La censura y la ocultación de los abusos inmorales en la colonización de México

El impacto de la lucha del poder y su protección, entre las sociedades organizadas y los poderes fácticos, ha ido acompañado de una variada secuencia de valores que han dado diferentes órdenes morales, pero que a su vez ha provocado el deterioro numerosos legados y el sacrificio de grandes obras, ideas y personas. La caza de brujas, el arrinconamiento de la mujer en las esferas pública y religiosa, la destrucción de templos y monumentos, de libros y de mapas, y el hostigamiento por el control y el poder sobre los bienes y las conciencias ha sido constante a lo largo de nuestra historia.

Monarquía e Iglesia, históricamente, han estado al frente de esta manipulación. Lo han estado porque han custodiado la génesis de los valores institucionales y simbólicos hasta el siglo XIX, en el que los valores del progreso y la emergente clase burguesa se han añadido a la capitalización del poder de la historia a escala global.

Las alabadas misiones iniciadas en el siglo XVI -la conquista y la evangelización de América- requirieron de un férreo control de la libertad de pensamiento. En el caso de España (o “las Españas”) se dispuso de una estructura de poder excepcional que ha fomentado aún más este proceso de distorsión de la memoria. Se trata de la censura y la persecución de la Santa Inquisición Española, que controló (oficialmente) absolutamente todos los contenidos publicados, ya fueran libros teológicos, biográficos o literarios, a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, hasta los inicios del siglo XIX. Esta realidad, que parte precisamente con la implantación de la imprenta, fue acompañada de distintas crisis en las legitimidades eclesiástica, monárquica e inquisitorial. Han sido objeto de rechazo en diferentes épocas. Hasta la dictadura del General Franco (1936-1975) la Iglesia Católica ha sido el garante de la educación de las conciencias en España. Del mismo modo, la Monarquía es una institución presente en muchas de las estructuras estatales de Europa donde, en el caso de España, es considerado el Jefe del Estado, en una Monarquía Parlamentaria Constitucional. (1)

La estructura de la censura comenzó (oficialmente) en España en el siglo XVI. En 1502 los Reyes Católicos, en su intento de controlar las instituciones y su poder, iniciaron oficialmente el control de los libreros, impresores o mercaderes, que desde entonces requirieron la autorización de los presidentes de las Audiencias. En 1527 Carlos I, mediante una Cédula Real, prohibió “que se vendieran ni imprimiesen las relaciones que envió [Fernando] Cortés de las Indias”. Del mismo modo, ante las evidencias que cuestionaban la autoridad moral de la explotación de “las Indias”, Felipe II, mediante dos Reales Cédulas (en 1556) prohibió la impresión de libros que trataran de América y ordenó a los oficiales reales de los puertos americanos que reconocieran los libros que llegaban en barco y recogieran los que se encontraran en el Índice de la Santa Inquisición (Guillot et al., 2012). (2)

Como resultado de este férreo control, a lo largo de los siglos XIX-XX, con la mayor parte de las colonias independizadas, salieron a la luz varios libros de religiosos españoles del siglo XVI que mostraban que las culturas americanas quedaron conmocionadas con la llegada de los colonizadores, y que sus ritos eran asimilables a los del Cristianismo, el Islamismo y el Judaísmo (Durán, 1967). La manipulación de la verdad acompañó este triste episodio, como muchos otros. Varios autores han calculado que -durante los primeros dos siglos de la colonización- por la esclavitud, la explotación, las guerras, las epidemias y otras desgracias murieron docenas de millones de americanos y se mutilaron de raíz sus propias culturas, dejándolos en una situación de colapso cultural (Todorov, 2010).

Es el caso de las obras del dominico Diego Durán (1537-1588), con su obra Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, que fue publicada en el siglo XIX (1867) (Durán, 1967), o la obra Apologética historia sumaria del también dominico Bartolomé Casaus (o de Las Casas, 1584-66), que no sería publicada hasta el siglo XIX (De Las Casas, 1967). Pero en esta lista de obras ocultas también se encuentran los libros de Toribio de Benavente (o Motolinía) (1582/69), un franciscano historiador que también defendió los indígenas contra los abusos de los españoles, que escribió la Historia de los indios de la Nueva España (Motolinía, 1969). Así como la obra de Barnardino de Sahagún (o de Rivera, 1499 a 1590), un fraile franciscano que publicó la obra Historia general de las cosas de Nueva España (Sahagún, 1956), pero todas sus obras fueron confiscadas. En la misma situación se encontraron las obras del franciscano Jerónimo de Mendieta (1525-1604), en la que su obra Historia eclesiástica indiana no pudo ser publicada hasta 1870 (Mendieta, 1971). La misma suerte tuvo la obra del jesuita Juan de Tovar (1543-1623), la Historia de la venida de los indios a poblar Mexico de las partes remotas de Occidente los sucesos y peregrinaciones del camino a su gobierno, ídolos y templos de ellos, ritos, ceremonias y calendarios de los tiempos, conocido como el “Manuscrito Tovar”, realizado el 1585 (Tovar, 1972). Presentó de manera detallada la relación de ceremonias, gobernantes y manantiales aztecas, pero su obra fue oculta, debido a que criticaba duramente el comportamiento de los vencedores en el enfrentamiento entre los españoles y los aztecas. Gracias a obras como La conquista de América, del filósofo e historiador búlgaro Tavetan Todorov (nacido en 1939) se ha difundido el contenido de estas obras y, tal y como ha dejado escrito, refleja el gran poder de quien puede dominar la comunicación humana.

