, no al último “rey de Israel” que describe el Nuevo Testamento. Pero en determinado momento se elimina este vínculo y, simbólicamente, se le sacrifica como al último rey y se lo transforma en el único “hijo de Dios”. Antes, todos los emperadores lo son, todos son la palabra y la voluntad de Dios en la tierra. Cuando esto tiene lugar, en la órbita cristiana, se crean mil años de historia dilatada y, más adelante, se crea un pasado artificial de entre uno y dos siglos que permite cubrir simbólicamente la transición entre lo que llamamos Edad Media y Edad Contemporánea. La Edad Moderna, de este modo, ha sido casi toda ella elaborada y manipulada, siendo la piedra angular de la reconstrucción de la historia. Entre los siglos XVI, XVII y XVIII se construye y se publica la reconstrucción del pasado anterior que, en el siglo XIX, nos viene en la forma de enciclopedias y grandes archivos que lo confirman. Pero, a su vez, en estos siglos se reconstruye la transición de los poderes de Oriente a Occidente, ocultando que se trata de un proceso más corto, que, a su vez, incluye la creación artificial de los orígenes de los líderes cristianos europeos, para de este modo pasar a la historia como unos héroes dotados de legitimidad. Dichos poderes serían realmente intrusos y provenientes de Oriente. La historia oficial lo denomina incursiones griegas, fenicias, romanas, góticas y mongoles, y lo envía al pasado, siendo la mongol la única crónica ubicada en su tiempo real.

El periplo de Israel es, según este planteamiento, el proyecto imperial egipcio que la historia oficial asimila, simbólicamente, a la expansión mongol inicial. Dicha expansión tiene un implacable testimonio en la propia crónica de Gengis Khan y los mongoles, que se populariza en el siglo XIX. 

¿Qué muestra esta crónica?, escrita en los siglos XVIII y XIX?

  • El Imperio Mongol y la Horda Rusa son el mismo proyecto, que tiene su punto culminante alrededor de los siglos XIV-XV con la expansión del cristianismo desde París hasta Pekín, a cargo de los Franciscanos. Después (entre los siglos XVI y XVIII) sus destinos se separan.
  • En el momento de máxima expansión se decreta un edicto que proclama: “Se ordena a todos los súbditos vivir en paz los unos con los otros, y se prohíbe a los poderosos oprimir a los pobres”. Hasta entonces, el Gran Khan es el único soberano, y su palabra es la voluntad del Cielo en la Tierra. Es la denominada Pax Mongólica.
    La cronología de esta expansión coincide con la reconstrucción cronológica que promueve la “Nueva Cronología” (a continuación se habla de ella).
  • El Rey David de Israel se equipara al Gran Khan, y éste al Preste Juan de las Indias (que se traslada a Etiopía).
  • Por otro lado, se afirma que los mongoles eran descendientes de los Reyes Magos de Oriente.
  • El proyecto mongol es el del pueblo de Israel, y Canaán es el mundo entero. Gengis Khan sería el Rey David. Ellos son el pueblo de Dios, que el Cristianismo se hace suyo, y están en la raíz de las principales escuelas espirituales del mundo. Por eso los mongoles y los israelitas son un pueblo de pastores. 

El proyecto imperial de Egipto es la Tierra Prometida por Dios al pueblo de Israel que, desde el Nilo y, posteriormente, desde Katharia, ocupa casi todo el Mundo, con la fuerza de los caballos y el alimento del ganado, para luego utilizar el poder naval del dominio de las rutas oceánicas. Las pirámides son su testimonio, y los métodos de datación de la Nueva Cronología son las pruebas. Los templos egipcios autentifican la fecha real que representan, a través de los zodíacos que lucen sus muros, y sus dataciones se sitúan entre los siglos X y XIX dC., no antes. 

A grandes rasgos, de esta manera se resuelve el enigma del misterioso mausoleo egipcio recuperado para la conciencia histórica en el siglo XIX dC. Los líderes de la expansión del pueblo de Dios fueron enterrados en el gran mausoleo del río Nilo, por su gloria y simbólica resurrección. Es decir, allí no hay enterradas 33 dinastías de faraones, sino los protagonistas de la expansión de un imperio que habrían sido objeto del ritual de la resurrección o viaje al reino de los cielos egipcio, antes de transformarse en el imaginario del paraíso y la resurrección tras la muerte del imaginario cristiano y mahometano. Del mismo modo, esta reconstrucción reformula el sentido de la autoridad judía, que habría documentado esta epopeya siendo a su vez protagonista, tanto del proceso de ocupación inicial por medios combativos como del proceso posterior una vez establecida la paz y los cimientos de su desarrollo. Ellos se transformaron en un brazo del imperio egipcio, y por esta razón fueron piezas fundamentales dotadas de obligaciones y privilegios, al servicio del imperio, hasta el momento que éste se fracturó y se repensó, alrededor de un proyecto monoteista asociado al icono de un profeta supremo. Y esto ocurrió entre los siglos XVII y XVIII. Del mismo modo, los gitanos fueron una casta del ejército imperial, que al implosionar los dejó dispersos por medio mundo, sin nación propia, como le ocurrió a los judíos, a medida que se imponía un nuevo orden mundial bajo varias cosmovisiones espirituales y una dispersión generalizada de poderes terrenales en la forma de estados y alianzas débiles y/o robustas, que variarían en función de los acontecimientos.

Asimismo, respecto a la hegemonía europea que oficialmente se inicia con la “gesta” del descubridor Cristóbal Colón, resaltar que la NC sitúa la colonización europea en el cambio de los siglos XVII y XVIII, pero antes habría habido un intercambio desde América hasta Europa por el Atlántico. Todo formaría parte de la reconstrucción del Imperio en Occidente, como ocurrió en el Renacimiento, pero en un tiempo más cercano. Dicho de otro modo, la Edad Moderna no empezaría a mediados del siglo XV (en 1453) sino a mediados del siglo XVII. El Humanismo renacentista entroncaría, pues, con la Ilustración barroca, directamente. Por lo tanto, la “colonización” europea implica (más allá de lo que se reconoce oficialmente) la imposición global de este proyecto de reconstrucción integral de la historia, de los poderes que se reparten y del mapa cronológico que lo explica, junto con la reconstrucción de un Cristo resucitado que se lo hace el “hijo de Dios”. La línea principal habría sido promover un Cristo universal y reconocer (en origen) al Papa de Roma, pero este patrón entraría en conflicto con las diferentes escuelas espirituales o civilizaciones nacientes (que de un origen común habrían desarrollado sus propios iconos). Debido a ello, en el año oficial de 1492 se hace coincidir el “descubrimiento” de América con la expulsión u obligada conversión de los pueblos judío y musulmán en España, por orden de los “reyes católicos”, siendo unos hechos que conviene entender realmente en el último cuarto del siglo XVII.

Por otro lado, y como complemento a la información ofrecida en el párrafo anterior, otra de las principales aportaciones de la contrastación histórica realizada por la NC es la demostración de la invención del Sacro Imperio Romano de los Habsburgo, que en realidad habría sido un imperio fugaz de entre los siglos XVII y XIX, cuya reconstrucción estaría basada en el Imperio Griego (o Romano o bizantino), de la misma forma que lo habría sido la autoridad de los papas de Roma. Su proyecto habría sido el de crear una “nueva Roma”, italiana, y para ello se reconstruyó su presencia medieval desde tiempos de Carlomagno. Por esta razón la historia oficial lo denomina “Sacro Imperio Romano Germánico”, que no significa otra cosa que “hermanado”. Y, por esta razón, y no por otra, la Italia medieval habría estado sujeta a sus dominios, hasta el siglo XVIII. La etapa de los Habsburgo hispánicos habría sido, por tanto, otro episodio inventado, al menos hasta mediados del siglo XVII.

 

Segunda reconstrucción ¿Qué ocurrió según la Nueva Cronología complementaria aquí introducida?

Hasta aquí esta brevísima introducción a la reconstrucción de la historia que ha elaborado el equipo de matemáticos rusos. Sin embargo, en este trabajo se aporta una reconstrucción complementaria, por parte del autor del trabajo, resultado del proceso de reconstrucción de esta Nueva Cronología en las tierras de Europa Occidental. En este punto de la descripción conviene resaltar que el fundamento de la Nueva Cronología no es la reconstrucción de la historia, sinó los métodos de datación, y la reconstrucción es un brazo menor, que requiere un gran desarrollo. Es siempre controvertido y, por ello, es el punto fuerte de todas las oposiciones a su aceptación. En este sentido, aclarar que este trabajo complementa y robustece el trabajo ya realizado desde Moscú, en temas de especial importancia, sin los cuales es difícil extrapolar su sentido a Europa Occidental. Por esta razón esta aportación no le resta valor, al contrario, le aporta, y se integra plenamente en el eje cronológico desarrollado mediante los métodos de datación de Fomenko, Nosovskiy y sus colaboradores. Pero se trata de una reconstrucción inicial, que requiere de más piezas para, con cautela y rigor, ir avanzando hacia una reconstrucción mayor.

A través del análisis de los mapas y otros documentos, todos ellos estructurados en el eje troncal del mapa histórico desarrollado desde Moscú, se aporta un argumentario coherente a la etapa europea de los siglos XV-XVII, que se ajusta a la etapa de mayor expansión y estabilidad del desarrollo político, económico e institucional del imperio euroasiático y norteafricano (y americano) que identifica la Nueva Cronología, en Europa Occidental. Dicha etapa se ubica en la historia oficial de los siglos XIII-XV, que: a) se inicia con la toma de poder del Imperio griego por parte de Occidente; b) prosigue con el papado de Aviñón, asociado a un poder hebreo en sus tierras, y a la Orden de San Juan (que sería la Orden del Templo de Salomón); y c) culmina con el traslado del Papa a la Roma italiana, donde se reconstruye el Vaticano.

A medida que se avanza en el trabajo se van añadiendo pruebas y evicencias, pero, a modo introductorio, para no perder de vista el tronco principal de esta reconstrucción (y no irse por las ramas) ocurrió lo siguiente:

El Preste Juan se convierte, en torno a los siglos XV y XVII, en un Gran Khan espiritual que se traslada a Etiopía, en una época en que se decreta el edicto que proclama el imperio de la paz y la justicia para todos, la Pax Mongólica. Es el mensaje del Nuevo Testamento y el de los principales libros sagrados. El Preste Juan aparece, pues, de la mano del mito de Jesús/Krishna/Buda, y es su origen común. Los Reyes Magos de Oriente serían Khanes que habrían “bendecido” la aparición del “Cristo” que difunden ellos mismos. 

La Pax Mongólica, de los siglos XIII y XIV oficiales, formaría parte del Arca de la Alianza, custodiada por el Preste Juan, que sería el resultado del reequilibrio entre dos poderes, custodiados por las tropas de la Orden del Templo de Salomón (la cruz), por un lado, y por las tropas mamelucas (la luna), por otro. Para hacerlo más entendedor: fue el equivalente a un tratado de paz después de una guerra que repartió los dominios entre dos contendientes, con la peculiaridad que se creó un líder espiritual, el Preste Juan, para ambos. Y este líder sería el verdadero origen del proyecto universal del Papa de Roma, cuya misión (desde el cambio de los siglos XVII-XVIII, no antes) habría sido reestablecer un nuevo orden mundial a costa del resto de iconos creados a imagen y semejanza del dios inicial, y de sus profetas, a los que se pretendería asimilar a Jesús, quien sería enaltecido de forma extraordinaria por la historia oficial de nueva creación, y por el “nuevo” testamento que nos ha llegado a nuestros días. De todo ello habla este trabajo.

De este modo, en este trabajo se aporta un significado complementario a tres agentes principales de la historia oficial, vinculados a Europa: a) al Arca de Salomón; b) al Papa de Roma; y c) al imperio que se construye a su alrededor, entre los siglos XV y XVII, de acuerdo con el mapa cronológico de la Nueva Cronología desarrollada desde Moscú.  

 

Tercera reconstrucción. El mapa cronológico se consolida a lo largo de los siglos XVII y XVIII

A partir de esta tercera reconstrucción se fusionan las líneas de Fomenko y Nosovskiy y las aportadas por el autor de este trabajo.

A grandes rasgos, la historia oficial parte de un proyecto simbólico, dirigido a toda la humanidad, que implica el traslado al pasado de la historia reciente y, en este pasado, se crea una cronología dilatada en el tiempo. Es decir, la historia, entendida como disciplina, nace como una reconstrucción que crea y falsea un pasado mítico que en realidad es mucho más cercano de lo que está oficialmente documentado, antes de erigirse como ciencia en los siglos XIX y XX. Los archivos documentales históricos, se refieran a asuntos políticos, religiosos o civiles, juntamente con el imaginario de los antiguos historiadores clásicos, que se crean con los relatos que se les atribuye, están manipulados o son, básicamente, una reconstrucción.

Las pruebas y las evidencias que han contrastado los matemáticos rusos Anatoly T. Fomenko y Gleb V. Nosovskiy permiten reconstruir el mapa cronológico oficial y comprender la dimensión de esta empresa. Ellos han descifrado que la tierra prometida, Canaán, es un proyecto imperial concebido en la Edad Media. En un sentido bíblico es la tierra del pueblo de Dios. En un sentido histórico, estos hechos hay que entenderlos como una fusión de las expansiones de los pueblos grecorromano, persa y tártaro o mongol, que habrían sido la misma empresa: la expansión del poder de la civilización egipcia. Por otro lado, el contraste de esta documentación permite añadir la reconstrucción de la evolución del poder de Dios entregado al emperador hasta el momento en que se le extrae y, resultado de una empresa monumental, se acaba convirtiendo en un símbolo desatado, históricamente, de cualquier vínculo con los poderes dinásticos que gobiernan el mundo. De este modo, nace el icono de Cristo, que se envía al pasado y se sitúa, simbólicamente, como evolución de unas culturas que, realmente, se habrían desarrollado con él. Todo se recompone pero nada es gratuito.