La historia ejemplar de la conquista de América nos enseña que la civilización occidental ha vencido, entre otras cosas, gracias a la superioridad en la comunicación humana, pero también que esta superioridad se ha afirmado a expensas de la comunicación con el mundo. (Todorov, 2010: 298).

En cambio, la obra del jesuita José de Acosta (1540-1600) sí fue publicada. La Historia natural y moral de las Indias Occidentales, donde se publicaron las costumbres, los ritos y las creencias de los indios de México y de Perú (De Acosta, 1962), fue publicada el 1590. O la obra de Álvaro Núñez Cabeza de Vaca (1488/1490-1557/1558), que habría publicado el libro La Relación en el año 1542, donde definía la historia de su particular relato, después de haber estado ocho años deambulando durante ocho años por Norteamérica (dado por desaparecido) hasta que llegó a Culiacán, en el norte de México (Cabeza de Vaca, 1969). Esto lo hizo muy popular, pero en 1545, después de oponerse al trato de los colonos a los indígenas fue juzgado y deportado al Norte de África. Murió en la pobreza alrededor del año 1558.

De hecho, la única obra publicada en el siglo XVI que es crítica con las prácticas abusivas de los colonizadores es la conocida Brevísima relación de la destruición de las Indias de Bartolomé Casaus (o de Las Casas), que la historiografía española convertiría en la punta de lanza de un debate que acabaría regulando los derechos de los indígenas después del famoso Consejo de Indias que habría convocado en 1540, en Valladolid (De Las Casas, 2013). En ese Consejo del Emperador Carlos V habría establecido unas leyes que en 1542 serían promulgadas, las “Leyes Nuevas”. En este documento se prohibía la esclavitud de los indios y se ordenaba que quedaran libres de los comendadores y puestos bajo la protección directa de la Corona. Esta obra sería publicada 1552, pero más adelante también sería oculta, no pudiendo evitar su difusión en otros e idiomas. No sería hasta el año 1812 (coincidiendo con la Constitución de Cádiz que promulgaba la abolición de la Inquisición) que en Londres se volvería a publicar la obra en castellano, dirigida a los lectores americanos. De este modo, sería calumniada desde las autoridades intelectuales españolas a lo largo de los siglos XIX y XX, como es el caso de Menéndez y Pelayo, donde en sus Estudios de crítica literaria (1895) lo culpaba de ser un fanático y un intolerante, mientras que Menéndez Pidal, en 1963, publicaba la obra El Padre Las Casas. Su doble personalidad, donde defendía la tesis de que padecía una enfermedad mental (paranoia). Estas referencias son extraídas del prólogo que, de hecho, encabezaría la publicación de la obra Brevísima Relación en 1982, coincidiendo con la apertura de España al sistema democrático (páginas 50 y 51), pero no tiene autoría (De Las Casas, 2013). Es un prólogo anónimo que, de hecho, a lo largo de 35 páginas repite hasta la saciedad que su crítica era obsesiva, que describía escenas de gran intensidad dramática, con fuerte patetismo (pág. 45), y que debido a su obra España fue objeto de una intensa campaña de desprestigio con la famosa “Leyenda Negra [española]” (p. 48) (3). Incluso afirma que una producción de este estilo literario no tenía otro objetivo que su propio interés recreativo y estético (pág. 26) y que las cifras de las matanzas estaban sobredimensionadas (pág. 55). Al final del prólogo citado se culmina esta introducción:

De todos modos, tales “enormizaciones” no necesitan ser explicadas por una supuesta anomalía de la mente del autor. Aparte de que éste, que se sepa, nunca se comportó como un enfermo mental, nada hay más consciente, organizado y coherente, si bien se considera, que la Brevísima Relación, escrito deliberadamente acusador, planeado y redactado con el único propósito de causar el mayor impacto posible y hacer patente la urgencia de una reforma radical de las Indias. Lo que no significa que los medios retóricos empleados para este fin fueran los más acertados. La misma uniformidad del relato de atrocidades a todo lo largo de la obra, siempre mantenido en el más alto nivel de horror y del espanto, no era quizá el mejor modo de aguzar y conservar alerta la atención de los lectores.

De este modo, en el prólogo se avisa al lector de que todo lo que leerá es una exageración intencionada. Resulta pues evidente que España ha hecho todo lo posible para ocultar la vergüenza de su memoria colonial, negando incluso las evidencias. De hecho, la manipulación de esta historia es en gran medida la más evidente y la menos asumida por España y el resto de naciones colonizadoras de Europa. Esta realidad forma parte del conflicto institucional y moral de España, y de Europa (Marfull, 2013:197,198).