Esta es la crónica de la historia de un proyecto imperial que ocupa el mundo entre los siglos XII y XIV, que se consolida entre los siglos XV y XVI y que, en el siglo XVII, implosiona. En la época de expansión se crea el poder del emperador a imagen de la voluntad de Dios, en la posterior consolidación se honra su poder simbólico en honor a su líder original y, en su última versión, en un intento de transformarlo en un guía universal, se crea el mito de Cristo tal y como nos llega en el siglo XXI. En esta última versión, se lo convierte en el último de los reyes de Israel, se sacrifica simbólicamente y se resucita en la forma del hijo de Dios. Se le hace obra del espíritu santo y se le extrae el puente con los grandes linajes, para capitalizar el poder de los emperadores y entregarlo al cuerpo sacerdotal que le ha conferido la fuerza simbólica.

Desde un punto de vista racional, el poder de Cristo es el del Horus egipcio, después de haber adquirido la autoridad del dios Sol, Helios, Theos o Zeus en la cosmovisión griega y la del Dios Ra-Amon, o Amon-Ra. El Horus Cristo es a quien la diosa Isis hace resucitar para transformarse eternamente en Dios. Pero a lo largo del tiempo adquiere diversas formas, como el Cristo gnóstico, el Buda y el Krishna, alrededor de las diferentes áreas de influencia asociada a poderes o alianzas geopolíticas. Y, esto que se menciona a continuación es importante, de hecho es la pieza fundamental que permite comprender el porqué de todo este megaproyecto histórico, liderado en origen desde Egipto y luego desde Europa. Con la finalidad de labrar el “imperio de Dios” es necesario delegar esta autoridad a alguien, que represente a este orden simbólico, del mismo modo que se delega, actualmente, sobre los obispos y los papas. Pero inicialmente no fue así, existían patriarcas y reyes que compartían este poder, asimilable al del “gran emperador”. Debido a ello, aparece el “Cristo emperador”, que adquiere el poder simbólico eterno de los emperadores o poderes dinásticos, que son sus descendientes. Cuando esto ocurre, el poder imperial es también el poder sacerdotal, el poder máximo. Pero el propio orden requiere estabilidad, y tanto poder acaba por competir entre sí, poniendo a todo un linaje al mando de este fin y atentando contra su legitimidad espiritual. Debido a ello aparece la “sabiduría” y otro orden, en un inicio labrado por una estirpe espiritual, que es también imperial, pero digna de esta condición. Dicha estirpe se sitúa en el Alto Egipto, en las tierras ahora compartidas por Nubia y Etiopía. Su líder es el Preste Juan, antes de serlo el Papa de Roma.

En determinado momento histórico, que aquí se relaciona con el Apocalipsis y la fecha de su zodíaco, el 1486 dC., se crea el poder del Preste Juan, Jan o Khan, que desde entonces custodia la autoridad simbólica temporal del “Arca de la Alianza de Salomón”, que la NC asimila a la alianza Horda-Otomana, es decir griega-caucásica y árabe o persa. Desde un punto de vista histórico, su origen es el resultado de un pacto entre poderes, que se sella el año 1486 dC. y requiere de un tiempo para materializarse. Este pacto es el Arca de la Alianza que honra al rey Salomón y la historia oficial transforma en el sultán Solimán el Magnífico. Su linaje es el poder imperial de Axum, donde el Preste Juan custodia del Arca, y, su poder, es el de la Casa Imperial de Etiopía o Abisinia, que se declara descendiente de los reyes Saba y Salomón e inicia su reinado, oficialmente, en 1270. Pero su poder no llega a los dos siglos reales, y, según la lógica de este planteamiento, su origen debe entenderse casi dos siglos más adelante (XVI-XVII), hasta que se acaba desmantelando a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII. En el artículo El origen inédito del cristianismo oficial, un matrimonio y/o un proyecto indio se habla de ello, a través del análisis del manuscrito llamado El BECERRO General (de Diego Hernández de Mendoza, situado en la Biblioteca Nacional de España, Sede de recoletos: MSS/18244 V.1. Código de barras: 1001199011). Dicho manuscrito afirma:

  • Se explica el origen de los poderes del cristianismo, vinculados al Preste Juan, y el origen de los poderes de los linajes del Reino de Castilla (con gran imaginación).
  • El máximo poder recae en el Preste Juan, de Abisinia, que tiene por vasallos a dos emperadores, uno de Greciana (Grecia) y el otro de Damasco. Representan al sultán otomano (o de Babilonia) y al emperador griego.
  • El Preste Juan es un descendiente de los grandes reyes, que por indicaciones de tres reyes magos de la Indias se convierte en el Señor de las Indias y gobernador terrenal. En la misma elección, los tres reyes y todos los grandes hombres de las indias acuerdan escoger la memoria del apóstol Tomás como líder espiritual para el gobierno perpetuo de sus tierras. Este líder sería Santo y moriría virgen, y el Preste Juan no se diría ni Rey ni Emperador.
  • Los gloriosos tres reyes se llamaban Melchor (Rey de Nubia, que ofreció oro), Baltasar (Rey de Galijsaba, que ofreció incienso) y Gaspar (Rey de Tarsi y de Visol o Grisola, donde se enterró el apóstol Santo Tomás).
  • La crónica del Preste Juan explica que hubo un gran príncipe de las indias que tuvo una única hija, que tenía que casarse, y lo hizo con un caballero cristiano de Europa Occidental. La unión ocasiona una lucha con los seguidores de la ley de Mahoma. El matrimonio es bendecido por agua (por Juan Bautista), por fuego y por sangre.
  • Se indica que la historia de los tres Reyes y la historia del matrimonio que supone la aceptación de la ley de Cristo son la misma historia.
  • Se resalta que el Reino de Jerusalén está unido al Reino de Nápoles, en unos hechos que la historia oficial corrobora pero a partir del siglo XIII, en la ocupación de Nápoles por parte del conde de Provenza, Carlos de Anjou.
  • El supuesto autor del manuscrito fue Diego Hernández de Mendoza, el cronista del Conde de Ribagorza y ​​de Cortés, de Navarra, a quien dedica unas sentidas palabras.
  • Se narran otras interesantes crónicas, que requieren de un estudio aparte.
    • Ejemplo 1: el rey de Aragón tiene el gran honor de ser descendiente de los godos que conquistaron Asia, y proviene de los “getas” (de Rumania). Los “getas” se habrían enfrentado a sus señores y luego habrían vuelto a su tierra de origen para recuperar sus mujeres (ocupando Grecia). Este episodio, curiosamente, está narrado en la cruenta ocupación de Atenas y Neopatria por parte de los catalanes almogávares, en las crónicas de los inicios del siglo XIV dC., quienes se habrían apropiado de las mujeres griegas Es decir, aquí se ubica el origen de los poderes de los reyes de Aragón en esas fechas y, por tanto, contradice el inicio de los condes catalanes y aragoneses que nacen, oficialmente, con la empresa de Carlomagno, entre los siglos VIII y IX dC. Y, todo ello, encaja con la NC.
    • Ejemplo 2: el primer rey de Portugal no procedería de Enrique de Borgoña, sino de Henrique el hermano del emperador de Grecia, quien se casaría con doña Ximena Guzmán y ovaría un hijo llamado Alonso, que primero sería duque y luego el primer rey de Portugal. Todo ello concuerda con la NC.
    • Ejemplo 3: los poderes de los Toledo, los duques de Alba, no proceden de una familia castellana afincada en Toledo en el siglo XI, sino que el primer “Toledo” habría sido Esteban, hermano del emperador de Grecia, quien entonces habría ocupado la ciudad de Toledo y de esta gesta habría tomado el apellido. Todo ello concuerda con la NC, y con otras fuentes que afirman también su origen bizantino.
    • Ejemplo 4: respecto al origen del pueblo vasco, que El Becerro asimila a Vizcaya, se narra algo parecido, poro más mítico. Se los asocia a los guerreros que tomaron y destruyeron a Troya, y a quienes habrían huido de la destrucción de Jerusalén, que se habrían instalado en Burdeos, Narbona e Inglaterra. Se trata, por tanto, de un episodio altamente simbólico que, además, se vincula a la doble crueldad de Caín, el hermano de Abel. Vizcaya significaría dos veces Caín. Los análisis científicos lo corroboran. Existen numerosos estudios que constatan las equivalencias genéticas y lingüísticas entre los vascos y los caucásicos, con el turco y con las comunidades baskires de los Urales rusos. En este sentido, estas teorías dejan de ser una anomalía curiosa para ser una evidencia contrastada cuando se corrobora con todo lo anterior.
    • Ejemplo 5: el primer poblador del Reino de Galicia fue el hijo mayor de Jafet, el tercer hijo de de Noé tras el Dilubio, y luego vinieron gentes de la Galia Gótica, que el autor sitúa en un mismo señorío de Francia y Alemania. En un inicio, se la habría denominado Galia Menor, siendo éste el origen de la denominación de Galicia. Por otro lado, el primer gran conde fue el de Trastamara, que se refiere a un río llamado Tramara, y honora a los reyes de España. Su escudo es un cáliz dorado sobre fondo rojo, que se confirma con los mapas medievales.

Es decir, por un lado, los poderes de los reyes de Portugal y de los duques de Alba, habrían ocultado su verdadero origen griego e imperial, de la órbita de la Grecia medieval (caucásica) y lo habrían europeizado, mientras que el pueblo vasco tendría un origen parecido, pero no imperial, como es el caso de los aragoneses. Por otro, se pone en duda el verdadero origen del fabuloso poder de la Borgoña medieval, asociada a la flor de lis y a María Magdalena (situada en el monasterio benedictino de Vézelay durante los siglos XI y XIII dC.). Por tanto, esta prueba es un ejemplo válido que corrobora el trabajo de la NC, en todos los sentidos. Ubica los hechos de Nápoles, Jerusalén y Provenza en el tiempo oficial del siglo XIII, en el instante histórico que el conde y rey Carlos de Anjou descubre las reliquias de María Magdalena en Provenza, donde se veneran desde el año 1279 (más adelante se retoma de nuevo este hilo documental). 

Respecto a Galicia, se observa una forma de dignificar al patrón de España, el apóstol San Jaime, que se encuentra sepultado en Santiago de Compostela, a través de la dignificación de esta tierra asociada a Noé y del Santo Cáliz. Pero este dato es anacrónico, porque ha sido utilizado por otros cronistas con otros fines. Por ejemplo, en el siglo XVI, el papa Alessandro Farnese (Paulo III), hermano de Giulia Farnese, la amante del papa Roderic Borja (Alejandro VI), y papa fundador de la Compañía de Jesús, entrega al emperador Carlos V un árbol genealógico (realizado oficialmente en 1536) del príncipe Felipe (futuro rey Felipe II), haciéndolo descendiente directo de Osiris, entendido como nieto de Noé y padre de Horus, llamado también Hércules egipcio. El linaje sigue la rama de las casas de Francia y Habsburgo, no las de los reyes de Castilla. Y no es un caso aislado. Ya existía otro árbol similar dedicado a los Reyes Católicos realizado por Giovanni Nanni en tiempos del papa Roderic Borja, el Papa Alejandro VI que lideró los primeros pasos del proyecto colonial ibérico (siendo Papa entre los años oficiales de 1492 y 1503). Pero rápidamente se encuentra otra versión que le pone cierto orden, y en el que todo se hispaniza. En un libro fechado en el año 1570, de Esteban de Garibay, censurado por el propio rey Felipe II (Compendio Historial de las Chronicas y Vniversal Historia de todos los Reinos de Espanna), se afirma que el primer rey de España fue Túbal, nieto de Noé, que vino a España proviniente de Babilonia, y que Osiris (Osiris Dionisio) aparece en tiempos del séptimo rey español, siendo un rey de Egipto que envía a Gerión a ocupar y a gobernar España, y funda Gerona (Gerión = Gerona). Luego muere de manos del propio Osisris por tirano, y los hijos de Gerión desean venganza, poniendo Tyfon, el hermano de Osris, en su contra. Pero Osiris lo mata, y envía a España a su hijo llamado Hércules y Apollo, y los vence (a ellos y a tres reyes), reinando así en España y ubicando dos columnas en Cáliz (Cádiz), las “Columnas de Hércules”. Es decir, poco a poco se reconstruye la historia, que parte de una fantasía legendaria que tiende a hacerse cada vez mayor, incorporando a su vez versiones del mito de Osiris (de su lucha con su hermano Seth=Tyfon, al que vence, y de la victoria de su hijo Horus=Hércules). Pero esto no es todo, ya que existe otra crónica similar que, según parece, era muy antigua y muy popular durante la Edad Media: la crónica de Flavio Josefo, que ya decía que el primer rey de España fue Túbal, pero que vino de la Iberia del Cáucaso, para fundar Iberia en España, cuyo hijo fue Íbero, que dio nombre al río Ebro. Es decir, todo indica que en en esta época se reconstruye un pasado fantasioso, que se inventa la antigüedad recreando los orígenes orientales de los poderes de Europa, pero ubicándolos en tiempos pretéritos, de acuerdo con la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy. Desde entonces (siglo XVI oficial, pero más bien siglos XVII y XVIII) abundan los orígenes bíblicos de los reyes de España, que se difunden hasta el siglo XIX (obras hechas por jesuitas) y, desde el siglo XIX, son desechados, coincidiendo con la aparición de la arqueología y la geología, que demuestran que, realmente, no existen evidencias de estos pasados remotos ni de un origen del mundo a siete mil años vista, como dice la Biblia. Resumiendo, al referirse a Galicia, El Becerro toma por buena la versión de Túbal, en una versión sencilla (que contradice al Papa), y nos ubica en una primera ocupación de España de gentes provenientes de Iberia o Babilonia, y de Egipto.

Por otro lado, este manuscrito muestra el origen del diseño del Preste Juan y, en cierto modo, de Cristo, que en origen no se llamaría Jesús y sería un modelo inspirado en Santo Tomás. Cristo y el Preste aparecen por obra de tres reyes, que serían tres khanes de las Indias, que habrían decidido honrar a su líder espiritual Tomás. Ellos son, literalmente, los Reyes Magos, que el Nuevo Testamento habría transformado en la crónica de tres reyes que habrían venido de Oriente para alabar al nuevo Rey de Israel. Este episodio se enmarca con el matrimonio de la princesa con un caballero cristiano. El matrimonio es, también, un pacto, la alianza Horda-Otomana que identifica la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy, y representa la autoridad de Cristo de los descendientes de la princesa. Este pacto equivaldría al Arca de la Alianza (de Salomón), que custodiaría en Etiopía el Preste Juan (y el emperador de Etiopía), y se corresponde a la denominada Pax Mongólica, que habría ido acompañada de un pacto entre los poderes resultantes tras la expansión mongol-egipcia. Los dos báculos del Preste, que indica la sobiranía del mismo sobre los emperadores de Grecia y Damasco, representan al Arca de la Alianza, y cada uno de los imperios tendría sus ejércitos. Grecia tendría a los templarios, y Damasco a los mamelucos. En una lectura paralela, respecto al bando griego, la versión del matrimonio de este manuscrito equivale al mito de María Magdalena, que se habría casado con un rey de Europa Occidental, y habría dado a luz a los poderes cristianos en Europa, ocasionando las leyendas de París y Helena (de Helena de Troya); de la bella Vianna y el caballero París; así como la singular historia de Pierre de Provenza y la linda Magalona, ​​que sería la hija del Rey Megalón de Nápoles y fundaría “la primera iglesia”, la Iglesia de [San] Pedro, que posteriormente se llamaría la Iglesia de Magalona. Magalona está en la costa de Montpellier, en el mismo lugar que se sitúa la comunión de Eudoxia Comnena y Guillermo de Montpellier, que se habrían unido en matrimonio a la par que se crearía, allí y en la misma época, la Orden del Espíritu Santo representada por la flor de lis, la misma que refiere a la Orden del Priorato de Sión y a los reyes de Francia (junto con los Anjou, quienes asumirían el trono de Inglaterra, Provenza, Nápoles y España), que se relacionan, extraoficialmente, con el origen merovingio procedente del linaje de Jesús. Eudoxia sería sangre imperial bizantina, y su hija la llamaría en varios documentos “emperatriz”, y tendría por hija a María, quien casaría el 1204 con el rey Pedro de Aragón, dando como descendiente al rey Jaime I el Conquistador (más adelante se retoma este episodio). De todo ello, se concluye que se refiere a una comunión entre Oriente y Occidente que incluye la implementación de una “iglesia”. Es decir, existen razones que, de un modo simbólico o real, apuntan a que se habría establecido un matrimonio entre Oriente y Occidente a partir del cual se habría iniciado un nuevo orden. Y esto habría tenido lugar antes de la persecución sistemática de la iglesia católica ante sus fieles cristianos, quienes inicialmente habrían abrazado el proyecto gnóstico y espiritual descrito en los modelos cátaro y cabalístico, así como en el modelo monástico benedictino, ambos ubicados oficialmente alrededor del proyecto de Provenza, Montpeller, Magalona, Aniana y Aviñón, en la Occitania medieval, antes que esta fuera sometida por los reyes del norte de la actual Francia, del mismo modo que estos hicieran con los templarios (la Orden del Templo de Salomón) y los catalanes.

 

El cuento de Setme II, la lucha entre los Horus egipcio y etíope

Con la vocación de dar autoridad a un nuevo escenario geopolítico, se concibe el Nuevo Testamento bíblico definitivo, después de haber extendido el Antiguo Testamento, que narra la epopeya de este imperio, la del pueblo de Israel, de Dios, proveniente de Egipto, y diversas versiones del testamento del Cristo-rey. En una de ellas retorna a Egipto, y compite con el dios Horus para resucitar, simbólicamente, en un icono que recuerda a Jesús. Esta crónica está documentada en el cuento egipcio de “Setme II”.

Tal y como ha identificado de un modo ejemplar el egiptólogo Llogari Pujol i Boix (2015, libro Érase una vez… Jesús, el egipcio, publicado en Barcelona, Ediciones de La Tempestad), experto en escritura demótica, el cuento egipcio de Setme II expresa lo siguiente:

  • El cuento representa el juicio final, en el más allá, para expresar la fuerza del juicio del trono divino, junto con el cuento de un dios nacido entre los hombres para salvar al mundo del poder maligno proveniente de Etiopía.
  • El cuento representa una lucha entre Egipto y Etiopía, entre dos magos que se llaman Horus. El Horus Etíope se presenta como un paje de Etiopía, que lleva una carta sellada que desafía al faraón a descubrir qué dice. Si-Osiris, hijo de Setme y nieto del Faraón, revela el contenido: es la profecía de una maldición que caerá sobre Egipto, que anuncian tres magos etíopes. Para vencer al Horus Etíope, aparece un Horus Egipcio, y luchan. Al final gana el Horus Egipcio, que implora a Osiris, el gran Dios. Por el camino, son torturados el faraón y el Virrey de Etiopía con 500 latigazos cada uno. Horus de Egipto, cuando vence, revela que en realidad es Si-Osiris.
  • Una vez Si-Osiris (hijo de Osiris también dicho Horus de Egipto o Horus hijo de Panesit) vence a Horus Etíope (hijo de La Negra o también llamado Horus hijo de Tnahsit, o hijo de la Princesa), consigue que el Horus Etíope y su madre se comprometan a no pisar Egipto durante 1500 años. Al cabo de 1500 años, Si-Osiris vence definitivamente al Horus Etíope.
  • El Horus Egipcio es el hijo de Osiris, y nace entre los hombres por voluntad de Dios (Osiris), que se anuncia en sueños a Mahistusket, la mujer de Setme, el hijo del Faraón. Setme sueña que se llamará Si-Osiris y hará maravillas en la tierra de Egipto. La concepción de Si-Osiris se narra al inicio del cuento.
  • Al final, Si-Osiris explica su misión: salvar al mundo, y desaparece dispuesto a volver. A continuación, Setme y Mahistusket tienen otro hijo, de nombre Wsj-Mnt-H.r (que significa “poderosa paloma de Horus”).

Tal como descifra Llogari Pujol, se trata de un cuento con significativos paralelismos con el Nuevo Testamento, tanto en la figura de Cristo como en el relato del Apocalipsis. Sin embargo, en este trabajo es de interés resaltar el hecho de que Dios (Osiris) se transforma en Si-Osiris y después en Horus Egipcio, para acabar creando la “poderosa paloma de Horus”, que representa su gloria eterna. Si-Osiris sería Juan el Evangelista, Horus Egipcio sería Jesús y la paloma sería la venida del Espíritu Santo. Si-Osiris y Horus son a la vez Juan el Evangelista y Jesús, ya que son la misma obra de Dios.

Los 1500 años de paz indican que los hechos se sitúan alrededor del año 1500, apuntando al 1486 (la fecha del Apocalipsis, que se correspondería con el Arca de la Alianza). La Negra, o la Princesa de Etiopía sería, en realidad, el mito de María Magdalena, y su hijo será el último emperador que pretende ser Cristo (Horus). Por otro lado, Juan el Evangelista (Si-Osiris) es el Preste Juan, que bendice a Jesús (Horus), con el fin último de redimir a la humanidad con la venida del Espíritu Santo (la poderosa paloma de Horus). Los tres magos de Etiopía son los tres reyes magos que anuncian la llegada del Mesías, cuyas tres coronas luce históricamente el Preste Juan, y, a partir de determinado momento, el Papa de Roma en su triple tiara papal.

Haciendo una lectura complementaria, representa que Cristo deviene eterno, y deja de ser un símbolo asociado al “soberano del mundo”, el Gran Khan, que recibe un “sacrificio” por parte de los sacerdotes. Las latigazos al Rey de Israel (Jesús), al Faraón y al Virrey de Egipto son el símbolo de su sacrificio. Desde entonces, el alma de Cristo se traslada a los hombres, y los emperadores se convierten en mortales.

Finalmente, el desafío de Etiopía en Egipto representa la imposición del Preste Juan, que a partir de entonces custodia el secreto de la imposición de la ley de Horus, de Jesús, diseñada en el Arca de la Alianza del Apocalipsis, que desde el siglo XV se encuentra en Axum, Etiopía, y es custodiada por el linaje imperial etíope.

De ahí proviene el Cristo original, del mismo modo que allí se refugian los padres de Jesús y de allí retorna, de Egipto, para guiar a la humanidad. Por esta razón se le hace hijo del Dios omnipotente. Pero el poder de Egipto babilónico, tal y como describe el Apocalipsis, se acaba desmantelando, y este episodio conviene entenderlo bien, ya que en él se borra el rastro egipcio del Jesús salvador. Y este proceso, el desmantelamiento del poder de Babilonia, que es El Cairo (en árabe es Al-Qahira, que significa “la victoriosa”) ocurre en el cambio de los siglos XVII y XVIII. Cuando esto ocurre, poderes originales se trasladan a Europa occidental, y reconstruyen desde allí su autoridad.

 

Una nueva historia, para un nuevo imperio de Cristo, que oculta el verdadero imperio del rey David

Tomando de referencia el eje de la reconstrucción de la historia que ofrece la Nueva Cronología, y, añadiendo la reconstrucción complementaria que ofrecen las crónicas aquí analizadas, se concluye que la alianza Horda-Otomana de los siglos XV-XVII dC. fue en realidad una alianza entre Oriente y Occidente, en la que se habría aprendido a convivir y comerciar, respetando las distintas representaciones del “hijo de Dios” que se habrían ido imponiendo por la inercia de las tradiciones. Y dicha etapa conviene entenderla como la etapa medieval que se benefició de la ruta de la seda, en el marco de la Pax Mongólica, oficialmente durante los siglos XIII y XIV. Pero dicha etapa se inició a finales del siglo XV y se mantuvo hasta el siglo XVII.

Asimismo, entre los siglos XVII y XVIII, tras una reordenación integral de los poderes de la alianza del Arca de Salomón, que incluye la expansión otomana en Tierra Santa y el traslado parcial de los poderes originales a Europa occidental (que la historia oficial ubica entre los siglos XV y XVI), tiene lugar un conflicto bélico sin precedentes que acaba en una negociación. Y dicha negociación incluye el proyecto de reconstruir los poderes, tanto los simbólicos o espirituales como los de los líderes terrenales, naciendo la Compañía de Jesús (en Barcelona, París y Roma, por este orden), bajo la observación de los poderes cristianos ortodoxos y las vocaciones evangelistas nórdicas, germánicas e inglesas, con la intención de reunificar los imperios bajo un símbolo de Cristo más poderoso.

El proyecto inicial supone el verdadero desafío de la colonización europea: cristianizar el mundo y dirigir su destino. En sus inicios, el Papa de Roma es el líder, que se autoproclama pastor universal, y el Sacro Imperio Romano hermanado o germánico es el garante, que se concibe como la reconstrucción del imperio original. En este proceso, el papado se reubica a la Roma italiana, procedente de Avinyón, y reconstruye la historia a través del mítico imperio de la gran Roma que habría aceptado el Cristianismo por la superioridad moral de su fe. La Compañía de Jesús, concebida simbólicamente (y quizás realmente) en el seno benedictino de Montserrat (Cataluña), tiene la misión de reescribir y promover la nueva historia que glorifica el poder de Cristo, a costa de borrar la autoridad de María Magdalena, quien representa al linaje del rey David de Israel. Paralelamente, la Santa Inquisición es la encargada de combatir cualquier resistencia en el corazón de Europa y, a medida que Europa coloniza los otros continentes, imponer el Nuevo Testamento. La persecución inquisitorial, la censura de las publicaciones, la quema de libros y el control absoluto sobre todos los archivos, así como la creación del archivo secreto del Vaticano (de la Santa Inquisición) esconde este oscuro episodio.

En el lenguaje cristiano, este desafío europeo está descrito en el Apocalipsis, que promete el regreso del ángel de Jesús y la concepción de la nueva Jerusalén después del borrado del poder de Babilonia y la gran batalla en que el caballero blanco (San Jorge) vencerá a las bestias (el dragón), pero dicha crónica describiría, en verdad, los hechos de los siglos XII-XVII, incluso el inicio del XVIII. Esta “nueva” Jerusalén se habría concebido, en determinado momento, en Moscú, siendo el actual complejo del Kremlin, que reconstruye el diseño apocalíptico de esta nueva sede del imperio de Jesús, tal y como demuestra la NC. San Jorge honora a Rusia, y a otras grandes naciones de la Europa medieval, por esta razón, siendo todas ellas herederas del proyecto caucásico de Georgia (junto al original Reino de Iberia), en una época en que su capital simbólica habría sido la actual ciudad turca de Trebisonda, y su principal ejército la Orden del Templo de Salomón, cuyos símbolos han sido asimilados a la República de Génova medieval. 