Pero, del mismo modo, interiormente el hostigamiento del poder por el poder y la concesión de privilegios que mantenían al frente a la Monarquía (y la oligarquía fiel) permitió la paulatina mutilación de todo lo que se interponía entre la autoridad y los privilegios adquiridos, entre los propios colonizadores (Restall et al., 2013). De la censura se pasaba a menudo a hostigamiento, la calumnia, el castigo y/o la mutilación, alimentando de esta manera un orden establecido que habría basado buena parte de su éxito con el uso de la fuerza y la autoridad moral que el control de los ejércitos y la sumisión de las instituciones de gobierno, educativas y religiosas, le conferían.

Asimismo, antes del 1502 hubo otra censura, menos explícita. Apenas se empezaba a extender la imprenta y hasta entonces los libros eran un bien muy preciado concentrado en pocas manos, que custodiaban su valor y decidían su finalidad. Hasta ese momento la Iglesia era el principal garante, y el Papa era el símbolo de la máxima autoridad moral, tanto a nivel religioso como a nivel político y militar. Era una época donde los Papas disponían de ejércitos, lideraban guerras e incluso tenían hijos que acumulaban poder, asumiendo altos cargos y títulos honoríficos, como lo habían hecho los emperadores romanos. Esta realidad, a pesar del persistente esfuerzo de la Iglesia Romana en difundir una larga historia de compromiso papal con el Cristianismo, entra en conflicto con el propio relato del Nuevo Testamento, en el que se muestra la renuncia a la violencia y la fe en el amor de Dios como el verdadero camino a seguir, al margen del poder político. (4)

Andreu Marfull-Pujadas
2016-01-12

Bibliografía citada

CABEZA DE VACA, A. N. (1969). Naufragios y comentarios. Madrid: Taurus.

DE ACOSTA, J. (1962). Historia natural y moral de las Indias. México: Fondo de Cultura Económica.

DE LAS CASAS, B. (1967). Apología. Madrid: Nacional.

—- (2013). Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Primera edición del año 1552. Madrid: Cátedra (Grupo Anaya, S.A.).

DURÁN, D. (1967). Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra Firme. México: Porrúa.

GUILLOT, E. et BILBENY, J. (2012). Descoberta i conquesta catalana d’Amèrica. Barcelona: LIBROOKS BARCELONA.

MARFULL, A. (2013). Causa catalana. Apuntes y comas. Barcelona: Ómicron.

MENDIETA, G. (1971). Historia eclesiástica indiana. México: Porrúa.

MOTOLINÍA, T. (1969). Historia de los indios de la Nueva España. México: Porrúa.

RESTALL, M. et FERNÁNDEZ-ARMESTO, F. (2013). Los conquistadores: una breve introducción. Madrid: Alianza Editorial.

SAHAGÚN, B. (1956). Historia general de las cosas de Nueva España. 4 vols. México: Porrúa.

TODOROV, T. (2010). La conquista de América. Primera edición del año 1982. México D.F.: Siglo XXI.

TOVAR, J. (1972). Manuscrit Tovar: Origines et croyances des Indiens du Mexique. Graz: Akademische Druck und Verlagsanstalt.

 

Citas

(1) Nota: el Reino Unido, Bélgica, Noruega, Suecia, el Japón y otros estados del Mundo se conciben con un sistema de gobierno basado en una Monarquía Parlamentaria Constitucional.

(2) Nota del autor: España equivaldría, en aquella época, (oficialmente) a las Coronas de Castilla y de Aragón, manteniendo la independencia institucional de ambas Coronas, con sus singularidades diferenciales, hasta el siglo XVIII. Oficialmente la Corona de Castilla se caracterizaría por una estructura de poder capitalizada por la autoridad del Rey, mientras que en la Corona de Aragón esta se repartiría en sus diferentes Reinos con su particular institucionalización social, de carácter parlamentario. De todos ellos, el Principado de Catalunya, se convertiría en el Reino con mayor poder institucional de los tres brazos principales representativos de la sociedad de la época: el Eclesiástico (Órdenes y dominios de la Iglesia Romana), el Militar (la Nobleza y los sus privilegios) y el Real (el patriciado urbano y sus estructuras de poder) (Morales-Roca, 1983). Pero a lo largo de los siglos XVI-XVIII dicha autoridad sería desmantelada, junto con la equivalente en los reinos de Valencia y Aragón, después del control de los ejércitos (nobleza y órdenes de caballería) por parte de los monarcas.

(3) Nota: según el Diccionario de la Real Academia Española, la “leyenda negra” consiste en una corriente de opinión contra todo lo español difundido a partir del siglo XVI, generalmente infundado.

(4) Esta reflexión, lejos de ser gratuita, enlaza con una de las principales líneas de la Nueva Cronología: la concepción del Nuevo Testamento en el siglo XVI.

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