A modo de singularidad añadida, relacionada con el personaje de Andrónico (el Cristo identificado por la Nueva Cronología) y su vinculación con Georgia y Trebisonda, varias cosas a añadir:

  • Trebisonda, borrada de la conciencia colectiva y ensalzada por Cervantes en el prólogo de El Quijote (junto al Preste Juan), fue, oficialmente, la capital del Imperio de Trebisonda que luce la actual águila bicéfala dorada sobre fondo amarillo de Rusia, que, también oficialmente, representa al antiguo Imperio romano. Todos los mapas medievales que se han conservado muestran dicho emblema únicamente en dicha ciudad. Dicha ciudad fue, a su vez, la capital de la iglesia griega hasta la destitución del Imperio otomano, en el siglo XX dC., y el origen de los poderes del imperio de Nicea creado por los descendientes del emperador Andrónico Comneno, el Cristo emperador original que identifica la NC. 
  • Andrónico Comneno gobernó, oficialmente, tres años (1182-1185 dC.), fue detenido injustamente por un tumulto popular favorecido por la nobleza rebelde, condenado a martirio y atravesado por la espada de un soldado romano. De este modo tan singular, la historiografía oficial nos informa de este icono asociándolo a la biografía de Jesús.
  • El inicio de la gloria del Reino de Georgia nace con el rey David de Georgia (rey los años oficiales de 1089-1125 dC.), quien es considerado el más grande gobernante de la historia de Georgia, y fiel promotor de la cultura cristiana ortodoxa. Su icono se refiere al rey David de Israel.
  • El Reino de Georgia luce la mayor representación de la cruz roja cristiana sobre fondo blanco en su emblema, desde la Edad Media, con una cruz central envuelta de otras cuatro cruces en cada cuadrante delimitado por la cruz principal.
  • La fundación de Trebisonda se debe, oficialmente, a la alianza entre los nietos de Andrónico, llamados Alejo y David, y la prima hermana de Andrónico, la reina de Georgia llamada “Tamar la Grande” (reina entre los años 1182-1213), quienes recuperan así el poder arrebatado por los Àngelus a los Comneno, en 1185. Isaac Ángelus fue quien derrotase a Andrónico Comneno y se apropiase del trono del Imperio Bizantino. Ellos crean, en nombre de los Comneno, el Imperio de Trebisonda en el año 1204 oficial. Por otro lado, Trebisonda podría hacer referencia a la sonda con la que David vence a Goliat, donde la “sonda” sería, en realidad, el artilugio del cañón o catapulta, que habría vencido al poder gigante anterior, más rudimentario (dicha lectura la aporta la NC). Resultado de este pulso, habría nacido el principado de Moscú, y se sentarían las raíces del Arca de la Alianza de Salomón.
  • A modo de hipótesis razonada, añadir que la reina Tamar fue también reina de Iberia, y que su nombre puede hacer referencia al inicio del reino de los Trastámara castellanos y aragoneses, quienes se convertirían en los ancestros principales de los llamados “reyes católicos”, Fernando e Isabel. Del mismo modo, el linaje imperial de los Comneno puede hacer referencia al dios Amón, del mismo modo que lo hicieran los nombres de muchos faraones egipcios, como lo fuese Akenatón. Y, por último, resaltar que los matemáticos rusos Fomenko y Nosovskiy determinan, a través de sus análisis estadísticos, que los poderes Anjou que se implantan en Francia e Inglaterra durante la Edad Media, y que ocupan España como resultado del desenlace de la Guerra de Sucesión Española (1701-1715), son los poderes bizantinos de los Angelus que derrotan a los Comneno, en el siglo XII oficial.
  • En el mismo año 1204 oficial, el conde de Flandes deviene emperador del Imperio bizantino, conquistando Constantinopla. Lo hace con motivo de la cuarta cruzada cristina, que en lugar de ir a Jerusalén se desarrolló en Constantinopla. Sus líderes fueron ejércitos templarios, quienes lucían la misma cruz roja sobre fondo blanco que el Reino de Georgia. La crónica de la cruzada de Flandes formaría parte de una reconstrucción deliberada del pasado, que enmarcaría la toma de posesión del poder europeo sobre el imperio principal.
  • En el mismo año 1204 oficial, aparece el culto a la “Nostra Dama” en Montpeller, Occitania, coincidiendo con el matrimonio del rey Pedro “el católico” de Aragón y María de Montpeller, hija de Eudoxia Comneno, (oficialmente) de la familia imperial Comneno, en tiempos de Andrónico, el doble o reflejo imperial de Cristo según la NC. Dicha crónica esconde el pacto o alianza del imperio, mediante un matrimonio de conveniencia, cuyo icono principal sería una princesa proveniente de Oriente, quien daría forma al mito de María Magdalena, la reina madre de los poderes de Occidente. La historia oficial crearía su propio reflejo. Además de la Eudoxia imperial que vino a Occitania (concretamente desembarcó en Provenza, como dice la tradición sobre la Magdalena),  se crearía otra Eudoxia para Andrónico, el emperador, creando así el lazo simbólico de su vínculo de sangre con su descendencia europea. Andrónico, oficialmente, tuvo por amante a su sobrina, llamada Eudoxia Comneno. De este modo, la historiografía oficial nos narra otra versión del mito de la descendencia de Cristo y María Magdalena, quien habría llegado a Provenza proveniente de Oriente, como lo hizo Eudoxia, siendo ambas historias un reflejo doble de otra historia real, de mayor calado. Oficialmente, Eudoxia Comneno, la madre de María de Montpeller, habría sido enviada a Provenza, gobernada entonces por la casa condal de Barcelona, para casarse con el Rey de Aragón, en un enlace que formalizaría su hija, quien casó con el conde y rey Pedro. Oficialmente, sin embargo, su hija María no habría venido con ella de Constantinopla sino que se le atribuye su paternidad al señor de Montpeller. Dicho reajuste histórico habría sido necesario para racionalizar el relato histórico oficial, y cerrar las puertas a su revisión. Pero las sinergias de sus crónicas no terminan aquí, y siguen apuntando a la misma reconstrucción. En 1187, Eudoxia acabaría siendo monja benedictina en el monasterio de Aniana, en el mismo sitio donde se difundió la orden benedictina por mandato de Carlomagno. De este modo, tal y como se representa a las Marías ante la cruz, como monjas, se las convierte a todas ellas en símbolos asociados a la expansión de la iglesia cristiana. E, incluso, tienen en común el símbolo del espíritu santo, que la tradición asocia a la Virgen María y a María Magdalena. Pero existen, además, más evidencias. En primer lugar, en 1180, siendo Eudoxia la señora de Montpeller, se crea en Montpeller la Orden del Espíritu Santo, cuyo símbolo es la flor de lis y/o la doble cruz bizantina. Según se afirma en los libros de historia, llegó a tener cientos de hospitales, desde Italia hasta media Europa. Por otro lado, según la historia oficial, desde el siglo XVI, en 1578, una orden del mismo nombre representa a la orden de referencia de la casa real francesa, del mismo modo que para los Habsburgo lo representa la Orden del Toisón de Oro. En segundo lugar, según el mito del Priorato de Sion asociado a la Magdalena merovingia (aparecido en el siglo XX), el primer Gran Maestre del priorato empezó en 1188, y se llamó Jean de Gisors (según aparece en los llamados Les Dossiers Secrets, hallados en la Bibliothèque Nationale de París). Para más información, se remite al lector al trabajo anterior  ¿Quién fue María Magdalena? Una aproximación a Eudoxia Comnena. Más adelante, a medida que se avanza en esta reconstrucción, se añade más información relacionada.

Estas últimas reflexiones disponen, a su vez, de poderosas referencias que apuntan al proyecto imperial de los Habsburgo, oficialmente entrelazado con el de la Roma italiana cristiana, y a la Orden Constantiniana de San Jorge, dirigida hasta 1697 por los Láscaris Comneno, quienes son los descendientes oficiales, y principales, de los Comneno del Imperio Trebisonda y de los Láscaris del Imperio de Nicea. Por un lado, resaltar que el escudo del Imperio de Nicea, que lucen los Láscaris Comneno en los palacios de Niza y de Turín, así como por medio de los condes de Palas (o Pallars), quienes habrían pasado su dignidad a los condes de Ribagorza aragoneses, es el mismo escudo que lucen los emperadores Habsburgo del Sacro Imperio Romano Germánico. Este hecho no puede ser casual, al contrario, es muy significativo y una evidencia clara de que se trata del mismo linaje, duplicado en dos orígenes, uno europeo y otro bizantino, diga lo que diga la historia oficial.

Oficialmente, los Láscaris Comneno bizantinos son los legítimos herederos del Imperio griego medieval. Según reconoce la nobleza de toda Europa entre las dos guerras mundiales, del siglo XX, y la iglesia ortodoxa griega, son los descendientes del Imperio de Nicea medieval, el origen del Imperio bizantino de los Paleólogo, y del Imperio de Trebisonda, declarándose los legítimos y principales descendientes de Andrónico Comneno. Es decir, se trata de la rama dinástica oficial que se proclama descendiente de quien la NC asimila al reflejo imperial de Cristo. Por esta razón, no casual, oficialmente, se los considera a ellos los principales grandes maestres de la mayor orden militar del Imperio romano cristiano, la Orden Constantiniana de San Jorge, entre los siglos XVI y XVII, hasta 1697, antes de que dicha orden fuese entregada al nuevo rey (intruso) Felipe V de Borbón a través de los Farnese, fruto de su matrimonio con Isabella Farnese, el 14 de septiembre de 1714 (tras la derrota de Barcelona ante las tropas borbónicas castellanas y francesas, el 11 de septiembre). Y esta historia conviene entenderla bien.

Oficialmente, los poderes de la Orden Constantiniana se retiraron a los Láscaris Comneno y fueron entregados a los Duques de Parma, los Farnese, en 1697 y, vía guerra y matrimonio, a los Borbón en 1714. Su hijo común Carlos III de Borbón materializó definitivamente el traslado de estos poderes, que pasaron a ser simbólicos, así que ocupó el trono del Imperio español. Por este motivo, tampoco es casual el hecho de que, con la caída de Barcelona, en 1714, los Borbones asumiesen el control del Imperio español, hasta entonces en manos de los Habsburgo, mientras que, a su vez, dicho episodio coincida con el traslado de los poderes de la Orden Constantiniana de San Jorge, hasta entonces en manos de los Láscaris Comneno, a favor de los Borbón españoles. Dicho de otro modo, dos linajes con el mismo escudo caen ante los Borbón al mismo tiempo, el de los Láscaris y el de los Habsburgo, por que forman parte del mismo proyecto, diga lo que diga la historia oficial que ha quedado escrita. Es decir, este linaje aparece en la historia como quienes trasladan el poder de la Orden Constantiniana a los Borbón, entre los siglos XVII y XVIII, situando estos hechos en el mismo instante histórico que, según esta reconstrucción, apunta a la invención de la historia, creando a su vez los mitos del gran Constantino y San Jorge, que se habrían trasladado al siglo IV. Se vinculan, por tanto, con otro modo de reproducir, simbólicamente, los mitos de Constantino y San Jorge. En el trabajo previo La lucha Ángelus (Anjou) – Láscaris Comneno (Habsburgo) por el control del Imperio Romano se informa de ello con más detalle.

Finalmente, añadir una última curiosidad, que vincula el poder de los Aragón con este linaje Comneno, siendo otro puente simbólico que los une al poder occitano, cuando éste se extendía desde Murcia a Turín y cuya centralidad se ubicaba en Aviñón. Los Láscaris Comneno, oficialmente, trasladaron su poder a España a través de los Condes de Ribagorza, en el siglo XIII, haciéndolo a su vez en el norte de Italia a través de los Ventimiglia (entre los años 1250 y 1270), quienes se emplazarían en Niza y Turín. Dichas fechas coinciden con dos efemérides históricas. Una, ya narrada aquí, es la llegada de los mamelucos a Egipto y Palestina, entre 1250 y 1270, así como el inicio del linaje de Salomón de la Casa Imperial de Etiopía o Abisinia, que apunta al Arca de la Alianza de Salomón situada en Axum (actual Etiopía). Y otra, aquí tratada de un modo transversal, que apunta a otra gran alianza histórica. Según la historia oficial, entre los años 1260 y 1262 se pauta el inicio de una alianza o pacto entre el Imperio griego o bizantino con los genoveses, y, gracias a ello, la cruz de San Jorge, que también es la de Génova, luce, desde entonces, posesiones desde Georgia hasta Barcelona. Y, todo ello, coincide con la llegada a Iberia de estos enigmáticos Láscaris Comneno, quienes se harían con el control de Xàtiva y Gandía (de donde provienen los Borja), entre otras ciudades, y quienes dejarían su rastro en Salou y Montblanc (Tarragona) y Zaragoza. Por otro lado, la historiografía oficial española labraría el origen común (a destiempo) de los condados de Aragón y Ribagorza.

¿Se trata de una misma alianza? ¿La alianza de Bizancio y Génova es la de Salomón? ¿Está relacionado con los mamelucos y la Casa Imperial etíope? Oficialmente, no. Extraoficialmente, según esta reconstrucción, sí. Y todo ello tiene que ver con la Orden del Templo de Salomón, que la historia oficial se ha encargado de ubicar en otro instante histórico. Es en esta época cuando explosionan los enormes frutos de la “ruta de la seda”, inmortalizada por el viaje de Marco Polo, y coincidente en tiempo y espacio con el establecimiento de la Pax Mongólica, resultado de la expansión mongol de los siglos XIII y XIV. Es entonces cuando Oriente y Occidente inician la mayor etapa de prosperidad de su historia común. Sin esta alianza, múltiple, no habría sido posible.

Entonces, ¿Cómo se debe ubicar histórica y cronológicamente a la Orden del Templo de Salomón? Pues debe entenderse en el imaginario histórico de la alianza de Constantinopla (de 1260 a 1453), y trasladarlo todo hasta casi dos siglos más adelante. Concretamente, 185 años más cerca. Es decir, el poder de los cátaros, los judíos y los templarios de la gran Occitania debe situarse en el tiempo histórico de los poderes de Aviñón, cuando los Anjou y los Aragón custodiaban dicha autoridad desde Provenza hasta Barcelona, respectivamente, y los templarios desde Génova, San Geli y Barcelona. Pero, a su vez, deben reubicarse 185 años más adelante, hasta el último cuarto del siglo XVII. San Geli, situada junto a Aviñón, para quienes no estén familiarizados con este episodio singular de la historia medieval, fue la sede europea de la famosa orden papal de San Juan Bautista, antes de ubicarse en la isla de Malta, y se la considera la continuadora de la misión de la Orden del Temple. 

Es decir, alrededor del año oficial de 1270 se habría formalizado, realmente, un pacto o alianza que habría representado el establecimiento de un orden mundial bajo el gobierno de un linaje (los Paleólogo) que, por otro lado, según la historia oficial, se descompone en 1453, con la conquista de Constantinopla por parte del sultán Mehmet el Conquistador. Dicho orden daría lugar a casi dos siglos de prosperidad, reflejada con el inicio del comercio internacional y el auge de las finanzas en las ciudades-estado europeas, gracias al provechoso intercambio que se iniciaría con la “ruta de la seda” (la Pax Mongólica), en una época marcada por una fructífera convivencia entre árabes y cristianos. Pero, en realidad, dicho orden habría empezado entonces, alrededor de 1453, y se habría extendido a lo largo de casi dos siglos. Por esta razón, se crearía para la historia el mito del linaje de los Paleólogo, que aparecerían antes de su apogeo y desaparecerían después de su ocaso, al ser un reflejo enviado al pasado que ocultaría esta historia. Se los llamaría “reyes de reyes” (como a Jesús) y se los haría el brazo imperial de la Grecia medieval. Pero, asimismo, según esta reconstrucción, rendirían vasallaje a un imperio espiritual gobernado por el Preste Juan, quien ostentaría la máxima autoridad sobre dos khanes, un emperador cristiano y un sultán también cristiano, árabe, bajo una cosmovisión cristiana original, gnóstica.

Esta época se correspondería con la máxima expansión y autoridad de la Orden del Templo de Salomón, vinculada al Preste Juan de Etiopía y a la ciudad de Babilonia (El Cairo) , antes de que la orden templaria fuese transformada en la Orden de San Juan el Evangelista, coincidiendo en un cambio o transformación simbólica del orden inicial.

La historia oficial ha creado, a su vez, la leyenda de Solimán el Magnífico (1494-1566), que sería recordado como un gran gobernador y legislador, y mecenas de obras de arquitectura, literatura, arte, teología y filosofía. Sus dominios irían del Golfo Pérsico al norte de África, y llegarían a ocupar el Reino de Hungría. A su vez, se lo haría hijo de una princes de Crimea y nacería en Trebisonda, la capital del imperio del mismo nombre que ostentaría, oficialmente, el emblema del águila bicéfala dorada sobre fondo rojo, propia del Imperio romano y, desde el siglo XVI, del Imperio ruso de Iván el Terrible (1530-1584). Solimán sería quien, oficialmente, reconstruiría la iglesia de Santa Sofía de Constantinopla (“sofía” significa “sabiduría”) y quien haría construir las actuales murallas de la ciudad de Jerusalén. Con él, se haría referencia al legendario rey Salomón.

Se trata, pues, de una reconstrucción controvertida, ya que representa un giro radical de la conciencia histórica antigua y medieval. Por esta razón, comprender la transcendencia de este episodio requiere trabajo, no es sencillo. 

Trasladando de nuevo la atención a Italia, esta reconstrucción sitúa, pues, el origen del complejo del Vaticano casi dos siglos más adelante, y sitúa el origen de la alianza del templo de Salomón también más adelante, concretamente dos veces 185 (370). Es decir, refuerza la epopeya del Temple, de la Orden del Templo de Salomón que luego fue de la Orden de San Juan Bautista, y nos dice que no tuvo lugar en los siglos XII y XIII, sino que debe vincularse con el poder de la República de Génova hasta la misma Georgia, en el Cáucaso, entre los siglos XIII y XV, y trasladarse a su vez 185 más adelante. De este modo, tal y como afirma la NC, hasta el último cuarto del siglo XVII no habría empezado, realmente, la colonización evangelizadora de Europa. Es decir, la caída de la Orden del Temple no debe entenderse en el año 1307, justo cuando empieza el papado de Aviñón, sino que debe ubicarse en el 1677.

El siguiente gráfico ejemplifica este desorden codificado, establecido en 555 años que en realidad fueron 185.

X-185 CAST

Antes, se habría dilatado la historia 1000 años exactos. Pero, en realidad, el calendario se habría referido, inicialmente, a la fecha que la historia oficial hace coincidir con la muerte del emperador Andrónico, en el año real de 1185 dC. El siguiente gráfico muestra este simple pero a su vez complejo doble salto cronológico, en tres fases.

Gráfico 4 D3

Andrónico, en este sentido, sería a su vez el reflejo de Alejandro Magno, el emperador griego y egipcio que habría sido faraón y habría unificado Grecia, Egipto y Persia. Andros significa hombre, nikos significa lucha (Andro-nikos). Del mismo modo, Alex significa la ley, y andros significa hombre (Alej-andro). El primero se refiere a la lucha del hombre, el segundo a su ley. Alejandría honoraría, pues, a la “ley del hombre”, y su famosa biblioteca a su sabiduría, que habría sido, originariamente, también la de Salomón. Ambas crónicas son dos “reflejos fantasma” de otra historia, pero de la misma historia, la del origen de un linaje que, desde Egipto, ocuparía todo el mundo conocido.

 

Los emperadores Constantino y Eleni, en el siglo XV, y el origen del cristianismo oficial en la Provenza occitana, a través del Rey de Nápoles y de Jerusalén – María Magdalena

[Este apartado se encuentra también en el artículo El origen inédito del Cristianismo, un matrimonio y/o un proyecto indio.]

Según esta reconstrucción histórico-simbólica, existen diversas pruebas que apuntan a la Corona Imperial de Etiopía como eje no reconocido de otra explicación, poderosa, del sentido del Arca de Salomón, del mito de María Magdalena y de la reconstrucción cristiana del Imperio romano.

Según este hilo conductor, la familia imperial etíope, en el siglo XV, asumió el desafío de liderar el orden justo y piadoso del mundo, gracias a la custodia del Arca de la Alianza de Salomón. Dicho orden, tal como aquí se identifica, implica, en sus orígenes, disponer de la máxima autoridad en materia espiritual, después de habérsela “arrebatado” a los césares o emperadores, zares, sultanes y/o khanes del mundo, hasta entonces considerados los “hijos de Dios”. De un modo no reconocido, este poder tiene que ver con los emperadores etíopes que, la historia oficial, sitúa en el siglo XV d.C. Ellos habrían sido los verdaderos Constantino y Elena, y quienes habrían instaurado, hará ya cinco siglos, el cristianismo original para los poderes griego y persa, del mismo modo que los reyes Salomón y Saba habrían sellado respecto a las tablas de la ley del pueblo de Dios.

Zar’a Ya’iqob (1399-1468), hijo de David, llamado Constantino I, considerado el mayor de los emperadores etíopes y asimilado como el Preste Juan, sería (o representaría) el verdadero Constantino que impondría el cristianismo al imperio. Según la historia oficial, casó con Eleni (Helena), reflejando así a la madre de Constantino, Helena, quien transmitiría a su hijo Constantino la fe cristiana. Por esta razón, a Zar’a Ya’iqob se le atribuyen tres obras de gran valor: Mahsafa Berha (“El Libro de la Luz”), una exposición de sus reformas eclesiásticas; así como Mahsafa Milad (“El Libro de la Natividad”) y Mahsafa Selassie (“El Libro de la Trinidad”). A su vez, ellos serían equiparados a los reyes Salomón y Saba. Es más, Eleni (Helena) habría sido la hija del rey de Hadiya (Etiopía), que habría sido el verdadero Reino de Saba (Shewa, Etiopía), y, por este motivo, allí, en la actual Etiopía, se custodia el Arca de la Alianza de Salomón. 

Es decir, existe un salto cronológico deliberado ente los hechos de 1270 y los de mediados del siglo XV, cuya intención habría sido dejar escrita la historia real, de un modo codificado, irracional a simple vista, que a su vez tiene su reflejo fantasma anterior en la leyenda de Helena y Constantino que, en el siglo IV, habrían abrazado al cristianismo y lo habrían convertido en la religión del Imperio romano.

El gran emperador romano Constantino, del siglo IV, equivaldría al emperador Constantino I de Etiopía, del siglo XV, del mismo modo que la madre Helena, casada con Constantino Cloro (los padres del “gran Constantino”) representa a Eleni, la esposa del emperador equivalente de Etiopía. Mediante una parábola histórica, al “gran Constantino” se lo haría hijo de Constantino y Helena, siendo éste una reconstrucción enviada al pasado. El “gran Constantino” también sería el “Primero”, al igual que Ya’Iqob, pero en este caso del recreado Imperio romano. Pero ésta no sería la principal evidencia oculta. De hecho, existen otras muchas. Las más singulares serían, por un lado, las equivalencias entre el Ya’Iqob etíope y el Jacob bíblico, así como las encontradas entre la madre de Constantino, Helena, y la María Magdalena provenzal, si bien existen otras complementarias.

Por un lado, en los textos sagrados se crearía a Jacob, nieto de Abraham, al que Yahvé bautizaría como Israel, y cuyos doce hijos liderarían las doce tribus de Israel que se repartieron Canaán, la Tierra Prometida entregada por Josué, el sucesor de Moisés, tras el regreso de Egipto. Según esta reconstrucción, se trataría de un modo simbólico de reproducir la toma de posesión de la tierra por parte de los khanes del mundo, procedentes de un mismo linaje imperial cuyo máximo representante común sería, desde entonces, el Preste Juan. Asimismo, Jacob sería a su vez el icono de San Jaime, quien habría trasladado su linaje a Europa Occidental, desde Provenza, tal y como, según esta investigación, refleja la leyenda merovingia de María Magdalena, asociada al rey de Aragón, Jaime I el conquistador.

Por otro lado, a la madre del “gran Constantino”, llamada Helena (que significaría “griega”), se la haría nacida en Bitinia (junto a Constantinopla, actual Turquía y antiguo Imperio griego medieval), dialogando con Magdalena (que sería helena, griega), y con Betania, de donde fuera la María que, según el Nuevo Testamento, hospedó tres veces a Jesús. María de Betania fue considerada la hermana de Marta (el femenino de Marte, el dios de la Guerra) y de Lázaro (a quien Jesús resucitó, al igual que él mismo). Y esta singularidad no es casual, todo lo contrario. La tradición indica que los tres hermanos se fueron a Provenza, en la población que se conoce como las Santas Marías del Mar, junto con María de Salomé y María de Cleofás, e indica que trajeron consigo a una hija llamada Sara (que significa “princesa” en hebreo y dialoga con Zara, la femenina del Zar). Este personaje representaría al linaje de Cristo, que habría llegado al sur de la actual Francia en la forma de una hija. Del mismo modo, con ella nacería el mito de la lucha femenina por la reconstrucción del imperio cristiano, bajo la leyenda que sitúa a María Magdalena también en Provenza, en la ciudad de Marsella, cuya hija acabaría trasladando sus poderes a la monarquía francesa. Marsella significaría Marte (el dios de la guerra), y “ella”, su rol femenino, que sería la “madre” iglesia, del mismo modo que lo representa Marta, la hermana de María Betania y de Lázaro. Por esta razón se crearía allí el mito de los orígenes franceses del linaje real de Cristo, y, por esta razón, Marsella y Grecia comparten emblema: una cruz azul sobre fondo blanco.

Es decir, todo apunta al establecimiento de un linaje, resultado de un matrimonio, tal y como narra El Becerro.

Pero, ¿qué matrimonio? De esto se habla a continuación.

Este matrimonio ha sido documentado en el Archivo real de Barcelona (el actual Archivo de la Corona de Aragón, llamado así desde 1738, coincidiendo con el año en que se crea la Real Academia de la Historia española). Allí se encuentra un manuscrito dirigido al emperador Zar’a Ya’Iqob, en el que se indica que, en 1450, el rey Alfonso de Aragón estaba dispuesto a enviar a Etiopía mano de obra calificada, indicando que anteriormente se habían enviado allí a trece súbditos del rey que habían fallecido en el viaje. Pero aquello que adquiere especial relevancia es otro intercambio documental ocurrido el 1428, que estaría relacionado con el anterior. En ese año, en 1428, el emperador de Etiopía, que en aquella época era un hermano de Ya’Iqob, llamado Yeshaq I (¿Josué?) habría propuesto un matrimonio entre el hijo del rey Alfonso, Pedro, con su hija, a cambio del envío de un contingente de tropas. Es decir, se apunta a un enigmático matrimonio, que oficialmente nunca se llegaría a realizar, vinculado a una alianza militar que oficialmente tampoco se consumaría, pero, sea casualidad o no, este episodio coincide con el inicio de las pretensiones del rey Alfonso sobre el Reino de Nápoles, cuya victoria acabaría por coronar a su nieto Fernando como rey de Jerusalén (oficialmente el año 1505). Oficialmente no tendría lugar ni el matrimonio ni la llegada de las tropas, pero en cambio el rey de Aragón iniciaría, entonces, su mayor epopeya, con un ejército inédito que la historia oficial no justifica. 

Entonces, ¿habría tenido lugar un matrimonio?, y ¿tiene que ver con María Magdalena?

Sí, pero todo ello conviene entenderlo como una narración extraoficial, dividida en diversas crónicas. Por un lugar, se encuentra la crónica de Eudoxia Comneno y su hija María, quien casó con el rey Pedro de Aragón. Y, por otro, las crónicas duplicadas de las luchas entre los Aragón y los Anjou por el control del Reino de Nápoles y de Jerusalén, en los siglos XIII y XV.

Respecto a la crónica de Eudoxia, indicar lo siguiente. Hubo un rey llamado Alfonso cuyo hijo llamado Pedro se casó con una princesa de Oriente (llamada María), tal como narra la correspondencia entre el rey de Aragón y el emperador Zar’a Ya’iqob, pero, oficialmente, esto no ocurrió en el siglo XV, sinó en el 1204. Oficialmente, Eudoxia fue la sobrina del emperador de Bizancio Manuel I, pero este origen corresponde a una reconstrucción moderna. Es sabido que la hija de Eudoxia, de nombre María, llamaba a su matre “emperatriz”, tal y como consta en sus testamentos, y, por lo tanto, se puede considerar a María como una princesa. Por otro lado, es sabido también que los trobadores Folquet de Marsella (1155-1231) y Guiraut de Bornelh (1138-1215) la llamaban “la hija del emperador de Oriente”. De este modo, con este salto cronológico oficial, nos aparece una equivalencia que apunta a que sí que hubo el matrimonio descrito entre la hija del emperador Ya’iqob (Constantino I) y el hijo del rey Alfonso, llamado Pedro. Y, en base a este planteamiento, su mujer Eleni se correspondería con Eudoxia, que, como ya se ha indicado, equivaldría a María Magdalena, y a Helena, la madre del gran Constantino. Las similitudes, pese a requerir de cierto grado de abstracción simbólica, son evidentes. Y, del mismo modo, dan autoridad a la primera crónica de El Becerro, referente a los poderes del Preste Juan, que habla del matrimonio entre una princesa de Oriente y un caballero cristiano de Occidente. Por tanto, dicho matrimonio habría tenido lugar en el siglo XV, y su significado habría quedado oculto en la reconstrucción posterior de la historia que nos ha sido dada como la oficial. Por otro lado, dicha reconstrucción incorpora otra evidencia excepcional: da una descripción precisa del origen de la serie de vírgenes negras que se encuentran en la órbita benedictina medieval, como es el caso de la “Moreneta”, la “Mare de Déu” de Montserrat, en Cataluña. Era negra, o morena, porque la princesa era hija de una emperatriz etíope.

Pero las singularidades no terminan aquí.

El matrimonio de María y Pedro, de 1204, daría un único descendiente, el rey Jaime I, representado como el más grande de los reyes de Aragón con un dragón en su casco, y, en determinadas obras, junto a San Jorge en la batalla. Se trata, según se desprende de la reconstrucción integral de la historia cristiana, de una leyenda asociada al dragón del Apocalipsis. Su fuerza sería la de la lucha por la imposición del cristianismo, que supondría la difusión de la obra benedictina desde Aniana, junto a Montpeller, donde la historia oficial sitúa también a Eudoxia Comneno, convertida en Monja. Su nieto Jaime, descendiente de Jacob, sería quien crearía el mito o icono del apóstol Jaime el Justo, en una dignidad compartida con el rey de Aragón Jaime II, el justo.

Y todavía hay más.

Por otro lado, históricamente (y simbólicamente), se sitúa al Reino de Jerusalén en la órbita de los Anjou y de los Aragón, concretamente en el Reino de Nápoles (que significa la “nueva ciudad”), tal y como también describe el manuscrito El Becerro en su segundo capítulo, dedicado al Reino de Hierusalem. El primer capítulo y principal, tal y como aquí se resalta, es el de los poderes del Preste Juan. Oficialmente, en 1277, el conde de Provenza, llamado Carlos de Anjou, ocupa Nápoles y obtiene el Reino de Jerusalén (oficialmente lo compra), en una conquista que habría tenido por objetivo el dominio del Imperio romano de Constantinopla, si bien acaba luchando contra los reyes Jaime y Pedro de Aragón. Y Carlos de Anjou, a su vez, según la historia oficial, descubriría en Provenza, el 1279, las reliquias de María Magdalena, que desde entonces se veneran en San Máximo de la Santa Bauma. De este modo, se sitúa la aparición de la Magdalena en Provenza en la década de 1270, cuando oficialmente se crea la Corona Imperial de Etiopía, de la estirpe de los reyes Saba y Salomón, y cuando se crea el Reino de Jerusalén asociado a Nápoles. Y, por otro lado, se introduce en la historia la expansión de la Corona de Aragón, que en estas fechas se extendería por el Mediterráneo, llegando a Atenas poco después (en tiempos del rey Jaime II el justo). Se trata, según esta investigación, de una crónica simbólica con un mensaje oculto, que apunta a una reconstrucción oficial de la verdadera historia que conduciría al imperio cristiano, de la mano (simbólica) de María Magdalena.

Por  otro lado, la historia oficial ha creado una crónica complementaria para el rey de Aragón del siglo XIII, Jaime I, y para otro matrimonio histórico, relacionado con una alianza entre Oriente y Occidente. En 1265, la historia oficial crearía el matrimonio entre la hija del emperador de Bizancio (Miguel Paleólogo, quien se habría aliado antes con Génova y los catalanes), de nombre María, y el khan de Persia, llamado Abaqa. De este modo, se representaría la alianza entre los imperios griego y persa que (según el manuscrito El Becerro) tutela el Preste Juan, y (según esta reconstrucción) está sellado bajo el pacto o alianza del Arca de Salomón. Simultáneamente, entre los años 1267 y 1269, se establecería una embajada (en Valencia) entre la corte del rey Jaime I de Aragón y el Khan, cuya misión habría sido establecer una alianza que incluyera al emperador griego, Miguel Paleólogo, para ocupar Tierra Santa, en una cruzada que tendría lugar el mismo 1269. Es decir, en este sentido, el Khan podría haber sido el Preste de las Indias (o el emperador de Etiopía), quien, tal como se narra en la documentación anterior (del siglo XV oficial), sí habría entregado un contingente de tropas al rey de Aragón. Y este episodio acabaría con el dominio catalán y aragonés de Sicilia, Cerdeña, Nápoles, y los ducados de Atenas y Neopatria (“nueva patria”).

De este modo, la historia oficial ha escrito una crónica multiparabólica que representa este episodio. Y, a su vez, crearía otra crónica múltiple para situar los hechos en la Marsella del siglo XV.

Complementariamente, respecto al pulso entre los Aragón y los Anjou para el control de Nápoles, que extraoficialmente se habría duplicado entre los hechos de los siglos XIII (con Carlos de Anjou) y XV (con Reynat de Anjou), resaltar que existen otras evidencias que le aportan más valor a esta investigación. Por ejemplo, allí sitúa la fortaleza que hizo construir el duque de Anjou, conde de Provenza y Rey de Nápoles, rey titular de Jerusalén entre los años 1435 y 1480, hijo de Luís de Anjou y de Yolanda de Aragón, conocido por Reynat (Renato) d’Anjou (1409-1480), cuyo nombre representa, significa (simbólicamente), “el rey nacido del ángel”, a modo de la resurrección de Cristo. Y dicho personaje es singular. Renato fundó allí la “Corporación de Pescadores”, del mismo modo que los apóstoles fueron pescadores y el pez simbolizó durante siglos al cristianismo; y, por otro lado, terminó su fortaleza en Marsella el 1453, representando así el nacimiento real del Imperio romano, no su fin (en 1453 cae oficialmente Constantinopla ante los otomanos), en el llamado “fortín de San Juan”, que haría referencia al Preste Juan, el Jan, Sha o Khan. Por esta razón, la historia extraoficial afirma que este personaje fue el último gran maestre del Priorato de Sion, la orden hecha pública en el siglo XX que se relaciona con el secreto de la sangre real de Cristo en las monarquías europeas, a través del linaje Merovingio. Pero en realidad habría sido el primero. Por esta razón, gracias a una reconstrucción genealógica (tal y como se hace de la mano de la reconstrucción de la historia), se traspasan oficialmente sus derechos al rey de Francia, quien se hiciera casado con su hermana María de Anjou. Es decir, de un modo no reconocido se oculta el origen de este linaje bajo los Anjou, quienes habrían trasladado allí al linaje de “Cristo”, del mismo modo que se habría trasladado a la monarquía inglesa. Por esta razón, a la hija de Renato e Isabel de Lorraine, llamada Margarita de Anjou, se la haría la esposa del rey de Inglaterra, Enrique VI, cuyo hijo sería Eduardo de Westminster, el príncipe de Gales que, oficialmente, moriría en una batalla sin descendencia. Sí, moriría sin descencencia, pero la historia ofcial ha resuelto la trasferencia del linaje de los Anjou al trono de otro modo, y en otro tiempo. En 1154, el conde de Anjou se convierte en el rey Enrique II de Inglaterra, iniciando así el linaje de los Plantajenet y trasladando el símbolo de la flor de lis a la monarquía inglesa. Se trata de unos hechos contemporáneso a Eudoxia Comnena, según la historia oficial. Es decir, simbólica y realmente habría “nacido”, o mejor dicho “resucitado”, allí, el imperio de Cristo, cuyos honores se representan, simbólicamente, en la flor de lis que lucen tanto los Anjou como París, los reyes de Francia y de Inglaterra, y los reyes de Aragón (oficialmente desde Jaime II el justo), en una crónica codificada diametralmente alternativa a la oficial.

Es decir, según se desprende de esta reconstrucción integral de la historia, a lo largo de los siglos XV y XVI nacerían poderes en Europa Occidental, que se transformarían en diversas coronas o linajes que, a su vez, competirían entre sí para el control del territorio, de la mano del brazo simbólico de unas crónicas sagradas que, en origen, se enlazarían con múltiples crónicas históricas y literarias.

Por otro lado, más allá de que el Reino de Jerusalén que se describe en el manuscrito El Becerro se asocia a los reyes de Nápoles y éstos apuntan a los siglos XIII y XV, de acuerdo con la reconstrucción histórica planteada en este escrito, el manuscrito El Becerro también apunta a Aragón y se sitúa en el siglo XV oficial. De hecho, apunta al rey Alfonso de Aragón, y, además, se lo relaciona con una princesa enamorada, de modo que todo apunta al matrimonio antes mencionado.

¿Por qué?

En el manuscrito El Becerro se informa de los orígenes asiáticos de Jerusalén junto con la titularidad de su reino, que no se encuentra en Palestina, sino en Nápoles, coincidiendo con el episodio que la historia oficial sitúa en tiempos del conde de Provenza, Carlos de Anjou, quien conquista Nápoles y se convierte en rey de Jerusalén, como resultado de su pretensión de ocupar el trono del Imperio romano, en el siglo XIII. Ahora bien, tal y como se ha indicado anteriormente, dicho episodio sería un reflejo enviado al pasado del pulso del duque Reynat (Renato) d’Anjou, también rey de Nápoles, conde de Provenza y rey de Jerusalén, con el rey Alfonso de Aragón, que habría tenido lugar en el siglo XV. Ambas crónicas estarían escritas en clave, siendo las dos una reconstrucción para el relleno de la historia oficial, tal y como demuestra la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy.

Como se ha indicado, según la historia oficial, Reynat de Anjou hizo construir una fortaleza en el fortín de San Juan (que sería terminado en el año 1453), en Marsella, en la ciudad que la tradición situaría el desembarco de María Magdalena (procedente de Egipto, con la descendencia de Jesús). Por esta razón, según esta investigación, el “rey nacido” (Reynat, o Renato) sería en realidad el primer rey de Jerusalén y de Nápoles. Pero, recuperando el hilo oficial, tras la ocupación de Nápoles por parte del rey de Aragón, esta dignidad acabaría cayendo sobre el conde de Barcelona y rey de Aragón, Fernando (el 1505), y, desde entonces (hasta la actualidad) honora al rey de España. Quizás, por esta razón, entre los años 1466 y 1480, Renato de Anjou sería proclamado oficialmente Conde de Barcelona, en la lucha que el Principado de Cataluña liderara, junto al príncipe de Aragón y de Navarra, Carlos de Viana, ante la pretensión al trono de su hermanastro Fernando, quien acabaría siendo el “rel católico” junto a la reina Isabel.

De algún modo, esta lucha para el control de Cataluña, considerada oficialmente una guerra civil menor, esconde el pulso victorioso del poder de las Españas sobre el imperio original, bajo los brazos papal e inquisitorial. Pero, tal como se ha avanzado, dicha contra-crónica tiene en El Becerro más evidencias, que apuntan a un matrimonio, en este caso compartido entre los Aragón y los Anjou.

El manuscrito El Becerro, al narrar el origen de las armas del Reino de Nápoles, ignora la lucha inicial entre el rey de Aragón y el conde de Provenza que la historia oficial sitúa en el siglo XIII, y narra una lucha entre el rey Alonso de Aragón, rey a su vez de Sicilia, contra Reyner de Anjou, en unos hechos que la historia oficial sitúa en el siglo XV (con la salvedad que el rey de Aragón oficial se llama Alfonso, no Alonso). El manuscrito sitúa en el centro del relato a una mujer, que hace princesa de Nápoles, llamada Magdama Juana, mientras que la historia oficial la llama la reina Juana II de Nápoles. La historia oficial dice que, al no tener descendencia directa, Juana dejó el reino a Alfonso, y luego a Reyner, quien sería el primero en ocupar el trono, hasta 1442 (esta fecha es la oficial, no la indicada en El Becerro, que no lo precisa), cuando Alfonso lo conquistaría. Pero El Becerro resalta que ella lo dejó, por amor, al rey Alonso.

Del mismo, modo, a modo de apunte complementario, otra crónica paralela sitúa a otra Juana en el centro de otra lucha, en este caso por el control de Francia, entre los descendientes de los Anjou ingleses y los reyes de Francia, apoyados (oficialmente) por el mismo Reynat de Anjou. Dicha Juana sería la legendaria Juana de Arco (1412-1431), y la contienda la renombrada Guerra de los Cien Años que, no por casualidad, termina el 1453.

Es decir, en el nombre de Juana se habría originado un conflicto continental que habría creado múltiples leyendas asociadas a la conquista y al reparto de Europa Occidental, y dicho icono emergería junto con el de María Magdalena, representando, en realidad, el pulso por el control de un territorio entre los miembros de un mismo linaje cristiano, que acabaría siendo un éxito y creando, desde allí, la escuela espiritual benedictina.

De este modo, este reino, Nápoles (y el rey de Jerusalén) “resucita” con un linaje que lideraría la lucha por el control de Europa entre los siglos XV y XVIII. 

 

El Santo Grial, en Valencia

Es decir, retomando el hilo principal, el manuscrito El Becerro apunta a una historia de amor de una mujer que podría haber tenido dos amantes, o bien una descendencia principal que habría creado dos linajes, los Aragón y los Anjou. En este sentido, es digno de resaltar que, oficialmente, el rey Alfonso de Aragón, en 1437, hace entrega del Santo Cáliz a la catedral de Valencia, que se encontraba en Barcelona, como garantía del préstamo que el Cabildo Catedralicio le concedió para sufragar las luchas en Italia. Oficialmente, el año 1409 aparece el Santo Cáliz en Barcelona y, luego, se envía a la catedral de Valencia. La historia oficial lo sitúa, a su vez, en las tierras de los Pirineos de Aragón, desde el siglo III (estando datado desde el año 716), pasando por el condado de Ribagorza (donde se encuentra el Santuario del Opus Dei, en Torreciudad, junto al río Cinca), en un tiempo histórico que, a su vez, coincide con la María Magdalena del Priorato de Sión, de Rennes-le-Château, que representaría al último vestigio del linaje Merovingio (siglos VII-VIII), justo en tiempos de la llegada, a Hispania, del gobernador egipcio Musa Ibn Nusair (en 711), cuyo nombre, Musa, significa Moisés, y cuyas crónicas medievales, tanto las cristianas como las árabes, afirman que vino a Hispania con la “Tabla de Salomón” (inaudito). Este cáliz, por tanto, después de un periplo histórico que lo hace pasar durante siglos por iglesias de Aragón, aparece oficialmente en el siglo XV justo cuando el llamado Papa Luna, Benedicto XIII, el último Papa de Aviñón (Provenza), se encuentra en Barcelona. Y se trata del principal candidato de la iglesia romana a ser el real. Los tres últimos papas, desde Juan Pablo II, lo han venerado. Se trata, pues, de otra evidencia histórica que hacen del siglo XV un año clave para la historia del cristianismo, y que dialoga con la creación del personaje histórico de Jesús y el Santo Cáliz, del mismo modo que dialoga con el imaginario medieval de María Magdalena, con el misterio del linaje merovingio asociado al Priorato de Sión y, quizás, con el mito del éxodo de Moisés (Musa). Musa habría sido quien, proveniente de Egipto, habría traído al pueblo hebreo hasta el sud de la actual Francia, donde habría nacido (simbólicamente) el Reino de Israel. Dos hechos lo corroboran. Por un lado, la fuerte implantación judía en estas tierras, desde las cuales se habrían extendido por toda Europa central y occidental, financiando el comercio y casi todas las cortes reales. Por otro, el hecho que de allí surgió la Kabbalah hebrea, la escuela de pensamiento místico que se relaciona con los esenios y el judaísmo jasídico.

Pero, el Santo Grial… ¿por qué en Valencia?

Basta recordar que fue allí donde, dos siglos antes, oficialmente, se aliaron el Khan y el rey Jaime I de Aragón. Es decir, el Santo Cáliz de Valencia rememoraría la alianza entre Oriente y Occidente, del Arca de Salomón, que podría haber traído el mismo Moisés. Quizás, por esta razón, el rosetón gótico de la catedral de Valencia representa el símbolo por antonomasia del Reino hebreo de Israel, la estrella de David, del rey David, el padre bíblico del rey Salomón.  

De este modo, mediante una múltiple crónica parabólica, se fusionan también las leyendas de Moisés, del Arca de Salomón, del Santo Cáliz, María Magdalena, del Preste Juan, de Constantino y Helena, de los reinos de Nápoles y de Jerusalén, y de Juana de Arco, bajo los dominios de los Aragón y los Anjou, en unos hechos encadenados que se sitúan en los siglos XIII y XV oficiales, con trazas de los siglos VII y VIII, pero que conviene entender en el XV real. 

Por esta razón, este reino, Nápoles (y el rey de Jerusalén) “resucita” con un linaje que lideraría la lucha por el control de Europa entre los siglos XV y XVIII. 

 

El Cristo mesiánico, resultado de un conflicto de legitimidades

Pero, resultado del devenir histórico, en un determinado momento, se crearía un conflicto de legitimidades, y todo este constructo simbólico, histórico y literario requeriría ser modificado, para crear o reconstruir, de nuevo, la autoridad de Cristo, si bien, esta vez, para crear a un Cristo más poderoso, al hijo histórico de Dios, haciéndolo virgen e hijo de una mujer virgen, y convirtiéndolo en el Mesías, el último rey de Israel, para atraer así al pueblo judío y obligar a su conversión al cristianismo. Cuando esto ocurre, se reescriben los mapas cronológicos y se crean distintos orígenes sagrados, hasta que, en un determinado momento, se impone la necesidad de reestablecer un proyecto unificador, en nombre de Cristo, que lideran Europa y el Papa de Roma, con los brazos de la Santa Inquisición y la Compañía de Jesús. El Papa de Roma, en este instante, asume los poderes de Oriente hasta entonces custodiados por el Preste Juan, cuya autoridad se derrumba junto con la del Arca de la Alianza.

A lo largo de esta etapa, desde Egipto se habría edificado la máxima de las ciudades, llamada Babilonia (El Cairo), que se acabaría destruyendo con el “renacimiento de Cristo”, tal y como se narra en el libro de la “revelación”, conocido como el Apocalipsis. De este modo, con el “retorno del ángel de Jesús” (parafraseando el mensaje final del libro del Apocalipsis) habría empezado una segunda colonización del mundo, esta vez con más virulencia militar, que Europa habría promovido en nombre de la evangelización cristiana. A su vez, se termina de reescribir la historia, se distorsiona la realidad simbólica y se crean falsos orígenes para todos y cada uno de los poderes que se reparten el mundo. Cuando esto ocurre, se elimina toda posibilidad de reconciliación con la historia, que se somete a una manipulación sistemática, y, muy especialmente, con el legado de las distintas escuelas espirituales del mundo. 

 

1453-1486, 33 años de resurrección

La historia oficial, por otro lado, crearía un imaginario entre los años 1453, cuando oficialmente cae Constantinopla, y el año 1486, el año que informa el zodíaco descrito en el libro del Apocalipsis, según descubren los matemáticos Fomenko y Nosovskiy. Los separan 33 años, y representan una resurrección, en este caso del “imperio”, con la nueva capitalidad de la Roma italiana, así como el inicio del “nuevo mundo” que nace con la empresa colonial. Por otro lado, del mismo modo que se describe en el Apocalipsis bíblico, dicha “resurrección” se haría coincidir con la “nueva Jerusalén” apocalíptica, que anunciaría el retorno del “ángel de Jesús” (Ap.:22).

Asimismo, de acuerdo con la reconstrucción realizada en este estudio, todo ello se trataría de una parábola histórica de otro episodio real, consistente en la reformulación del Imperio bajo el ideal cristiano y, a efectos simbólicos, sería entonces cuando empezaría a desaparecer el arte y la arquitectura greco-romana politeistas que la historia oficial sitúa hasta el siglo IV, es decir, mil años atrás, para pasar a representar el equivalente cristiano asociado al “Renacimiento”.

El año 1486, a su vez, ha dejado escritas dos crónicas para conmemorar esta fecha. Dicha fecha coincide con el inicio del proyecto de colonización ideado (oficialmente) por Cristóbal Colón, al servicio de los “reyes católicos”, en el monasterio de Guadalupe, en Extremadura (Guadalupe sería el icono de María Magdalena transformado en la Virgen de Guadalupe dos siglos después). A su vez, el año 1486 es cuando, oficialmente, se inicia a su vez el proyecto colonial portugués, cuyo objetivo es, en su origen, aliarse con el Preste Juan de las Indias.

Y,  ¿qué implica, entonces, esta reconstrucción de las historias sagradas y oficiales?

Implica que el pasado y el origen de los símbolos espirituales es muy distinto al imaginado desde el siglo XV, y que hubo otro pasado hasta el siglo XVII, que sitúa al Preste Juan en el sur de Egipto, e ubica la ocupación de Egipto por parte del rey de Babilonia en el siglo XV (correspondiendo a la crónica oficial de los mamelucos que se sitúa en el siglo XIII). Por esta razón, y no por otra, la ciudad de Babilonia aparece como la más importante de las ciudades del mundo en los mapas de la Edad Media, que se deben reubicar cronológicamente dos siglos más adelante. Su destrucción, descrita en el Apocalipsis, es la destrucción simbólica del poder de la ciudad “medieval” de Babilonia, que no es otra que la actual El Cairo. El Cairo es Al-Qahira en árabe, y significa “la victoriosa”.

Los mapas medievales que se han conservado dan fe de esta afirmación. En todos ellos se comprueba la existencia de una gran Babilonia justo en el inicio del delta del río Nilo, donde se encuentra El Cairo. Actualmente, todavía existe Babilonia en El Cairo, y corresponde con la ciudad copta, medieval, cristiana, de la capital de Egipto.

Es decir, el Apocalipsis, que describe la destrucción de la gran Babilonia, habría que situarlo en un tiempo mucho más reciente, al igual que el Nuevo Testamento canónico, y poco antes de la epopeya egipcia del imperio de Napoleón, el “nuevo Apolo” que la historia oficial ha transformado en un megalómano, vaciando de significado su verdadera empresa: reconstruir un imperio original, que habría sido desmantelado des del Vaticano con la participación activa de los Borbones y los Habsburgo, y con la colaboración de la francmasonería.

 

El Apocalipsis bíblico, la revelación de esta historia codificada

Según esta reconstrucción que amplía la ofrecida por la NC, el libro bíblico del Apocalipsis representa el secreto (y la obediencia) de Juan revelado a la humanidad: el retorno de Cristo y la nueva Jerusalén que sustituye el Arca de la Alianza custodiada por el Preste Juan. Por esta razón es la revelación de Dios hecha a Juan. En él se nos informa de la historia previa, del Arca de la Alianza (Ap:11) asociada a la primera resurrección de Cristo, el niño de la mujer (Ap:12) que acaba coronada por todos los reyes del mundo, que la honoran en una ciudad que sería destruida: Babilonia, la Babilonia egipcia, El Cairo, que la historia oficial situa en Mesopotamia para ocultar su verdadero rostro. Y los reyes habrían sido transformados en dragones, en el gran dragón o bestia del apocalipsis, como lo hubiera sido la propia descendencia de la “mujer” del apocalipsis. La mujer sería María Magdalena, antes de ser transformada en una prostituta, y su hijo simbólico el rey Jaime I, cuya concepción de sus padres María y Pedro escondería el significado oculto de la reconstrucción del imperio cristiano desde Occidente, como también hacen otras muchas crónicas, como Constantino o Carlomagno.

El Cairo habría sido la ciudad “victoriosa” hasta entonces, antes de serlo el proyecto romano europeo. De hecho, el propio Apocalipsis informa, en su capítulo 14, que se borrará todo rastro de la ciudad de Babilonia, así que no debe sorprender el mensaje confuso que deja la Babilonia persa. Simbólicamente, la ocupación persa de Egipto, que la historia oficial nos ubica antes de Cristo, debe asimilarse a la ocupación mameluca de los años oficiales 1250-1270, también persa. Ellos crean allí un poderoso ejército y gobiernan hasta la invasión de Napoleón, de 1798. Desde entonces, desde el siglo XIII dC. oficial, concretamente, y oficialmente, en el año 1270, aparece la familia imperial etíope descendiente de los reyes Saba y Salomón. Según la reconstrucción aquí alternativa, todo este episodio coincidiría con el imperio espiritual del Preste Juan, que empezaría a finales del siglo XV, no en el XIII, y su crónica sería la descrita en el cuento egipcio de Setme II, analizada anteriormente.  Pero el Apocalipsis se iniciaría, destruyendo al poder de Babilonia y dejando el secreto revelado a Juan. Desde entonces, en unos hechos que aquí se sitúan en el cambio de los siglos XVII y XVIII dC., el Preste Juan se convierte, definitivamente, el icono de Juan el Evangelista del Nuevo Testamento actual, como aquél que bendijo a Jesús.

Por esta razón, con la caída de la paz programada en esta Alianza, de Salomón, cae la autoridad del Preste, en la segunda mitad del siglo XVII, y, como resultado de una transformación de su poder, se crea su reflejo con la figura de Juan Bautista del Nuevo Testamento, que termina decapitado (simbólicamente) por los propios poderes romanos. Con él se borra su puente con el poder del gran Khan, el espíritu de Dios que emana de los emperadores. Su poder se fusiona con el del Santo Padre, o Papa de Roma. Por esta razón, en el siglo XIX se acaba interviniendo Egipto y su historia se mantiene custodiada por un orden franco-británico de raíz masona, quienes fundan sus primeras logias en Inglaterra, Irlanda, Francia y Escocia, en los años oficiales de 1717, 1725, 1728 y 1726, respectivamente. Por esta razón, debido a la crisis del proyecto del Vaticano, acentuado por la pérdida de su autoridad en los dominios franceses y anglosajones, el linaje de Napoleón intercede en un intento de recomponer el imperio original, bajo la cosmovisión republicana.

Es decir, en el cambio de los siglos XVII y XVIII, Roma capitaliza el poder del Preste Juan, y reconstruye el imaginario del Vaticano, que hasta entonces honora el poder de Batu Khan, el nieto del Gengis Khan que ocupa Europa (según identifica la NC). El Papa de Roma ya dispone de poder, pero es en origen de Aviñón, la segunda Babilonia del imperio, que es salomónica (templaria). Cuando se fusiona con el poder del Preste se construye el proyecto del pastor universal, sobre Roma.

El Papa de Roma es el artífice original de la reconstrucción del Imperio egipcio en la Roma italiana. Su poder inicial es ser el guía de la escuela sacerdotal romana occidental, pero el poder universal sería, realmente, el del gran Khan espiritual que, a finales del siglo XVII, se apropia de los poderes del Preste Juan y hace de Roma la nueva capital de esta cosmovisión renovada. El imaginario egipcio de San Pedro del Vaticano, con su omnipresente obelisco, honora esta empresa.

El proyecto del Vaticano tiene la vocación de impulsar una nueva autoridad simbólica más allá de la cosmovisión europea y de Oriente Medio, hasta los confines de la Tierra. En un inicio, todos los grandes poderes extendidos participan, con la colaboración de las principales escuelas espirituales, ya que todas ellas serían hermanas del proyecto original: el egipcio, del cual todas dependen hasta entonces.

El Cristo emperador es el proyecto expansivo de una cosmovisión proveniente de Egipto, que con el tiempo se convierte en el icono de un linaje, de su origen común entre todos los poderes del mundo. Pero estos poderes entran en competencia, y para proteger la autoridad de Cristo se le desvincula de todos los poderes imperiales, creando entonces el icono de un poder simbólico que las diferentes escuelas espirituales terminan modelando. La versión cristiana es la última concepción concebida en Europa Occidental. Pero este poder llega demasiado tarde y el modelo que se propone no gusta a todo el mundo. Como resultado, las escuelas espirituales, hasta entonces enfocadas al conocimiento del universo y del sí mismo, no se fusionan, adquiriendo diferentes formas y/o representaciones que niegan su origen común. En este proceso, la humanidad crea una nueva cronología, con una nueva historia, pero no se logra el proyecto principal: crear una nueva cosmovisión asociada a un mismo icono: el Cristo emperador sacrificado como símbolo divino de la justicia, del amor y la paz universal por el bien de la humanidad.

Al final, Europa acumula el poder del conocimiento sagrado, y la fuerza de las armas y las finanzas para impulsar este nuevo orden global, pero se acaba haciendo un mal uso de la fuerza que atesora.

 

El origen no reconocido del proyecto imperial europeo

Esta crónica alternativa a la acumulación de poderes en Europa es el resultado de la intención de recomponer un imperio, que deja de ser egipcio para mostrarse greco-romano, pero el proyecto espiritual no logra todos sus objetivos. No todo el mundo está de acuerdo y el Papa no tiene el apoyo que requiere desde el propio corazón de Europa. Rápidamente, Europa se divide en distintas vocaciones cristianas y los pueblos judío y musulmán se resisten a aceptar la imagen del Cristo divino, sacrificado y resucitado como el hijo de Dios, del mismo modo que se resisten las escuelas espirituales del resto de Asia. En América y en gran parte de África, el proceso es todavía más complejo, ya que la nueva evangelización requiere de su apropiación al haberse extendido, inicialmente, con medios precarios. De este modo, el proyecto evangelizador deja de ser pacífico, tal y como promete el Nuevo Testamento, y se transforma en una empresa genocida. Desde entonces, la lucha por la acumulación del poder, del capital simbólico, requiere de poder financiero y militar. Sin un liderazgo claro, el pulso entre poderes entra en competencia para guiar el orden mundial. En este camino tortuoso no se logra unificar los símbolos bajo la imagen de un mismo icono divino, y el proyecto espiritual se fractura. Pero, sorprendentemente, se logra, con éxito, la reconstrucción del mapa cronológico a medida de una historia alternativa. ¿Por qué? pues porque, inicialmente, hay un acuerdo bajo la promesa de un justo reparto de los poderes terrenales en nombre de la paz de Dios. Imperios y Vaticano lo ven con buenos ojos, porque salen ganando.

Resultado de un proyecto dividido en grandes poderes, que acumulan la fuerza financiera y militar, asociados a diferentes escuelas espirituales, se genera la lógica de un imperialismo económico sin una cosmovisión universal, que se vierte en una competencia estructural conocida como “capitalismo”. La vocación de acumular capital convierte la estrategia para preservar el control del gobierno de los pueblos, y cuando fracasa el capital simbólico el capital de la economía política deviene determinante. Sin una guía autorizada, varios órdenes (divididos en Europa en órdenes cristianos y masónicos) dirigen el destino, dando como resultado diferentes luchas y conflictos, con diferentes representaciones. Por un lado, se encuentra la lucha por el control de los ideales, y para su reproducción, en la que participa el control de la información, pero no es la más violenta. El orden masón es el brazo salomónico que, otrora, habría gobernado el Preste Juan. El orden cristiano, católico, es el nuevo brazo del Cristo Jesús divinizado. El desafío de Napoleón, las revoluciones europeas, los procesos de independencia y las guerras mundiales del siglo XX, junto con los proyectos comunistas, forman parte de este conflicto, asociado a un proyecto imperial fallido que habría sido “decapitado” en su cuerpo simbólico unificador.

Todos los conflictos bélicos de los siglos XIX, XX y XXI son consecuencia de esta fractura, y los conflictos de los siglos XVII y XVIII son debido al pulso para dirigir un imperio disperso que sufre la ausencia de una autoridad común. Entre los siglos XVI y XVII esta autoridad es la del Preste Juan, siendo un modelo exitoso que no llega a los dos siglos de vigencia, y en el siglo XVIII se crea la del Papa de Roma, que acumula grandes poderes pero que, desde el principio, no alcanza la autoridad universal que se edifica a su alrededor. Ésta sería la base del cisma de Occidente que la historia oficial sitúa en el siglo XVI, pero que realmente tiene lugar en el XVIII. La masonería, que se crea en el XVIII, formaría parte de las consecuencias de esta ruptura, al igual que ocurre con la Revolución francesa y la independencia de los Estados Unidos.

La ruptura religiosa del siglo XVI conviene entenderse en el XVIII, al igual que es entonces cuando empieza realmente la colonización europea. Por esta razón, por ejemplo, el Imperio español es eminentemente castellano, porque en el XVIII es el proyecto Borbón de brazo exclusivamente castellano. El Imperio español de los Austrias habría sido una recreación posterior, que habría dejado el absurdo histórico de una empresa papal italiana entregada a un imperio sólo castellano aunque se tratase, inicialmente (oficialmente), de una corona de alcance europeo. En cambio, el caso de los catalanes (que la Nueva Cronología no ha llegado a descifrar), tal y como aquí se apunta, merece un estudio complementario. De forma resumida (para ubicar al lector): el poder de los catalanes formaría parte del poder del imperio original, que en los siglos XV-XVII alcanza su esplendor (no en los siglos XIII-XV). Es decir, su autoridad (como sí recoge en parte la Historia Oficial) cae a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII, no en el XV, cuando habría sido intervenida junto con Castilla por unos poderes intrusos (que oficialmente serían los Trastámara y luego los Habsburgo). Pero lo que hace del caso de la historia antigua de los catalanes un episodio singular es el hecho de que participa de dos procesos de la manipulación del sentido de la Historia: a) una primera que se hace conjuntamente en toda Europa (siendo un episodio similar al de Génova, Venecia y Nápoles); y b) una segunda que se hace desde España, cuando los poderes Borbón de Castilla se convierten en dominantes. La segunda está vinculada a la capitulación de Barcelona en 1714, y la primera en la creación de la gloria inicial de Cristo, que sería gnóstica.

La caída de los imperios austro-húngaro (de los Habsburgo), franco-hispano (de los Borbón), ruso (de los Romanov), chino y japonés, junto con las caídas de los poderes mongoles de la India, el debilitamiento del resto de monarquías y, sobre todo, de los poderes eclesiásticos y nobiliarios, son consecuencias de este descalabro imperial. La ocupación europea de los territorios en los que no se había impuesto una cosmovisión cristiana, sobre todo en América, África y Oceanía, con los consecuentes genocidios culturales, son también parte de la representación del fracaso ético y moral de esta empresa unificadora.

Todos estos cambios son el resultado de un proyecto fallido en su vocación unificadora que, a lo largo de los últimos tres siglos, habría desarrollado, sin éxito, varias alternativas. En este sentido, las Naciones Unidas son el último gran episodio, y la tendencia a repensar nuevos valores, tanto humanos como del resto de bienes y valores naturales, es el camino trazado para el futuro inmediato. Pero mientras no se considere la reconstrucción de la historia, y no se entienda que fue hecha a medida para crear una cosmovisión en quiebra técnica, no será posible comprender su vocación impositiva y despojar de razones simbólicas la actual competencia hostil entre los poderes del mundo, que imposibilita la concepción de un justo y más razonable desarrollo del bien común.

 

La Compañía de Jesús, el brazo documental

Los jesuitas son el brazo documental de la “historia oficial”, en connivencia con los poderes papales establecidos, aunque acabó siendo una obra en la que participan otros poderes, como la Francmasonería y los propios intereses imperiales, que acabaron imponiendo la creación de un pasado a la medida de sus intereses. Pero cuando la reconstrucción del pasado asociado al reparto de los poderes finalizó, se borró el rastro de sus autores. Por esta razón, y no por otra, a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII dC. se desmantela paulatinamente la Compañía de Jesús, manteniéndose solamente en territorios como Prusia y Rusia, debido a que allí requieren de una reconstrucción más compleja. Y, por esta razón, y no por otra, dicha Compañía es la principal productora de textos de historia antigua, oficialmente en toda Europa y extraoficialmente en el resto de imperios, llegando en Oriente Medio, la India, China y Japón, con diferentes y complementarias empresas dirigidas para este fin.

El rastro de esta empresa se sigue con la inmensa obra que adquiere la Compañía (oficialmente entre los siglos XVI y XVIII; extraoficialmente habría sido entre los siglos XVII y XVIII). Este proyecto tiene por objeto unificar simbólicamente el mundo bajo la autoridad de Jesucristo. Por este motivo se llaman “Compañía de Jesús” y sus iniciales son IHS, que quieren decir Iesus Hominum Salvator (Jesús el Salvador de los Hombres), Iesus Humiliis Societas e In Hoc Signo, porque tienen por objeto difundir el Nuevo Mundo el nuevo Cristo (Jesús) diseñado desde Europa.

 

Reflexión final: hacia una nueva cosmovisión global

Cuestionar el imaginario antiguo y la autenticidad de Jesús implica repensar la naturaleza de los poderes que gobiernan el mundo, así como los mitos y los símbolos fundamentales sobre los que se estructuran. Pero, paralelamente, implica dudar del prestigio académico de los historiadores (que incluye a todas las disciplinas relacionadas), del prestigio del método científico aplicado a los sistemas de datación (que se enmarcan en un mapa cronológico erróneo), y del rigor de los libros sagrados de las principales escuelas espirituales (que provienen de una escuela originaria fundamental, la egipcia), así como de sus iconos, como lo son Cristo, Krishna Buda u Horus. Directa e indirectamente, implica por tanto dudar del significado último de la autoridad de Dios, en sus diferentes representaciones y/o formas que cada individuo le ha conferido, y comprender que no somos su gran obra, sino todo lo contrario: la obra es Él, al igual que lo es la historia oficial. O, dicho de otro modo, recuperando el sentido espiritual original, “Él” es la representación simbólica de todo aquello que transciende al ser humano a través del estímulo de la conciencia y la meditación del sí mismo, y somos su “hijo”, como lo fuera Cristo Jesús en su primera versión, la gnóstica.

Por tanto, se plantea una cuestión estructural, que nos concierne a todos y muy especialmente a las familias imperiales, ya sean cristianas, judías, musulmanas y/o masonas.

Resulta evidente que el proyecto de unificar el mundo bajo un icono custodiado por un imperio sacerdotal, aliado con una estirpe de poderes terrenales, ha fracasado. En su lugar, se ha impuesto un desorden político y jurídico, cuyas principales consecuencias son la baja calidad de vida de buena parte de la humanidad, y cuyo reflejo más hostil son las numerosas guerras y conflictos, así como la imparable destrucción del sistema biológico y de los recursos naturales. Por otro lado, se han instaurado poderes paralelos, en la forma de grandes conglomerados económico-financieros, y de múltiples alianzas que se encuentran en competencia, formales e informales, ya sean militares, económicas, políticas, religiosas o sectarias. La urgencia de ponerle orden es, pues, eminente.

Sea cual fuere el pasado real, la cuestión es la siguiente. Es necesario reconstruir el pasado, para reconstruir el presente tal y como es, y, de este modo, reconducir el futuro. Incluso, a costa de desmitificar símbolos y poderes que todavía hoy gozan de poder y reconocimiento. Pero, a cambio, existe la posibilidad de reconstruir la sabiduría original, basada en la verdad y en el conocimiento de la naturaleza de la conciencia y del sí mismo, tal y como, en su momento, representó el arca de la paz, de la sabiduría, de Salomón.

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